NOVEDAD EDITORIAL DE DESNIVEL

«El escalador de sueños» de Pizarraña, un lugar donde quedarse

Pizarraña nos regala en este libro una historia psicodélica, de esas que hablan de rock y punk, y personajes que no eran precisamente inocentes, pero que encontraron en las montañas y la escalada una manera de expresarse lo menos dolorosa posible. Navegar entre sueños, escalar los más intrincados, ascender al más inalcanzable, al definitivo, al punto sin retorno.

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El escalador de sueños
El escalador de sueños, por Pizarraña

«Hay lugares donde nos gustaría quedarnos a vivir, y hay lugares… en el tiempo, donde nos gustaría morir, para quedarnos eternamente. Y canciones que no deberían terminar nunca».

El escalador de sueños

… Y épocas que perduran en el imaginario colectivo, como casi todo lo que relata este poético libro, ligero, fresco, entretenido. Habla un lenguaje montañero que casi todos conocemos. Los que no lo han vivido lo han leído o han oído hablar de ello, se ha trasmitido como las oraciones de los creyentes: los años 80, cuando el entorno de la montaña era cutre y las gentes que lo habitaban eran irreverentes y buscaban percibir la realidad desde otros estados, quizá porque la realidad así, a secas, era demasiado deprimente. 

El escalador de sueños

El escalador de sueños

Y desde esa realidad psicodélica, en la que a menudo no sabes lo que es un sueño y lo que forma parte de la historia, El escalador de sueños te lleva de pared en pared, de montaña en montaña, en una historia de pérdidas y encuentros. De escaladas y sueños. 

«Casi todas las cosas grandes se hacen con muy poco, incluso con nada. Sin prejuicios, sin cadenas… olvidando todo lo aprendido con anterioridad, que nos pueda distraer o incapacitar para el presente, siempre sorprendente».

El escalador de sueños

Y te sorprenden los dibujos que abren cada capítulo y le dan ese punto entre macarra y místico. Te sorprende que comienza en Alaska, en una cueva de hielo bajo el monte Hunter, pero ese es más bien el final. No se trata de un relato lineal aunque sí tiene un hilo que nos guía y del que va tirando para llevarnos de un lugar a otro, un hilo de escaladas y hazañas, de sueños y pérdidas. Noches bajo las estrellas, la aurora boreal, o bajo la nieve, en la hamaca, una cueva en el hielo… Perderse en la niebla para despertar ante el espejo de cara a la pared que nos reta a cada paso, en cada presa, en cada gancheo, con el último seguro… lejos.

Todo está atrapado en el «cazador de sueños» que todos tenemos en algún lugar, ya sea físico o no. El protagonista de esta historia nos desvela lo que el suyo atrapa, en sus cuentas azules, blancas y transparentes: una gran pared, una sugerente cascada helada, un viejo escalador y un poderoso chamán, un enorme oso polar y un descarado zorrillo, sus huellas en la nieve o la estela en el mar al palear frías aguas. 

«Mientras nos alejábamos de aquel entonces triste y solitario lugar, se oían como un lejano eco nuestras risas de días pasados, Uge, Joni, Fixo, Sonri, Nomo… no sé. Volví la mirada atrás, la impresión de que alguien se quedaba allí, despidiéndonos, pero no había nadie, no había… ¿nada? Algo dejamos siempre por donde pasamos, quizá solo una estela imperceptible. Imaginaos a cuántos escaladores habrá visto pasar una vía, cuántas manos estrechadas en cada presa, cuántas vidas pendientes de un canto o un monodedo ¡qué bien nos debe de conocer la roca!»

El escalador de sueños
El escalador de sueños

El escalador de sueños

Gamberradas, amores, aventuras que serán de interés para todos aquellos que busquen respuestas haciéndose preguntas, para los que la realidad no signifique tanto y la imaginación suponga un lugar imposible de confinar. Para quienes les guste adentrarse en los confines de la fantasía, acompañados de una abrumadora multitud de pensamientos, de anécdotas en los lugares más remotos del planeta y de la mente, en la más absoluta de las soledades aparentes. 

Y viajas a Groenlandia y Alaska, a un atrapa sueños, un oso, un zorro, un caribú… a los amigos perdidos y los que siempre acompañan, a la libertad de las rocas y la esclavitud del ego… y quizá a una cabaña en una isla, muy al norte, desde donde se escribe y dibuja esta historia: breve como los sueños felices que, al despertar, no conseguimos retener… pero sí percibir el sentido que tienen las cosas que aparentemente no tienen sentido… buscar una tribu de tarados mentales que quizá estén más cuerdos de lo que parecen a simple vista, o el paisaje de una tierra aún en formación, con sus travesuras típicas de la infancia, rozando la adolescencia; como cuando te hundes hasta la rodilla en el limo.

«Hacia donde el viento nos lleve ¿una hamaca al resguardo de un techo en una gran pared?»

El escalador de sueños


 
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