EXPLORANDO

Conflictos en la escalada

Los conflictos entre las distintas formas de entender la escalada suelen asolar algunas de las escuelas históricas del país. El número 268 de Desnivel dedica este editorial y un amplio reportaje a las situaciones que se viven en Galayos, La Pedriza, Montserrat…

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Conflictos entre formas de ver la escalada ha habido siempre. Por ejemplo, hoy dos estilos antagónicos, el artificial y el libre, conviven aceptablemente y juntos se enfrentan a la escalada deportiva que surgió de la escalada libre. Pero no siempre fue así. En España, a finales de los 70, se había declarado una guerra entre ambas. Los precursores de la escalada libre (todavía no existía la deportiva) abominaban de los clavos de progresión e invitaban a quitarlos, o al menos despreciarlos. También han vivido sus roces pero ¿qué tienen en común para que ahora se lleven tan bien? Según el cuadro elaborado para la regulación de Montserrat (puedes verlo en el artículo de este número), los factores de riesgo y compromiso. En los 80 surge de la escalada deportiva. Tiene en común con la libre no usar los seguros como progresión, y se distingue de las demás en restringir el compromiso al cero, y el riesgo todo lo posible mediante un equipamiento previo por arriba, fijo y de calidad. La escalada libre admite (aunque no para todos) un equipamiento previo desde arriba -sin necesidad de ser deportiva- simplemente aumentando la distancia entre los seguros o exigiendo autoprotección. La escalada deportiva, a su vez, ha dado lugar a una nueva escalada de vías fáciles y seguras: escalada de ¿consumo? como se dice por Madrid, ¿la familyclimb? que se dice en BCN, o «vías que dan risa».

La escalada clásica, que agrupa el artificial y el libre llevaba años viéndose amenazada por la deportiva o por criterios deportivos de dos maneras básicamente: por vías equipadas por arriba en lugar de abiertas desde abajo, lo que en algunas zonas tradicionales se aceptó y en otras no; vías tradicionales que veían sus seguros en largos o en reuniones aumentados. Y ahora también ocurre lo contrario: sectores deportivos (sobre todo de baja dificultad pero también de alta en Madrid) se han visto desequipados.

En resumen

Jesús Gálvez en acción sobre el granito de La Pedriza.- Foto: desnivelpress.comJesús Gálvez en acción sobre el granito de La Pedriza.- Foto: desnivelpress.com

Estas son algunas de nuestras conclusiones sobre el reportaje que hemos preparado.

¿Quién es el dueño de la vía?
Una vez abierta (por abajo) o equipada (por arriba) una vía, ésta comienza a pertenecer al colectivo y éste tiene algo que decir sobre su futuro, pero también hay que escuchar a su autor cuando sea posible y verificar qué hizo por «obligación» y qué por convicción. ¿Reequipar uno por uno? Reequipar «uno por uno» refiriéndose al buril por parabolt no siempre funciona como detalla el grupo de restauración asturiano: unas veces se podrán poner menos parabolts (buriladas -o reuniones- de cinco anclajes se podrían quedar con dos). Pero también -aunque esto sea más discutido- algún expansivo más en vías concretas no modifica el espíritu de la apertura, no lo convierte en deportiva, aunque le rebaje algo el riesgo.

¿Una graduación del compromiso?
Varios escaladores coinciden en esta propuesta: añadir una graduación de exposición a la escalada clásica (la escalada tradicional británica lo tiene, en la Pedriza también aunque no se usa mucho -y a menudo se usó mal, dado que se mezclaba la máxima dificultad en libre con el máximo riesgo incluso cuando no era así-) para reflejar su compromiso y evitar modificaciones con el sobreequipamiento.

¿La justicia por su mano?
Aun suponiendo que alguien «comete el error» de introducir una vía nueva o un reequipamiento que resulta «non grato», no se debe intentar corregir con otro error: desmontarla de manera unilateral. Pero sí es necesario buscar un consenso – preferiblemente a través de los grupos de reequipamiento canalizados por las federaciones, salvo que éstas hagan dejación- y actuar en un sentido u otro lo antes posible. Ética de las zonas. Hay lugares donde sólo se admiten vías abiertas (desde abajo) y no desde arriba (equipadas) ni siquiera de escalada libre como Picos de Europa, Mont Rebei o Galayos. La distancia entre vías debe ser mayor que en zonas deportivas.

Clavo dejado.
En las vías más repetidas, conviene dejar los clavos colocados para evitar más destrozos a la roca. En estas mismas vías conviene evitar seguir clavando y arreglárselas con empotradores.

Resolver la problemática que presenta cada tipo de escalada en cada zona depende de los escaladores afines a cada lugar, y de los medios que se establezcan para canalizar las diferentes inquietudes pero deberían estar respaldadas por las federaciones de montaña. A través de grupos de expertos o de restauración, tienen el difícil papel de que los escaladores pongan sus propios límites, porque la libertad de uno termina donde empieza la de otro.

Editorial y reportaje completo en el número 268 de Desnivel, correspondiente al noviembre de 2008.

 


 
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