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Cónclave de malditos

La presentación de Escalad, escalad malditos, de Álvaro Osés, sirvió para reunir ayer, 10 de enero, a unos cuantos de ellos en la Librería Desnivel.

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Franciso Caro Franciso Caro «Mogoteras», todo un maldito en la Librería.- Foto: Desnivelpress

Miércoles 10 de enero, media tarde. Con la Velvet y Radio Futura sonando de fondo, Alvaro Osés prepara su proyección en la Librería Desnivel. Hasta allí llegarán grandes luces que fueron, algunas que aún son, y sólo en casos muy especiales, que en un futuro serán. Nos reunimos con motivo de la presentación del libro Escalad, escalad malditos. Escrito por Osés, ganador del premio Desnivel de Literatura con su primer libro, sus páginas reúnen flamantes capítulos olvidados de nuestra historia alpina. Escaladores que se alejaron de los caminos marcados. Hombres que dedicaron sus vidas a innovar fuera y dentro de unas paredes que buscaban su revolución.

Gran parte de la presentación corre a cargo de Cesar Pérez de Tudela, al que ya conocemos todos. Repasa, con su estilo cálido, vehemente y cachondo, la obra de Álvaro, al que arranca carcajadas de la misma manera que nos las arranca a los que en nuestras sillas observamos la alargada mesa que se nos enfrenta. En ella se han reunido seres de todas las clases. En una esquina, esperando su turno, descansa Paco Aguado -en sus fotos antiguas, aunque no lo crean, sale delgado y ¡con un lustroso pelo negro!- junto a él, ríe Álvaro Osés, pendiente de la plática de Tudela, que entre gracia y bronca conforma una presentación genial. En el centro, Darío Rodríguez, que no se corta en hacer fotos, desde su asiento, a sus vecinos. Uno de ellos, Francisco Caro Mogoteras; leyenda viva y extraña. Con su sonrisa torcida, sus ojos vivos y sus palabras gansas, dibuja un carácter que le ha llevado a ser uno de los seres más raros (propenso a singularizarse, según la RAE) del mundo montañero.

Aquellos maravillosos años

Con un público dispuesto, comienza la proyección. Una música bien escogida (este chico sabe de discos), Álvaro da comienzo a la exposición de fotografías y anécdotas. En ellas aparecen algunos de los hombres y mujeres que cimentaron un cambio, que saltaron por encima de las líneas habituales y se colocaron en rocas más difíciles, más duras y más sabias. Desde el Mogoteras, esas fotos me hacen extrañar una época que ni siquiera viví, a Antonio García Picazo y sus martillos. Los Bourbons de Paco Aguado, impulsor de la dificultad en España. Los paisajes de Picos, sin su protagonista (no se deja) Mariano, y el refugio construido con una torreta de portaaviones de Cabaña Verónica.

La literatura de Juanjo San Sebastián o los hechos fantásticos de Javier Alonso Aldama. La tragedias de Marisa Montes o el Musgaño, que despertó cierta polémica entre los presentes, pero eso ya es otra historia. El incontenible Jesús Gálvez o los viejos perros de roca como Jesús Vallés. Estos y otros se dieron cita en una presentación en la que no faltó emotividad, ni el sencillo afecto de los que admiran las historias ocultas por el maldito destino. ¿Queréis conocer mejor a quién lo hizo posible?. Con ustedes Álvaro Osés Arbizu (aplausos).

¿Qué es lo que más valoras de tu faceta de escritor?
Poder conocer gente. A raíz del segundo libro, Escalad, escalad malditos, que fue tan diferente al primero, lo que más he valorado, a parte de escribirlo, ha sido conocer a todos esos personajes y abrirme más al mundo.

¿Y de la de montañero?
¡Puf!, yo casi diría que el tema de la montaña es, como todo el mundo dice, mucho más que un deporte. Yo ahora tengo 38 años y el año pasado fue en el que más me ilusionó la montaña… Me he metido más en roca y hace dos años me aficioné, también, al hielo. Puedes evolucionar. Ahora soy padre, he tenido una hija y lo único que deseo cuando crezca un poco es poder llevarla a pasear por el Moncayo o por el Pirineo. Es una actividad, que a parte de ser sana y transmitir grandes valores, te puede ilusionar hasta los 90 años.

La presentación corrió a cargo de César Pérez de Tudela.- Foto: DesnivelpressLa presentación corrió a cargo de César Pérez de Tudela.- Foto: Desnivelpress

¿Cambia mucho tu vida al tener un hijo?
Sí, pero menos de lo que dice la gente, que es muy exagerada. En tan poco tiempo a lo mejor no lo puedo valorar tanto, y ya te diré el tiempo que me deja para escribir o ir a la montaña. Pero lo que más tiempo nos quita es el trabajo y la gente no parece darse cuenta. Tienes que repartir las cosas que te gustan para los fines de semana y ahora la principal es mi hija.

Te aficionaste hace poco tiempo, relativamente, a la escalada en roca y a la de hielo, ¿cómo fue?
Bueno, yo llevaba mucho tiempo haciendo montaña; había estado en los Alpes, en los Andes, hice el Aconcagua y llega un momento en que para salir a la montaña debes buscar nuevos retos. Yo siempre subía todo por rutas normales y era más montañero que alpinista técnico. Siempre me han gustado las montañas estéticas, con aspecto de vertical. Hace tiempo hice un cursillo, pero no encontraba compañeros para meterme en proyectos nuevos, mis amigos son más tranquilos. Al final me fui metiendo y encajando en ese mundo, en el club de Tudela y al final sales mucho más motivado a la montaña. Siempre se pueden hacer cosas interesantes y conocer a muchísima gente.

Empezaste con 14 años en esto de la montaña, ¿cómo?
Supongo que como todos los que empiezan con esa edad; en el club del colegio. Había un cura que hacía excursiones y era la única actividad que juntaba a gente de todas las edades. Íbamos por Navarra, por el Pirineo y dos semanas al año hacíamos un campamento. Poco a poco empecé a interesarme más, a irme por mi cuenta con amigos…la evolución normal, supongo.

Álvaro Osés firma su obra Escalad,escalad malditos en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge JiménezÁlvaro Osés firma su obra Escalad,escalad malditos en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge Jiménez

¿A quién quieres más: a la literatura o a la montaña, con cuál te quedarías si tuvieses que elegir?
Joder, qué complicado. Una vez me lo preguntaron… yo pienso que la montaña es una actividad más física y lo más probable es que si algún día me tengo que jubilar o me lesionara pues me retiraría de la montaña. Renunciar a la literatura no podría, es renunciar a leer, a pensar, a hablar y a vivir.

¿Qué es más solitario: la literatura o la montaña?
La literatura. La montaña tiene algo muy grande que es la celebración con tus amigos, cada excursión, el llegar arriba y abrazarte y decir qué buenos somos. La literatura es solitaria a la hora de escribir, aunque puede ser una idea equivocada ya que la literatura es vida. Los escritores a los que más admiro son aquellos que llevaron una vida activa, que se comunicaron con la gente… Yo había escrito siempre relatos cortos y mi primera idea para una novela surgió de un viaje a Argentina.

Los viajes te sacan de tu ambiente y te encuentras con historias en las que vive la literatura. Cada uno de los escritores malditos con los que hablé me contaron historias que en sí mismas podían ser novelas… pero sí que es verdad que la literatura es un acto onanista. Mi mujer me lo dice; «joe, te metes a escribir y te sumerges en tu mundo», y luego salgo al salón después de toda la tarde escribiendo y no hablo ni digo nada. «¿Qué haces?, ¡háblame!». La verdad es que cuesta volver a la realidad.

¿Nos estamos cargando el planeta?
Pues sí. Poco a poco nos lo estamos cargando. También es un poco como te lo plantees; si quieres ir a donde va todo el mundo pues contribuyes a destruir ese lugar. Siempre puedes ir cuando vaya menos gente o buscarte otro lugar. A mí me da pena que haya lugares tan hermosos ocultos y al contar historias y hacer soñar a la gente con ellos se los descubras ¡son secretos que a lo mejor preferirías guardar! para que el turismo no masifique las cosas.

¿Existe una pérdida de valores?
Sí. Antes había cosas feas pero había una ética montañera, de como era la amistad. En el periodo de entreguerras hubo muchas luchas por las primeras… no era algo realmente puro y sin embargo existía esa visión más bohemia, quizá había más pasión. La montaña es un elemento inanimado y son los hombres que van a ella los que la configuran. Es un poco como la guerra, toca sobrevivir o pasar frío. Hay gente que baja a rescatarte y se juega la vida y en otras ocasiones pasan a tu lado mientras te mueres y nadie te echa una mano. La montaña amplifica las cosas, pero el dinero las amplifica más.

Paco Aguado, otro maldito con mucha historia.- Foto: Jorge JiménezPaco Aguado, otro maldito con mucha historia.- Foto: Jorge Jiménez

¿Cómo surge Escalad, escalad malditos?
Pues surge casi como un encargo, no me cuesta decirlo. Paco Aguado tenía en mente un libro sobre gente de su generación, sobre los ochenta, de gente un poco olvidada, un libro de biografías. Mi cultura alpinística no iba ni mucho menos tan lejos como para ello; pero bueno, me lo pensé. Hice que me pasaran una lista de gente interesante (a mí sólo me salían tres o cuatro nombres) y hablando con la gente y tirando del hilo pues saqué una buena lista. Pero no quería hacer un libro académico, con una lista completa donde estuviesen todos. Soy más anárquico y me planteé hacer un libro sobre personajes curiosos, extraños, que siguieron su propio camino y daba la casualidad de que casi todos se aglomeraban en esa misma generación.


 

Una generación que rompió moldes en una época social convulsa y difícil en España, en plena transición, con la movida y los punks y todo el movimiento free, el free climbing. Y casi todos los que incluí eran de esa generación. Hubiera querido meter gente de más edad, pero era mucho más complicado encontrarles. Son personajes geniales y magnéticos.

¿Cuál es tu historia favorita?
¡Ostras!, complicado… Es como elegir entre un hijo mío. El que quizá más me ha sorprendido es el de Marino, el guarda de Cabaña Verónica. Es un tipo especial, que no se deja fotografiar ni entrevistar. Fui allí a conocerle un fin de semana, pero tampoco tenía muchos datos y tampoco iba a incluirlos. Él vive apartado y no voy a llegar yo a sacarlo todo a la luz si el no quiere. Es un capítulo más poético, más lírico. Él no es escalador ni alpinista, montañero sí. Y a la gente le ha gustado mucho.

¿Te dejaste alguno en el tintero que recuerdes especialmente?
Sí, muchos. Cada dos por tres alguien me contaba una historia que hubiese sido fantástica. La gente de la generación del Mogoteras, haber incluido más mujeres… daría para otro libro más.

Osés durante su proyección en la Librería Desnivel. - Foto: DesnivelpressOsés durante su proyección en la Librería Desnivel. – Foto: Desnivelpress

¿Escalad malditos 2?
Podría ser… si veo que la gente me alaba y me aclama, que me reconocen por la calle y me piden autógrafos por el metro, pues a lo mejor me lo pensaba.

¿A qué fin sirve el hecho de desenterrar estas leyendas?
Había uno al que le preguntaron: «¿Oye, por qué escribes libros?» y él respondió «Porque miro mi estantería y hay libros que no están y quiero que estén. Así que los escribo». Fue un poco eso. Me gustan mucho los libros sobre personajes curiosos. Hay uno sobre personajes extraños de la literatura que me encanta; sobre gente que escribió una novela y había desparecido… y en la montaña, los raros entre los raros, gente tiene que haber. Quería un libro que retratara esos personajes extraños tanto en la montaña como fuera de ella, su vida habitual al acabar sus gestas o hazañas.

¿Qué has aprendido escribiendo el libro?
A escribir.

Un libro y una montaña…
Como montaña el Cervino, al que llevo varios años intentando ir. Me gustan esas montañas perfectas, pero ya caerá. Con el libro me lo pones difícil, a mí me gustan libros rarísimos y muy normales. Uno que me he leído varias veces es, por ejemplo, La llave de cristal.

Una película…
El apartamento, de Billy Wilder o cualquiera de él. Me parecen una maravilla…

Y por último, un disco…
El primero de la Velvet.

 


 
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