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Resbalón y caída por un precipicio por no utilizar los crampones

Como todo montañero sabe, en Sierra Nevada se encuentra la montaña más alta de la península Ibérica, el Mulhacén, que alcanza los 3483 metros. Sierra Nevada recibe fuertes precipitaciones de nieve en invierno; nieve que, en las alturas, se endurece por acción del frío extremo y el casi permanente viento. Estas circunstancias (hielo, frío y viento) convierten a las cumbres nevadenses en un terreno que no permite errores, como demuestra el accidente que se describe a continuación.

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Graciano en la cresta final hacia la cumbre del Islan con zapatillas y crampones.  (Chismes)
Graciano en la cresta final hacia la cumbre del Islan con zapatillas y crampones.

Los protagonistas son dos alpinistas de mediana edad con experiencia en terreno de alta montaña invernal. Ambos iban correctamente equipados y conocían las condiciones del terreno y la previsión meteorológica. Su plan era coronar el Mulhacén y la Alcazaba después de pasar la noche en el refugio vivac de la Caldera. Los dos conocían ya el itinerario y sabían que el Paso de los Franceses, lugar donde se produjo el accidente, podría estar «delicado». Este paso es especialmente peligroso por estar expuesto a avalanchas y a caídas.

Relato de los hechos

Debidamente equipados para la alta montaña y después de habernos informado del pronóstico del tiempo y el estado de la ruta, salimos al mediodía del aparcamiento de la Hoya del Portillo rumbo al refugio vivac de La Caldera, con la intención de pasar allí la noche y ascender el Mulhacén y la Alcazaba al día siguiente. Tras seis horas de caminata llegamos al Paso de los Franceses a eso de las seis de la tarde. Este lugar también es conocido como Cruz de la Sierra por el elevado número de accidentes mortales que se producen allí. Combatiendo rachas de viento de hasta 80 kilómetros por hora, y con los crampones puestos, atravesé con cuidado el paso.

Mi amigo se había quedado atrás comiendo unos frutos secos. Llegué al refugio y como mi amigo no llegaba volví sobre mis pasos con el frontal, dos fundas de vivac, un saco de dormir, una colchoneta y una batería auxiliar para el móvil “por si las moscas”. Al llegar a la Cruz de la Sierra oí gritar a mi compañero y vi brillar su frontal abajo, en el cauce del río Mulhacén.

Descendí y encontré a mi amigo tirado sobre un charco de sangre. Antes de llamar a emergencias lo metí en un saco de dormir y una funda vivac. Las rachas de viento se habían hecho más fuertes y me arrancaron de las manos varias prendas. Después intenté llamar al 112 pero tuve que ascender unos 200 metros para tener cobertura.

A las siete y media de la tarde logré contactar con emergencias. La noche y el fuerte viento hacía inviable el rescate en helicóptero, así que no nos quedaba más remedio que esperar a que el equipo de rescate de alta montaña del SEREIM llegase desde Granada.

Tumbado en cuclillas sobre mi amigo lo frotaba para calentarlo y mantenerme yo en movimiento. Era justo medianoche, casi seis horas después del accidente, cuando vi acercarse las frontales de seis montañeros procedentes del refugio de Poqueira provistos de sacos de dormir, mantas aluminizadas y bebida caliente. Una hora después llegó el equipo de rescate. El descenso fue complicadísimo. Llegamos exhaustos y empapados al refugio de Poqueira pasadas las tres y media de la madrugada. Ricardo, el agente enfermero, en contacto telefónico con un médico, dirigió los primeros auxilios apoyado por un puñado de agentes y montañeros exhaustos.

Al amanecer, desafiando al fortísimo viento que arreciaba al pie del Poqueira, el helicóptero evacuó a mi amigo y lo trasladó al hospital de Granada.

Quiero aprovechar estas líneas para mostrar nuestro profundo y eterno agradecimiento al equipo del SEREIM de Granada, a los tripulantes del helicóptero, a los guardas y a los montañeros que estaban ese día en el refugio de Poqueira. Gracias a ellos, mi compañero sigue en este mundo.

REFLEXIONES SOBRE EL ACCIDENTE POR PARTE DEL NARRADOR
• Ambos hemos aprendido que no debemos de separarnos nunca de nuestro compañero en un terreno expuesto de alta montaña y que hay que llevar siempre el piolet en la mano y los crampones puestos nada más detectar la mínima presencia de hielo.

• Mi compañero al no haberse puesto lo crampones, ni llevar el piolet en la mano, se deslizó suave apenas un par de metros en llano, sin poder pararse, hasta caer por el precipicio. El fuerte viento es un peligro a tener en cuenta de forma principal y nunca se debe infravalorar. Fue el fuerte viento de sotavento lo que arrastró a mi amigo hasta el precipicio.

ANÁLISIS DEL ACCIDENTE POR PARTE DEL COMITÉ DE SEGURIDAD
• La causa accidental directa dentro del mundo de la alta montaña (no colocarse los crampones) es bastante frecuente, y deberíamos preguntarnos porque caemos en el exceso de confianza e intentamos pasos helados expuestos sin necesidad de sacarlos de nuestra mochila tan frecuentemente, aun tratándose de expertos alpinistas que conocen sus consecuencias.

• Sin duda son muchas los precursores que pueden llevarnos a cometer este error, estas son la falta de atención sobre el terreno, el cansancio, el frío, la falta de apreciación real del peligro, las ganas por llegar… o un poco de cada uno de ellos. Pero todas nos llevan de una manera u otra al exceso de confianza en terreno altamente peligroso debido a no percibir el riesgo correctamente de consecuencias tan terribles por una caída de este tipo. Y quizás esté aquí el mayor motivador del exceso de confianza, en este caso no haber valorado correctamente la gravedad de las consecuencias.

• El riesgo es una magnitud que suma la exposición al peligro con la gravedad de las consecuencias si se produce el accidente, si cualquiera de estas variables está infravalorada, nuestra percepción del riesgo se altera, y por lo tanto influye en las decisiones. En este tipo de accidente, tenemos tendencia a minimizar las consecuencias cuando factores humanos, cognitivos, como las ganas de llegar al refugio, la fatiga o el frío nos empujan a que todo lo que sea alargar una estancia en un escenario incómodo y frío lo evitemos. En ese momento inconscientemente alteramos nuestras percepciones de las consecuencias de la caída hacia lo que más nos complazca. La idea que interiormente está secuestrando nuestra parte lógica es no quiero parar, solo quiero llegar, una parada, aunque sea de unos minutos a ponerse los crampones con el frío y cansancio que tenemos, se convierte en un acto no deseado. Es en ese momento donde toda la artillería cognitiva, emocional, trabaja para justificar el por qué es mejor no parar que asegurar un tránsito helado poniéndose los crampones. Y hasta el momento en que ya estamos metidos en el lugar, donde ya mantenerse de pie de por sí es una odisea, no entendemos que nos hemos equivocado.

• Sin duda, en terreno helado los crampones y el piolet se convierten en herramientas necesarias de progresión segura más que de aseguramiento. Por lo que afrontar terreno helado sin crampones en alta montaña, sea cual sea nuestro grado de competencia, aunque se trate de un pequeño paso, es tremendamente irresponsable.

• El conocer cómo pensamos y cómo nos afectan nuestras emociones y sensaciones es crucial para decidir adecuadamente y saber cuándo la parte emocional se está imponiendo a la lógica.


 

• Por otro lado, es un error en el comportamiento de la cordada, o pareja alpinista, en cuanto a separarse en el último momento cuando la situación meteorológica era tan adversa, y la fatiga patente.

• El alpinista que no se accidentó salvó la vida de su compañero. Actuó de forma práctica, tranquilo y tomando las decisiones de actuación de primeros auxilios y petición de ayuda correctamente.

RECOMENDACIONES:

• En terreno nevado y helado siempre hay que anticiparse al terreno. Nuestro comportamiento debe ser conservador. Ante la duda, crampones y piolet en la mano.

• No debemos separarnos en terreno de alta montaña, aunque sea un lugar conocido. • En terreno invernal siempre debemos estar preparados para aguantar un vivac en condiciones severas, aunque no sea nuestra intención.

• En invierno es necesario llevar una batería extra para el teléfono móvil y llevarla bien protegida ya que se descargan rápidamente con el frío.

Nuestro más sincero agradecimiento a los protagonistas por su exhaustivo, riguroso y completo análisis de los hechos. Igualmente, gracias por las recomendaciones sugeridas. Con toda seguridad, estas aportaciones evitarán que hechos similares vuelvan a producirse en el futuro. Esto es un análisis de un caso que te puede ayudar a ver defectos en tu toma de decisiones, en esta y otras actividades de montaña. Nadie está libre de accidentes por muy experto que sea, pero igualmente todos somos libres de tomar decisiones más seguras.


 
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