Las avalanchas, fenómenos naturales de poder destructivo, son un recordatorio contundente de la fuerza incontrolable de la naturaleza. Desde los cercanos Pirineos hasta las lejanas montañas del Himalaya pasando por pequeñas sierras regionales, estos eventos pueden golpear en cualquier lugar donde las condiciones sean propicias. Cada año, comunidades alrededor del mundo enfrentan el desafío constante de mantenerse preparadas para lo imprevisible.
En mayo de 2025, el tranquilo pueblo suizo de Blatten se vio sacudido por una gran avalancha arrasándolo por completo y dejando un futuro incierto para sus ciudadanos. Gracias a la monitorización de la montaña y a la experiencia acumulada en eventos pasados, todos los ciudadanos pudieron ser desalojados días antes de la avalancha, lo que destaca la importancia de conocer los fenómenos geológicos que nos rodean, así como de estar preparados y contar con una buena capacidad de respuesta ante desastres naturales. Sin embargo, Blatten no está solo; otros lugares enfrentan riesgos similares, requiriendo estrategias adaptativas y protocolos de seguridad robustos para minimizar el impacto de tales eventos catastróficos.
Este artículo se adentra en los detalles de la avalancha en Blatten, explorando las causas, las consecuencias y las lecciones aprendidas. Además, analizaremos los factores determinantes que producen estos fenómenos y las medidas preventivas que se puede aplicar para minimizar o mitigar sus efectos. La tragedia sucedida en Blatten puede informar y fortalecer las políticas de seguridad en otros entornos susceptibles a sufrir deslizamientos o avalanchas.
Avalanchas y deslizamientos de tierra: un riesgo muy común
Comenzaremos este articulo dando unas definiciones básicas que nos ayudaran a comprender más adelante que ha ocurrido exactamente en Blatten y cuáles han sido las causas de un evento de una magnitud tan grande.
Hemos escuchado que se ha producido una avalancha glaciar pero también que un deslizamiento ha sepultado el pueblo de Blatten, pero ¿cuál es la diferencia entre estos eventos geológicos? ¿Qué es lo que realmente ha pasado?
La diferencia entre deslizamiento y avalancha radica principalmente en el tipo de material que se desplaza y en las condiciones en que ocurre el fenómeno. Ambos son movimientos en masa, pero no son lo mismo.
Un deslizamiento es un tipo de movimiento en masa que implica el desplazamiento de una masa de suelo, roca o escombros ladera abajo, generalmente a lo largo de una superficie de ruptura bien definida. Suelen producirse en zonas con pendiente y la velocidad del evento puede ser lenta (mm al día) o rápida (metros por segundo).
Una avalancha es el desplazamiento rápido de una porción del manto nivoso (nieve, hielo, rocas y/o escombros) a lo largo de una ladera. Se produce por la rotura de una capa de nieve que se desliza sobre otra más débil o sobre el suelo.
Aunque estos fenómenos son diferentes, las causas son parecidas ya que ambas implican movimientos de masas por gravedad, ladera abajo. Estos movimientos suelen presentarse cuando las fuerzas desestabilizantes (FD) son mayores que las fuerzas resistentes (FR).

Algunas de las causas que incrementan las fuerzas desestabilizantes son las pendientes muy acentuadas, el aporte de agua a la ladera (lluvias intensas, fusión del manto nival, etc.), cargas en la parte superior de la ladera o perdida de consistencia del pie del talud/ladera. Las vibraciones (terremotos, otras avalanchas, o causas antrópicas) también pueden contribuir a desestabilizar una ladera.
Existen formas de reducir el riesgo de un deslizamiento, para ello habría que aumentar las fuerza resistentes que hemos mencionado antes; por ejemplo se podría favorecer el drenaje y evacuación del agua intersticial de una ladera, introducir elementos resistentes en el terreno como bulones, mallas o escolleras, o bien revegetar con plantas y arbustos en el caso de taludes. Para el caso de glaciares o zonas nevadas, habría que tomar medidas costosas pero que puedan proteger a las poblaciones que se encuentran debajo de ellos (protecciones pasivas como mallas de triple torsión, muros de protección, para-avalanchas, canales o disipadores de energía). En zonas de riesgo alto o incluso en estaciones de esquí se realizan pequeñas explosiones controladas para generar pequeños aludes y evitar que otros mayores ocurran cuando las pistas están más concurridas.
España, con su geografía montañosa, es en general un país con bastante riesgo de deslizamientos. Colegas del País vasco y Asturias han desarrollado guías para conocer, evaluar y reducir el riesgo de estos deslizamientos. En muchas ocasiones no son grandes eventos significativos, pero su ocurrencia esta por toda partes en nuestro entorno. A casi todos nosotros nos habrá pasado de ver pequeños deslizamientos de tierras en los taludes de las autopistas, en zonas cercanas a ríos o en prados que parecen tener unos abombamientos abruptos. Así como pequeñas avalanchas o purgas de nieve en entornos de estaciones de esquí.
El riesgo de estos eventos que en ocasiones se presentan de manera inmediata radica en la cercanía a poblaciones humanas o zonas naturales muy concurridas. Una buena planificación del terreno permitiría reducir el riesgo, y ahorrar muchos millones en medidas preventivas y en los peores casos en obras para remediar los daños causados (Según el Instituto Geológico y Minero de España, la previsión estatal de pérdidas por daños de deslizamientos en el periodo 1986-2016 ha sido estimada en más de 4.500 millones de euros).
Suceso de Blatten
El pequeño pueblo de Blatten está situado en el valle de Lötschental en el cantón suizo del Valais, a escasos 20 km kilómetros de montañas tan icónicas como el Eiger o la Jungfrau. Blatten se encuentra a 1542 m de altura en un estrecho valle rodeado por montañas de casi 4000 metros, siendo la más alta el Bietschhorn (3934 m).

El 28 de mayo de 2025, el pueblo suizo de Blatten (Lötschen), en el cantón de Valais, fue casi completamente sepultado por una avalancha masiva de hielo, lodo y rocas provocada por el colapso del glaciar Birch. Aproximadamente el 90% del municipio quedó destruido, incluyendo unas 130 viviendas.
Pese a haber sido una tragedia de consecuencias devastadoras, la parte positiva es que la población fue desalojada días atrás, por lo que no se han producido muertos (una persona murió al encontrase en la zona afectada justo antes de la avalancha). En este artículo abordaremos cuales han sido las causas de esta avalancha, que se ha hecho bien para salvar tantas vidas y que lecciones podemos aprender de estos eventos catastróficos.
Como hemos mencionado antes, durante el mes de mayo se llevaban produciendo pequeños desprendimientos y caída de rocas sobre el glaciar de Birch. Este material añadido sobre el glaciar, no hacía más que aumentar el peso del mismo y por tanto desestabilizar su equilibrio.
Es interesante destacar la excelente operación de evacuación llevada a cabo en Blatten, que salvó la vida a cientos de personas. Esta evacuación fue posible gracias a un eficaz y continuo monitoreo geológico, motivado por el alto riesgo de desprendimientos en el valle. Desde mediados de mayo, los geólogos detectaron señales preocupantes: desprendimientos de rocas desde el macizo del Kleines Nesthorn y un aumento acelerado en la velocidad de desplazamiento del glaciar Birch, que llegó a alcanzar hasta 10 metros por día. Estas señales indicaban un riesgo inminente de colapso. Como consecuencia, el 17 de mayo se evacuaron preventivamente 92 personas, y el 19 de mayo se ordenó la evacuación completa de los aproximadamente 300 habitantes e incluso su ganado.
La operación se apoyó en tecnologías avanzadas de observación remota. Investigadores del ETH Zürich (Federal Institute of Technology Zurich) y del programa GLAMOS (Glacier Monitoring in Switzerland) identificaron el comportamiento anómalo del glaciar Birch mediante estaciones GNSS instaladas en la zona, que registraron la aceleración del hielo. Al mismo tiempo, imágenes del satélite Sentinel-1, basadas en tecnología de radar interferométrico (InSAR), permitieron detectar deformaciones milimétricas tanto en el glaciar como en el terreno adyacente. Esta combinación de datos fue clave para anticipar el colapso y coordinar una evacuación preventiva exitosa. El caso de Blatten demuestra cómo la integración entre la geología de campo y la teledetección satelital representa una herramienta esencial en la gestión del riesgo en entornos alpinos.

El colapso del glaciar de Birch, que desencadenó la devastadora avalancha el 28 de mayo de 2025, no fue un fenómeno aislado ni fortuito. Se trató de un evento complejo, resultado de la interacción de múltiples factores naturales y climáticos que vienen intensificándose en los últimos años. Entre las principales causas identificadas se encuentran:
- Inestabilidad del macizo rocoso superior (probablemente relacionado con el Bietschhorn y el Kleines Nesthorn), donde se observaron desplazamientos significativos en los días previos. Este movimiento de masas habría contribuido al desprendimiento y caída de materiales sobre el glaciar.
- Deslizamientos de rocas y sedimentos sobre el glaciar, que añadieron peso y presión sobre una superficie de hielo ya debilitada, forzando su colapso estructural.
- El derretimiento acelerado del permafrost y del propio glaciar, vinculado a altas temperaturas, que redujo la cohesión entre el hielo y el sustrato rocoso, haciendo que la masa glacial fuera más susceptible a la fractura y el deslizamiento. Este tipo de suelo, que permanece congelado durante años o siglos, actúa como un “pegamento” natural que mantiene cohesionadas las rocas en las altas montañas. Sin embargo, las temperaturas anómalamente altas registradas en los Alpes suizos durante la primavera de 2025 provocaron su descongelación, debilitando la estructura del macizo rocoso.
- Acumulación de agua de fusión y sedimentos, que actuó como lubricante en las capas inferiores del glaciar, facilitando el deslizamiento repentino de toda la masa.
El resultado fue una avalancha compuesta de hielo, rocas, lodo y otros escombros, que descendió con gran violencia por el valle, resultado de la interacción entre un deslizamiento rocoso y el colapso parcial de un glaciar, favorecido por el deshielo del permafrost y las altas temperaturas. Este tipo de fenómeno, conocido como avalancha de escombros glaciares (en inglés, glacial debris flow), es cada vez más frecuente en regiones alpinas donde las cada vez más frecuentes altas temperaturas está modificando profundamente la dinámica de los glaciares y su entorno. A diferencia de una avalancha nival, donde predomina la nieve seca o húmeda, en este caso el volumen y densidad del material movilizado genera una energía destructiva mucho mayor.
Futuro y gestión de la tragedia
Uno de los efectos más inmediatos después del suceso de la avalancha ha sido el bloqueo del rio Lonza que atravesaba el valle de Lötschental y por consiguiente Blatten. El material que ha sepultado el pueblo también está actuando como una presa natural reteniendo el caudal del rio y ya ha formado un pequeño lago, anegando la pequeña parte de las casas que no habían sido afectadas por la avalancha.

Las autoridades locales están vigilando cómo evoluciona el curso del Lonza, ya que hay una pequeña posibilidad que el agua embalsada a causa de la avalancha, desencadene una avalancha de lodo aguas abajo. El pequeño lago formado continúa creciendo y ya ha formado un dique natural de 2 km de largo y entre 50 y 200 metros de ancho.
La escasa estabilidad del material depositado acentúa el riesgo de otros flujos repentinos hacia pueblos que están más abajo en el valle (Wiler, Kippel, Ferden, Gampel, Steg). En caso de lluvias torrenciales (normales en épocas estivas en zonas de montaña) u otros deslizamientos secundarios, el riesgo de rotura de esta barrera natural puede ser más alto y destructivo para los pueblos que se encuentran aguas abajo. Aunque no es seguro que esto suceda, las autoridades locales están monitorizando la continuidad del caudal del rio Lonza y también han vaciado la presa de Ferden, esperando que esta pueda absorber una parte del potencial caudal en caso de rotura.

Aunque aún no es seguro intervenir sobre los materiales recientemente depositados sobre Blatten, cuando los técnicos evalúen que las condiciones son favorables, una medida relevante sería retirar parcialmente dichos depósitos para habilitar una salida controlada del caudal del Lonza. Esto permitiría limitar el crecimiento del lago formado, reduciendo así la presión adicional sobre la masa inestable y, con ello, el riesgo de un nuevo deslizamiento o de un flujo de lodo. Como se ha señalado al principio del texto, el aumento del peso y de la carga hídrica puede comprometer la estabilidad del terreno.
Si bien ha sido una excelente noticia que los habitantes han podido ser desalojados, el futuro a corto plazo para este pequeño pueblo no pinta demasiado bien. No es solo por el tiempo que pueden llevar las tareas de vaciado y limpieza, es que gran parte de las casas pueden estar destruidas o tener daños estructurales serios. Además, la ladera de la montaña y el glaciar pueden tener eventos secundarios y producirse otros deslizamientos hasta que la ladera recupere su antigua estabilidad. Por lo que en cualquier caso no sería seguro volver a este lugar hasta que se hayan hecho estudios en detalle de la situación general.
Sin embargo, el obstinado y perseverante pueblo suizo ya está trazando planes de futuro: se prevé una reconstrucción del «Nuevo Blatten» en un plazo de 3 a 5 años, aprovechando unas pequeñas aldeas cercanas más el núcleo original del pueblo. Además, ya ha comenzado la construcción de una vía de acceso provisional, junto con la instalación temporal de los servicios esenciales —agua, saneamiento y electricidad—, a fin de consolidar una base segura en 2026. No obstante es importante pensar en la reconstrucción del pueblo y en empezar una nueva vida, la viabilidad de estas obras dependerá de cómo responda la ladera de la montaña hasta que vaya recuperando la estabilidad y también del patrón de precipitaciones las cuales pueden afectar de forma negativa en caso de que estas sean en régimen torrencial.
El colapso del glaciar Birch recuerda a otros desastres de origen glaciológico que han sacudido regiones montañosas en las últimas décadas. En 2002, el glaciar Kolka en Osetia del Norte colapsó provocando una avalancha que recorrió más de 30 km, arrasando varios pueblos. Más recientemente, en 2021, el desprendimiento de un bloque glaciar en Chamoli (India) causó una inundación devastadora que destruyó presas y carreteras. Estos eventos comparten un patrón común: glaciares inestables, temperaturas elevadas y una sobrecarga de materiales. Blatten se suma así a una lista creciente de catástrofes naturales que evidencian cómo la interacción entre geología y clima puede desencadenar consecuencias dramáticas para las comunidades de alta montaña.
Alberto Sánchez Miravalles











Un artículo muy interesante .
Nos recuerda que los fenómenos erosivos no son lineales en el tiempo y se aceleran y deceleran en concurrencia de factores.
Chapó por la vigilancia geológica.
Que se lo digan al Drú.