Aunque ya habían salido españoles a escalar fuera, como el vasco Andrés de Espinosa que en 1930 ascendió el Kilimanjaro, o –por otros motivos– el capitán Diego de Ordaz, a las órdenes de Hernán Cortés, subiera el Popocatépetl (5.500 m) en 1520, hasta 1961 no llegó la primera expedición española extraeuropea. El resultado final de la expedición, que alcanzó su ambicioso objetivo final: abrir vía por la arista noreste del Huascarán Sur (que lograron Josep Manuel Anglada y Jordi Pons el 20 de julio) después de que casi lo consiguiera una cordada anterior, fue sin embargo también trágico: Pedro Acuña falleció debido a una caída en una grieta en compañía durante varios días y hasta el último minuto de Antonio Pérez Ayuso; miembros precisamente de esa cordada anterior.
La expedición fue la versión española de las que británicos, alemanes, italianos o franceses llevaban afrontando desde principios del siglo XX para poner un punto y aparte al retraso del montañismo expedicionario. En 1961, cuando se habían ascendido trece ochomiles –el Shisha Pangma se escaló en 1964– todavía no había pisado el Himalaya una sola expedición española. Una solitaria excepción: Andrés Espinosa llegó a Darjeeling en 1931 para encontrarse que le denegaban los permisos de escalada.
Según se relata en el libro de la expedición, “Los Andes, 400 años después”, el proyecto comenzó a fraguarse en 1959. Algunos alpinistas se lo pidieron a la Federación Española y ésta le encargó la organización al entonces Grupo Nacional de Alta Montaña Español, (GNAM, hoy GAME). La dirección recayó en Félix Méndez (n. 1926), un amante de la perfección –era dibujante, proyectista y calígrafo; a él se debe la simbología de los croquis de escalada aceptada por la UIAA y, en buena parte, la admisión de la URSS en este organismo durante la Guerra Fría– que la organizó “con mucho cuidado porque no quería que fallara nada” dijo en una entrevista para Desnivel cuando fue nombrado miembro de honor del GAME en 1997. Méndez, quien en 1962 fue nombrado presidente de la federación española, ocupaba entonces cargos directivos en el GNAM y en la ENAM (Escuela Nacional de Alta Montaña, hoy Escuela Española…) y se encargó de la dirección de la expedición con José Manuel Anglada como director técnico. Mariano Arrazola, cirujano y alpinista, iba a ser el médico de la expedición. El entonces presidente de la FEM Julián Delgado Úbeda presidía la Comisión Ejecutiva al frente de un equipo que tenía que llevar a cabo un proyecto logístico presupuestado en 2 millones de pesetas y muy complicado. Sin Internet, ni correo electrónico, ni fax…
Para seleccionar a los participantes, se hizo un examen en Alpes, al que sólo podían presentarse miembros del GNAM y que tuvieron que superar –no todos lo lograron– las pruebas médicas que implementó el doctor Castelló Roca, pionero de la medicina de montaña en España.
Así se describe en Los Andes, 400 años después a los seleccionados que se sumaron a Félix Méndez, Josep Manuel Anglada y Mariano Arrazola.
José María Régil Cantero, del GAM Vasco-Navarro, de Bilbao, soltero, y parte de una familia de cinco hermanos montañeros; de 27 años de edad. Fue el amigo callado y voluntarioso.
Antonio Pérez Ayuso, del GAM de la RS de Alpinismo Peñalara, de Madrid, de 25 años de edad, soltero. El hombre más alto del grupo, cuya talla, fuera de lo normal, nos proporcionó algunas preocupaciones a la hora de adquirir las prendas de su equipo.
Salvador Rivas Martínez, del GAM de la RS de Alpinismo Peñalara, de Madrid, y Director de la Sección Castellana de la ENAM; de 25 años de edad. Se había casado hacía unos meses antes de ir a los Alpes. Doctor en Farmacia, fue el botánico y naturalista ideal para la expedición, de la cual se le nombró secretario por sus conocimientos y su técnica depurada como glaciarista.
Jorge Pons Sanginés, el popular “Piripi”, del GAM del Club Montañés Barcelonés, de Barcelona; de 27 años de edad, soltero. Director de la Sección Catalana de la ENAM.
José Antonio Bescós San Martín, del GAME y de Montañeros de Aragón, de Zaragoza; de 23 años de edad. El más joven de la expedición, cuyo hermano Manolo había perecido en accidente durante una escalada en los Mallos de Riglos.
Pedro Acuña Carnicero, del GAM de la RS de Alpinismo Peñalara, de Madrid; de 28 años de edad, soltero. El compañero entrañable de escaladas de Salvador Rivas; el hombre siempre bromista, con quien era imposible mantener una conversación en serio.
Francisco Guillamón Nieto, del GAM del Club Montañés Barcelonés, de Barcelona, de 27 años de edad, soltero. El compañero de escalada de José Manuel Anglada; por sus cometidos profesionales, constituyó un celoso administrador del dinero de la expedición.
Juan José Díaz Ibáñez, Presidente del GAM de la región aragonesa, de Montañeros de Aragón, de Zaragoza; de 32 años de edad, soltero. Camarada de cordada de Bescós. Fue el topógrafo de la expedición, cargando además con su guitarrito hasta los glaciares de los Andes.
Once amigos hasta entonces, once camaradas para siempre, aunaron sus esfuerzos desde un principio para llevar a cabo esta aventura andina de nuestro tiempo”.
Salvo Mariano Arrazola, fallecido recientemente, y Pedro Acuña todos acudirán a homenaje el próximo 24 de septiembre.









