EXPLORANDO

Año de contrastes para Kilian Jornet

El catalán finiquitaba hace unos días una temporada en la que se han entremezclado los buenos resultados de todo el año con un último mes en el que ha despertado dudas, no sobre su rendimiento, sino sobre la presión que tiene que soportar un chaval de 24 años.


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Han sido 15 carreras, 751 kilómetros, 45.000 metros de desnivel positivo y 77 horas corriendo. La temporada 2011 de carreras de Kilian Jornet se puede resumir en cuatro simples cifras que, en realidad, esconden mucho más de lo que los números indican.

Para empezar, porque Kilian llegaba con muchos kilómetros en las piernas en este comienzo de temporada; el catalán venía de completar una fantástica temporada de esquí de montaña, en la que había conseguido vencer Campeonato y Copa del Mundo, además de hacerse con la mítica Pierra Menta, esa competición que, como ocurre con el UTMB en las carreras, es la que todo el mundo quiere ganar.

Por eso llegaba Kilian Jornet muy rodado, con una preparación basada en la más alta competición. Además, Jornet se imponía retos personales, propios de quien domina un deporte de la forma en la que el catalán lo hace. Este año, además de sus Kilian’s Quest, se imponía otro reto: ganar las cinco carreras más importantes de cada continente. Casi nada.

Comienzo por todo lo alto

Todo comenzó en Australia el 15 de mayo, donde disputó la The North Face Australia 100, menos de un mes después de proclamarse ganador de la Copa del Mundo de esquí en territorio polaco. Menos de cuatro semanas separaban ambas victorias, un indicador real del descanso que se tomó Jornet entre temporadas.

Para un mes más tarde tenía programados dos de sus mayores retos del año, su primera Kilian’s Quest, en la que ascendió y descendió el Monte Olympus en Gracia y, sobre todo, la Western States 100, la carrera más importante de los Estados Unidos, la misma en la que el año pasado fue tercero y la comunidad de corredores norteamericana no se acababa de creer que este chico era el dominador de las montañas en el resto del mundo.

Kilian se tomó la “revancha” de 2010 realizando una carrera fantástica, dejando sin opciones a los ídolos locales y demostrando que también se podía adaptar al trail running americano, con menos desniveles y terrenos no tan técnicos como los europeos. El primer tercio de la temporada salía perfecto y el español volvía a convertirse en el gran foco de atención del trail running mundial. A los americanos no les quedaba otra que reconocer lo que todo el mundo ya sabía, que Kilian Jornet es el mejor corredor del mundo.

De cara a la gran prueba de la temporada, el Ultra Trail Mont Blanc, todo llegaba de cara; Jornet, de momento, participaba en otras carreras, como la Zegama-Aizkorri, pero también sufriría su primera derrota, a manos del italiano Marco de Gasperi en la Sierre Zinal, carrera mucho más corta que el UTMB, pero primer indicio de que la temporada de Kilian comenzaba a pasarle factura a sus piernas.

El cénit del Ultra Trail Mont Blanc

El último fin de semana de agosto, Chamonix reunía a lo mejor del trail running mundial. El Ultra Trail Mont Blanc hacía honor a su condición de carrera más prestigiosa del planeta y los rivales de Jornet veían en su derrota quince días antes un atisbo de esperanza para que el español no se hiciera con su tercer título consecutivo. Pero no; nada impidió a Jornet completar su trío de entorchados en la prueba francesa. El gran objetivo de la temporada estaba en la mochila.

En el último tercio de la temporada se veía a un Jornet corriendo en menos carreras, dosificándose para un final de temporada con objetivos importantes, pero sabedor que lo más importante ya se había conseguido. Faltaba aún completar su “5 carreras, 5 continentes”, para lo que debía ganar, como lo había hecho previamente en Australia, Estados Unidos y Europa, en Sudáfrica. No tuvo problemas para vencer una carrera con menos contrincantes duros de lo normal.

Con estos precedentes acudía a una de esas carreras que va ganando peso específico con los años, Cavalls del Vent. Además, se trata de la carrera más importante que su patrocinador, Salomon, organiza en España, así que la presencia de Jornet, que ya había cancelado su participación en la Ronda dels Cims, estaba asegurada.

Cavalls del Vent, primer abandono de su carrera

Sólo había recorrido una pequeña parte del recorrido cuando Jornet dijo basta. Por primera vez en su carrera, abandonaba una prueba sin sufrir problemas físicos o roturas de material. El hombre invencible mostraba, por primera vez, ser humano. A pesar de ser, por sí misma, una noticia que impacta, las declaraciones posteriores de Jornet le daban un tinte dramático a todo el asunto.

“Si abandoné fue porque no tenía ganas de correr, perdí el placer de estar en la montaña, y eso me hizo llorar. Este año he entrado en una esfera donde la sociedad nos lleva a valorar más los resultados, a intentar estar presente en todas partes; nos lleva a buscar una belleza que es efímera. Me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era lo que realmente quería”, aseguraba Jornet.

Con estas declaraciones, el español decidía también cancelar su segunda Kilian’s Quest, que se iba a celebrar en Perú. Entre medias, Kilian se convertía, aún más si cabe, en un icono mundial. Lleva siendo la cabeza visible del trail running cuatro años, tiempo en el que siempre ha estado en el centro de las miradas, el ídolo que no puede fallar. También publicaba su primer libro, “Correr o morir” en varios idiomas, a medida que su nombre iba ganando importancia en los medios de comunicación tradicionales, con reportajes en medios nacionales e internacionales.

Al fin y al cabo, es humano

La presión mediática va en aumento cada año, tanto por el aumento de popularidad del deporte de las carreras en general, como por el de Kilian en particular. Con este panorama se enfrentaba el catalán a la última carrera del año, la Mount Kinabalu de Malasia. Venció una vez más, pero no lo hizo como siempre, lo hizo in extremis, en los últimos tres kilómetros, con las piernas pesadas al subir y con una gran técnica de bajada que le permitió remontar los cuatro minutos que Marco di Gasperi tenía sobre él.

Una vez completado su reto de ganar las cinco carreras más importantes de cada continente, Jornet se ha tomado unas merecidas vacaciones, un más que merecido descanso a una temporada agotadora, no sólo para sus piernas, sino también para su mente. Sus compromisos publicitarios y promocionales aumentan esa fatiga de alguien acostumbrado a vivir en la montaña, en entornos donde la soledad es un componente indispensable para él.

Tras estos quince días de asueto, el español se enfrentará a una nueva temporada de esquí de montaña, con miles de kilómetros y de metros de desnivel positivo, pero con menos presión mediática, con más tiempo para entrenar en solitario o con sus compañeros de casa, como Mireia Miró, pasando horas en la nieve, intentando, como él mismo dijo, comprender el alma de las montañas.

 

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