EXPLORANDO

Yann Borgnet en la clásica Desmaison-Gousseault

El escalador francés continúa fiel a su estilo de escalar vías clásicas alpinas motivado por la belleza estética y la relevancia histórica de algunas de las líneas más prestigiosas de los Alpes. Cuenta la ascensión de la Desmaison-Gousseault a las Grandes Jorasses con Coranotte, Dumarest y Duhoux.

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No siempre las noticias del alpinismo se escriben en base a la máxima dificultad, riesgo o exposición. De vez en cuando es la historia o la estética lo que mueven a algunos deportistas a acercarse a las montañas y recorrerlas de abajo arriba. Es el caso de Yann Borgnet, que hace unos meses contaba desde esta perspectiva su trilogía de directas Cambon-Francou en el Glacier Noir realizada junto con Robin Revest.

Ahora, Borgnet repite, con Michel Coranotte como compañero de cordada y con la pareja Dumarest y Duhoux que completan el cuarteto, en otra clásica alpina: la Desmaison-Gousseault a las Grandes Jorasses. Su relato vuelve a ser de aquellos que sirven para llenar el espíritu montañero con algo más que cifras:

342 horas en las Grandes Jorasses, he aquí un libro que me inspiró mucho en mi juventud. Esta vía, más que otras, es el fruto de la construcción de un mito bien tenaz. Además de lo lógico del itinerario, es más por el lado histórico y afectivo que tenía la necesidad casi visceral de poner allí los pies!

“Debía tener 14 años cuando, empezando en esto del alpinismo, asistí a una proyección de la película de Berhault sobre la travesía de los Alpes. Además de una fascinación por el personaje, he conservado en la memoria el paisaje en el que hablaba de esta vía, describiéndola como muy poco repetida. Desde entonces, se me metió en la cabeza la idea de hacerla algún día, diciéndome a mí mismo también que no tendría nunca el nivel suficiente!

“Hoy, está hecho, y es de lejos la vía de mixto más bonita que ha podido escalar.

“A unos 80 metros de la cima, nos encontramos con el viejo hornillo de la cordada Desmaison-Gousseault, la emoción sube, y recuerdo estas siete jornadas pasadas esperando, en la tormenta, cuyo resultado es conocido por todos. Allí, es como un pequeño banco inclinado, sin el espacio suficiente como para sentarse correctamente, un mal reposo para la vía, imaginaos para un vivac… Dos largos, eso es lo que le falta a la cordada para terminar, uno de ellos fácil…

“Parto para esta nueva aventura alpina en compañía de Michel Coranotte y de la cordada Dumarest-Duhoux. Mi renacida vida de estudiante no me deja más que un breve respiro para practicar mi pasión. Mientras la méteo anunciaba una semana de vacaciones digna de un mes de otoño, parece que un paréntesis se abre para el fin de semana.

“Viernes 28 de octubre: Subida hasta el refugio de Leschaux, visualización del itinerario y a dormir a las 19h.

“Sábado 29 de octubre: Levantarse a las 2h45, aproximación hasta la base del Linceul. Ascendemos las tres primeras rampas. A las 21h, a falta de alcanzar R26, donde el vivac es de reyes, nos contentamos con dos pequeñas repisas unos largos por debajo. 00h30, finalmente nos acostamos, después de haber comido, bebido y rellenado los termos. La instalación del vivac se revela toda una estrategia. Yo me confecciono un sistema de hamaca con cinchas, y mi mochila como apoyo para mis piernas. Es espartano, pero parece casi confortable!

“Domingo 30 de octubre: Levantarse a las 5h, hora antigua, 4h hora nueva… Habitualmente, me gusta particularmente esta noche, en la que se gana una hora de sueño. Esta vez, es el amanecer quien dicta nuestras acciones. La salida del saco es un momento difícil. 7h30, vamos a atacar. De hecho, los buenos vivacs están sólo a dos largos fáciles… Dejamos pronto esta tercera rampa por tres largos en travesía ascendente a la derecha. Se escala en drytooling, es magnífico, me recuerda a Escocia y sus fisuras! ¿Lo siguiente? Mixto delicado, pequeños placages y todavía algunos bonitos movimientos de dry más.

“En seguida, el famoso vivac a 80 metros bajo la cumbre, los dos largos, la cornisa, la cima, la felicidad en todas las caras, la emoción, un sentimiento de plenitud reforzada por la magnífica puesta de sol, justo detrás del Mont Blanc… Y esta vasta extensión blanca, este mar de nubes que se domina, ¿no es un momento mágico en la vida de un alpinista?

“Todos estos elementos que hacen que a pesar de la crudeza del medio, se encuentre un cierto placer! El viento glacial nos devuelve a la razón. Son las 18h, tenemos que enfilar el lado italiano. 19h, se hace de noche, llegamos al Rocher Whymper. Nuevo vivac. Esta noche el viento sopla, pero estamos confortablemente tumbados, aunque sea sobre la nieve!

“Lunes 31 de octubre: Descenso hasta Val Ferret, en medio de una explosión de colores, que van del verde oscuro al rojo pasando por el amarillo y el naranja. Decididamente, este lado del macizo revela rincones de una belleza insospechada.

“En el primer restaurante, nos metemos los platos de pasta… en honor de Berhault y Magnin!

 

Fuente: Camp

 


 

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