EN el Pico Colón, la montaña más alta de Colombia

Una historia de supervivencia y rescate en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia

Detallado relato del accidente y posterior rescate de los montañistas Julio Bermúdez y Santiago Aparicio que quedaron atrapados a 5300 m en el Pico Colón. Es quizá la mayor historia de supervivencia del montañismo colombiano, con la operación de rescate en montaña más exigente llevada a cabo en el país. El relato es de Luis Pardo, cronista del montañismo colombiano, además de amigo de uno de los accidentados e implicado en este rescate.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
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Hace un par de semanas, en Colombia se desplegó la operación de rescate en alta montaña más compleja y exigente de los últimos tiempos; en donde se tuvo que accionar por completo todo el aparato institucional de Gestión del Riesgo para lograr efectuar la búsqueda y rescate de dos deportistas que quedaron atrapados a 5300 metros de altura en el Pico Colón, la montaña más alta de Colombia, ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Se trataba de Julio Bermúdez y Santiago Aparicio. El primero, un montañista y parapentista de amplio recorrido y experticia como escalador y alpinista integral que había logrado combinar los ascensos a la alta montaña con los descensos en parapente. El segundo, un joven montañista con gran entusiasmo por la alta montaña que formaba parte del grupo en calidad de guía. Ambos eran miembros de una expedición de colombianos y extranjeros que buscaban realizar el descenso en parapente desde la Pico Colón hasta las playas del Caribe; lo que significa un descenso de más de 5000 metros en tan solo 50 km de distancia. Todo un logro para el parapentismo internacional.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Julio Bermúdez. Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

Para entender la complejidad del rescate es necesario conocer varios aspectos geográficos y sociopolíticos de la Sierra Nevada de Santa Marta, y algunas realidades del montañismo en Colombia.

Sierra Nevada de Santa Marta, «El Corazón del Mundo»

Es un macizo montañoso aislado de la cordillera de Los Andes, que se eleva abruptamente a escasos 50 km de la costa norte de Colombia hasta alcanzar los 5780 msnm en el Pico Colón o “Xundua”, como es llamado por las comunidades indígenas locales. Su vecino, el Pico Bolívar, parece tener exactamente la misma altura, razón por la cual se les considera picos gemelos y todavía no hay claridad sobre cuál de los dos es realmente el más alto, aunque popularmente es aceptado el Colón como la cima máxima del país.

Geográficamente, la Sierra Nevada es un enclave de megabiodiversidad que cuenta con todos los pisos térmicos y biomas tropicales entre el mar y las nieves perpetuas; abundante en flora, fauna y paisajes exuberantes. Por obvias razones es un Parque Nacional Natural y además es territorio resguardo de cuatro comunidades indígenas que habitan allí en condiciones originales y prácticamente aislados de nuestra cultura occidental. Para estos pueblos indígenas, la Sierra es territorio sagrado puesto que según su cosmogonía es considerada como «El Corazón del Mundo», y permanece cerrada o prohibida para la mayoría de nosotros, “el hombre blanco”.

Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia.

Dadas las condiciones de aislamiento, este macizo montañoso a duras penas cuenta con algunos caminos de acceso a pie, donde no hay posibilidad de ingresar en ningún tipo de vehículo, ni encontrar más ayuda extra que unos cuantos caballos y porteadores. Además, las distancias y la difícil geografía quebrada hacen que cualquiera de estos caminos tome de 5 a 7 días de aproximación hasta el Campo Base, atravesando todos los pisos térmicos y ecosistemas tropicales que allí existen. El Pico Colón es la montaña más alta de subir en el mundo, pues se inicia a nivel del mar y se termina a 5780 metros. Ni el Everest tiene ese desnivel.

El montañismo en Colombia

Los últimos años hemos notado un incremento exponencial en la cantidad de deportistas y aficionados a subir cerros y montañas. Se ha vuelto una actividad cada vez más popular e infortunadamente, los escenarios para el montañismo y la escalada están en disminución, no solo por el derretimiento de nuestros glaciares tropicales y el mal estado en que las montañas están quedando, sino porque administrativamente hay un conflicto con Parques Nacionales y algunas autoridades territoriales que prefieren mantener las montañas cerradas al público ante la incapacidad institucional que tienen para manejar los impactos del creciente fenómeno del trekking y montañismo en el país.

Sin embargo, y a pesar de las restricciones, hay muchos grupos de montañistas que aprovechan la temporada seca de inicio de año para ir en busca de las cumbres y paredes en la alta montaña colombiana. Y para ello se han realizado varios tipos de acuerdos y negociaciones con las diferentes comunidades locales para lograr los permisos de ascenso y así ingresar a las montañas que tienen traslape con resguardos indígenas. Este es el caso del grupo de parapentistas y montañistas que ingresaron a mediados de marzo en busca de la cumbre del Pico Colón y posteriormente volar hacia las playas del Caribe.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

El Accidente

Del grupo de 6 parapentistas, 4 lograron despegar desde una altura cercana a los 5400 metros y 1 no se sintió seguro para despegar y prefirió descender caminando. Julio Bermúdez, quien sería el sexto parapentista, pero que además es un consumado montañista, hizo gala de su purismo montañero al no despegar con sus compañeros, sino que eligió subir hasta la misma cumbre a 5780 m y despegar desde allí. Mientras los otros 4 ya volaban, Julio continuó la escalada junto con Santiago Aparicio, quien le acompañaría a la cima y durante el despegue. El ascenso les tomó algo más de 2 horas porque el glaciar era un campo de penitentes gigantes que dificultaban la progresión.

Ambos lograron llegar a la cota máxima a media mañana y, sobre un pequeño rellano de rocas, Julio desplegó el parapente y se preparó para el despegue realizando algunas maniobras de preinflado del ala. Tomó la decisión y se lanzó al vuelo. Luego vinieron unos momentos de golpes y confusión, que incluso todavía no recuerda bien, hasta ya despertar y verse colgado en una pared vertical, sostenido únicamente por los hilos de su parapente que estaba enredado entre las rocas. En su análisis posterior, Julio cree que justo al momento de volar, una fuerte ráfaga de viento lo devolvió sobre la montaña y lo hizo estrellarse a gran velocidad contra la pared.

Por su parte, Santiago que estaba cerca, se dio cuenta del accidente y rápidamente acudió a socorrerlo. Instaló la cuerda que llevaba y descendió hasta donde estaba Julio para inspeccionar la situación y el estado de salud. Julio es médico deportólogo y su autodiagnóstico fue un hemotórax en el pulmón derecho y fracturas múltiples en brazo y clavícula, además, había perdido el conocimiento por algunos minutos, pero el casco le protegió la cabeza. Todo esto colgando de una pared vertical a 5750 metros de altura en la montaña más alta y remota del país. Nada pinta bien, así que deciden activar el botón de pánico del InReach y así se inicia el monumental operativo de rescate.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

Primera fase. El autorescate

Quizás la decisión más sabia del momento fue bajar inmediatamente por la pared donde ya estaban colgando, a pesar de que se trata de la vertiente opuesta a la que habían subido y por lo tanto se lanzarían en rápeles al vacío por una pared de al menos 300 metros, desconocida y nunca antes explorada. De hecho, ninguno de los dos conocía el costado sur de la Sierra Nevada a donde llegarían después de los rápeles.

Esta primera decisión fue muy acertada porque intentar subir a Julio por una pared hasta la cima para tomar la vía normal era una labor muy desgastante y algo peligrosa. Además, luego retornar por el glaciar lleno de penitentes resultaría casi imposible arrastrando y cargando a un herido de gravedad. La única posibilidad era bajar a lo desconocido.

Empleando el poco material de roca que llevaban, puesto que la ruta de ascenso es un glaciar que se camina, Santiago iba descendiendo a Julio largo por largo para luego rapelar y alcanzarle, repitiendo la operación durante toda la tarde hasta llegar a una repisa ya entrada la noche, donde decidieron hacer su primer vivac a unos 5500 metros.

Al siguiente día, para sorpresa de todos, Julio continuaba vivo y con ánimos de seguir luchando en la montaña por su vida; así que retomaron los rápeles y completaron los más de 300 metros de descenso hasta la base de la pared sur del Pico Colón. Esta fase del autorescate fue toda una proeza de supervivencia para ambos.

Al salir de la pared, Julio lograba arrastrarse por las lajas inclinadas para perder altura hasta encontrarse con el primer obstáculo de morrena y pedrero que le bloqueó la salida. Estaban a 5300 y quedaron atrapados por un mar de rocas erráticas que fueron imposibles de sortear debido a las fracturas y el pulmón colapsado. Así que Santiago construyó un pequeño refugio de rocas y quedaron allí entregados a merced de la montaña hasta que llegara la ayuda.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

El operativo de Rescate desde Bogotá

Mientras todo esto sucedía en la Sierra Nevada, estábamos Lorena, la esposa de Julio, y yo tratando de entender lo que pasaba a través del posicionamiento que nos arrojaba el sistema GPS de Julio y Santiago. Un mensaje de texto confirmando el accidente nos puso en alerta y empezamos a accionar los mecanismos de emergencia. Organizamos un pequeño grupo de amigos y familiares para coordinar todas las gestiones del rescate.

Al principio, el asunto fue caótico por la incertidumbre de la información y además porque en el país nunca se había realizado un rescate de este tipo, así que nadie tenía la experiencia necesaria para tomar las decisiones rápidamente. Sin embargo, apenas comprendimos que Julio y Santiago estaban descendiendo por la pared sur, ya se dirigieron todos los esfuerzos para enviar los equipos de rescate a ese sector de la montaña.

El asunto fue tomado por la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres y por la Fuerza Aeroespacial de Colombia, quienes se encargaron del operativo de búsqueda y rescate. Inicialmente fueron enviadas a la montaña aeronaves no tripuladas que confirmaron la ubicación del accidentado, pero, debido a la altitud y la difícil geografía, era imposible enviar un helicóptero que realizara la extracción en ese punto donde habían quedado atrapados. Ahora la primera necesidad era mantenerlos con vida mientras un equipo de rescatistas ingresaba a pie, así que desde un helicóptero les fueron lanzados unos kits de supervivencia con mantas, bebidas y alimentos. Esto les daría unos días más de vida para esperar la ayuda.

Dada la lejanía y dificultades de acceso a la Sierra Nevada, fue necesario conformar un equipo de montañistas que acudiera en búsqueda de los atrapados. Desde Bogotá salieron en un vuelo de la Policía Nacional, los voluntarios para la misión: Fernando Gonzálezrubio (ochomilista colombiano), Hernán Wilke (montañista argentino ya casi nacionalizado colombiano), Elder Acosta (médico de montaña), Germán Rivera (montañista recién llegado del Aconcagua) y Freddy González (montañista que ya ha participado en algunos rescates en la Cordillera Blanca del Perú). Este grupo de montañistas acompañaría al equipo de la Cruz Roja Colombiana que también se dirigía a la montaña a pie por la vertiente sur.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

Dos vuelos fueron necesarios para llevar a los rescatistas hasta una altura de 4000 metros, a un poblado indígena llamado Mamancanaca que vive casi en completo aislamiento de la cultura occidental. Allí fue necesario realizar labores de cancillería entre el pueblo indígena Arhuaco y los “hombres blancos” que llegaron de repente en el helicóptero y explicar la emergencia que se presentaba. La labor de comunicación tampoco fue fácil porque los indígenas tienen su lengua propia y la comprensión del español no es completa. Pero, una vez explicada la situación, los indígenas también se unieron a los grupos de auxilio.

Mientras todo esto pasaba, Julio y Santiago soportaban ya 3 días en la montaña, sin mucho alimento ni abrigo. Cada día nos alegrábamos al saber que ambos continuaban vivos y con la esperanza de ser rescatados. Ellos lograban comunicarse con mensajes del InReach, cada mañana apenas el sol tocaba un pequeño panel solar con el que recargaban la batería del teléfono.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

La extracción con los medios justos

Los equipos de montañistas y de la Cruz Roja tardaron 2 días en llegar a la base de la pared sur del Pico Colón. Era el quinto día para Julio y Santiago, así que la felicidad de recibir ayuda fue una gran motivación para seguir luchando y mantener con vida a Julio, quien ya se encontraba bastante disminuido por las lesiones y las condiciones en las que había soportado tantos días.

La atención médica fue inmediata y el empaquetado de Julio en una camilla tipo SKED les permitió a los rescatistas arrastrarla y halarla en medio de las morrenas y pedreras hasta la Laguna del Sol, en donde encontraron agua pero, debido al agotamiento de todos y a la oscuridad, ya tuvieron que vivaquear y descansar. Al otro día, un nutrido grupo de indígenas llegó temprano para relevar a los rescatistas de altura.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

Las dificultades del terreno retrasaban un poco las labores de camillaje, así que en un tramo intentaron que Julio fuera encima de un pequeño caballo para aligerar el paso, pero el movimiento fuerte del animal no permitió que esta estrategia sirviera por mucho tiempo y nuevamente tuvo que ser llevado en la camilla, para lo cual los indígenas improvisaron un tipo de hamaca sostenida por un madero largo y fuerte que se cargaba en los hombros. Esta nueva forma de transportarlo resultó muy eficiente y en unas 8 horas lograron llegar todos al poblado de Mamancanaca. Allí pasaron la noche refugiados en unas pequeñas casas indígenas mientras afuera la Sierra retumbaba en rayos y truenos por una tormenta que había esperado al rescate, antes de precipitarse sobre la montaña.

Al séptimo día, muy temprano, llegaba de nuevo el helicóptero y se llevó a todos esos “hombres blancos” que habían llegado en ayuda de un amigo de montaña. La Sierra de nuevo estaba tranquila y todo el gran operativo de rescate sin precedentes en Colombia, resultó ser un éxito. En la tarde Julio estaba en el quirófano en compañía de su esposa y sus padres, y todas sus cirugías se realizaron sin inconvenientes. Santiago se reencontró con su novia y en la noche viajaron a Bogotá para abrazar a sus padres.

Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke
Rescate en el Pico Colón. Fotos: Santiago Aparicio y Hernan Wilke

Dos semanas después

Julio ha sido dado de alta de la Clínica, pero debe permanecer en Barranquilla a nivel del mar mientras las lesiones del pulmón sanan por completo. Recuperarse de un pulmón colapsado y luego expandido debe llevar su tiempo. Además de las fracturas en el cúbito, radio y clavícula. En cuestiones económicas, el Gobierno de Colombia asumió todos los gastos por considerarse una misión humanitaria, sin embargo, Julio cuenta con un seguro de rescate y atención médica del American Alpine Club, con amplia cobertura y que estuvo muy atento de la emergencia por si fuera necesario cubrir gastos no contemplados.

Sin temor a equivocarme, me atrevo a asegurar que esta es la mayor historia de supervivencia del montañismo colombiano, y también la operación de rescate en alta montaña más compleja y exigente que hayamos tenido. Se trató de atender un accidente a 5700 metros en la montaña más remota del país, con la gravedad de las lesiones, la gesta de autorescate descendiendo la pared sur inexplorada y luego soportar 5 días atrapados a 5300; todo esto mientras se movilizaban drones, aviones, helicópteros, equipos de montañistas, rescatistas e indígenas, lanzamiento de kits de supervivivencia y la activación de todo el aparato institucional de emergencias del país durante 7 días.

Sin lugar a dudas, este rescate no hubiera sido exitoso sin el aporte de cientos de pequeños acciones que muchos realizamos durante esa semana; cada gestión fue decisiva para traer con vida a Julio y Santiago. Pero, sobre todo, no hubiera salido exitoso sin el tesón y estoicismo de Julio, quien milagrosamente se mantuvo con vida a pesar de las duras condiciones que tuvo que soportar. Un inmenso agradecimiento a todos los que participaron del rescate, y salud por la vida cuando las montañas nos quieren arrebatar a los seres queridos. A pesar de todo… siempre volvemos a la Montaña.

Luis Pardo
(Montañista, amigo y cordada de Julio Bermúdez).

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Comentarios
2 comentarios
  1. El diccionario define racismo como la “Creencia que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre los demás”.

    Luego tienes un grupo étnico que se define como “los hermanos mayores que siempre han considerado que nosotros de abajo somos los hermanos menores, que como tales, somos tercos”

    Pero como nunca es el que si no el quien, entonces si el mito del pueblo elegido vine de un señor con alpargatas en una maloka, entonces es sabiduría ancestral, pero si viene de un señor rubio germánico en los años 40s, o de la cultura judeocristiana entonces mal.

    En fin… “la hipotenusa”

  2. Se olvidaron dar las gracias al final con nombres propios o con el nombre de la comunidad indígena que si no fuera por ella también, no habrían logrado salir. Muy buenas las fotos y que en el artículo se les mencionara. Especialmente el viejo truco de la hamaca y el palo, algo tan ancestral y simple que resultó ser excelente solución. Llevar en hombros, de esos hombres de la montaña, los hermanos mayores que siempre han considerado que nosotros de abajo somos los hermanos menores, que como tales, somos tercos y hacemos muchas cosas irresponsables con la montaña, con el medio ambiente. Muy bien reivindicar e insistir en que tanto montañistas como forasteros, pidan autorización a los pueblos de origen de la sierra, para poder circular por ese sitio sagrado y cuidado durante más de 6 siglos.

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