La cordada formada por los argentinos Ulises Kusnezov, Emilio Arcienaga y el venezolano Bernardo Baena ha trazado la primera ruta nueva en la cara sur del Chañi Grande (5.896 m) desde la década de los ochenta. Se llama El vuelo del pichón (250 m, WI4, 70º) “en honor a Raul Pichón González, quien dio a conocer la montaña a varias generaciones en Tucumán y también a Pepe de la Cuesta, escalador amigo que falleció en un vuelo de parapente”.
A pesar de su potencial, el macizo del Chañi en general y especialmente la cara sur del Chañi Grande no suelen ser demasiado visitados por los alpinistas. “Esto se debe al difícil acceso a la montaña y a que su cara sur permanece siempre oculta”, explica Ulises Kusnezov. Fue noticia allá por 2009, debido a la expedición que llevaron a cabo los hermanos Pou. El principal objetivo de Iker y Eneko fue la apertura de una nueva ruta en el Chañi Chico, aunque estrenaron otros itinerarios en picos y agujas del macizo e incluso coronaron también el Chañi Grande, en una travesía de este a oeste.
Sin embargo, la cara sur del Chañi Grande tampoco entró en sus planes entonces. “Estamos hablando de una pared que solo poseía dos rutas, ambas abiertas en la década de 1980, y desde entonces nadie abrió una ruta nueva”, puntualiza Ulises Kusnezov, quien añade que “además, el par de expediciones que la escalaron solo repitieron una de ellas”. Y concluye que “es increíble que en el año 2025 recién se haga algo innovador”.


Es posibilidad de hacer algo original fue lo que impulsó a los tres jóvenes guías de montaña de 31, 29 y 35 años respectivamente, que suelen trabajar principalmente en el Aconcagua pero a quienes también se puede ver guiando en la zona de los seismiles de la provincia de Catamarca y en El Chaltén.
Ulises Kusnezov (31 años), de la provincia de Tucumán, fue el escalador más joven en ascender las 10 montañas más altas de América y los 10 volcanes más altos del mundo. También fue el argentino más joven en subir un ochomil, cuando coronó el Manaslu con 24 años en 2018. Actualmente está muy centrado en la escalada en roca y en hielo y en el parapente.
Emilio Arcienaga (29 años), por su parte, es de la provincia de Salta. Eximio escalador en roca y hielo (también piloto de parapente), ha realizado ascensos notables en Patagonia, como el Fitz Roy y otras agujas en la zona de El Chaltén y Torres del Paine. También cuenta con importantes ascensos en Perú, como la cara norte del Ranrapalca.
Bernardo Baena (35 años), finalmente, es oriundo de aunque radicado en Mendoza (Argentina) desde hace muchos años. Es escalador en roca y hielo de alto nivel y referente en el Aconcagua, donde se destaca como guía, jefe de porteadores y responsable de la instalación de las cuerdas fijas en el Glaciar de los Polacos.

Hablamos con ellos para que nos cuenten algunos detalles de su ascensión:
¿Cómo os decidisteis por este objetivo?
Lo que nos motivó a este objetivo fue por supuesto el desafío físico y técnico (queríamos hacer el ascenso en el día y evitar un vivac en la pared), pero por sobre todo, lo que más nos motiva sin dudas de esta pared es lo incógnita y remota que es. Es decir, nos parece difícil de entender que semejante pared en el año 2025, permanezca tan virgen y con tantas hojas en blanco para ser escritas. Sin dudas que una pared como esta en los Alpes tendría cientos de rutas, guías, refugio, etc. y aquí sin embargo, está todo por hacer.
¿Cuántos días necesitasteis para realizar la ascensión?
Para la expedición, nos tomamos un total de oche días. Estuvimos tres días aclimatando en un sector de escalada llamado Tuzgle, a 4.200 metros. Y luego cinco días en el cerro: tres días para aproximar, luego uno para escalar y uno para regresar. Una observación importante es que, además de ser la primera ruta abierta desde la dácada de 1980, es la primera vez que la cordada que escala esta pared puede hacerlo en el día sin tener que vivaquear en la pared. Este era un detalle muy importante para nosotros, por lo que hicimos todo lo posible para poder movernos lo más rápido posible y no hacer un vivac en medio de la pared. Por suerte se pudo.
¿Cómo organizasteis la expedición?
La logística fue compleja. Un mes atrás ya realizamos un intento fallido en el cual no pudimos ni si quiera llegar a la base de la pared (por mal de altura), pero nos permitió dejar gas y comida en el último campamento. Esto nos ahorró un poco de peso en esta aproximación.

La aproximación se hizo por el oeste, llegando con vehículo 4×4 hasta los 4.000 m, donde se ubica el refugio Flor de Pupusa, y luego haciendo campamento a los 5.000 m, luego a 5.400 m (hasta aquí nos permitimos ir pesados llevando buen abrigo, comida, etc.), pasamos por un col entre la cumbre principal y la cumbre sur de 5.500 m y bajamos a la base de la pared con el mínimo de material técnico y de supervivencia. Llevamos un juego de friends y 14 tornillos de hielo de todos los tamaños.
¿Cuáles fueron los principales obstáculos para vosotros?
La dificultad creemos que no radica en el aspecto técnico y de pasos de extrema dificultad, sino primero en el simple hecho de llegar a la base de la pared, por lo remota que es, la poca información que existe al respecto y la altura y el frío, que sin dudas hacen cada paso mucho más extenuante.
Sin dudas los obstáculos fueron esos, sumados la incertidumbre del estado de la ruta. De hecho, nosotros originalmente habíamos pensado escalar otra ruta pero al llegar allí dimos con que el comienzo de esa línea presentaba una zona de mixtos de roca y nieve que nos pareció difícil de proteger, por lo que decidimos escalar una línea a la derecha de la planeada, que seguía una imponente cascada de hielo. A priori se mostraba mucho más difícil que la ruta original, pero también más segura, ya que el hielo estaba en buenas condiciones y los tornillos de hielo entraban con facilidad donde deseábamos.
¿Qué sentimiento os deja el haber conseguido completar la ruta?
El sentimiento que nos queda es de mucha alegría, pero por sobre todo es la felicidad de la concreción de un sueño. Eso es lo que fue para nosotros… lograr un sueño. Y también nos deja sin dudas con muchas ganas y hambre de más, de poder regresar y hacer más cosas. El hecho de que seamos del norte de Argentina y podamos hacer este tipo de alpinismo en el norte de nuestro país y en los Andes nos da todavía un poco más de felicidad.

¿Qué descripción hacéis de la ruta?
Desde el vivac a 5.100 m se asciende por una rampa de nieve de unos 100 m hasta encontrar un primer resalte corto de terreno mixto que nos deposita en el comienzo de la cascada.
Se suceden 5 largos de hielo, con un grado máximo de WI4, que en total forman una línea de escalada en hielo de un poco menos de 250 metros. Pasado este punto ascendemos 100 m más por una fuerte pendiente y paramos un rato a derretir nieve y poder tomar algo caliente (estamos a 5.500 m en invierno prácticamente y siempre a la sombra). Hasta aquí llevamos seis horas de ascenso.
Luego se sucedieron diferentes rampas de nieve de distintas inclinaciones, con 65/70 grados como máximo y algunos pequeños resaltes de mixto, hasta llegar a los últimos metros previos a la cumbre. Esos metros presentaron una escalada en roca sencilla de cuarto grado con pasos de quinto como máximo, pero que a 5.900 m y con todo el cansancio encima no se sintieron tan fáciles. Este segundo tramos nos demoró tres horas más, lo que en total resulta en un ascenso de 9 horas y luego 1 hora simplemente para regresar al campamento de los 5400 ubicado abaja de la cumbre en la cara oeste, donde dejamos la carpa, agua, comida, etc.
No podemos dejar de agradecer a Facundo Jaurez y Lautaro Clavero, con quienes hicimos los intentos previos de ascenso. A la asociación argentina de montaña por estar atentos del otro lado del inreach y por sobre todo a Garmont Outdoor Gear por proporcionarnos la indumentaria precisa para el ascenso.










La nota no tiene buenos datos respecto a las rutas en Chañi, muy incompleta ya que hay numerosas vías abiertas y descriptas minuciosamente en el libro: Nevado de Chañi – Gonzáles Turu Emilio – Nevado de Chañi / Emilio González Turu y Cristian Vitry -1° ed.- Salta: el autor, 2006. 187 pag. 20x 14 cm – ISBN 987-05-1540-1.
Unos amigos abrieron una de ella en el invierno del año 2000 poniendolé el nombre de Ruta Bernardito, concretada por Horacio Alejandro Sanchez, Juan Manuael Gigena y Fernando Salvatierra.