POR LA RUTA ITALIANA DE 1980

Tomeu Rubí y Cati Lladó escalan el Taulliraju (5.830 m) en estilo alpino

La cordada balear repiten una ascensión histórica en el espolón oeste que seis italianos abrieron en 1980, fue repetida en estilo alpino por Jeff y Alex Lowe (1983) y liberada por Steve House y Marko Prezelj (2005).

Tercer día de escalada en el Taulliraju (Foto: T.Rubí/C.Lladó).
Tercer día de escalada en el Taulliraju (Foto: T.Rubí/C.Lladó).
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Los mallorquines Tomeu Rubí y Cati Lladó forman una de las cordadas españolas que más y mejor han navegado por terrenos alpinos de aventura en los últimos años. Sus expediciones los han llevado a montañas remotas de medio mundo, donde han abierto rutas por terrenos inexplorados. En 2011, recibieron el premio FEDME de alpinismo extraeuropeo por sus ascensiones a dos montañas vírgenes de Kirguistán (Djangart Occidental) y en 2019 ascendieron otras dos cimas vírgenes en el Karakórum (valle de Khane). Este verano, el destino elegido fue la Cordillera Blanca (Perú) y han regresado con una notable ascensión al espolón oeste del técnico Taulliraju (5.830 m) en estilo alpino.

Tal como explican en un mensaje a Desnivel, ya llevaban unas semanas allí cuando decidieron ir en busca de un objetivo más interesante. Habían ascendido el nevado Urus (5.495 m) y el Tocllaraju (6.034 m), además de haber llevado a cabo algunas escaladas en roca en la quebrada Rúrec para aclimatar, y se sentían preparados para afrontar “alguna ascensión más técnica”.

En casa, habían valorado varias opciones, pero se encontraron con que la mayoría de nevados andaban escasos de nieve debido a las altas temperaturas, con lo que las rutas planeadas no se hallaban en buenas condiciones. Fueron en busca de información a la oficina de guías de Huaraz, donde les comentaron que los argentinos Agustín Pérez, Tomás Odell, Pedro Odell y Pedro Navarro habían podido subir al Taulliraju. “¡Buenas noticias!, pues es una montaña de esas que al verla se te queda grabada en la mente y esta imagen hacía meses que ya se había acomodado en mi escueto disco duro”, se alegraba Tomeu Rubí.

El montañero mallorquín cuenta que el Taulliraju “no tiene rutas fáciles de ascenso y tampoco el descenso se antoja rápido y sencillo. Conseguimos hablar con los argentinos, que con muy buen rollo nos dan algunos detalles de la ruta. La ruta elegida es el espolón oeste de la cara suroeste, que fue ascendida por primera vez por un equipo italiano formado por G. Calgano, P. Perona, U. Vialardi, C. Piazzo, T. Vidoni y S. De Benedetti en 1980. Jeff y Alex Lowe la repitieron en el año 1983 en estilo alpino. Steve House y Marko Prezelj liberaron la ruta en 2005. Parece que no ha habido más ascensiones a esta ruta antes de 2023”.

En esa misma vertiente estuvieron en 2011 Oriol Baró y Jordi Corominas, quienes intentaron una nueva ruta y terminaron subiendo por la ruta francesa del espolón este hasta 20 metros de la cima.

La crónica de la ascensión de Tomeu Rubí y Cati Lladó

El 6 de agosto nos despertamos sobre las 03:30h en nuestro pequeño campamento cerca de Punta Unión. Pep Roig, que tenía que ser el tercer integrante de la cordada, en el último momento decide renunciar. Reorganizamos rápidamente el material y la comida para adaptarlo a una cordada de dos formada por Cati Lladó y yo mismo. Desayunamos y sobre las 04:30h nos ponemos en marcha.

La tarde anterior calculamos que en unas dos horas podríamos estar a pie de corredor, donde empieza la escalada realmente. No contábamos que esta mañana las nubes estarían tan bajas, esto supone un problema pues desde que estamos en Perú solamente alguna tarde aparecían las nubes y apenas hemos visto precipitaciones. ¿Puede que la méteo haya empezado a cambiar pues la temporada está ya avanzada?… De todas formas salimos para arriba con la esperanza de que las nubes se disipen y no tengamos problemas para atravesar la parte baja del glaciar, repleta de grietas, que da acceso a la ruta.

Con algo de suerte acertamos el buen camino y sobre las 06:30h estamos al inicio de las dificultades. No hace apenas frío y progresamos rápido en los primeros largos de cuerda. Unos 400 metros más arriba se acaba el corredor y accedemos al espolón a través de un largo de M6. A partir de aquí parece que cambia el terreno de juego; sigue siendo una combinación de hielo y roca pero ahora el hielo forma hongos suspendidos en dudoso equilibrio, los cuales hay que sortear para encontrar la ruta más segura para progresar en un terreno donde las protecciones que emplazamos resultan muchas veces más psicológicas que seguras. Por suerte las reuniones sí suelen ser sólidas.

Desde que empezamos a escalar se han disipando las nubes por momentos y esto nos ha permitido progresar relativamente rápido. A las 14.00h llegamos al punto donde los argentinos pasaron la noche unos diez días atrás. Pensamos en seguir escalando para aprovechar las cuatro horas de luz que nos quedan aproximadamente. Como las nubes no cesan en su empeño de envolvernos y ante la duda de si encontraremos algún lugar donde pasar la noche de forma razonable, decidimos que hoy dormiremos aquí, aprovechando el trabajo hecho por los colegas argentinos. Sobre las 19:00h empieza a nevar, no llevamos tienda para ir ligeros, esta noche aunque usemos nuestras fundas de vivac nuestros sacos empezaran a acumular humedad que hará disminuir el volumen de la pluma y por tanto su poder de aislamiento.

04:00h. Empieza la rutina de ponerse en funcionamiento. Fundir nieve, tomar un té, comer algunas galletas, esconder el saco, material al arnés… y sobre las 05:00h empezamos a escalar de nuevo. Seguimos envueltos por las nubes, solamente en algún momento se abre lo suficiente como para poder ver algunos cientos de metros por encima nuestro. Unos 100 metros antes de salir a la arista cimera tenemos que tomar una decisión. Los argentinos nos advirtieron que cerca de aquí nos íbamos a encontrar con un serac que en su opinión sería peligroso superar. Ellos realizaron una travesía a la izquierda para acceder a la arista cimera por un corredor (este recorrido creemos que coincide con una ruta abierta en el año 1988 por una expedición canadiense). Con la niebla no conseguimos ver el serac, pero sí creemos haber localizado el corredor. Así que, aunque tenemos  que rapelar pues ya hemos superado el punto donde deberíamos haber empezado la travesía, decidimos optar por evitar el serac.

Accedemos a la arista cimera y empezamos a buscar un lugar donde pasar la noche. Tendremos que improvisar una pequeña plataforma que hoy no estará sobre la nieve, esto generalmente supone un vivac más cálido. Al contrario de lo que nos hubiese gustado, las nubes nos abandonaban por la noche aunque con el sol vuelven a visitarnos. Sobre las 12:00h del tercer día de escalada llegamos a la cima, aunque hasta unos 15 metros antes no puedo intuir que estamos llegando, pues no vemos más allá de esa distancia. Hemos estado escalando unas 7 horas sobre un terreno similar al del día anterior pero todo el rato sin referencias de cuánto podía quedarnos. Eso sí, sólo con una afilada arista en la que progresar, como mínimo no existía la opción de errar la elección del camino…

Como todo lo que sube tiene que bajar, allá que vamos. Evidentemente, si la niebla nos ha acompañado hasta aquí, no va a dejarnos ahora que es cuando más molesta. Pero la cosa parece sencilla: si los argentinos habían bajado por aquí hace sólo diez días, con seguir sus pasos, todo solucionado. Aunque para seguir los pasos de alguien hay que verlos y nosotros somos capaces de seguir la línea de bajada  unos tres o cuatro rápeles, unos 200 m. A partir de ahí, como sabremos más tarde, deberíamos dejar esta línea de bajada para dirigirnos a la arista sur-sureste y, con suerte, llegar ese mismo día a las tiendas del campamento de Punta Unión.

Nosotros en cambio bajamos directos al glaciar E, que atravesamos con bastante dificultad pues está muy roto, y tenemos que pasar un vivac bastante frío pues nuestros sacos han acumulado tanta humedad que apenas nos aíslan del exterior. Al día siguiente, después de rompernos la cabeza por ver cómo bajábamos de aquí, optamos por la opción quizás más corta pero también algo expuesta, aunque conseguiremos llegar, esta vez sí, a nuestro campamento.

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Comentarios
1 comentario
  1. Qué buen rollo da ver ese hielo fresquito desde el desierto peninsular


 

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