EXPLORANDO

Tenzing Norgay, el hombre y la leyenda

Tashi Tenzing, nieto de Norgay, visitó la Librería Desnivel y junto a él repasamos la vida de su abuelo, la labor de los sherpas en las expediciones y la propia conquista del Everest, cristalizada el 29 de mayo de 1953.

Tenzing Norgay Sherpa
Tenzing Norgay Sherpa
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Tenzing Norgay, primer hombre, junto a Sir Edmund Hillary, en la cima del Everest.- Foto: desnivelpress.comTenzing Norgay, primer hombre, junto a Sir Edmund Hillary, en la cima del Everest.- Foto: desnivelpress.com

Es la primera vez que Tenzing Norgay contempla el Everest desde su base. En el calendario se pasan las páginas de 1935, y junto a otros sherpas como Ang Thurkey (1908-1981) acaban de completar la aproximación a las órdenes de dos de las grandes figuras de la exploración británica de la época: Eric Shipton y Bill Tilman. Tenzing, junto a otros muchos, forma parte de la primera generación de sherpas de élite, aunque se distingue en él una diferencia fundamental: «Para Norgay las montañas no solo eran un trabajo, realmente quería llegar a la cima».

Estas últimas palabras corresponden a Tashi Tenzing, nieto del gran Norgay que conquistó el Everest en 1953 acompañando a Edmund Hillary. Tashi visitó Madrid, la Librería Desnivel en concreto, para hablarnos de su abuelo y de la relación de los sherpas con la montaña más alta del planeta. Ha venido gracias a la agencia de expediciones Taranna y a las empresas Vertic y Fisura, que realizó un suculento sorteo de material al finalizar la charla.

Probablemente cuando Sir George Everest, a cargo del Servicio Cartográfico Británico, descubriera lo que él llamo el Pico 15, no podía vislumbrar a un hombre llegando a su cima. Pero el hombre, tras muchos esfuerzos, lo logró casi medio siglo más tarde. Ahora George Everest se mesaría la barba blanca y frunciría el ceño para mirar inquisitivamente «su montaña», pero habría podido disfrutar también de algunas de las historias más extraordinarias de la exploración, del afán humano por demoler sus propios límites.

Tenzing Norgay tiene cinco años y se ve envuelto por una riada de piernas que le arrastran, emigrando, hasta Daarjeeling, una pequeña localidad al oeste de Bengala, en el norte de India. Situada a 2.150 metros, la aldea se somete a las fumarolas y sombras que arroja la cumbre del Kanchenjunga, la tercera montaña más alta. La búsqueda de una tierra más sencilla de trabajar y un clima menos agresivo ha llevado a su familia a viajar. De sus 14 hermanos, han muerto 8 y Tenzing, pronto, debe buscar trabajo.

Vista del Everest.- Foto: desnivelpress.comVista del Everest.- Foto: desnivelpress.com

«Ya desde pequeño, Norgay, interiorizó y veneró el Everest», afirma Tashi, aunque sus primeros años los pasó pastoreando yaks. Nepal permanecía cerrado a los turistas así que las expediciones que pretendían acometer el Everest debían hacerlo desde Daarjeeling, accediendo tras las penurias de la larguísima aproximación a su cara norte. En el año 21 se produce un primer intento «bastante inocente», liderado por Charles Kenneth Howard-Bury (1883-1963). Sería la primera vez que se contase con porteadores locales para colaborar con la expedición. Por las condiciones de éstos, acostumbrados a la altura y a los rigores del Himalaya, pronto se convirtieron en piezas indispensables.

«Ante la llamada del trabajo muchos hombres, de diferentes etnias, acudieron para ponerse a las órdenes de los británicos», los únicos que podían explorar e intentar el Everest en aquel momento, debido a la colonización de la India. De las mencionadas etnias, una en particular destacaba sobre el resto por «sus ganas de trabajar y la adaptación al medio que demostraban». Los sherpas, los hombres del este, pronto fueron llamados para formar parte del destino de la exploración.

En 1922, «en unos momentos absolutamente pioneros», como los describe Tashi, se sucede la primera gran tragedia en el Everest. Arthur William Wakefield dirigía una nueva expedición que acabaría con la muerte de siete sherpas, sepultados por una avalancha. «Los lamas lo consideraron un mal augurio y concluyeron que no era una buena idea tratar de conquistar el Chomolungma».

Todavía quedaba mucho trabajo por delante para que la maquinaria que llevara al hombre al punto más alto del planeta, allá donde «no vuelan los pájaros». El proceso de aprendizaje acababa de empezar. «Todos, tanto los sherpas como los sirdar debían acostumbrarse los unos a los otros, ganar experiencia en las actividades que a partir de ahora, y hasta hoy, iban a desarrollar».

Tashi Tenzing y esposa en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge Jiménez / desnivelpress.comTashi Tenzing y esposa en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge Jiménez / desnivelpress.com

Llegaría 1924 y uno de los misterios irresolutos del alpinismo, el intento de cumbre de Mallory e Irvine, desaparecidos entre los 8.500 y los 8.600 metros en un intento a la arista norte (los restos de Mallory se hallan a 8.300 m en 1999). Todavía hoy algunas dudas se ciernen sobre la teoría de si alcanzaron o no los 8.848 metros. En esa misma expedición, Edward Felix Norton (1884-1954) asciende sin oxígeno hasta cerca de los 8.600 metros. La cumbre podía parecer al alcance, pero deberían pasar todavía dos décadas hasta su conquista.

Desde 1924 hasta 1930 el Everest permaneció cerrado para las expediciones y no sería hasta 1933 que un nuevo intento se produjese. Dos años más tarde, Tilman y Shipton llevarían a Tenzing Norgay por primera vez al Everest. «Shipton percibió en él un espíritu distinto, de alguna forma supo que anhelaba ser él quien llegase a la cima», asegura Tashi, nieto de Norgay.

Tenzing pisaría el collado norte en tres ocasiones más hasta 1948, cuando China iniciara un conflicto con el Tíbet, impidiendo la salida de los equipos hacia el Techo del Mundo. El sherpa decide dedicarse entonces a labores más prosaicas pero la reputación que se ha ganado le lleva, dos años después, otra vez a la montaña. Y es que China había cerrado sus puertas pero Nepal las abre, dando rienda suelta a todas las naciones para buscar el importantísimo hito de coronar el Tercer Polo, que los británicos ansiaban más que nadie debido a sus fracasos, aunque jamás lo fuesen, en el Polo Norte y Sur.

Entran en el juego los suizos y los sherpas regresan al valle del Khumbu a la caza de trabajo. En 1952 Tenzing comienza una amistad que perduraría hasta la muerte de éste. «Los suizos eran diferentes a los británicos», comenta Tashi, «También eran hombres criados bajo las montañas y trataban a los sherpas de tú a tú, por lo que el ambiente durante la expedición siempre era agradable». Tenzing conoció entonces a Raymond Lambert con el que llegaría a la mayor altura pisada por nadie, por encima de los 8.600 metros.

Miembros de la expedición suiza de 1952 dirigida por el doctor Wyss-Durant que atacó por primera vez el Everest por la vía Sur. Instalaron un campamento a 8.400 metros, entre el Collado Sur y la cima. Y en el asalto final Raymont Lambert y el Miembros de la expedición suiza de 1952 dirigida por el doctor Wyss-Durant que atacó por primera vez el Everest por la vía Sur. Instalaron un campamento a 8.400 metros, entre el Collado Sur y la cima. Y en el asalto final Raymont Lambert y el «sherpa» Tenzing Norgay, con sus aparatos de oxígeno, llegaron hasta los 8.610 metros, la mayor altura hasta entonces alcanzada.- Foto: desnivelpress.com

Era primavera y el éxito de la expedición se había quedado a 200 metros, después de un mes de trabajo en la montaña y habiendo superado el peligroso glaciar del Khumbu, para lo que se valdrían de la ayuda de un joven (18 años) gimnasta suizo que logró fijar cuerdas en cada extremo de las incontables fisuras. Volverían en otoño y Tenzing acabaría hospitalizado. En su habitación no le faltaría la compañía de Lambert.

Al culminar su recuperación, Tenzing recibiría una carta invitándole a una expedición británica prevista para el año siguiente. «Al principió decidió no participar, pues sentía aquello era como traicionar a sus amigos suizos, con los que le unían lazos muy fuertes». Finalmente los amigos y familiares le convencerían para partir, una vez más, al Everest. «Además él necesitaba volver a la montaña y demostrarse que podía superar aquellos últimos doscientos metros».

1953. Tenzing Norgay forma parte de la expedición capitaneada por Sir John Hunt, en la que marchan dos centenas de porteadores. «Os podéis imaginar el barullo». A Tenzing se le encarga la labor de dirigirlos a todos, cumpliendo con brillantez «por su capacidad para lidiar con la gente local».

La idea de John Hunt pasaba por un ataque escalonado. Desde el Collado Sur, primero salieron Duncan Bourdillon y Charles Evans para llegar hasta donde les permitieran las piernas, siendo los primeros en llegar a la Cima Sur a 8.670 metros, y a continuación Hunt y Da Namgyal tratarían de portear equipo hasta el Campamento 9, previsto a 8.500 metros, aunque finalmente lo dejarían 150 metros más abajo. Depositaron allí hasta sus botellas de oxígeno semivacías, arriesgándose a un descenso sin la inmensa ayuda que éstas suponían. Llegó el 29 de mayo. Los británicos volvían a contar con Tenzing Norgay y podían conocer de primerísima mano los avances suizos. Ahora con el formidable Edmund Hillary iban a tener otra oportunidad, «la séptima vez en el Everest», se decía Tenzing, «ya son demasiadas».

Tashi Tenzing, nieto de Tenzing Norgay.- Foto: Col. Tashi TenzingTashi Tenzing, nieto de Tenzing Norgay.- Foto: Col. Tashi Tenzing

Ese día, a las 11 horas, llegaban a la cumbre y en ella Tenzing dejaría unos lápices, unas galletas y una bufanda de Raymond Lambert que había utilizado en la ascensión. De sus manos ya no se iba a escapar uno de los logros más inspiradores alcanzados por el hombre.

Antes de volver a casa, Tenzing ya era una celebridad, y el por aquel entonces Primer Ministro de la recién independizada India, Sri Pandit Jawaharlal Nehru, le pidió audiencia, preguntándole que deseaba hacer entonces, casi ofreciéndole cualquier cosa. «Él solo pidió que se construyera una escuela para sherpas en Daarjeling». Y así fue. Desde entonces Norgay se dedicó a viajar por el mundo y a trabajar en su escuela, de donde saldrían algunos de los más importantes sherpas del Himalaya, instruidos muchos en Suiza, como Tenzing Nephew, el primer hombre en ascender dos veces el Everest (1963 y 1965). Norgay se quedó en la localidad donde su prole se extendería.

En 1993, su nieto, Tashi, seguiría sus pasos, liderando una expedición australiana a la montaña que hizo célebre a su abuelo. Aquella expedición contaba con muy poco presupuesto y se las tuvieron que arreglar para encontrar un patrocinador poco común. La empresa Clark que fabricaba lavabos para cocina les cedió 20.000 dólares a cambio de que llevasen una de sus piezas hasta el campo base del Everest. «El cocinero lo pasó en grande lavando los platos en su nueva pila», bromea Tashi.

Formando parte del equipo también acudiría el tío de Tashi Tenzing, quien desaparecería tras una caída a ocho mil metros. «Yo era muy joven, y aquel golpe sumando al fracaso de la expedición hicieron que me replantease el volver allí». Tashi se había retirado tras sufrir ceguera de las nieves a 400 metros de la cima. Les costó 17 días y la ayuda de 12 sherpas recuperar el cuerpo de su tío. Pero cuatro años después, Tashi regresó.

Esta vez, en 1997, el nieto de Norgay no lideraba la expedición, era uno más del equipo. «Esos 400 metros no podían resistírseme una vez más», y no lo hicieron, logrando así su primera cima en el Everest.

Todavía quedaba un capítulo importante de la historia de la montaña por cerrar, la deuda de Norgay con Lambert. En 2003, con motivo del cincuentenario del Everest, Tashi y el hijo del suizo, Yves Lambert, formaban cordada para llegar a la cumbre por su vertiente norte, rindiendo homenaje al gran sueño de sus antecesores.

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