Roger Schaeli amplía con Jonas Schild su colección patagónica

Durante la campaña 2020, el suizo ha sumado cuatro picos a su currículum, que ya incluye las ocho agujas principales del Fitz Roy y los tres cerros del Torre. Este era su octavo viaje a El Chaltén.

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Jonas Schild y Roger Schaeli en Patagonía
Jonas Schild y Roger Schaeli en Patagonía

Roger Schaeli es especialmente conocido en el mundo de la escalada alpina por su actividad en la cara norte del Eiger, de la que es uno de los más prolíficos habitantes.

Allí ha firmado las aperturas de algunas de las vías más duras, como Magic mushroom (600 m, 7c+), Odyssey (1.400 m, 8a+) o Airplane mode (300 m, 8a+) y ha liderado o repetido otra decena de vías. Más allá de la Nordwand, ha destacado por realizaciones en medio mundo, como el Himalaya o Alaska.

Menos mediáticas han sido sus andanzas por Patagonia, aunque ello no significa que sea un novato en las paredes de la zona.

De hecho, acaba de regresar de su octavo viaje al lugar, con cuatro picos, para totalizar ya once cumbres a su colección.

Él mismo cuenta su experiencia de 2020 en el siguiente texto que nos ha hecho llegar:

Sorprendentemente, viajé a El Chaltén por octava vez, junto con Jonas Schild a finales de enero.

Gracias a los cuatro picos que Jonas y yo hemos escalado esta temporada, he sido capaz de coronar los ocho principales del Fitz Roy y los tres del Torre durante todos mis viajes a Patagonia (incluso el Cerro Torre en dos ocasiones), de lo cual me siento muy satisfecho.

Este lugar, El Chaltén, me continúa arrastrando hacia su magia barrida por el viento. Situado en el fin del mundo, está rodeado por las majestuosas cumbres del Fitz Roy y el Cerro Torre, que para mí se cuentan como dos de las montañas más bonitas de la Tierra.

Jonas y yo mismo habíamos fijado objetivos claros para nuestro tiempo en el sur de Argentina. Aun así, éramos conscientes de las complicadas condiciones meteorológicas de esta región. Hasta antes de nuestra llegada a finales de enero, el tiempo fue bastante malo, haciendo imposible cualquier gran expedición.

Justo después de nuestra llegada a El Chaltén, sin embargo, se nos regaló una corta ventana de buen tiempo. Estábamos bastante seguros de que las condiciones no iban a ser las óptimas, después de la cantidad previa de lluvias torrenciales y nieve, pero después de reorientarnos y adaptar nuestro plan de acuerdo a las condiciones locales, fuimos capaces de escalar la Austriaca a la Aguja de l’S (350 m, 6a, 50º, en la cara este). Así que, un día después de nuestra llegada, ya habíamos conseguido alcanzar la primera cumbre. Es cierto que se trata de una de las cimas patagónicas más pequeñas pero, considerando las condiciones, que no hay que subestimarla.

Después de regresar al valle, tuvimos la ocasión de acomodarnos y disfrutar del estilo de vida del Chaltén: reunirse con amigos, tomar café, asados y buena conversación, hacer bloque y, lo más importante, revisar las previsiones meteorológicas regularmente. Por suerte, con cuatro o cinco días de buen tiempo por delante, no llevó mucho tiempo antes de que nos pusiéramos en marcha de nuevo.

Pasamos los tres días siguientes con gran escalada, vivacs preciosos y algunos rápeles bastante salvajes y fuimos capaces de alcanzar las cumbres de la Aguja de l’S, Aguja Saint-Exupéry y Aguja Rafael Juárez. Sin embargo, debido al frío, la gran cantidad de nieve y el grado de exposición, decidimos no continuar con la escalada de la gigantesca cara sur de la Aguja Poincenot.

Después de cinco días en las montañas, estuvimos muy contentos con una ducha caliente, buena comida y mal tiempo, lo que nos dio la posibilidad de descansar y recuperar en El Chaltén.

El haber sido bendecidos con unas condiciones meteorológicas tan excepcionales nos hizo dudar si tendríamos otra buena oportunidad. Sin embargo, fuimos muy afortunados, y llegaron nuevas previsiones de tiempo anticilónico. Vimos que la parte oeste del macizo del Fitz Roy se había secado enormemente en comparación con la última vez. Por tanto, decidimos continuar con la travesía que habíamos planeado originalmente. Con las primeras luces del día, la mañana siguiente le entramos a los 900 metros de la Fonrouge-Rosasco en la cara sur de la Aguja Poincenot. Después de dos largos escalados en ensamble en la parte alta, tomamos la vía clásica pero de dificultad moderada Whillans-Cochrane, que nos llevó hasta la cima.

La sensación de estar en la cumbre de esta puntiaguda aguja y disfrutar de la puesta de sol, mientras contemplamos el hielo tierra adentro, el macizo del Torre, el Fitz Roy y El Chaltén, es difícil de traducir en palabras. Rápidamente rapelamos por la rampa Whillans esa noche, pero nuestro descenso fue bastante exigente. No dejamos de hundirnos en la nieve húmeda hasta las caderas. Finalmente, después de los últimos 10 km de caminata hasta El Chaltén, nos enterramos en nuestro apreciadísimo Schnitzel a las 7:00 horas, prácticamente 24 horas exactas después de haber salido a escalar.

En definitiva, pasamos un tiempo verdaderamente bueno en El Chaltén. Las condiciones no nos permitieron realizar lo que habíamos deseado originalmente, pero hicimos lo mejor de ello, y nos sentimos muy bien preparados para nuestro regreso el año que viene. Me he dado cuenta de que hasta cierto punto alcanzar los picos ‘menores’ como la Aguja Saint-Exupéry o la Aguja Rafael Juárez, que Jonas y yo hemos escalado esta temporada, demostró ser más exigente que escalar las cimas más famosas de Patagonia por sus vías clásicas. Después de haber completado esas clásicas, se hace cada vez más difícil imaginar  sueños innovadores y complejos en Patagonia. Para ser honesto, había subestimado las cumbres menores. Incluso con menos experiencia patagónica, Jonas ha contribuido enormemente a nuestro éxito con su disciplinado y respetuoso plan de viaje. Muchas felicidades para este joven alpinista y amigo.

Incluso más allá de la escalada y el alpinismo, nuestra expedición a Patagonia fue verdaderamente increíble. Pudimos hacer nuevos amigos, así como reunirnos con los viejos. Un agradecimiento especial para Rolando Garibotti, que nos apoyó con información útil y previsiones meteorológicas. Fue realmente enriquecedor hablar con él y muchos otros sobre todo tipo de cosas, lo que para mí es tan preciado como nuestras aventuras en las montañas.


 
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