EXPLORANDO

Primera absoluta del volcán Tres Picos para Pablo Lukach y Esteban Pacheco

Los montañeros argentinos logran la primera ascensión de uno de los últimos seismiles vírgenes de los Andes a través de una ruta bautizada como Waylla buena. Era la segunda expedición de Luckach a esta inhóspita montaña.

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Pablo Lukach y Esteban ‘Chacho’ Pacheco se han anotado en enero de 2013 la primera ascensión absoluto del volcán Tres Picos (6.037 m), uno de los últimos seismiles vírgenes de los Andes. Era la segunda expedición que llevaba a Lukach a esta inhóspita cumbre andina, después de la que realizó en 2010. Lukach y Pacheco se dividieron al final de la ascensión para coronar, respectivamente las cimas Sur y Oeste, las dos más altas del Tres Picos. Sus mediciones no desvelan la incógnita sobre cuál de ellas es la mayor y, por tanto, cima principal.

El propio Pablo Lukach narra detalladamente la crónica de la ascensión a través de una difícil ruta bautizada como Waylla buena.

Crónica de Pablo Lukach

Estamos a principios de marzo de 2010 y me encuentro abriendo la ruta de ascenso al Tres Picos en pleno glaciar oeste del Monte Pissis, el tiempo es inmejorable la cumbre se ve cerca pero sabemos que está lejos aún, el campo de penitentes del glaciar se hace cada vez mas difícil de cruzar, estamos en un laberinto con grietas y paredes de hielo que hay que sortear  y tener mucho cuidado de no caer,  un accidente en este lugar tan alejado y desolado puede ser muy grave ya que no hay rescate posible, la decisión se va haciendo cada vez mas previsible y decidimos retornar al C2 por la dificultad y el estado del glaciar.

Cuando uno está escalando una montaña virgen y hay que abrir la ruta de ascenso estos problemas pueden aparecer y la vuelta sanos al campamento es más importante que la cumbre. Otra vez será…

El Volcán Tres Picos está ubicado al Noroeste del Volcán Pissis, para llegar a él hay que pasar hacia el oeste el enorme cordón montañoso del Pissis por el collado que lo separa del Volcán Pillán para poder llegar a la montaña. Es un lugar en el que uno se siente muy pequeño en medio de esta inmensidad: estamos a más de 110 km de la ruta más cercana, así que la distancia hasta un lugar seguro es enorme. En fin, estamos en medio de la Puna de Atacama, uno de los lugares más inhóspitos del mundo.

Segundo intento tres años después

Estamos a fines de enero de 2013 con Chacho Pacheco aclimatando en el refugio de Las Grutas a 4.000 m, que está un poco revolucionado por el rescate de Ricardo, un montañista catamarqueño desaparecido en el Volcán Tres Cruces. Compartimos el refugio con sus hijos y tratamos de animarlos en este duro momento.

Somos solo dos montañistas en esta expedición y creo es lo mejor, ya que nos conocemos muy bien y compartimos la misma forma de ver la montaña, que es lo más conveniente para ir livianos y rápidos, clave para tener éxito en una montaña virgen tan alejada e inhóspita.

Planificamos hacer 2 campos de altura para llegar lo más descansados posible al día de cumbre. El campo base (4.850 m) es el mismo que abrimos en la expedición anterior, en el lecho de un río de arena; el C1 (5.250 m) está ubicado en una depresión siguiendo el cauce de agua que baja del collado entre el Pissis y el volcán Pillán, un lugar inmejorable, reparado de los vientos y con el agua que baja del campo de penitentes.

Salimos del CB en un excelente día y en menos de 1.30 h llegamos al C1. Por la mañana, partimos hacia el C2 y el viento empieza a soplar con fuerza; en el collado hay bastante nieve y el viento en contra nos hace esforzarnos para poder “pasar” al otro lado. Hay que abrir huella y, con nieve volando por todos lados, llegamos después de 4 horas al C2, cercano al glaciar. Estamos a más de 5.550 m, y armar la tienda con este viento del oeste huracanado se hace difícil. Las piedras necesarias para asegurar la tienda están al alcance, pero congeladas y no las podemos mover, así que tenemos que buscar piedras lejos y trasladarlas. Todo esto, con el frío y la altura, nos desgasta, pero al cabo de casi una hora logramos refugiarnos dentro de la tienda para hidratarnos y dejarlo todo listo para mañana.

Ataque a la cumbre

Planificamos el día de cumbre, está muy nevado y tendremos casi todo el camino sobre nieve y hielo. Observamos la montaña y sacamos la conclusión de que la cumbre más alta es la más alejada hacia el oeste; las demás parecen un poco más bajas, pero eso está por ver mañana cuando estemos cerca.

La parte más difícil de la ruta de ascenso es el cruce en la parte alta del glaciar, que tiene una gran caída por la cara noreste de la montaña y se fractura formando grietas y penitentes que en esta ocasión están tapados por la gran cantidad de nieve caída esta temporada. La clave: buscar el paso en el laberinto que es este glaciar.

Fijamos la hora de salida para las cinco de la mañana, con el mayor frío para tener la nieve dura e ir con crampones por arriba de todos estos problemas que tres años antes me hicieron dar la vuelta.

La nieve de La Puna es muy complicada, ya que es una nieve especial: por la gran insolación, se ablanda con facilidad, sobre todo en las caras norte; es nieve polvo muy blanda que vuela con el viento, forma placas que se rompen al pisar y te hacen hundir hasta llegar al hielo duro, en fin, cuando hay mucha nieve fresca como en esta ocasión no queda otra que sufrir…


 

La jornada clave

Suena la alarma, son las cuatro y abro los ojos, Chacho está despierto hace un tiempo y me dice que la noche está perfecta, luna llena, sin viento, frío pero muy bueno para salir. Desayunamos, preparamos todo y a eso de las cinco salimos en la oscuridad de la noche. El reflejo de la luna en la nieve y el enorme glaciar con sus paredes de más de 20 metros de altura nos transporta y nos hace recordar dónde estamos, solos en medio de los Andes.

Salimos hacia la montaña bordeando las paredes del glaciar, cruzamos la cascada de hielo al final de la lengua glacial y empezamos a subir por un acarreo mezcla de nieve y piedras. Llegamos al borde del glaciar y nos montamos empezando a subir para trazar la travesía y poder cruzarlo rumbo al cráter. Chacho va delante y al llegar a unos penitentes muy verticales y visibles veo que se da la vuelta, me dice que hay grietas muy grandes y sin fondo, imposible…

Decidimos bajar un poco y buscar el camino por un campo de penitentes y grietas que es el único lugar para pasar. Más abajo se forma una especie de cascada de hielo por la gran pendiente que baja hacia el norte y llega al pie de la montaña. La nieve está blanda y el frío no alcanza para que pasemos por arriba, nos hundimos hasta la rodilla, hay que abrir huella y sabemos que será así hasta la cumbre

Lo intentamos y parece que no pasaremos, el camino es difícil y caemos una y otra vez en grietas que nos tragan hasta los hombros, seguimos intentando cruzar este laberinto, que está  más difícil que la vez anterior porque ni siquiera se ve el camino de salida. Hay que ir adivinando dónde están los penitentes y tener mucho cuidado con las grietas del glaciar, que pueden ser muy peligrosas. Por suerte, al ser grandes están a la vista y podemos pasar por los puentes de nieve; vamos por donde podemos pero alargando el camino. Tenemos que llegar al cráter para montarnos en el filo y poder pasar por arriba, ya que en la parte baja y más fácil hay más de dos metros de nieve fresca, impasable.

Cumbre Oeste y cumbre Sur

Vemos la cumbre Oeste y sabemos que es la más alta, estamos seguros. Salimos del glaciar y nos montamos en el filo de la cumbre Sur; Chacho va delante y veo que tiene la cumbre al alcance de la mano, la encara por la parte más vertical. Yo decido subir la Sur, que parece tan alta como la Oeste. Seguimos abriendo huella hasta las cumbres. La subida se hace interminable: llego a lo que parece la cumbre y siempre hay más para subir, sigo y por fin llego al punto más alto. Sin querer, nos dividimos para lograr las dos cumbres más altas de uno de los últimos seismiles vírgenes que quedaban por escalar en los Andes.

Veo a Chacho a lo lejos en la cumbre que queda casi frente a mí, separada por el cráter a unos 2 km. La imagen es casi irreal, un pequeño punto que se mueve buscando piedras para hacer el promontorio y marcar la cumbre. Por mi parte, también busco piedras, escribo el papel y lo pongo con un lápiz dentro de una pequeña lata que tengo guardada de la expedición anterior de hace tres años y que por fin la dejo en su lugar.

Medimos y constatamos que las cumbres tienen casi la misma altura, habrá que hacer una nueva expedición con medios más precisos para medir la altitud y saber cuál es la más alta, lindo desafío…

La vista es increíble, veo a lo lejos los volcanes más altos del mundo, el Ojos del Salado, la sur del Tres Cruces, la oeste del Pissis llena de nieve, el volcán Bonete y todo el valle por La Rioja, un mar de montañas.

Bajamos por las mismas huellas de subida para no enterrarnos en la nieve y tener la seguridad de no caer en nuevas grietas, el regreso es duro porque el sol ablanda la nieve y a pesar de seguir las huellas nos hundimos. El glaciar se hace interminable y no vemos la hora de salir de este laberinto al cual ya le encontramos la salida al subir y parece querer dejarnos dentro en la bajada. Por fin salimos y llegamos a la seguridad del campamento, donde nos encontramos con Arkaitz y Jabi que acaban de subir y mañana intentarán el Pissis por una nueva ruta.

Momento único

Recordando el momento de cumbre y la vista única que tengo delante de mis ojos disfruto de estar parado en un lugar que nunca fue pisado por el hombre en este pequeño mundo donde  parece que todo ya fue escalado, explorado e inventado. Es muy importante pisar una cumbre virgen haciendo el camino y logrando el objetivo por más que las dificultades te paren y hagan difícil la tarea, es una lección de vida lo que te deja el montañismo.

Este mundo no inventa sueños, únicamente los soñadores los tenemos y solo los que se animan los cumplen…

 


 

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