Entre la moda y la funcionalidad

Pantalones para montaña y escalada

A lo largo de la historia, la evolución de las prendas de montaña ha estado condicionada tanto por los requisitos de la actividad y los adelantos tecnológicos, como por las tendencias estilísticas. Los pantalones para montaña y escalada son un buen ejemplo de este recorrido histórico que vamos a conocer en profundidad a través de este artículo.

Autor: José Isidro GORDITO | 1 comentario | Compartir:
Pantalones para montaña y escalada
Pantalones para montaña y escalada

Hasta que se realizaron los primeros estudios sobre vestimenta en revistas especializadas, cosa que ocurrió entre los años 1874 y 1914, diferenciar un alpinista de un cazador era una difícil tarea. Corrían los tiempos del caqui y los colores para mimetizarse con el terreno y no delatar la presencia humana: verde, gris verdoso, gris claro, marrón…

Los montañeros y alpinistas de la época emplearon las fibras y colores de esas prendas usadas con éxito por otros gremios para protegerse de las inclemencias, y lo hicieron hasta que descubrieron que tejidos menos tupidos resultaban más transpirables; que si la ropa tenía un corte amplio pero se cerraba por cuello, cintura, puños y tobillos el aire caliente no se perdía, y, por supuesto, que si se elegían colores como el azul o el negro el uniforme identificaría a un personaje cuyo objetivo no era cazar animales, sino montañas.

En 1904 algunos tratados aconsejaban el empleo de tonos claros para las prendas de alpinismo, un factor secundario desde el punto de vista térmico pero que permitía una mejor localización en caso de rescate. El azul y el rojo se convirtieron en los colores distintivos que ya no se abandonaron, sobre todo a partir de los años sesenta, salvo por imposición de la moda. De hecho, el rojo fue un color célebre para tintar pantalones a partir de 1914 por influencia del uniforme de la infantería francesa y el uso indiscriminado por parte de algunos industriales quienes hicieron fortuna con el pigmento granate.

Paño, piel y terciopelo

El paño de Bonneval, lana muy habitual en el equipamiento para caza, se convirtió en un material básico de los alpinistas de entreguerras. Con esta pesada materia sin desengrasar, que mantenía su impermeabilidad durante un tiempo y resistía bien el desgarro y la abrasión al escalar fisuras y chimeneas, se confeccionaron chaquetas y pantalones.


 

El paño de Bonneval compitió e incluso reemplazó el loden tirolés. Áspero, poco o nada agradable sobre la epidermis –llegaba incluso a irritar– sólo encontró rival en la piel o el terciopelo tan apreciados por los habitantes de los países germánicos. Esos tampoco fueron la solución, pues requerían largo tiempo de secado cuando se mojaban.

Probablemente influenciados por la estética tirolesa, cuyos pantalones se llevaban por encima de las rodillas, los guías franceses abandonaron los pantalones largos adoptando unos que se ajustaban debajo de las mismas: los knicker-bockers, conocidos popularmente como pantalones bávaros. Según Frendo, un buen pantalón debía detenerse 10 centímetros superada la rodilla, lo que evitaba que el bajo se mojase o enganchase.

Las fotografías, libros e incluso la figura de Gaston Rébuffat popularizaron este tipo de pantalones y los convirtieron durante más de una generación (de 1950 a 1980) en el uniforme del alpinista.

Eso sí, lo que faltaba de tela hasta el calzado debía ser complementado con unas pantorrilleras (llamadas originalmente tiras gemeleras), unas polainas (primero de paño de fieltro o lana tejida y después de nailon) o incluso unos manguitos de lana alrededor de los tobillos y la caña de las botas (ancestro de la polaina pequeña o guetre corto) que evitase la penetración de piedras y nieve en el interior de las botas.

Del bávaro al pantalón blanco

Los setenta fueron el escaparate del pantalón bávaro, confeccionado en diferentes tejidos. Entre ellos estaba la pana, con la que mejoraba el tacto de los rígidos paños sin eliminar los problemas de peso y dificultad de secado de aquellos en condiciones de humedad.

Independientemente del material, lo cierto es que la imagen del bávaro se asoció al alpinismo y, con el paso del tiempo, se convirtió en la imagen clásica de acometer la montaña y la escalada, por lo que las nuevas generaciones acabaron con él.

Las paredes de roca se llenaron de pantalones acampanados, herencia del movimiento hippie, que convivieron con el chándal y los “blancos inmaculados” de pintor o de kárate hasta muchos años después.

La influencia del libro Escaladas en Yosemite de George Meyers fue determinante.

Pantalones para montaña y escalada
Para alpinismo ya entran en juego tejidos y membranas que proporcionen impermeabilidad y transpiración. CORTESÍA ARC’TERYX / HUGO VINCENT PHOTOGRAPHY

Mallas y parches

La década de los ochenta, prolífica en música rock, también será recordada como la de la gran evolución en la vestimenta de montaña, responsable en cierta medida de la imagen que la ropa tiene hoy día.

Fue el tiempo del desembarco en la escalada libre –y los escenarios, cómo olvidarlo– de las “mallas”, que provenían de otros deportes como el atletismo. El concepto de llevar ropa amplia para ofrecer mayor movilidad fue reemplazado por las prendas ajustadas, en hilaturas que combinaban materias elásticas.

La escalada libre tuvo un notable desarrollo y la deportiva ganó terreno. Los depurados movimientos precisaban un equipamiento que los acompañase y las mallas largas se tornaron cortas o piratas. No obstante, la fiebre de la malla de lycra no llegó a todas las disciplinas ni conquistó todos los corazones.

Los senderistas, los montañeros, los escaladores clásicos… prefirieron un pantalón de corte tradicional en tejido resistente. En alta montaña el peto de forro polar y el sobrepantalón impermeable, con o sin relleno térmico, fueron el equipamiento, pero para media montaña el pantalón “de parches” se convirtió en el actor principal.

Aunque en Centroeuropa se prefirió la opción monocromo, los escaladores y montañeros de dentro de nuestras fronteras quedaron prendados por un elemento con refuerzos contrastados –o simple cambio del color de la tela– en rodilleras y culera.

Poliamidas de alta tenacidad como la Cordura borraron toda huella de materiales naturales y el sintético se extendió dada su rápida capacidad de secado y gran resistencia a la abrasión y el desgarro. Para mejorar la comodidad y la transpirabilidad la adición de Supplex a la Cordura supuso contar con un tacto similar al algodón.

Con este distintivo atuendo como base estética han ido pasando los años. Los fabricantes han aplicado nuevas materias, jugado con telas elásticas para mejorar la adaptabilidad y combinado tejidos resistentes en zonas conflictivas con otros más ligeros en el resto del pantalón.

Vuelta a lo natural y giro hacia los tejanos elásticos

A principios de la década 2000 la idea de la ropa amplia volvió, sobre todo en actividades como el búlder, aunque la vestimenta de protección térmica e impermeable tendió al patronaje cercano al cuerpo y los materiales extensibles. La moda “zen” se propagó y los productos destinados al yoga y la meditación invadieron el arte de escalar.

El reencuentro con la Tierra trajo un gusto por los colores naturales y marrones, ocres o verdes formaron la paleta de los nuevos pantalones que, amplios, sencillos y, si acaso, sólo con un cordón en la cinturilla, volvieron a ser de algodón.

Muchos fabricantes ofrecieron productos “orgánicos” y la loneta, el “canvas”… se convirtieron en distintivos de un público joven que poco o nada visitaba la alta montaña y su campo de operaciones era la deportiva y el bloque.

A pesar de ello las marcas no frenaron sus desarrollos y el sintético siguió operando, especialmente para el segmento de los más “trad” que seguían necesitando materias de rápido secado, extensibilidad, protección en áreas concretas y gran transpirabilidad en verano o almacenamiento de calor en las tres estaciones restantes.

Hoy, la estética más popular combina un aire desenfadado y urbano. Los jeans, esos pantalones que nacieron para el trabajo, son el uniforme de los escaladores.

Rodilleras preformadas y adición de hilaturas elásticas mejoran la movilidad. La base sigue siendo el algodón, lo que destina el producto a condiciones “secas”.

De nuevo el sintético queda reservado a la media-alta montaña y a un público que se aventura en territorios más allá de los bloques y las paredes de rápido y fácil acceso.

En definitiva, terrenos que precisan unas características específicas alejadas de la simple protección de la piel al entrar en contacto con elementos abrasivos.

Cómo debe ser un pantalón para montaña
Robusto, transpirable y con la capacidad térmica adecuada para la estación del año, las condiciones y la actividad. Si crees que te has equivocado en un día frío, complementar con una malla interior térmica puede ser una solución.

Si se escala, una cinturilla alta y plana será más cómoda al usar arnés.

El tejido podrá tener tratamiento deperlante o anti-UV, el primero es interesante en condiciones de humedad (rocío matinal, por ejemplo) y el segundo para uso estival.

Además de la adaptabilidad del patrón a nuestra anatomía, es básico que proporcione una movilidad suficiente en perneras, entrepierna (mejor que cuente con una cuña) y rodillas (mejor preformadas).

Ello también contribuirá a que una mala adaptabilidad provoque roturas de costuras en un modelo mal patronado o no adaptados a nuestra fisonomía. Muchos fabricantes hacen modelos diferenciados para hombre y mujer.

Si se llevan esquís, crampones…, un refuerzo en el interior del bajo puede ser de utilidad, incluso una polaina interior aunque el pantalón no sea impermeable.

Algunos tienen cremalleras laterales de ventilación en el muslo. También de utilidad si el pantalón es para el verano o se emplea uno específico para esquí de montaña.

Cuidado con los bolsillos. Un par de ellos para manos, con cremallera y quizás uno en el muslo sean suficientes. A mayor cantidad, superior peso y más posibilidades de rotura. Los del dorso a veces se clavan cuando se lleva mochila o arnés.

Hay que poner atención a los detalles y complejidad del pantalón. Los bolsillos pegados en lugar de cosidos, los tránsfers, las piezas reflectantes, las cremalleras impermeabilizadas… pueden deteriorarse antes que modelos más sobrios y de aspecto menos “moderno”. // J.I.G.

Pantalones y actividades

Dejando al margen la ropa interior como las mallas térmicas, las prendas de almacenamiento de aire caliente como los pantalones en tejido polar, los sobrepantalones impermeables y transpirables y, por supuesto, los rellenos de fibra o pluma para ambientes rigurosos, centraremos la atención en esos elementos que se pueden utilizar de modo único para proteger las piernas en distintas actividades. Una clasificación podría ser:

  • Fino en poliamida o sintético similar
    El pantalón de senderismo por excelencia. El material sintético sustituye el tradicional algodón para lograr un secado más rápido. Resulta cómodo y práctico en temperaturas positivas medias-altas. Peso inferior al medio kilo y precios muy variables (de 25 a 125 euros) en función de la calidad, número de bolsillos o si cuenta con perneras desmontables para actividades estivales como el recorrido de caminos de peregrinación, etcétera. Hay versiones con diferentes longitudes de pernera. Los cortos, pero sobre todo los pirata, son muy apreciados por escaladores deportivos y caminantes.
  • Grueso en poliamida de alta tenacidad
    Con o sin Supplex. El pantalón “de parches” de toda la vida, que ha cedido protagonismo en favor de tejidos con contenido elástico. Tremendamente resistentes a la abrasión y al desgarro pero no tan transpirables como otras hilaturas. Empleados tradicionalmente para escalada clásica, senderismo y montañismo. Un peso superior al medio kilo y precios variables en función de la calidad pero en la horquilla de los 60 a 110 euros.
  • Elástico fino
    No es otra cosa que la versión extensible del primer grupo, que se ha convertido en la opción más apreciada por todos los colectivos, especialmente senderistas. Con una resistencia a los enganchones limitada en relación a las versiones de poliamida, mejora la adaptabilidad con un tacto agradable y rápido secado. Hay infinitas variantes, con tejidos que combinan hilaturas transpirables, antibacterianos naturales como el bambú… Sobre los 400 gramos, o menos, y precios que se mueven entre 50 y 120 euros de media.
  • De algodón
    Elástico o no, y con múltiples variantes aunque básica- mente destaquen dos. Por un lado la estética “zen”, ese pantalón ancho tan usado en deportiva y bloque, y por otro el moderno tejano. Quienes usen pantalones de montaña a diario en ciudad o viajes se sentirán cómodos con los “vaqueros de escalada”. De gran comodidad al estar confeccionados en algodón, el clásico tejido denim que destaca por ser ligero, duradero y, ya en la mayoría de ocasiones, también elástico.
    En ambos casos suelen tener la cinturilla ajustable, un bucle para fijar la bolsa de magnesio y entre sus múltiples bolsillos (especialmente los vaqueros) uno para minicepillo de limpieza de presas. Generalmente con rodilleras preformadas.
    A pesar de su gran transpirabilidad, su suavidad y que irritan menos –o nada– la piel en comparación con los tejidos sintéticos, su punto débil es el aumento de peso y lentitud para secarse una vez mojados.
    La oferta es muy amplia. Tanto que es difícil acotar pesos y precios, pues varían enormemente en función de detalles y calidades.
  • Elástico grueso, quizás perchado en su interior
    De aspecto similar a los elásticos finos pero con un cardado o perchado (pelo) interior que incrementa su capacidad aislante. Generalmente con tratamiento deperlante exterior (ojo, no son impermeables aunque absorban poca humedad y sequen rápido). Hay diferentes espesores y resultan muy interesantes para uso invernal. Con pesos superiores a los 500-600 gramos, entrarían en la categoría soft shell. Precio que va de los 70 a los 200 euros.
  • Híbridos
    En esta categoría, que también podríamos englobar en el sistema soft shell, podemos incluir desde esos pantalones que tienen membrana cortaviento y, quizás, apliques impermeables-transpirables en algunas zonas, así como también esas mallas-pantalón que están a ca- ballo entre un pantalón bielástico y una malla con refuerzos. Interesantes para actividades aeróbicas en am- biente frío, como el esquí de monta- ña, e incluso la escalada en hielo, el alpinismo… Tal vez demasiado para senderistas salvo que la actividad se desarrolle en invierno y por supuesto exagerados si la empresa se acomete a un ritmo muy rápido, ya que la mem- brana o su notable capacidad térmica acumulan mucho aire caliente y ra- lentizan la transpiración. Pesos y pre- cios muy variables, aunque similares a los del grupo anterior e incluso, en ocasiones, más elevados.

Elásticos
Para que un pantalón sea funcional no necesariamente tiene que ser extensible en su totalidad. De hecho, hay zonas que requieren mayor resistencia a la abrasión y por ello deberían ser de materia- les muy resistentes y, a ser posible, poco o nada elásticos.

La construcción de los pantalones es delicada. Precisamente las regiones que deben ser más elásticas son precisamente las que necesitan mayor protección. Por ejemplo las rodillas: para que sean más resistentes a la abrasión, mejor que lleven piezas elásticas en la cara interna de la pierna –corva– que no en la zona de la rótula. O la culera: mejor en un pequeño canesú situado por encima de la misma y en con- tacto con la cinturilla, para evitar roturas.

No es extraño ver pantalones de algodón (pana, jeans…) construidos por completo en tejidos que “dan de sí” lo que, a pesar de sus ventajas, seguro acorta la vida frente a materiales rígidos, sin ninguna extensibilidad. // J.I.G.


 
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Comentarios
1 comentario
  1. No se encuentran ya en el mercado los clásicos pantalones bavareses, eran muy lógicos, como no existian tejidos muy elásticos, se separaba el pantalón del calcetín justo debajo de la rodilla. Pasados ya 50 años, ahora ya un poco justos, me sigo poniendo mis pantalones bavareses. Como no se como pegar una foto, ver en Instagram ludwig_mountain_photo, donde se puede ver e

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