Tras cumplir un sueño de juventud ascendiendo el Alpamayo, los hermanos alaveses Iker y Eneko Pou aprovecharon sus últimos días de expedición a Perú para traerse el premio gordo: la apertura de Bonus Track (1.060 m, WI7/M6/6c) en el Ranrapalca, Cordillera Blanca.
Han realizado la actividad junto al peruano Micher Quito, compañero con el que ya han realizado importantes actividades como las aperturas de One Push en el Pumahuacanca (2022), Hanan Pacha en los Urus (2022), Ya Pe Cholo también en el Ranrapalca (2023) o Puro Floro en el Nevado Copa (2024).
En esta ocasón han vuelto al Ranrapalca (6.162 m) para surcar la que definen como la más dura hasta ahora de sus vías de alpinismo.


Han realizado la apertura en estilo alpino en tres intensos días con sus dos noches en las que apenas han podido descansar.
Ellos mismos definen su ecalada como: «Extremadamente dura, comprometida y expuesta. Alcanzamos la cumbre en mitad de la niebla, hundiéndonos en la nieve, completamente exhaustos y medio perdidos, cuando en mitad de la nada y a prácticamente 6.000 m, aquel bonito pájaro apareció para guiarnos hasta lo más alto. Por eso hemos puesto este nombre a la ruta, porque a veces ocurren cosas sin explicación aparente… que te dan una oportunidad extra».
La escalada surca la vertiente noroeste, supera los 1000 m de recorrido y combina la escalada en hielo, en mixto y en roca, con una dificultad máxima WI7, M6 y 6c.
«A pesar de nuestra experiencia e intuición, íbamos descifrando el jeroglífico para seguir ascendiendo como buenamente podíamos, hasta que en muchos lugares dábamos con un muro infranqueable que nos obligaba a hacer un pequeño rápel para buscar un sistema de fisuras que nos permitiese seguir avanzando. Así hasta en tres ocasiones… Además los largos difíciles se iban sucediendo uno detrás de otro: una vez en roca, otras en hielo, y otras en mixto, pero lo cierto es que la vía no permitía descanso. Tampoco los dos vivacs a la intemperie y suspendidos del vacío.
El primero fue el más duro, cuando en mitad de una tormenta de nieve que no se esperaba, y exhaustos tras doce horas ininterrumpidas de actividad, nos tuvimos que guarecer como pudimos dentro de una grieta. Amanecimos empapados y ateridos por el intenso frío, pero nos armamos de energía y continuamos escalando. Al menos en el segundo vivac no nevó, aunque tuvimos que dormir sentados al borde del precipicio...


El tercer día llegamos a la parte superior de la ruta con la enorme incógnita de si tendríamos un pase natural entre los enormes seracs (peligrosas torres de hielo que cada tanto se van desprendiendo). Durante más de tres horas estuvimos expuestos a su caída, hasta que por debajo de ellas encontramos un lugar por donde colarnos y acceder al plato somital. Allí fue cuando perdidos en mitad de la niebla apareció aquel pájaro que nos guió en nuestro camino a la cumbre», relatan sobre su tremenda aventura.
Una exigente actividad que les ha llevado a su límite, de la que regresan satisfechos: «Contado así puede parecer una locura, y es verdad que a veces lo es, pero creo que pocas veces nos hemos sentido más vivos que ahora, tras superar tantas penalidades y finalmente alcanzar la cima. Ha sido un trabajo en equipo brutal el que hemos realizado con nuestro compañero peruano. Nos sentimos muy orgullosos de ello».
Y ya van 22 líneas abiertas en Perú
Grandes conocedores y habituales de las montañas peruanas, en sus sucesivas expediciones a estas montañas han ido dejando una huella indeleble en forma de nuevas rutas que superan ya la veintena. Junto a las ya mencionadas, destacan otras como Kuntur, en el Jurau A, cordillera de Huayhuash; ¡Viva Perú, Carajo! en el Huamashraju; Andean Kingdom en el Cashan Oeste o Cabeza Calva en el Huanka Punta, estas dos últimas junto a Manu Ponce, entre otras.
Además de sus primeras, los Pou han participado igualmente en numerosos rescates en las montañas andinas, siempre poniendo en primer lugar las vidas humanas que sus objetivos alpinos.












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