EXPLORANDO

Katia Lafaille, dos años sin él

A propósito de su visita al Festival de Torelló, donde la película La montagne perdue, que repasa las últimas horas de Jean-Christophe Lafaille, resultó triunfadora, hablamos con Katia, la mujer detrás de uno de los grandes alpinistas modernos.

Jean Christophe Lafaille con Katia (su mujer) en la Librería Desnivel (Marzo 2005) en la presentación de su libro "Prisionero del Annapurna"  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Jean Christophe Lafaille con Katia (su mujer) en la Librería Desnivel (Marzo 2005) en la presentación de su libro "Prisionero del Annapurna"
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Katia Lafaille.- Foto: desnivelpress.comKatia Lafaille.- Foto: desnivelpress.com

El 27 de enero de 2006, Katia Lafaille (Ginebra, 1970) se comunica por radio por última vez con Jean-Christophe Lafaille, quien en esos momentos pretende la invernal al Makalu, donde el alpinista francés desaparecía en el postrer intento por la ruta normal. Comienza para Katia y sus dos hijos -Jéremi y Tom- una difícil tarea: convivir con el pasado y afrontar el futuro.

Posiblemente su libro, Sans lui (Sin él), y la película La montagne perdue, que repasa las últimas horas del alpinista y fue la ganadora del XXV Festival de Torelló, cierren definitivamente, dos años después, el capítulo más trágico de su vida.

Tras la desaparición de Jean-Christophe, ¿sigue comprendiendo la pasión que impulsa a los alpinistas a forzar los límites?
Sí, claro porque yo también he compartido esa pasión por la montaña y todo su universo. Es un magnífico espacio natural en el cual es imposible que el ser humano pueda engañarse a sí mismo. Es un retorno a necesidades básicas y simples en un escenario que cambia constantemente en función de la nieve caída, de la luz y la meteorología. ¿Conquistadores de lo inútil? No lo veo así: ¡Lo que se aprende de uno mismo es tanto y tan rico cuando se fuerzan los límites físicos y psicológicos! Se establecen reglas de conducta distintas de las de nuestra sociedad de consumo, se crean otras exigencias, otras necesidades, escapándonos de ciertas convenciones.

¿No podría decirse que el alpinismo es una pasión excesiva e, incluso, egoísta?
Entre Jean-Christophe y yo no ocurría eso. Era un profesional, un gran alpinista, según mi punto de vista el mejor de su generación. Nunca pensé que sus ascensiones fueran excesivas, en cuyo caso yo no le habría ayudado a organizarlas. Hablábamos mucho de ellas, preparábamos a fondo sus proyectos y creo que no hacíamos nada por casualidad. En esta actividad «de riesgo» no dejábamos ninguna puerta abierta a la posibilidad o al azar. Jean-Christophe ya no está aquí, pero estoy convencida de que no cometió ningún error, que su desaparición se debe a un peligro objetivo. Se distinguía de muchos otros alpinistas por su humildad, su profesionalismo, su inteligencia, su pasión y su altruismo. Jamás conocí a un alpinista que reuniera todas estas características juntas. Jean-Christophe estaba siempre atento a nuestras necesidades, las mías y las de los niños, compartíamos muchísimas cosas y era enormemente generoso.

¿No tiene ningún resentimiento contra la montaña?
No. Me sigue pareciendo tan bella; no quiero que sea víctima de mis sentimientos. Está ahí, se la puede contemplar o subir a ella aceptando las reglas del juego. Yo he de decidido contemplarla y sigo siendo sensible a su belleza y a la del medio natural en general.

Portada del libro Sans lui de Katia Lafaille.<br>Imagen: Ediciones GassetPortada del libro Sans lui de Katia Lafaille.
Imagen: Ediciones Gasset

¿No llegó a tener la impresión de que Lafaille era indestructible?
Sí, rotundamente sí. Era un gran profesional y sabía renunciar; era muy, muy prudente. Yo estaba convencida de que nada podía ocurrirle porque, además, desprendía una fuerza y una potencia increíbles. Me sigue costando creer que no lo volveré a ver.

La película sobre Jean-Christophe Lafaille en el Makalu es terriblemente dura. Supongo que para usted ha debido de ser un trabajo que quizá hubiera preferido no hacer (pienso que ha tenido que visionar una y cien veces las mismas imágenes) ¿Llegó a pensar en algún momento en abandonar el proyecto o, al contrario, la desaparición de Jean-Christophe fue un aliciente para seguir adelante?
Teníamos en proyecto realizar una película sobre esta ascensión de Jean-Christophe y unos meses después del accidente tomé la decisión de hacer la película. Quería hacerla por él, por nosotros dos y por nuestros hijos. Sentía la necesidad de crear una lógica a su desaparición, de poner un fin a la historia, que ésta no se acabara así de repente, sin más. Para él había supuesto un gran esfuerzo rodar estas imágenes en las condiciones meteorológicas que reinaban en aquel momento y seguir adelante con el film era rendirle homenaje. En la vida formábamos una pareja, una familia y un equipo. Él salió de casa y nunca regresó para contarnos su ascensión, pero yo sigo aquí y he querido contar cómo fue su última ascensión. Me siento orgullosa de rendirle este homenaje aunque, afectivamente, tenga que pagar por ello. Cuando veo la cinta me digo pensando en él: «Mira, mira lo que he hecho con tus imágenes; tu trabajo no ha sido en balde».

La verdad es que me siento muy orgullosa de él pues hasta el final ha sido un ser excepcional. En esta película vemos que se siente bien, que está muy a gusto en su elemento. Los espectadores que vean la película lo recordarán con otros ojos. Me tranquiliza compartir su último viaje con un público especial. Quiero creer que así está menos solo. Pienso también en los valores que transmite a cada uno, a las generaciones venideras y a la historia del alpinismo.

«Yo también he compartido esa pasión por la montaña y todo su universo. Es un magnífico espacio natural en el cual es imposible que el ser humano pueda engañarse a sí mismo».

Lafaille cocinando en su solitario campo base del Makalu.- Foto: jclafaille.comLafaille cocinando en su solitario campo base del Makalu.- Foto: jclafaille.com

He oído decir que cada vez que ve la película espera otro fin.
Sí… porque miro una película que cuenta también la historia de nosotros dos, de la manera de entender nuestra relación y me digo que no puede tener el final que tiene, que es imposible. Es fácil meterse dentro de la película, comprobar que todo va bien para él, para nosotros y, después, el silencio, un vacío eterno que me devuelve a la realidad que casi había olvidado al contemplar la película de nuestra vida. Para mí es muy, muy difícil. Ahora necesito distanciarme de un film que he visto demasiadas veces proyectada en festivales de Francia y del extranjero.

Después de todo el tiempo transcurrido, ¿Qué mirada proyecta ahora sobre la polémica creada en torno a la ascensión del Shisha Pangma en invierno?
Estúpida, ridícula patética. Un reflejo de la mediocridad y de la envidia de ciertas personas frente a una hazaña que esas mismas personas no realizaron. La polémica fue lanzada por el agitadísimo Simone Moro, que tiene en su haber más derrotas que victorias, y por Krzysztof Wielicki, que quería pasar a la historia como el especialista de las ascensiones invernales en el Himalaya. Dos años antes de que Jean-Christophe realizase la primera ascensión en solo invernal del Shisha, Krzysztof Wielicki afirmaba que era imposible ascender un ochomil solo, en invierno, en estilo alpino y sin oxígeno. Lafaille demostró lo contrario, ascendiendo el Shisha Pangma solo (y sin apoyo logístico del campo base), en invierno, sin oxígeno, en estilo alpino y abriendo una variante de 1.000 m que se une a la muy estética vía inglesa en la cara sur del pico. Tras este éxito, Simone Moro, a quien Jean-Christophe acaba de superar, se agita todavía más añadiendo mala fe y maldad. Y el «especialista» Wielicki ve a un competidor en su coto privado de las ascensiones invernales en el Himalaya. Ambos atacan la hazaña de Lafaille utilizando como pretexto el calendario, y ahí comienza la polémica.

El invierno himaláyico siempre comienza el 1 de diciembre y termina a mediados de febrero. Habíamos conseguido un permiso invernal, que la agencia de Nepal nos hace pagar más caro pues estábamos, oficialmente, en invierno. ¡El 8 de diciembre de 1986, nadie cuestionó la invernal del Dhaulagiri de Jean Troillet y Erhard Lorethan! ¡Nadie cuestiona tampoco la ascensión invernal de una cima virgen, el Mari-ri de Jean-Christophe en el Langtang el 2 de diciembre de 1996! Es lamentable que la prensa especializada se haya hecho eco y haya dado tanta importancia a esta polémica estúpida, en cuya base se encuentra solamente la envidia. Como diría Lafaille si viviera: «Vayan primero y hablamos después». La polémica ha perjudicado la imagen de la montaña y su mundo; una lástima. A Jean-Christophe le dolieron profundamente las palabras de Wielicki pues hasta esta ascensión Wielicki apreciaba a Jean-Christophe, quien esperaba que el polaco le respetara y le felicitara pues Wielicki sabía lo que era un invierno en el Himalaya. En cuanto a Simone Moro, Jean-Christophe lo soportó dos meses en el Himalaya en 2003; su gesticulación en torno al asunto del Shisha Pangma vino a confirmar la opinión que Jean-Christophe tenía de él. Ser un gran alpinista supone también saber reconocer un éxito de esta envergadura.

Katia Lafaille y Christian Deleau, director de La montagne perdue.- Foto: desnivelpress.comKatia Lafaille y Christian Deleau, director de La montagne perdue.- Foto: desnivelpress.com

¿Piensa que Jean-Christophe fue bien tratado por el alpinismo francés?
El mundo del alpinismo francés es hipócrita. Cuando en 1992 regresó del Annapurna sin Pierre Béghin, Jean-Christophe era «el que había perdido a Pierre». Cuando realizó su ascensión al Annapurna en 2002, las mismas personas le daban palmadas en la espalda diciendo «siempre hemos tenido confianza en ti». Antes de su desaparición, el mundo del alpinismo francés andaba buscando un fallo, un error, los tres pies al gato para criticar, juzgar (la polémica del Shisha había servido de comidilla durante una temporada) y ahora ese mundillo, de manera «anónima» lanzaba ataques contra él y contra mí, que le ayudaba. Una vez desaparecido, ¡Jean-Christophe se convirtió en un héroe! De repente todo el mundo reconocía sus cualidades y me convertí en «la que había perdido a Jean-Christophe». Así es a grandes rasgos el mundo del alpinismo francés.

Jean Christophe en la cima del Annapurna, tras ascender su Arista Este junto a Alberto Iñurrategui.- Foto: jclafaille.comJean Christophe en la cima del Annapurna, tras ascender su Arista Este junto a Alberto Iñurrategui.- Foto: jclafaille.com

Una vez que Jean-Christophe ya no estaba, ¿recibió alguna ayuda, algún apoyo de este mundo?
No. Recibí una cantidad increíble de correos electrónicos, de cartas de alpinistas, y de quienes no eran alpinistas, del mundo entero pero del alpinismo francés en particular, nada de nada.

¿Cuál es el recuerdo o el mensaje más profundo que le ha dejado Jean-Christophe?
Su amor.

¿Intentará disuadir a sus hijos de ser alpinistas?
No. Intento no ponerles limitaciones. Hemos hecho varios trekking en Nepal para que sepan lo bellas que son las montañas, que conozcan otras culturas y otra manera de vivir. Pero también hemos hecho cicloturismo en los desiertos del oeste americano. Procuro que sean sensibles al medio natural en general para que posean un criterio amplio. Si eligen el alpinismo, no me voy a poner a dar saltos de alegría, pero respetaré su elección como respeté la de Jean-Christophe. Su vida no me pertenece. Tom, nuestro hijo de 6 años y medio, me dijo hace poco que no quería hacer alpinismo porque era muy peligroso, que sólo quería escalar una montaña, el Makalu. Es bonito y difícil de comprender.

Su vida estaba estrechamente vinculada a la actividad alpinística de Jean-Christophe ¿Qué camino profesional piensa seguir?
No lo sé muy bien todavía. Tengo algunas ideas; me gusta todo lo que es organización, la comunicación, el viaje, el medio ambiente. Lo ideal sería encontrar un trabajo que pueda hacer desde casa para poder dar a mis hijos cierta calidad de vida y, al mismo tiempo, disfrutar de un poco de libertad. Tuve ocasión de trabajar en París en la televisión, pero prefiero seguir viviendo en Vallorcine, un pueblecito que tanto nos gustaba a Jean-Christophe y a mí.

A propósito de su libro Sans lui, ¿Por qué? ¿Es una manera de decir adiós a una fase de su vida recordándola al mismo tiempo?
Sí, en parte es así. En este libro describo brevemente de dónde vengo y cuál ha sido mi vida. Dedico mucho más tiempo a narrar mi encuentro con Jean-Christophe, nuestra historia de amor y nuestro trabajo juntos, la idea del reto de los catorce ochomiles, nuestra vida en familia, el valle de Chamonix, el mundo del alpinismo francés, las expediciones de Jean-Christophe, el Annapurna… Es un libro que he sentido la necesidad de escribir para mí, muy egoístamente. Necesitaba encontrar una identidad que no dependiera de Jean-Christophe y por eso hablo de mí, pero también de nosotros; asimismo quería dejar escrita «nuestra» historia para que la leyeran los niños. Temía que el tiempo borrara ciertos detalles y de esta manera los inmortalizo a la vez que rindo homenaje a Jean-Christophe, a nuestra familia y a nuestra vida. No lo he escrito para que la gente me quiera, sino para liberarme de un dolor demasiado profundo, insoportable.

Entrevista realizada por Darío Rodríguez  y publicada en Desnivel 258 (Enero 2008)
Traducción:
Sergio Prieto

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