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Juanito Oiarzabal. “Se podría haber hecho algo más”

Recién «aterrizado» en el campamento base gracias a una rápida evacuación en helicóptero desde el campo 4, Juanito habla sin tapujos de un descenso dramático, de la muerte de Tolo Calafat y de la terrible insolidaridad vivida estos días en la montaña del Himalaya.

Juanito Oiarzábal  ()
Juanito Oiarzábal
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Juanito, ¿cómo te encuentras?

Estoy jodido. Carlos [Pauner] y yo hemos bajado sin ningún problema, pero estamos muy dolidos por la situación que ha padecido Tolo, un tío tremendamente fuerte que bajando de la cumbre se derrumba a 7.700 metros. Estamos consternados.    

Tolo llegó a la cima perfectamente, ¿qué pasó?

Pusimos el campamento 4 más bajo de lo normal, a 7.000 metros, con lo cual teníamos 1.100 metros de desnivel a la cumbre. En segundo lugar íbamos a ir por el Corredor Central y como vimos a Jorge Egocheaga cambiar el recorrido, pensamos “ahí pasa algo” y, efectivamente, había mucho hielo y ellos no llevaban cuerda. Quizás ahí yo cometí un pequeño error: no haberme fiado de mí mismo y haber dicho “vamos por el corredor”. Al final fuimos por donde iban los coreanos y eso hizo que llegáramos tarde a la cumbre. Tolo llegó bajo mínimos, muy cansado, agotado, y, bueno, es un recorrido muy exigente. Eran las cuatro de la tarde.   Fuimos bajando y le íbamos viendo. Iba con un sherpa que iba continuamente con él y hubo un momento en que se hizo de noche y ahí es cuando yo me di cuenta de que las tres frontales que llevábamos las habíamos metido todas en la mochila de Tolo y él no venía. Abrimos los teléfonos: “Tolo, que no viene. Tolo, que no viene. Tolo, que no viene…”. Hasta que nos cuentan desde el campo base que por lo visto se han debido de perder un poco, que bajaba con el sherpa. Más tarde nos confirmaron que ya estaba en contacto con el campo base. Se encontraba completamente agotado, incapaz de dar un paso.   Nosotros estábamos en medio de la pendiente. Allí son pendientes muy prolongadas, y le pedí al sherpa que iba con nosotros, que tenía una frontal con muy poca luz, que subiera. Y estuvimos como dos horas en aquella pendiente: “A ver si ven las luces, a ver si ven las luces”. Y nada, a las dos horas, como yo ya venía con los pies súper tocados, le dije a Carlos: “¡Hay que bajar como sea! ¡Como sea!”, y nos atamos a metro y medio y con mucho cuidado fuimos bajando y llegamos a las doce de la noche al campo cuatro. Ya no había comunicación con nadie. Toda la noche en la penumbra pensando “bajará, no bajará”. Y cuando amanece sin que haya bajado ya pensé “está jodido”. A las seis de la mañana nos ponemos en contacto con el campo base y preguntamos qué pasa con Tolo,nos dicen que se ha quedado a dormir arriba con un sherpa, que está totalmente agotado y que quería que le mandáramos a Jorge Egocheaga para que le rescatara.  

Entrevistamos a Juanito desde el CB del Annapurna

Pero Jorge había tenido que bajar a otro sherpa con un edema cerebral al C2. Nosotros estábamos “descojonados”. Total, que a las seis de la mañana se empieza a mover todo el mundo en el campo base, y da la casualidad de que estaban aquí los pilotos suizos con el helicóptero B3, que es el mismo aparato que se posó en la cima del Everest. Pero cuando llega ya es tarde, ya se había cubierto todo de nubes.   Por mi parte, estuve hasta las 12 del mediodía pidiéndole a la coreana que por favor mandara a un par de sherpas. Con esto no quiero echar la culpa a la coreana, pero algo más podría haber hecho. Se tenía que haber impuesto, haber dado un puñetazo encima de la mesa, y decirles [a los sherpas]: “Tú y tú subís y si bajáis dentro de un día, bajáis dentro de un día…”. Nosotros ofrecimos 6.000 euros a cada sherpa.   Yo entiendo que es una montaña complicada, entiendo que quiera alcanzar el punto más bajo que es el campo base, entiendo que cada expedición tiene que ser autosuficiente. Creo que se ha perdido (y en concreto lo digo por los coreanos) esa solidaridad, se ha perdido. Le decía a la coreana: “Te voy a hacer responsable como Tolo muera”. Se asustó y salió de allí, del campo 4, a las 13:30 h. Por eso estoy ahora cargando las tintas contra ella. No le hecho la culpa, pero algo podría haber hecho, ¡vamos, hombre!   A la una del mediodía, a uno de los sherpas que teníamos nosotros, uno que bajó con nosotros la noche anterior, le dimos una tienda, la tienda de Oria, media botella de oxígeno que habían dejado los coreanos, algo de comida y, sobre todo, medicinas, y “le mandamos a la muerte”. Por la mañana no contactábamos con él y cuando estábamos cogiendo el helicóptero es cuando apareció. Ya no contábamos con él. Total, que ha habido varias claves. Una de ellas que ayer el sherpa no pudo contactar con Tolo porque se echó a nevar, plantó la tienda y pasó la noche lo mejor posible. Y gracias a Dios que ha bajado. Hoy por la mañana, en el primer vuelo, iba Jorge Egocheaga, siguiendo la ruta, han hecho tres barridos y no han visto el cuerpo. Se conoce que la nieve con la ventisca lo ha tapado. Tampoco han visto al sherpa, por eso estábamos muy preocupados por él, aunque luego ha aparecido. Jorge se ha derrumbado también porque veía que no se podía hacer nada. Y ese mismo helicóptero con el que los suizos están formando a los pilotos nepalís, una gente encantadora por cierto, nos ha sacado uno a uno del campo 4 al base, colgados de una cuerda de 25 metros.  

Aquí la doctora me ha tratado las congelaciones una vez más. No son graves. Carlos tiene congelada la mano, tiene ceguera. Un desastre. Ha sido una cumbre totalmente agridulce, una cumbre que no nos ha sabido a nada.  

¿Miss Oh duerme con vosotros en el campo 4?

La coreana bajó la primera, luego el grupo internacional, y luego nosotros. Otra cosa importante y quiero que lo pongas: esta impresentable, con cinco millones de euros de presupuesto, no ha colocado un metro de cuerda, ha utilizado todo lo que ha puesto Edurne… No ha hecho nada, nada. Llegaron a la cima y bajaron. Nosotros llegamos los últimos y son pendientes muy prolongadas, donde podrían haber puesto algo de cuerda. Por eso le achaco a ella la culpa, por no haber puesto nada de cuerda. Ocho sherpas y no sube cuerda, no lo entiendo. Tolo pasó la noche con un sherpa que por la mañana se derrumbó porque veía que Tolo no se movía y pensó: “Aquí en vez de un muerto va a haber dos”, y se bajó rápidamente. Miss Oh tenía 4 [sherpas] en el campo 3 o en el 2, creo que en el 3, de refresco, y otros cuatro que se suben a la cima con ella. Entonces, llama al campo 3 y les dice que suban los de refresco. Por eso pienso que podía haber hecho más. No le hecho culpa, pero podría haber hecho más, sí.  

Estos sherpas que estaban en el cuatro quizás estaban cansados.

Todo eso lo entendemos. Cuando bajas de una cima, incluso los sherpas, quieres alcanzar el punto más bajo, el campo base. Es una montaña complicada, es una montaña peligrosa. Lo entiendo perfectamente. Pero algo más podía haber hecho. Haber dado un puñetazo encima de la mesa y decir: “Vosotros dos, para arriba, hacéis lo posible por contactar con él, os subís una botella de oxígeno o dos, una tienda y le mantenéis vivo”. Y sin embargo no lo hizo así. Ella sibilinamente dijo: “¿Alguno de vosotros…?”. Nosotros ofrecimos 6.000 euros a cada sherpa y no quiso subir nadie. Ni Carlos ni yo podíamos. Los dos estábamos congelados. Un sherpa estuvo descendiendo aquella noche con nosotros. El otro había pasado la noche con Tolo. Pero algo se podía haber hecho

Tienes la sensación de que en el Himalaya se han perdido los valores de ayuda, de compañerismo…?

Totalmente, y eso es lo que estoy transmitiendo a todos los medios de comunicación. Se ha perdido la solidaridad. Y más en esta mentalidad de los coreanos. Aquí cada uno viene a lo suyo.  

Charlamos con Carlos Pauner tras el descenso del Annapurna

La frustración será enorme.

Sí, teniendo en cuenta que algo se podía haber hecho. Nosotros hemos hecho lo imposible.  

¿Tolo estuvo en todo momento comunicado con vosotros?

No, estaba comunicado con el campo base. Y nosotros hablábamos con el campo base por el teléfono satélite y nos enterábamos de la situación a través del campo base.  

¿Cómo has visto el Annapurna esta segunda vez?

Lo he visto más complicado que en 1999. Han caído grandes nevadas. No hemos subido por el corredor, por el que subió Edurne, hemos subido por la arista este que no es la que hice la otra vez, que fue la oeste. Jorge Egocheaga y Martín Ramos llegaron al corredor, pero no llevaban cuerda y se fueron para la arista y dije yo “¿qué pasa allí?”. La coreana se fue por la arista este, con el equipo internacional, y yo me fui a lo seguro pensando que ella iba a poner algo de cuerda. Y resulta que la cuerda la subimos nosotros para colocarla allí. Es increíble. Ha sido muy duro con respecto al 99. Y la verdad es que la montaña estaba muy exigente.  

¿Llegasteis bien a a la cima?

Carlos y yo llegamos bien. Tolo llegó más cansado.  

La coreana sube sin poner cuerda, ¿ va asegurada por los sherpas?

Ella es autosuficiente, le llevan todo el equipo y todo el material y punto. Pero con cinco millones de euros y 8 sherpas podía haber puesto algún metro de cuerda, y cuando va para la cumbre dice que no lleva más que 100 metros. Cuando he llegado en el helicóptero se han acercado los coreanos y les he dicho que ni se acercaran…  

A pesar de que el tiempo era malo, ella hizo un intento de cima el domingo 25, porque era el momento de la máxima audiencia televisiva…

Le dije que el día de cima era el 27, que fue un día excepcional. Pero ella estaba empeñada en hacer cima el día 25 por temas de audiencia. Y luego se dio cuenta de que había mucho viento y se bajó al 1. Y luego hizo del 2 al 4. Estaba presionada por Edurne, pues sabe que está en el campo base del Shisha. Ella también tiene aquí a sus espías que están continuamente navegando [por Internet].  

¿Cómo conoces a Tole y por qué decidís ir juntos al Annapurna?

Le conocí el año pasado a través de Carlos Pauner. Era un tío encantador, un tío dispuesto a todo, me ayudaba en todo, confiaba mucho en mí, siempre estábamos juntos… En definitiva, era excepcional. Le gustaba correr, montar en bicicleta.  

¿Cuál es tu situación con las congelaciones?

Lo mismo que me pasó en el Kangchen. Pensaba ir al Nanga y no voy a poder. Son congelaciones superficiales. Tengo la nariz y los pies congelados.  

¿Volverás a los ochomiles?

¡Qué pregunta más chorra es esa! He perdido a seis compañeros en el Himalaya. Ya sabes que sí. La montaña te da y te quita muchas cosas. Pero así es.

 

 

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