EXPLORANDO

Jonatan Larrañaga en Alaska, “mentalidad vikinga non-stop”

Acaba de regresar de Alaska, donde ha estado por primera vez junto a Mikel Sáez de Urabain. Nos cuenta las actividades realizadas, así como sus impresiones sobre un territorio salvaje, indómito y de duras condiciones.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:

Las montañas de Alaska son actualmente los mudos testigos de algunas de las actividades alpinísticas que mejor reflejan la esencia de este deporte. Nos llegan noticias de grandes retos en paredes vírgenes de alta dificultad, que motivan y hacen soñar a lectores, aficionados y alpinistas de primera línea por igual. El guía de montaña Jonatan Larrañaga acaba de regresar de su expedición por aquellas tierras, patrocinada por Basque Team, junto a Mikel Sáez de Urabain. Su intención era escalar la vía Deprivation al Monte Hunter, aunque las condiciones meteorológicas extremas con que se han encontrado no les han ofrecido demasiadas oportunidades para medirse al hielo y la nieve.

Finalmente, se tuvieron que conformar con la repetición de dos líneas de la pared conocida como Mini Moonflower, en el circo del Monte Hunter. La primera de ellas fue el couloir Norte, la ruta más clásica de esa cara norte, de 700 m de escalada “muy disfrutona, con un largo de hielo fino y el resto de corredor hasta la cornisa cimera (14 largos, V/AI4+R). Posteriormente, pudieron hacerse con Bacon and eggs (600 m, 11 largos, V/4 M).

Más que incidir en esas dos actividades, que a Jonatan Larrañaga le han sabido a poco (poco más de 1.200 m de escalada alpina para tanto preparativo, logística y tiempo…), hablamos con él para que nos cuente de primera mano si Alaska es tan fiera como la pintan, y cómo es el ambiente que se vive allí.

¿Cómo definirías Alaska después de tu primera experiencia allí?
Es una cordillera muy salvaje, muy glaciar a nivel orográfico. Los glaciares son comparables al Baltoro, por ejemplo, auténticas autopistas de hielo. En cuanto a las montañas, no son tan verticales y esbeltas como las de los Alpes, sino que son más bien como un monte nevado, como domos.

¿Qué picos te han llamado más la atención?
Durante el vuelo en avioneta hacia el glaciar Kahiltna, donde instalamos nuestro campo base, no pude dejar de fijarme en tres montañas que destacan por encima de las demás: el Denali, el Foraker y el Hunter. Es cierto que también hay muchas otras interesantes, como el Huntington, el Barry… pero esas tres son impresionantes y su aspecto se asemeja a cualquier ochomil. Por ejemplo, el Foraker se podría comparar perfectamente a la cara Norte del Cho Oyu, con paredes de 3.000 metros y mucho terreno glaciar: séracs, avalanchas… Había días en los que contabas 20 o 30 aludes serios. Es un territorio muy salvaje en este aspecto.

¿Y la logística?
Ahí existe una gran diferencia con los ochomiles. Por ejemplo, para llegar al campo base de las montañas del Karakórum necesitas 12 días. En Alaska, puedes llegar al campo base del glaciar Kahiltna después de dos días de viaje desde casa. Es caro, eso sí, pero es un viaje muy cómodo, con una logística muy fácil, comparable a la de ir a Chamonix, por ejemplo.

Las condiciones meteorológicas han sido un obstáculo para vosotros, ¿qué os habéis encontrado en este sentido?
El clima y las temperaturas en Alaska son muy adversas. Las condiciones son muy extremas. Nosotros nos encontramos en una tormenta cuando íbamos esquiando por el McKinley, a unos 5.000 m, como no había visto yo en mi vida. Hace más frío y peor tiempo que en el Himalaya. Creo que hemos tenido una climatología muy mala: En 15 días, sólo tuvimos 12 horas de sol; en este sentido, es parecido a Patagonia pero con una vida más dura y más austera, ya que el campo base está sobre el mismo glaciar, hace mucho frío y no tienes una población como El Chaltén en la que refugiarte durante el mal tiempo. Hay que tener una mentalidad muy paciente para poder hacer cosas por aquí.

Luego hay que tener en cuenta que en esta época del año aquí no se hace de noche. Así que, en las ventanas de buen tiempo, se puede escalar todo el día y toda la noche. No hace falta ni frontal. Las buenas actividades se hacen en intentos de 36, 48 o 72 horas non-stop.

Por otro lado, tienes el aliciente de que, por poco que te salgas de las rutas más transitadas (básicamente el McKinley), te encuentras en seguida un panorama muy salvaje. Decirte que este año todavía nadie ha hecho cumbre en el Hunter ni en el Foraker. Nosotros, por ejemplo, hemos dedicado algunos días a recorrer con esquís los glaciares, y nos encontrábamos en absoluta soledad; eso sí, hay que tener el protocolo de rescate glaciar muy por la mano, ya que allí las grietas tienen labios de 10 o 15 metros con facilidad, y con una pequeña nevada de 30 cm quedan tapados, con lo que es fácil caerse en agujeros.

¿Cómo es el ambiente que os encontrasteis en el campo base del Kahiltna?
Muy alpinístico. En el Denali te encuentras a gente más montañera, porque es un pico de andar. Pero al Kahiltna sólo van alpinistas y de alto nivel, con la Moonflower como uno de los objetivos principales; aunque en total seríamos cinco cordadas. Coincidimos, por ejemplo, con los británicos Jon Bracey y Matt Helliker, tras abrir The Cartwright connection; con una expedición japonesa con la gran alpinista Kei Tanigichi, que tampoco había podido hacer nada; con Neil Warren y Guy Wilson que abrieron en el Monte Geist; con los suecos Magnus Kastengren y Andreas Fransson que bajó la sur del Denali esquiando; y con Jonathan Griffith y Will Sim, que batieron el récord de la Cassin al Denali. Pero ya está. No había nadie más.

¿Qué consejos te aplicarás para la próxima? Porque habrá una próxima, ¿verdad?
Sí, volveré seguro. Primero de todo, creo que no hemos acertado en las fechas y que sería mejor ir a primeros de mayo, porque nos hemos encontrado las paredes muy secas… aunque la verdad es que los rangers nos dijeron que este había sido un año seco y con mucho viento. Espero que entonces haya unas mejores condiciones de nieve, con más hielo y más frío. Aunque igual entonces el frío puede ser extremo, porque allí no hay término medio. Hay que ir com mentalidad vikinga. En cuanto al tiempo de expedición, con tres semanas te vale, un mes máximo, que es caro y la vida allí es muy dura. También hay que llevar una buena tienda-cocina, porque seguro que estarás muchas horas abajo.

¿Cuáles serán tus objetivos, una vez que los has conocido de primera mano?
Sigo enamorado de mi objetivo número uno, que es la Moonflower. Tenía referencias de Simón Elías y también había visto fotos de Pepe Chaverri, y tras verla, es el estilo que más me gusta. Es un monte circular, muy completo, con compriso por las cornisas y los hongos… Para mí, la Deprivation puede ser como la McIntyre en Jorasses, multiplicada por dos. También he visto la Cassin en el Denali o alguna línea en el Foraker a tener en cuenta para próximos viajes, aunque la primera es la del Hunter.

¿Será el próximo año?
Espero que sí. Ya lo estamos preparando todo e incluso me ha llamado Manu Córdova, que ha visto las fotos y le gustaría unirse. Aunque está claro que se depende de los spónsors, porque es un viaje que sale caro. El hecho de que pocos españoles hayan ido a Alaska para escalar algo que no sea el McKinley también lo hace más atractivo.

 


 

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.