EXPLORANDO

Joao Garcia: “No sólo hay montañas de 8.000 metros”

Es el último miembro del club de los alpinistas con los catorce ochomiles y el primer portugués en inscribirse en esa lista. Además, ha sido el décimo en conseguirlo sin utilizar oxígeno artificial. Tras su éxito, piensa en un himalayismo más comprometido y menos mediático.

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Con sus compañeros de expedición en la ceremonia de la puya  (Kinga Baranowska)
Con sus compañeros de expedición en la ceremonia de la puya

Unos minutos antes que Edurne Pasaban y el equipo de Al filo de lo imposible alcanzara la cima del Annapurna, el pasado sábado 17 de abril, lo hacía Joao Garcia. Fue una ascensión exprés y le convirtió en el primer portugués con los catorce ochomiles. Figurará para siempre en el puesto 19 de la exclusiva lista, además de ser el décimo en conseguirlo sin haber utilizado oxígeno artificial en ninguna de sus ascensiones.   La carrera por los catorce ochomiles de Joao empezó en 1993 con el Cho Oyu y siguió al año siguiente con el Dhaulagiri. Dejó pasar entonces un paréntesis de cinco años hasta que alcanzara la cima del Everest en 1999, y dos años después escaló el G-II. Con la conquista del G-I en 2004, aceleró el ritmo y no pasó año en que no subiera a alguna cumbre de más de 8.000 metros: Lhotse en 2005, Kangchenjunga y Shisha Pangma en 2006, K2 en 2007, Makalu y Broad Peak en 2008, y Manaslu y Nanga Parbat en 2009.   En 2005 también culminó el reto de las 7 Cumbres, que le llevó hasta el techo de cada continente. Con la ascensión del Annapurna, el portugués da por cerrada una etapa en su carrera como alpinista, relacionada con los proyectos mediáticos y multitudinarios. En esta entrevista da algunos detalles sobre sus ascensiones y cuenta cuáles serán a partir de ahora sus objetivos.  

¿Cómo te sientes después de haber terminado tu reto y haberte convertido en el primer portugués con los catorce ochomiles?

Cansado pero muy contento. Muy contento por haber tomado las decisiones correctas y por haber respondido perfectamente en altitud extrema, supongo que gracias a la experiencia y a la resistencia acumulada por mi cuerpo.  

¿Cómo fue tu ascensión al Annapurna? Muy rápida, ¿no?

Sí, fue rápida, pero eso formaba parte de mi plan. En 2008, en el Broad Peak tuve la misma oportunidad; venía aclimatado el Makalu y en once días lo subí. Con esa experiencia, y aclimatado tras haber superado los 7.000 metros en el Pumori, se me presentó la oportunidad y no la desperdicié.  

¿Cómo te encontraste la montaña?

La montaña es peligrosa, pero estaba bien equipada cuando llegué. El equipo de Edurne había hecho un buen trabajo del que me aproveché, e intenté compensárselo al tirar hacia la cima, yendo el primero y abriendo huella el día de la cumbre.  

Además de la rapidez con la que llegaste y subiste, tu ascensión al Annapurna es la más temprada de las que se han registrado en esta montaña, el 17 de abril. ¿A qué se debe esto? ¿Quizás se deja sentir el cambio climático?

Este invierno ha sido un invierno normal, pero es cierto que cada vez los alpinstas tenemos que estar más preparados para todo tipo de cambios, para conseguir nuestro éxito y lograr la cumbre pero también para minimizar los riesgos.  

¿Cómo viste a Edurne Pasaban, con la que compartiste ascensión? ¿Y la carrera femenina por ser la primera con los catorce ochomiles?

Edurne es una amiga. Como yo, cada vez tiene más experiencia y confío en que no va a arriesgar en el Shisha Pangma sólo por la rivalidad entre chicas. Es inteligente y en alta montaña esa es una virtud más importante que la fuerza.  

Quizás el Annapurna ha sido tu ochomil más fácil, ¿cuál recuerdas como el más difícil?

No existen ochomiles fáciles, todos son diferentes… Para conseguir llegar a la cima del Annapurna, antes había corrido muchos riesgos en el Pumori. Para mí, la ascensión al Kangchenjunga con Iván Vallejo en 2006 fue una de las más difíciles, aunque también la más bonita de todas. Mi peor recuerdo es el del Everest en 1999.  

Has subido a todos los ochomiles sin utilizar oxígeno artificial, ¿qué piensas sobre el tema de la utilización de oxígeno?

Pienso que, 60 años después de las primeras ascensiones a las cumbres de 8.000 metros, los alpinistas del presente deberían haber reducido el consumo de oxígeno suplementario en las ascensiones deportivas. Pero en cambio, en el Everest sucede exactamente lo contrario. En 1999, éramos el 6% sin oxígeno, mientras que ahora sólo se llega al 3%. Es decir, cada vez se utiliza más oxígeno artificial… ¡eso para mí no tiene sentido! Creo que los periodistas también deberían separar los alpinistas deportistas –que no utilizan oxígeno- de los turistas –que sí lo utilizan.  


 

Se está hablando mucho también sobre el estilo en las ascensiones a estas montañas (sherpas, cuerdas fijas…), ¿cuál es su opinión al respecto?

Pienso que en el Himalaya y el Karakorum no hay solamente montañas de 8.000 metros, pero comprendo que muchos otros aficionados quieren vivir la fascinación de los ochomiles y para lograrlo necesitan todo ese apoyo. Yo personalmente, y a nivel de patrocinadores, utilicé los 14×8.000 para ganar credibilidad y visibilidad, para después poder hacer otras cosas, como rutas nuevas, cumbres desconocidas o poco frecuentadas de 7.000 metros… Ese es el alpinismo que me interesa.  

¿Cuáles son sus próximos objetivos deportivos? Ahora quiero centrarme en montañas de 7.000 metros con menos gente, e intentos de travesías de 8.000 metros en estilo rápido y ligero.    

Fuentes: Joao García, Eberhard Jurgalski/8000ers.com

 


 
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