EXPLORANDO

Fonsín el de Cosgaya

El 30 de abril fallecía Alfonso Alonso en la Ciudad Condal, tras una larga enfermedad. Hemos querido recordar a este amante de Picos de Europa que dejó su legado histórico en más de 15 ascensiones al Picu y en otros tantos hitos de nuestro alpinismo.

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Fonsín de Cosgaya junto a Isidoro Rodríguez Cubillas.- Foto: Col. Iisodoro RodríguezFonsín de Cosgaya junto a Isidoro Rodríguez Cubillas.- Foto: Col. Iisodoro Rodríguez

Esta vez no ha sido la montaña, ha sido una larga enfermedad con la que tuvo que luchar más duramente que contra los corredores y neveros. Alfonso Alonso, de Cosgaya, fallecía el 30 de abril a los 85 años, dejando una gran parte de la leyenda del alpinismo cántabro tras de sí. En casa quedarán las fotos que durante décadas obtuvo en aquellas primeras escaladas de la pared Sur de Peña Vieja o las del macizo oriental de los Picos de Europa a mediados de los años 50. 

Compañeros como Rodolfo Amorrurto o Julio Casal, su esposa Sara o sus hijos y nietos, cualquiera que entre las páginas de un libro de Bulnes rememore a los hombres que hicieron posible la explosión de este mundo de libertad y roca disfrutaron del legado de Fonsín, quien, junto al reciente desaparecido Pedro Udaondo, forma parte de la luz en los años oscuros, de la alegría de aquellas montañas que hicieron suyas a base de sudor y piel.

Alfonso escaló la Aguja Dibona, en los Alpes del Delfinado, realizó el ascenso del Naranjo en por lo menos 15 ocasiones, tanto por la Norte como por la Sur e incluso marchó por las faldas pulidas del Everest y su nombre, sin embargo, adquirió trascendencia en febrero del 70. El Picu, asolado por una tremenda tormenta, atrapaba en sus paredes a Lastra y Arrabal y las tentativas de rescate estaban siendo infructuosas. El de Cosgaya, dado que poseía algunos conocimientos de aviación por haber estado de piloto en las milicias, propuso a la tripulación del helicóptero, virgen en el vuelo por los Picos de Europa, que pasasen cerca de la repisa en la que los madrileños se refugiaban. Alfonso, con medio cuerpo fuera del aparato, en pie sobre el patín de la abeja de Tráfico, lograba echarles una mochila con alimentos, bebida, ropa y una nota de ánimo, a pesar de lo arriesgado de la maniobra. Al día siguiente, será de nuevo Fonsín, quien cuelgue una cuerda con un mosquetón en el extremo, para que enganchen, desde la cima, a un Arrabal exhausto.

Volar junto a la roca

Célebre imagen de Alfonso Alonso, en pie sobre el patín del Helicóptero en el rescate a Lastra y Arrabal.- Foto: Col. César Pérez de TudelaCélebre imagen de Alfonso Alonso, en pie sobre el patín del Helicóptero en el rescate a Lastra y Arrabal.- Foto: Col. César Pérez de Tudela

Las fotografías del de Cosgaya, en pie sobre el patín del helicóptero fueron portada de muchos de los medios de información de la época. Su valiente esfuerzo le supuso la Medalla de Plata al Mérito Deportivo y la Cruz de la Beneficiencia.

Pronto, alcanzaría otro hito en su carrera como montañero. En 1974 era elegido para formar parte de la equipo español Tximist que trataría de coronar el Everest. La expedición dirigida por J.L. Lorente, íntegramente formada por alpinistas vascos (exceptuando a Fonsín, que por aquel entonces residía en San Sebastián), le hizo pasar cuatro meses bajo la belleza y el tormento de aquel gigante de hielo. Ángel Vallejo Rosen y Felipe Uriarte alcanzaban los 8.500 metros en la arista Sureste, en aquel primer intento estatal por hollar el Techo de la tierra.

«Fue también el maestro natural y compañero experto del montañero José A. Odriozola, en sus ascensiones por los Picos de Europa. Odriozola se casó con la hermana de Alfonsín y este fue el espejo del que años más tarde fue presidente de la Federación Española de Montañismo».

Esas últimas palabras nos las ofrecía Cesar Pérez de Tudela. Y si bien es verdad que la influencia en Odriozola fue fundamental para el desarrollo alpino de un gran hombre, Fonsín no se quedó ahí. Cautivo a más de una generación con sus novedosas escaladas entre los años 40 y 50, como las tres aperturas en Peña Vieja (la SE, la SE Clásica y la Alonso-Palacios), las dos primeras ascensiones a la Aguja de la Canalona, la primera a la Norte Directa al Tiro Tirso o la segunda absoluta a la Torre Peñalba. 

Primero en subir la Sur del Naranjo sin guía, los Picos de Europa supusieron la salida lógica a la montaña. Nacido en el lebaniego pueblo de Cosgaya, Alfonso orientó, desde muy pronto, sus inquietudes juveniles hacia las alturas bermejas y pardas que lo rodeaban. Miembro del Club Alpino Tajahierro de Santander y del Club Vasco de Camping, su afabilidad y fuerza le hicieron ganarse el reconocimiento de todos los que alguna vez compartieron una anécdota con él.

Imagen de uno de los rescates en que Fonsín participaba por aquellos tiempos.- Foto: Col. César Pérez de TudelaImagen de uno de los rescates en que Fonsín participaba por aquellos tiempos.- Foto: Col. César Pérez de Tudela

«En cierta ocasión me contó, con un brillo especial en sus ojos, una de sus travesías juveniles por los Picos de Europa, que no deja de ser cuando menos original: Salió con otro compañero de Cosgaya y remontando el curso del río Deva se fueron hasta Fuente Dé, de allí continuaron por el Cabén de Remoña hasta el valle de Valdeón, donde pernoctaron en casa de un pariente que tenían en Los Llanos. El citado pariente les propuso que para seguir su camino, al día siguiente, tenían que ascender por el inclinado horcado de Pambuches, cosa que hicieron, para seguir hacia la base de Peña Santa. De allí, tuvieron que bordearla por El Boquete, para continuar hasta vega Redonda, los Lagos, y finalmente Covadonga, lugar al que había ido otro compañero suyo en bicicleta desde Cosgaya, a reservarles habitación en una pensión. 

Pero resulta que al compañero se le hizo tarde, y como hacía mal tiempo, optó por darse la vuelta. Al llegar Fonsín y su acompañante a Covadonga, ya entrada la noche y bajo un fuerte aguacero, a pesar de aporrear a la puerta de la pensión, no les abrieron, pues era la época de la postguerra y andaban los maquis por aquellas montañas, por lo que había mucho miedo. Así, mojados por completo, tuvieron que aguardar a la intemperie a las primeras luces del día siguiente. Un vistazo al mapa de Picos nos puede dar sobrada referencia de esta actividad. 

Liébana se viste de luto por la pérdida de uno de sus personajes ilustres, y la gran familia montañera también. Los que le conocimos y tuvimos el privilegio de su amistad, disfrutaremos del cálido recuerdo de este pionero en las actividades de montaña en los Picos de Europa».

El relato es de Isidoro Rodríguez, un amigo que guarda en la memoria tantos logros e historias acumuladas durante décadas de sol, de tormentas, de cumbres y de caídas. Y sin embargo, sus mayores hitos y los que más alegrías le supusieron fueron de carne y corazón: su esposa, Sara Gómez, sus hijos Alfonso, Sara, Elena, Mikel e Ignacio y sus nietos. Y todos aquellos que con una mano echada a tiempo o un hombro resistente ayudaron a que Fonsín de Cosgaya sobreviviese a la montaña y acabase sus días como cualquier hombre debe hacerlo; junto a lo que ama.

Foto de portada: Alfonso Alonso y Julio Villar en la Torre de Liordes (Picos de Europa) en agosto de 1972 / Col. Alfonso Alonso


 

 


 
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