JUNIO DE 2014

Desnivel 336. Ecrins, Kangchenjunga y Cholatse

Aunque la portada de este número está dedicada a Ecrins, el alpinista John Roskelley, el personaje entrevistado, es también protagonista de nuestra revista de junio, así como la escalada en estilo alpino al Cholatse por una cordada oscense. Y, por los pelos, incluimos una corta entrevista a Denis Urubko al que «cazamos» nada más bajar del Kangchenjunga.

Entrevista John Roskelley. Desnivel 336
Entrevista John Roskelley. Desnivel 336
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Casualidades: el Cholatse, un imponente seismil del Khumbu (Nepal), hermano mellizo del Tawoche, toma protagonismo en este número y en dos ocasiones. Una por su escalada en estilo alpino –no cuenta con muchas– por la cara norte por un equipo español formado por Francisco Borja, Eduardo González, Jesús Andrés y Adriano M. Cófreces. Edu y Kiko, en un ataque de 80 horas, completaron la vía (la Francesa de 1995) después de que Adriano y Jesús se dieran media vuelta a mitad de pared debido a los problemas de salud de Adriano. Pero no alcanzaron la cima debido a las nefastas condiciones de la arista final, y entonces comenzó el segundo capítulo de la aventura: hacer el primer descenso por los complejos y expuestos 1.300 metros de su cara sur. Al final, no sin algún que otro susto en forma de proyectil, les salió una jugada redonda.

La vida alpina de John Roskelley

¿Y sabéis de quién es la primera ascensión al Cholatse? Pues de John Roskelley. Curiosa coincidencia, ya que tenemos en el número una jugosa entrevista con él. Injusta e incomprensiblemente, Roskelley no es un alpinista demasiado conocido en España, y eso que su actividad es tan admirable como la de sus contemporáneos alpinistas británicos de los setenta y primeros ochenta. Atención a su currículo. En 1973 consigue la tercera del Dhaulagiri (8.167 m) por la arista noreste, tres años después, con Louis Reichardt y Jim States abre una ruta en la cara noroeste del Nanda Devi (7.816 m). Al año siguiente, 1977, protagonizó la primera ascensión de la Gran Torre del Trango (6.286 m) junto con Galen Rowell, Dennis Hennek, Kim Schmitz y Jim Morrissey. 1978 es un año histórico: Louis Reichardt, Jim Wickwire, Rick Ridgeway y John finalizan en el K2 (8.611 m) la ruta que habían empezado los polacos a través de la arista noreste, la cara este y el espolón de los Abruzzos; aquella expedición se saldó con la tercera ascensión absoluta de la segunda montaña más alta del planeta y la primera de unos americanos. 1979, otras dos primeras excepcionales: Gaurishankar (7.134 m), con Dorje Sherpa, y Uli Biaho (6.109 m), con Ron Kauk, Bill Forrest y Kim Schmitz. En 1980 –atención–: primera repetición del temido Pilar Oeste del Makalu (8.463 m) formando parte de un equipo ligero (Jim States, Chris Kopczynski, Kim Momb fueron esta vez sus compañeros), sin oxígeno y escalando en un estilo en un estilo impecable; solo John pudo alcanzar la cima, el primer americano en la cumbre del Makalu. Después llegaron la primera del Cholatse, con Vern Clevenger, Galen Rowell y Bill O’Connor, en 1982, y, en invierno de 1989, su apertura en la cara noreste del Tawoche (6.495 m), con Jeff Lowe.

¿Alguien duda de que tras Walter Bonatti, Reinhold Messner, Doug Scott, Robert Paragot y Kurt Diemberger) se merecía el sexto Piolet d’Or a la Vida Alpina 2014? Pue sí, él mismo: “Creo que me siento un poco avergonzado de ello porque hay muchísimos alpinistas muy buenos a los que conozco personalmente y que merecerían este premio. Espero que lo obtengan en el futuro”, nos dice nada más comenzar la entrevista. Nos os la perdáis.

Los Alpes salvajes y humanos

Salvajes y humanos, parece una contradicción. Así es Ecrins y así empieza esta historia, “buscando una montaña con personalidad, alejada de las multitudes, de los teleféricos y las tiendas de recuerdos. Buscando un lugar en el que los refugios tuvieran un apellido familiar durante generaciones. Donde un soleado domingo de agosto te encuentres frente a frente contigo mismo, solo, sobre el glaciar, al llegar a la arista, en la cumbre. Lo encontramos en Ecrins, un lugar donde la montaña nos hizo un poco más libres”.

Son los Ecrins, las montañas de Oisans, un macizo alpino sin el reclamo “cuatromil” (aunque cuenta con dos cimas de esta altura que describimos en la páginas prácticas del artículo) de Chamonix y Zermatt, pero el sitio más indicado si quieres huir del “mundanal ruido”, como nos explica su autor, Víctor Barro, “de ir más allá de lo evidente en busca de lo auténtico, de madurar y recorrer un camino menos trillado”.

Hemos completado el trabajo con una guía práctica en la que se describen una decena de ascensiones, desde clásicas alpinas de piolet y crampones hasta largos recorridos de roca, repartidas entre Ailefroide y La Berarde. Nuestra primera toma de contacto con Ecrins, sin grandes pretensiones épicas, pero con gran carga histórica y alpinística, nos va a llevar por el Glaciar Negro, Barre des Ecrins, Dome de Neige, Mont Pelvoux, Aguja Dibona, Rateau Est y Grand Pic de La Meije.

Seguro que alguno ya está cambiando los planes de sus vacaciones de verano.

No te líes… con las cuerdas

La parte más práctica y técnica se la hemos dedicado esta vez al plegado y transporte de cuerdas. Algo que deben aprenderse bien alpinistas y escaladores y que tiene más relevancia de la que creemos. Plegar correctamente y saber escoger el método en función de la actividad y las necesidades de una situación concreta puede ser la diferencia entre hacer una aproximación cómoda o una tortura, entre bajar con seguridad o sufrir un accidente… ¿Sabes plega en U, y en aros, y en mochila…? ¿Y rematar bien la faena?… ¿Y transportar a un compañero accidentado usando la cuerda?

Urubko y el Kangchenjunga

Denis Urubko alcanzó el 19 de mayo a las 9.40 am la cima del Kangchenjunga después de escalar la vertiente norte por la vía Británica. Lanzó el ataque definitivo en solitario después de que sus compañeros Álex Txikon, Adam Bielecki y Dmitri Sinev se dieran la vuelta a 8.350 m.

No habíamos previsto publicar nada acerca de la norte de Kangchenjunga, ya que el equipo se encontraba descendiendo justo en el cierre del número. Tuvimos mucha suerte de contactar con Denis Urubko en el campo base, de que la conexión funcionara y pudiera mandarnos en alta resolución su emocionante selfie de cumbre y de que nos contestara unas cuantas preguntas. Aquí tenéis a un Urubko pletórico, inspirado –seguramente también un poco tocado por la altura, la tensión y la tremenda paliza– y quizás poniendo el broche de oro a una de las mejores carreras himaláyicas de la historia. Para muestra, un botón: “Fue arriesgado, claro. Condición física, condición técnica y condición mental. Fui como un acróbata caminando sobre la cuerda floja sobre el vacío. Cuando estás listo, cuando sientes algo artístico o poético en tu alma, te pones más tenso, más atento a la situación, y eres capaz de reaccionar ante cualquier dificultad. Pienso que en este momento de gran tensión fui capaz de volar… Es broma, pero es algo que sucede en el plano energético del mundo, que me ayudó y me elevó hasta la cima, me permitió llegar con éxito al final… Creo que la mejor palabra es “inspiración”. En este sentido, la inspiración te permite hacer muchas cosas”.

Inspiración es la palabra, sin duda. Que disfrutéis de la revista

 

 

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