Tipos, usos y mantenimiento

Crampones. No sin mis «puntas»

Nuestro diccionario los define como «Pieza metálica con puntas afiladas por una parte que se fija a la suela de las botas de escalada por la opuesta para poder andar sobre el hielo sin resbalar». Los crampones componen con el piolet un binomio inseparable e imprescindible y no pueden faltar nunca en el equipo del excursionista o montañero invernal. Nunca nos cansaremos de repetirlo: no salgas a la montaña invernal sin llevarlos …eso sí, los apropiados.

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Crampones.
Crampones.   Yanik88. Fotolia

Comprar unos crampones puede resultar una tarea agotadora. ¡Hay tantos y tan bonitos en las tiendas y, sobre todo, en internet! Los hay de nueve, diez, once y doce puntas. Unos están pintados con colores llamativos; otros son ligeros como una pluma; algunos están equipados con correajes extravagantes; y algunos tienen precios que hacen abrir los ojos como platos.

La variedad no responde a razones estéticas sino prácticas, porque cada modelo está destinado a un uso en concreto. No hay que dejarse deslumbrar por sofisticados modelos de formas y aspecto agresivo, ni por los dotados con piezas intercambiables y cosas así.

Párate y piensa: ¿para qué los quiero? La mayoría de nosotros, simples aficionados que queremos seguir saliendo a la montaña cuando ésta se cubre de nieve sin meternos en fregados, sólo necesitamos unos crampones sencillos, robustos y polivalentes.

La clave

Hay un asunto clave que define por sí sólo el crampón que compraremos. Las botas que utilizaremos con ellos. Hay que meterse esto en la sesera: botas y crampones forman una pareja inseparable.

De modo que cuando vayas a comprar crampones llévate una de tus botas. Pero antes de seguir, es preciso hacer una observación. Muchos excursionistas utilizan las mismas botas de trekking «ligeras» en verano y en invierno. El mayor problema que puede provocar al utilizarlas con crampones no es de frío o humedad –que también– sino de seguridad, porque estas botas no están pensadas para llevar crampones.


 

Nos explicamos. Para que los crampones trabajen correctamente deben formar un bloque compacto y solidario con el calzado. Y en el caso de las botas ligeras, esto es prácticamente imposible, así que los crampones van siempre «bailando».

Las únicas botas de trekking que están preparadas para llevar crampones son las que tienen suelas semi rígidas o rígidas. ¿Cómo las identifico? Por el precio y porque no ceden o ceden poco cuando intentamos doblarlas con las manos. En estos modelos podemos adaptar crampones articulados o semi rígidos con fijaciones de correas o de estribos de plástico.

Algunas botas «de trekking» de alta gama están preparadas para utilizar crampones semi automáticos. Se reconocen por un reborde característico que tienen en el talón donde se apoya una pieza en forma de palanca que «bloquea» el crampón en la bota.

Graciano en la cresta final hacia la cumbre del Islan con zapatillas y crampones.  (Chismes)
Graciano en la cresta final hacia la cumbre del Islan con zapatillas (uf!) y crampones.

Familias: Articulados, semi rígidos y rígidos

Todos los modelos de crampones se pueden agrupar en tres familias atendiendo a su construcción: articulados, semi rígidos y rígidos. Tanto los articulados como los semirrígidos constan de dos piezas unidas por un eje metálico, pero mientras que en los articulados este eje se mueve, en los semirrígidos el eje es un fleje flexible que se adapta a las deformaciones que experimentan las botas al caminar (siempre que estas deformaciones sean pequeñas, cosa que sólo ocurre en las botas que no son blandas).

Lo cierto es que los crampones articulados han desaparecido de las estanterías y que ya son cosa de coleccionistas. Los crampones rígidos, por su parte, están construidos en una sola pieza y sólo se pueden utilizar para botas muy rígidas (de las que llaman de alpinismo, de cuero o plástico).

A estas tres grandes familias habría que incluir, aunque con reservas, los recién llegados minicrampones. Estos artilugios cuentan con cuatro o seis puntas verticales que se sujetan casi a cualquier tipo de calzado mediante gomas, tirantes u otros sistemas.

Son útiles para usos muy puntuales: aproximaciones por nieve transformada de poca inclinación, caminar por las calles heladas de los pueblos de montaña… Ofrecen escasa seguridad ya que el talón y la puntera no apoyan a la vez.

Dentro de las tres familias se pueden establecer además otros tres grupos atendiendo a la forma en que se sujetan a las botas: el clásico o de correa (la correa única ha desaparecido prácticamente y ha sido sustituida por dos correas independientes o por estribos de plástico) es el menos «técnico» pero también es el único que se puede utilizar con todas las botas, incluidas las blandas.

El segundo grupo está formado por los semi automáticos, que sólo se pueden utilizar con botas que tengan en el talón un reborde especial donde se ajusta el cepo al que ya hemos hecho alusión. Finalmente está el automático, muy técnico pero que sólo sirve para las botas muy rígidas con rebordes especiales en talón y punteras.

Sergi Mingote y Carlos Garranzo, entrenando en Gran Paradiso (Alpes).
Sergi Mingote y Carlos Garranzo, entrenando en Gran Paradiso (Alpes).

El número de puntas

El número de puntas no es lo más importante si éstas están bien dispuestas y al menos dos están situadas en la puntera y son suficientemente largas (aquí no tenemos en consideración los crampones que sólo tienen una punta delantera y que están diseñados especialmente para cascadas de hielo o dry tooling).

Quizá te sorprenda descubrir que hasta 1931 los crampones carecían de puntas delanteras y que el montañero tenía que tallar escalones para superar las pendientes de más de 35 grados de inclinación. Pero aquél año, a alguien se le ocurrió poner dos puntas delanteras y, desde entonces los crampones siempre han tenido doce puntas… hasta hace pocos años.

El avance en el diseño y la utilización de nuevos y mejores aleaciones han hecho posible que hoy se fabriquen crampones de diez y hasta de nueve puntas que cumplen perfectamente.

Transalpina
Transalpina

Modelos ligeros

Cuando los crampones ligeros, fabricados con aleaciones de aluminio y cinc, o de acero aligerado, llegaron al mercado – hace quince años más o menos–, fueron una auténtica revolución. Hoy son de uso habitual, en especial entre los esquiadores de montaña. Pesan bastante menos que los normales de acero (rondan entre los 470 y los 670 gramos la pareja, mientras que los de acero oscilan entre los 780 y los 1.100 gramos).

Como es natural, la ligereza tiene su precio, y no en euros, sino en resistencia y duración, que en este caso son muy inferiores; una circunstancia que limita su uso a actividades muy concretas. Sobre estos crampones escucharemos opiniones enfrentadas: que no son fiables; que se rompen con facilidad y que son hasta peligrosos; o que son estupendos y que cumplen perfectamente.

Nuestra experiencia personal es que con botas muy rígidas (por ejemplo, una bota de esquí de travesía o una de plástico) funcionan bastante bien incluso en nieve dura, aunque dan un poco de yuyu cuando toca enfrentarse a superficies de hielo vivo o se progresa sobre terreno mixto.

«En un crampón ligero es muy importante que tenga el fleje de acero»

Si al final te decides por un crampón ligero es muy importante que elijas un modelo que tenga el fleje de acero, ya que esta pieza está muy sometida a tensiones y se «fatiga» mucho antes que el resto. De hecho, la mala fama que tuvieron estos crampones en el principio de su historia vino dada por la frecuente rotura de esta pieza.

Una última observación sobre los crampones de aluminio: son poco aconsejables para montañeros de mucho peso (± 100 kg) o cuando se va a cargar mochilas muy pesadas.

Detalles «sin importancia»

Un detalle interesante, más por comodidad que por seguridad, es el sistema para regular la talla. Tradicionalmente la regulación se hacía por medio de tornillos en el fleje, en el caso de los semi rígidos, o en los laterales en los rígidos.

En la actualidad casi todos los modelos se regulan sin necesidad de herramientas. No se puede terminar un artículo de crampones sin hablar de los antizuecos, unas sencillas plantillas de plástico o caucho que se sujetan en la parte inferior del crampón y que evita algo tan peligroso como los zuecos de nieve, esos pegotes pesados e incómodos que a menudo se forman en los pies y que pueden provocar resbalones de consecuencias funestas.

Genís Zapater en el proyecto 4xAlpes: Mont Blanc, Grand Paradiso, Cervino y Monte Rosa.
Genís Zapater en el proyecto 4xAlpes: Mont Blanc, Grand Paradiso, Cervino y Monte Rosa.

«No olvides comprar un par de anti zuecos»

Teniendo en cuenta lo importante que es este elemento para la seguridad no entendemos por qué son tan pocos los crampones que los traen de serie. Si este es el caso del modelo que acabas de adquirir, te recomendamos que no salgas de la tienda sin comprar un par de anti zuecos. Suelen tener precios increíblemente altos, algo difícil de entender tratándose como se trata de unas sencillas piezas de plástico o caucho, pero…

Y puestos a mirar con lupa antes de irse de la tienda, comprueba en la etiqueta o en el folleto de instrucciones que el crampón cuenta con algún certificado de calidad como el de la resistencia a la rotura mediante la normas EN 893 y UIAA, que no es que sirva de mucho, ya que el crampón se somete a una prueba de fatiga simplificada en la que cada punta es expuesta una sola vez a una fuerza determinada.

Esto no tiene prácticamente ninguna validez porque una rotura del crampón siempre se produce por fatiga del material, tras múltiples exposiciones. Por ello, siempre hay que contar con la posibilidad de una rotura sobre el terreno.

Grupo de excursionistas con raquetas en Peñalara.  (Jorge Cruz)
Grupo de excursionistas con raquetas en Peñalara.

Raquetas y crampones

Todos los inviernos los especialistas de los grupos de rescate en montaña alertan sobre el mal uso que se hace de las raquetas de nieve. Como puede verse a menudo, muchos excursionistas atacan pendientes muy inclinadas y heladas con sus raquetas. Esta práctica es la causante de muchos accidentes.

Es de suma importancia entender esto: mientras que las raquetas proporcionan comodidad, los crampones proporcionan seguridad, y no pueden sustituirse por aquellas por muchos pinchos que tengan. Las raquetas nunca deben sustituir a los crampones en las pendientes heladas.

Tabla de modelos, uso y actividad

Microcrampón no apto para montaña:

  • Actividad: paseos por caminos nevados y calles nevadas o heladas; carreras por montañas con paso circunstancial por neveros.
  • Bota: todo tipo de calzado.

Crampón semirrígido ligero de aleación de 10 o 12 puntas con sistema de atadura de estribos de plástico o doble correa:

  • Actividad: excursionismo invernal con pendientes moderadas de nieve no muy dura ni hielo. Utilizable en esquí de travesía.
  • Bota: trekking semirígida.

Crampón semirrígido de acero de 12 puntas con sistema de atadura semiautomática o automática:

  • Actividad: montañismo invernal con ascensiones, canales de nieve dura. Utilizable en esquí de travesía.
  • Bota: bota rígida de alta montaña, de plástico o cuero. Si se opta por una fijación automática es obligatorio que la bota tenga rebordes especiales en puntera y talón.

Crampón semirígido ligero (aleación) de 10 o 12 puntas con atadura semiautomática o automática:

  • Actividad: esquí de travesía.
  • Bota: bota de esquí.

Crampones de acero semirrígidos o rígidos de 11 o 12 puntas. Atadura automática o semiautomática:

  • Actividad: alpinismo invernal de dificultad y cascadas.
  • Bota: bota rígida de alta montaña, de plástico o cuero con rebordes especiales en puntera y talón.
Crampones Alpinist Pro de Cassin.
Crampones Alpinist Pro de Cassin.

Mantenimiento

  1. Para afilar la punta de los crampones utiliza solamente una lima para metal, de grano fino. Limar los cantos o bordes de cada punta con la misma inclinación que traían. No limar nunca las caras anchas de las puntas para no reducir su espesor y debilitarlas. Por la misma razón las puntas delanteras sólo deben afilarse por sus laterales. No quitar demasiado material pues las puntas se irán acortando.
  2. Los crampones ligeros de aleación de aluminiose desgastan más rápido. Puesto que están concebidos para su utilización sobre nieve, no conviene sacarles mucha punta, ya que un extremo muy fino resulta menos resistente, máxime tratándose de un material relativamente blando.
  3. Conviene guardarlos siempre secos. Después de quitártelos, en vez de guardarlos en su bolsa es mejor colgarlos por fuera de la mochila para que se vayan secando y esperar a que estén secos para poner los protectores de goma.
  4. Tarde o temprano, los crampones de acero se oxidarán. No hay que preocuparse pues se trata de óxido superficial que se puede eliminar frotando con un estropajo tipo nanas. Hay que observar con más atención los tornillos de regulación en caso de llevarlos porque estos sí que pueden corroerse.
  5. Antes de guardarlos durante una temporada larga conviene limpiarlos bien y rociarlos con aceite lubricante, limpiando el sobrante y envolviéndolos en un paño de algodón.


 

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