EXPLORANDO

Colin Haley y su intento en solo al Mt Hunter

Su aventura pretendía la primera ascensión en solitario de la arista norte del Mt Hunter (4.442 m), pero se quedó a escasos 100 metros de la cumbre.

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No siempre las grandes aventuras terminan en la cumbre de una montaña. A pesar de que sus protagonistas no acepten el éxito que se reserva exclusivamente al camino que acaba cuando todo lo que hay alrededor está más abajo. Esa es la ética que aplica estrictamente Colin Haley a sus ascensiones y por eso el alpinista de Seattle no se apunta como logro su último intento en solitario a la arista norte del Begguya (4.442 m), más conocido como Mt. Hunter, en Alaska. Lo cierto es que consiguió superar todas las dificultades y se dio la vuelta en el plató somital, cuando sólo le quedaban los aproximadamente 100 metros de desnivel de la pirámide final.

Su tentativa, de todos modos, merece el reconocimiento como la actividad audaz y exigente que es. Y es que la arista norte del Mt. Hunter es una vertiente codiciada por los más expertos alpinistas pero que se muestra a menudo esquiva, no sólo por la dificultad técnica que entraña sino también por los caprichos de la meteorología de Alaska. De hecho, se da la curiosa circunstancia de que sólo tres cordadas coreanas (de tres y cuatro integrantes) han sido capaces de escalarla y llegar hasta la cumbre en los últimos dos años.

Antes que él, otros dos escaladores de alto nivel intentaron la ascensión de esta pared en solitario, según ha recopilado el propio Haley. Steve House se lanzó a ello en 1997, a través de la vía Bibler-Klewin, aunque se tuvo que dar la vuelta anticipadamente al comprobar que su sistema de autoaseguramiento no resultaba efectivo con las cuerdas congeladas. Dos años más tarde, Any Parkin lanzó dos ataques en solitario y en el segundo fue repelido por una inminente tormenta en la base de la segunda banda rocosa.

Dificultades de hasta AI4 y M4

Según narra Colin Haley en su blog, inició su ascensión desde el campo base del glaciar Kahiltna el pasado 26 de mayo, cruzando la rimaya a las 6:15 de la mañana. Los primeros largos de su escalada transitaron por una variante de la Björnberg-Ireland menos expuesta a la caída de seracs. “La ruta utiliza un puñado de rampas de nieve diagonales para conectar escalada moderada”, concreta el estadounidense, quien tuvo que superar un par de secciones de AI4 y el difícil largo de salida de la primera banda rocosa, cotado en M4.

A continuación, enlazó con la vía Deprivation para superar la segunda banda de rocas a través de una rampa de hielo relativamente sencilla, con una sección de AI4. Por encima de esa segunda banda rocosa, “básicamente enlacé con la vía Björnberg-Ireland, aunque en realidad tomé una línea algo más arriba y a la izquierda en varios tramos, en parte para reducir el riesgo de caída de seracs y también para evitar problemas con la rimaya del glaciar colgante al que se une más adelante”.

“Antes de enfrentarme al gran corredor que define la porción superior de la Björnberg-Ireland, me detuve a derretir nieve y tomar un breve descanso. Aunque me quedaba mucho camino por hacer, estaba ya muy cansado, no sólo porque mi vía requería largas travesías sino también porque también ejerzo mucha más energía cuando escalo en solitario, porque hundo mis piolets más en el hielo y en la nieve”, explica Haley.

Después de un esfuerzo a lo largo del largo corredor que se le hizo interminable, a través de pendientes que alternaban entre los 60º de nieve y los 60º de hielo quebradizo, los últimos 30 metros le exigieron excavar un túnel para atravesar la cornisa y salir a la arista hacia las 21:30 horas.

Plató somital

En la arista tuvo la sorpresa de encontrarse a los coreanos Seung Kwong Chung, Jongkwan Park, Gyutaek Jo y Jongil Park vivaqueando de regreso de la cima, con quienes compartió charla mientras derretía nieve y descansaba. Hacia las dos de la madrugada retomó el camino por la arista hacia el plató somital, aunque el cansancio extremo que acumulaba le llevó a detenerse justo en la base de la pirámide de cumbre y darse la vuelta desde allí, pensando en el largo descenso en solitario, con unos 50 rápeles, que tenía todavía por delante.

La suerte fue que, en el camino de regreso, encontró que los coreanos todavía se encontraban acampados en el mismo sitio. “Originalmente, tenía la firme decisión de bajar por mi cuenta, ya que no creo que una escalada en solitaria sea realmente en solitario si se desciende con otros. Pero llegados a este punto, yo sabía que había fallado en mi objetivo, así que elegí la salida fácil y rapelé la vía Bibler-Klewin con los coreanos”.

 

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