PATAGONIA 2001

Cerro Torre, cara este

Tras quince años meditándolo, se metieron de lleno y casi salen por arriba. Ermanno Salvaterra nos cuenta cómo se derrumbó el dominó…

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El aperturista cuarteto italiano - Foto: <a href="http://www.salvaterra.biz"> Ermanno Salvaterra</a>El aperturista cuarteto italiano – Foto: Ermanno Salvaterra

Llevábamos hablando de la cara este del CerroTorre desde 1985, cuando visitamos por primera vez el glaciar del Torre. Miamigo Andrea Sarchi fue el primero en exclamar ¡la Este! El día habíaamanecido increíblemente soleado, dándole a la pared un aspecto realmentefascinante, que no nos hizo sentirnos intimidados en absoluto. No obstante,habíamos ido a intentar la primera invernal de la Vía del Compresor de Maestri(que culminaron con Paolo Caruso y Maurizio Giarolli), así que decidimoscentrarnos en lo nuestro. Después no volvimos a hablar del tema, quizá porquelos días que pasamos en la pared durante la ascensión nos habían desanimadode alguna manera. Incluso Andrea no volvió a hablar de la cara este.

Al año siguiente, Andrea me sugirió meternos en la sur, pero a mí meapetecía más escalar en el grupo del Paine. ¡Y así lo hice! Andrea hizo elprimer intento a la sur del Torre (finalizado tras 300 m de escalada) mientras yo, con Giarolli y Orlandi, me fui alas Torres del Paine. Orlandi (quien hizo en 1984 el primer intento a la caraeste del Cerro Torre) firmó la primera solitaria de la Torre Norte, además de abrir antes Magicoest con Giarolli y conmigo en la Central. Fue al año siguiente, cuando los eslovenos Silvo Karo y Janez Jeglic completaron la primera ascensión de la cara sur del Torre, que bautizaron con el nombre de Via dell’ Inferno, siguiendo el gran corredor de la izquierda.

Por fin la este

En rojo, intento italiano de apertura en la este del Torre. En azul, la Egger/Maestri de 1959  - Foto: <a href="http://www.salvaterra.biz"> Ermanno Salvaterra</a>En rojo, intento italiano de apertura en la este del Torre. En azul, la Egger/Maestri de 1959 – Foto: Ermanno Salvaterra

Pasaron los años y mis objetivos cambiaron de escenario. Aún así, pasévarios días de mi vida en la cara Este intentando la primera ruta del 59, la Egger-Maestri.Durante uno de esos intentos, me cayó encima un enorme alud de piedras del quesalí sano y salvo, pero que me marcó psicológicamente: de haber caído unospocos metros más a la izquierda, ahora no estaría aquí contando estahistoria. Tiempo después, volví a tener ganas de hablar de la cara Este, cosaque hice con Andrea. Pero las cosas no fueron bien. Uno de nuestros amigos serompió un brazo justo antes de partir y tuvimos que posponer el viaje hasta elaño siguiente.

Octubre de 2001. Ahora estamos los cuatro amigos: Mauro Giovanazzi, WalterGobbi, Paolo Calza y yo. Ellos ya conocen la cima del Cerro Torre, estuvieron enella hace algunos años. Primero, disfrutamos en El Chaltén aprovechando uncorto periodo de buen tiempo, tras el que llegarían las aburridas tareas detransporte de material hasta los pies de la pared. Empezamos a escalar, pero siun día lo haces con buen tiempo, y te sientes como en casa, al otro te toca conmal tiempo, y sólo sueñas con estar en tu casa. Pero intentas aguantar siempreporque en Patagonia,como dicen los argentinos, «hay que tener la cabeza dura». En esosmomentos tienes que aguantar como sea, intentando encontrar la fuerza que tucompañero ya no tiene, aunque sigues preguntándote qué estás haciendo ahí,en un lugar donde ya has estado 19 veces.

Mal tiempo y mal tiempo

Ermanno Salvaterra, al mal tiempo bueno cara - Foto: <a href="http://www.salvaterra.biz"> Ermanno Salvaterra</a>Ermanno Salvaterra, al mal tiempo bueno cara – Foto: Ermanno Salvaterra

Estamos en la pared, dos hamacas, una bolsa con material, comida para 20días y mal tiempo constante. Pero es que en Patagonia, hay mal tiempo y maltiempo. Puedes tener condiciones meteorológicas con las que nunca pensaríasescalar si estuvieras en los Alpes, pero que aquí aprovechas al máximo.Siempre intentas hacer algo, aunque sólo subas unos pocos metros o apenas unlargo, pero siempre un poquito más arriba Y es que si te bajas, sabes quetendrás que volver a empezar desde cero. También puedes encontrarte con unascondiciones meteorológicas que no te permitan ir a ninguna parte, que teobliguen a encerrarte en tu tienda y compartir el escaso espacio con tucompañero, con la eterna esperanza de que la ráfaga de viento que acaba detambalear tu tienda sea la última.

Llevamos así dos días. Ya no sopla el viento, pero todo lo que hay fuera ydentro de la tienda está helado. Escasea el oxígeno, aunque sólo lo notamos al intentar encender el hornillo: no funciona. Decidimos entonces abrir un poquito la tienda. A mediodía siento unas ganas terribles de ir albaño. Inicio la larga maniobra que supone vestirse y, cuando estoy listo, abrola puerta y trato de salir. No es fácil, todo está helado. Aseguro mis pasossobre un peldaño del estribo. Salgo de la tienda y desciendo unos pocosmetros hasta situarme por debajo de la repisa. Con dificultad consigo encenderun cigarro mientras hago lo que había salido a hacer. Después, pongo elmosquetón en un peldaño del estribo y empiezo a subir….»Ermannoooooooo!!Escucho una voz aterrada llamándome. Me encuentro patas arriba sin saber cómopudo ocurrir: ¡me había mareado!

Intoxicados

La casa colgante de los italianos - Foto: <a href="http://www.salvaterra.biz"> Ermanno Salvaterra</a>La casa colgante de los italianos – Foto: Ermanno Salvaterra

Subo de nuevo por el estribo, y mientras me sacudo la nieve de la ropa, mesiento fatal y llamo a Walter. No veo bien, noto algo raro en mi cabeza, tengoganas de vomitar…Algunas caras desfilan ante mis ojos y Walter me mete dentrode la tienda. Se ocupa de mí como si fuese un niño y me calienta las manos.Pronto me encuentro mejor y a los pocos minutos incluso Walter tiene que sacarla cabeza fuera de la tienda, rápidamente y sin respirar. Yo me encuentro derodillas mientras le ayudo. De repente huele a gas. Me deshago rápidamente los dos cartuchos de gas culpables de nuestros males. Tras 15minutos, Walter empieza a recuperarse poco a poco, lo acuesto sobre mis rodillasy juntos empezamos a vivir nuestra vida fuera del mundo.

Estamos ya muy arriba en la vía. Por debajo de nosotros, 800 metros devacío. Hemos superado lo más duro y ahora ya sólo queda un centenar de metrospara divertirse, siempre y cuando el tiempo siga bueno. El cuerpo aún estábien, pero la cabeza se tambalea. Nos sentimos como unas piezas de dominoaguantando un precario equilibrio. Así es que, tras ocho días en pared y 85horas encerrados en las tiendas, una de las piezas del dominó pierde suequilibrio, y con ella, todas las demás piezas se van al suelo. Vuelta altítulo.

Ermanno Salvaterra


 
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