ESCALAN HASTA LA BASE DEL HONGO SOMITAL

Aventura en el Cayesh de José Manuel Fernández y Ruth Craven

Realizaron una difícil ascensión (450 m, WI4, M6, 6b) de la cara oeste de este monte de 5.721 m de la Cordillera Blanca (Perú). Se quedaron a 20 metros de la cumbre, en la base del hongo somital, que consideraron demasiado peligroso.

Autor: Isaac Fernández | 3 comentarios | Compartir:
Arista y cima del Cayesh (Cordillera Central)  (JM Fernández / R. Craven)
Arista y cima del Cayesh (Cordillera Central)

José Manuel Fernández llevaba un par de años alejado del alpinismo de primer nivel. El compañero de Álex Txikon en la primera invernal al Laila Peak (2013), regresó de su expedición a la Torre Sin Nombre y al K2 con Carlos Suárez (2015) fastidiado de la rodilla. Desde entonces, se ha ido recuperando sin prisa pero sin pausa.

Este verano ha querido dar el paso final de esa recuperación y comprobar si su cuerpo aguantaba. Planeó una expedición a los Andes con varios objetivos en un in crescendo de dificultad y exigencia. Llegó a Perú el 12 de julio. Aclimató ascendiendo en solitario el Urus (5.423 m), el Ishinca (5.530 m) y el Nevado Pisco (5.752 m). Luego saltó al Tocllaraju (6.034 m) en una cordada de tres, para a continuación subir al Huascarán (6.768 m) por la ruta del Escudo.

Esta última ascensión la realizó con Ruth Craven como compañera. El alpinista de Guadalajara conoció a esta escocesa afincada en San Sebastián, miembro del Equipo Femenino de Alpinismo, en Perú, gracias a un amigo común. “Fue tan bien esa ascensión y nos entendimos tan bien, que nos lanzamos a por el Cayesh”, explica José Manuel Fernández.

El Cayesh, la guinda del pastel

Para él, el Cayesh (5.721 m) estaba marcado como el objetivo final del viaje. “Si durante el mes de que disponía, conseguía hacer todo lo que me había planteado sin problemas con la rodilla, el Cayesh sería la guinda del pastel”, cuenta José Manuel y apunta que este pico es “como el Laila Peak de estas montañas, muy bonita, vertical, como una aguja”.

Así pues, se fueron a por la cara oeste del Cayesh en busca de la ruta normal alemana, que encontraron bastante pelada. “No había nieve, y en muchos tramos tuvimos que escalar en roca o incluso en mixto difícil, sobre un hielo hueco y con una protección escasa”, precisa José Manuel Fernández.


 

Ascensión exprés hasta la arista

La cordada realizó una ascensión muy rápida, en estilo alpino. Ruth y José partieron de la tienda en la base del Cayesh hacia las 3:20 horas de la madrugada; superaron las duras dificultades de la rimaya a las 4:30 horas y 8 horas más tarde, a las 12:30 horas sacaban la cabeza por la arista somital.

Nada más empezar, sin apenas tiempo para que despuntara el día, se encontraron con una de las secciones más exigentes: “Era casi noche cerrada, en la rimaya nos encontramos un paso bastante delicado de mixto duro. En el croquis pone que son dos largos fáciles de 60º, y nosotros tuvimos que escalar al menos M6 en hielo hueco”, advierte José Manuel Fernández.

La escalada fue fluida hasta llegar a la arista. “Escalamos la pared enlazando la vía alemana y la italiana, y luego hicimos dos largos de travesía por debajo de la arista hasta la base del hongo cimero, que no pudimos ascender debido a las malas condiciones del hielo. Estos dos últimos largos por debajo de la arista fueron bastante emocionantes con muchos hongos encima de nuestras cabezas”, resume el alpinista.

De hecho, para llegar a la arista, cuenta que “pasé entre dos hongos, con desplomes de hielo terribles por todas partes y grandes bloques que amenazaban caernos en la cabeza. Me abrí paso y pude ver al otro lado de la arista. Nos quedamos a unos 20 metros de la cima; sólo quedaba el mogote de hielo gigante, desplomado… no había quien lo escalara”.

Así pues, y después de más de una hora de infructuosa búsqueda del paso que diera acceso a la cima, tomaron la decisión de bajarse desde allí. “El primer rápel fue peligroso, y además empezaba a pegar el sol y a soplar viento…”, señala Jose, que también recuerda cómo durante la bajada se les enganchó una cuerda que les obligó a yumarear un largo entero. A las 17:30 horas de la tarde estaban definitivamente en la tienda.


 

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