EXPLORANDO

Ascensión al Cerro Ladrillero

Un reducido equipo de Al Filo de lo Imposible, acompañado por miembros del ejercito chileno y del Grupo Militar de Alta Montaña Español completaban el 22 de noviembre la ascensión al Cerro Ladrillero, en territorio virgen patagónico.

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Sebastián Álvaro y Antonio Perezgrueso en plena ascensión al Cerro Ladrillero.- Foto: Col. Sebastián ÁlvaroSebastián Álvaro y Antonio Perezgrueso en plena ascensión al Cerro Ladrillero.- Foto: Col. Sebastián Álvaro

Ya han regresado de ese fin del mundo que es la Patagonia y la Tierra de los Fuegos. Desde el extremo austral de América, territorio salvaje, explorable, incógnito para el hombre, donde rindieron homenaje, no sólo con la ascensión del Cerro Ladrillero, al explorador español que se fatigó y se aventuró por aquellas tierras vírgenes, Juan de Ladrillero.

Cinco siglos después de que dicho explorador dejara sus huellas, un puñado de alpinistas, Sebastián Álvaro, Esther Sabadell, Antonio Perezgrueso, Alberto Ayora, Emilio Verdasco, Joseba de Andrés (los tres últimos, miembros del GMAM) y 3 militares chilenos culminaba con éxito la ascensión de una cumbre que en su día avistarán el británico Fitz-Roy (capitán de la expedición de Ladrillero en 1832) y un naturalista todavía joven, y siempre intrépido, llamado Charles Darwin.

«Hemos tenido el privilegio de poder contemplar desde un lugar único el territorio que Ladrillero recorrió y estudió con minuciosidad, dando lugar al primer estudio hidrográfico, de costas, paisajes y habitantes del estrecho de Magallanes», comentaba Sebastián Álvaro, cuyo homenaje consistió en llevar hasta la cumbre una copia de una de las páginas que preserva el Archivo de Indias en Sevilla y que escribió Ladrillero allá por el siglo XVI. «En la cima de su cerro dejamos esa sencilla hoja de papel como homenaje a aquel auténtico aventurero animado por el afán de conocer más que el de conquistar», explicaba Sebas, conocedor de las inclemencias de la Patagonia, aunque no las sufriera junto al resto de expedicionarios a principios de diciembre, cuando un fuerte temporal les impidiese la cima del Cerro San Valentín, siendo evacuados y viendose obligados a trasladar al hospital a alguno de sus componentes por congelación.

La noche del 23 de noviembre, el primer grupo de la expedición regresaba a Punta Arenas, en el zurrón ya había caído la ascensión al Cerro, algo que lograban la mañana del día anterior. «En medio de una violenta tormenta de aire que nos hostigó sin parar toda la ascensión pudimos llegar a una de las cumbres más deseadas en estos últimos años. Su modesta altitud (1.820 metros por nuestro altímetro), no empaña el hecho de haber sido una de las cimas más sacrificadas que hemos realizado en la Patagonia».

Una tierra virgen y cambiante

Camino del Campo 5 del Cerro San Valentín.- Foto: Col. Sebastián ÁlvaroCamino del Campo 5 del Cerro San Valentín.- Foto: Col. Sebastián Álvaro

El trabajo de apertura no fue sencillo. «La parte inferior de la montaña, un bosque espeso y casi impenetrable y luego un pantanal en el que te hundías hasta por encima de la rodilla fue un auténtico calvario», aunque como reconoce Sebastián, la ascensión no resultó complicada técnicamente hasta el hongo cimero. «Sin embargo las condiciones del viento fueron durísimas hasta el punto de zarandearnos como peleles».

El trabajo sobre el hongo cimero requirió la escalada de dos largos delicados, sobre mala nieve y hielo, cuya ascensión fue liderada por Emilio Verdasco. Y es que el trabajo de Emilio, el del teniente coronel Alberto Ayora y el del comandante José Maria resultaban vitales para la expedición. Los militares chilenos, Roberto González, el teniente Felipe Verdugo y Daian, Chorto, han acompañado y empujado en los momentos claves. «Su trabajo no sólo simboliza la importante ayuda de los chilenos en el confín de la Tierra, sino una ascensión solidaria a un cerro que simboliza lo mejor de la gran aventura hispana en esta parte del mundo».

La cima presenta el aspecto de un colmillo, afilada en su punta, erguida en una tierra desolada. Su ascensión y regreso les llevó más de 16 horas. Cuando asomaban el día 23 por el Campo Base, Sebastián Álvaro cumplía 57 años. «Sólo la vista de este paisaje justifica cualquier sufrimiento y explica el embrujo que ha ejercido sobre tantos hombres a lo largo de la historia. Al anochecer, cuando las cimas enrojecen como brasas y las nieves se tiñen de púrpura, nuestra montaña, sumergida ya en las sombras, se elevan como una torre gigantesca hasta ocultarse entre las nubes, misteriosa e inexplorada». Sin duda, la aventura fue un buen regalo. Han sido los primeros en pasar por aquel lugar, aunque por confirmar queda si es la primera ascensión completa al Cerro, ya que unos americanos presentaron una fotografía muy cerca de la cumbre.

Fuente: Sebastián Álvaro

 

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