EXPLORANDO

Andrés Zegers realiza la primera travesía del cordón Plomo-Paloma

El alpinista chileno se queda cerca de casa para completar una cabalgada de casi 31 horas non-stop con ascensiones a los cerros El Plomo (5.424 m), Litoria (5.352 m) y La Paloma (4.910 m).

Andrés Zegers durante la travesía del cordón Plomo-Paloma (Andes chilenos)  (Andrés Zegers)
Andrés Zegers durante la travesía del cordón Plomo-Paloma (Andes chilenos)
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La creatividad que Andrés Zegers imprime a sus actividades montañeras despierta a menudo el interés de los aficionados más curiosos de la comunidad alpinística. El chileno ya fue noticia hace un año por la nueva variante de la Ruta Francesa Directa de la cara sur del Aconcagua (6.929 m) que abrió con Andrea di Donato. Ya en primavera, destacaba la nueva ruta abierta en la cara oeste del Sajama (6.542 m), en Bolivia. Y todavía en verano batía el récord de velocidad en la ascensión a la cara oeste del Huayna Potosí (6.088 m), en la Cordillera Real boliviana.

Esta vez, Zegers no ha viajado tan lejos para completar una actividad andina de cierta relevancia. De hecho, se fijó en el cordón montañoso que cierra el horizonte de Santiago por el este, con la intención de realizar la travesía completa de sus picos de más de 5.000 metros, algo que no se había hecho nunca anteriormente, según sus investigaciones. El plan de dicha travesía incluía cuatro cerros: El Plomo (5.424 m), Litoria (5.352 m), Altar (5.180 m) y La Paloma (4.910 m).

Ante la ausencia de compañeros dispuestos a acompañarle, Andrés Zegers optó por emprender la acción en solitario y sin paradas.

El Plomo y Litoria

La aventura comenzó en el bike park del centro de esquí La Parva, a una altura de unos 3.100 m, el 26 de febrero pasado. Diez minutos antes de las dos de la madrugada, el montañero chileno remontaba las pistas de esquí, para luego perder altura hasta el refugio Agostini, donde descansó durante media hora antes de tomar la ruta normal del cerro El Plomo cuando ya clareaba. Pasadas las nueve y media de la mañana, alcanzaba la cumbre sin mayores contratiempos.

La segunda etapa prevista en su cabalgada era el Litoria, al que se aproximó descendiendo por el glaciar Esmeralda. Tras derretir nieve en la base de la montaña, inició el ascenso abriendo huella por nieve profunda que pronto se transformó en un hielo cristal que alternó con roca hasta la misma cumbre.

En los 5.352 metros de la cima del Litoria empezó el tramo clave de la travesía para Zegers, cuya intención era descender la nunca antes escalada cara norte del Litoria. “Si bien pensaba tomar algunos canalones de nieve y poder rapelar, no fue así y, debido a la escasez de nieve y a la pésima calidad de la roca, me vi obligado a desescalar mayoritariamente sin ninguna protección, en una escalada ‘fácil’ pero sin duda de las más delicadas de mi vida”, comenta el propio alpinista chileno.

Rodeo al Altar

Las dificultades inesperadas no se acabaron allí. A continuación, la ascensión al cerro Altar se reveló inviable “debido a que la canaleta que pretendía subir no se encontraba en condiciones y a la caída de piedras”, justifica Andrés Zegers, que tuvo que realizar, en cambio, un larguísimo rodeo atravesando “kilómetros y kilómetros de infernales penitentes para finalmente subir La Paloma”. En ese tramo, las sorpresas desagradables parecían no tener fin, y Zegers tuvo que reponerse de dos preocupantes caídas al agua cuando el hielo se quebró bajo sus pies.

La llegada de la noche lo atrapó en la base de La Paloma, donde esperó a la salida de la luna para continuar adelante con la ascensión, dificultada por el inestable terreno que no le permitía avanzar con fluidez. Tras recorrer la arista cimera, subir sus varias cumbres y alcanzar la cima de La Paloma durante la madrugada, la extenuación se apoderó de Zegers en el descenso, en el que tuvo que tomarse un par de descansos de unos 40 y 30 minutos respectivamente.

Después de 30 horas y 53 minutos, poco antes de las nueve de la mañana, Andrés Zegers completaba el recorrido de la travesía del cordón en el estacionamiento de Villa Paulina. Detrás de él quedaban 42 km de recorrido total, con unos 3.700 m de desnivel positivo y 4.600 m de desnivel negativo.

 

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