LA HISTORIA DE

Wanda Rutkiewicz, la fuerza vital y creativa de una mujer adelantada a su tiempo

Hace 79 años, el 4 de febrero de 1943, nacía Wanda Rutkiewicz. «Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad», escribió Ana María Matute, y sin duda Wanda inventó una vida propia. 
La recordamos con este bellísimo texto escrito por Pati Blasco en el que nos transmite lo que representó esta mujer adelantada a su tiempo, que no se doblegaba ante los cánones que la sociedad había escrito para ella.

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Wanda Rutkiewicz
Wanda Rutkiewicz

La vida de Wanda es una historia de destrucción y dolor y, a la vez de la fuerza vital y creativa de una mujer adelantada a su tiempo. Una vida pionera e inspiradora que relata el libro La historia de Wanda Rutkiewicz. En los límites de la vida, editado por Desnivel.

Inventar la vida 

«Moriré en la montaña», decía Wanda Rutkiewicz. Y mantuvo su palabra. El 12 de mayo de 1992 se esfumaba en el Kangchenjunga. Tenía que ser su noveno ochomil. Nadie presenció su muerte, nadie oyó sus últimas palabras, nadie encontró su cuerpo. Su desaparición, como tantos otros sucesos de su vida, a día de hoy sigue siendo un misterio.

Un misterio que en este libro la escritora Anna Kamińska va desvelando con compromiso detectivesco y perspicacia periodística. A partir de documentos, fotografías y recuerdos de sus seres más queridos —que por primera vez han accedido a ser entrevistados— y de gran parte de las voces del alpinismo polaco, bien entrevistadas por ella o sacadas de antiguas declaraciones, consigue algo más que una biografía: descubre las facetas desconocidas de Wanda, y el concepto global que te queda de su vida es mucho más que la suma de las partes que la componen.

Es complicado contar la historia de Wanda Rutkiewicz sin saber nada sobre el destino de su padre, de su hermano, de su tío, sin hablar de guerras, exilio, comunismo, muertes trágicas, miedo. Sobre todo es difícil contar su historia sin poner en el centro el dolor y la destrucción y cómo, a pesar de ello, Wanda sacaba la fuerza vital y creativa para inventar la vida, una vida habitable y emocionante. 

La biografía de Wanda Rutkiewicz

La historia de Wanda Rutkiewicz

En los límites de la vida

Una infancia de dolor, escasez emocional y precariedad económica

Leyendo su biografía me pregunto hasta qué punto una infancia de dolor, escasez emocional y precariedad económica puede marcar tu carácter. En las primeras páginas vas conociendo a esa niña triste y madura, que tuvo que asumir mucho más de lo que le tocaba, que quizá se pasó la vida buscando el amor de sus padres en cualquier rincón, puede que también en las cimas más altas. 

«Wanda decía abiertamente que su padre siempre fue el motor de todas las empresas de su vida —explica Barbara Grabowska—. Era él el motivo de su ambición, de su lucha por el éxito y de su impulso hacia las cimas».

En algún momento tenía que pasar que acabara escalando montañas. Desde niña trepa por los marcos de las puertas, las farolas de las calles, las ruinas de su ciudad o los árboles de los parques. Desde niña lucha a diario por sobrevivir y saca el mejor partido a todos sus recursos. Tuvo que madurar rápido, cargando con el peso de un entorno familiar complicado.

Desde muy pequeña estudia, hace la compra, pela patatas, no pierde de vista a su hermana, cambia a su hermano y cuida de los dos en el patio y en casa. En el libro aparecen unas declaraciones en las que cuenta que su infancia fue demasiado corta y que, quizá por eso, todavía anda de viaje, de expedición en expedición, sin tomarse la vida en serio como el resto de la gente. Aun así la vida siempre eligió papeles protagonistas para Wanda. El primer hijo de la familia en ir a la escuela, dos años antes de lo que le correspondía por su edad. La primera persona de la familia que se ocupó de su casa en ruinas.

La primera mujer en escalar la pared de la Aiguille du Grépon. La primera mujer en escalar el espolón del Trollryggen. La primera mujer en escalar el K2. La primera ascensión polaca y femenina europea al Everest. La primera… Estudió electrónica porque le fascinaban los robots, se habían convertido para ella en el preludio de un nuevo mundo, ya no solo un elemento de la literatura de ciencia ficción. «Me fascinaba la palabra “cibernética” y alimentaba la curiosidad con libros sobre el tema o yendo a clases de prueba. Pensaba que ante mí se estaba abriendo un mundo de posibilidades inesperadas —explicaba años después de elegir aquella facultad—. Para mí esos estudios aparentemente técnicos escondían un gran romanticismo, una liberación y una rebelión contra todo lo establecido».

Así era Wanda: valiente, original y libre.

Fue jugadora profesional de voleibol y gran alpinista. Cuando no se sentía valorada hacía todo lo posible para demostrar que era la mejor, Wanda solía repetir que para ella eso era como gasolina para vivir. 

«Era muy buena estudiante, con aptitud, no tenía que pasarse horas delante de los libros y era muy buena con las matemáticas —recuerda Barbara Jakacka—. Y, por supuesto, se le daba genial la gimnasia, siempre llena de energía. En séptimo hicimos una excursión a los montes Stołowe con nuestra tutora y profesora de matemáticas, la señorita Stępień, y con unas cuantas madres de compañeros de clase. Subimos despacio. Las madres iban cuidando de que nadie se cayera en una grieta. Llegamos a la cima, miramos hacia abajo y vemos a Wanda montando un caballo a pelo. Estaba tan fuerte que subió mucho antes que nosotros, vio que abajo había caballos, bajó y se montó en uno. El hecho de que se subiera a uno y lo montara a pelo, a lo chico, indignó a las madres y a la profesora. ¡Fue todo un escándalo! Así era Wanda: valiente, original y libre, ¡yo la admiraba!».

Y a la vez con esa valentía y determinación convivía una Wanda frágil que se comportaba como una niña en la niebla. «Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad», escribió Ana María Matute, y sin duda Wanda inventó una vida propia. 

La biografía de Wanda Rutkiewicz

La historia de Wanda Rutkiewicz

En los límites de la vida

Rehacerse en las montañas

Desarrolló la mentalidad de una exploradora, el talento de una inventora y el ansia de una creadora. Fue capaz de sacar algo de la nada. En medio de problemas sociales y familiares se dio cuenta de que las montañas podían rehacerla.

Cuando Wanda escalaba en Morskie Oko, en el refugio había un montón de fiestas que duraban hasta el amanecer. Los escaladores dormían apiñados y algunos salían por la mañana a la montaña. Alguien tocaba la guitarra y cantaban canciones siberianas, o quizá había una casete en el que sonaba Vysotski. El entorno de la escalada en aquella época era toda una subcultura. Había estudiantes, licenciados y balas perdidas. Durante el gris comunismo aquel grupo suponía un entorno tremendamente atractivo. «Para nosotros la montaña era la forma de poder sobrevivir en una realidad que no se adaptaba a nosotros, era una huida de lo cotidiano».

En los años ochenta la casa de Wanda era un punto de encuentro de gente peculiar: Andrzej Paczkowski, el famoso físico Włodzimierz Zawadzki o toda la tropa de escaladores. «Wanda era libre, vivía como quería —cuenta su amiga Ewa—. Durante el gris comunismo, alguien que no tuviera que ir a trabajar con un horario establecido y se estuviera yendo al Himalaya todo el tiempo era una excepción, alguien de un tremendo atractivo y muy afortunado. Esa vida era un lujo».


 

Cuando era consciente de que podía morir, saboreaba la vida

Y cuanto más dura era su vida, más arriesgaba en la montaña: «Cuantas menos fuerzas para vivir, más ganas de jugar con la muerte». Decía que solo entonces, cuando era consciente de que podía morir, saboreaba la vida. 

  «“La actividad liquida el miedo”, solía argumentar cuando le preguntaban sobre cómo superaba el miedo y el cansancio, y mantenía la calma, y hablaba de ello como uno de los motivos por los que iba a la montaña». En 1982, Wanda hizo la aproximación hasta el campo base del K2 caminando con muletas, «siempre la motivaron los problemas, las caídas y los fracasos —se ríe Barbara Grabowska—. La hacían reaccionar. Cuando no se sentía valorada hacía todo lo posible para demostrar que era la mejor». Cuando había problemas solucionaba cada asunto como un rayo, lo que llenaba de admiración a quien estaba a su alrededor. «Una vez iba andando por un parque para devolverle dinero a alguien y un tipo le robó el bolso. Ella se quitó los zapatos (ese día llevaba tacones con la punta de metal) y se puso a seguir al ladrón corriendo descalza por el parque. Estaba tan enfadada con el ladrón, lo persiguió con tal determinación, que del miedo terminó él tirándole el bolso, y todo acabó bien».

La biografía de Wanda Rutkiewicz

La historia de Wanda Rutkiewicz

En los límites de la vida

Alpinismo femenino

Que Wanda hablara de alpinismo femenino, o que se plantease ascender un ochomil en cordada femenina en los años sesenta no era algo que se aceptase con mucha apertura, quizá porque las mujeres llevaban toda la vida apuntándose a iniciativas que promovían hombres, yendo a expediciones que organizaban hombres, y ellos no estaban dispuestos a devolverles la invitación. 

Wanda es la primera mujer entre los alpinistas de Polonia en planear una expedición femenina de alta montaña. El fruto de aquella idea es la expedición de mujeres que organiza a principios de los años ochenta al K2 y, antes, a los Gasherbrum. Su lema «Mujeres a las cumbres», no fue algo que naciera de repente. Ya en los años sesenta Wanda hablaba de las mujeres en la alta montaña. Su inspiración viene, entre otras cosas, de su participación en un encuentro internacional de mujeres alpinistas en Europa Occidental, lo organizó la austriaca Felicitas von Reznicek, una de las primeras mujeres en practicar escalada. En Polonia la idea de expedición femenina dio a luz con dolor. Los hombres se mofaron de ella desde el principio. Según declaraciones de Kukuczka «Wanda fue la precursora del alpinismo puramente femenino. Consideraba que escalar en equipos mixtos era denigrante para las mujeres, que les quitaba la oportunidad de demostrar que eran capaces de hacer lo mismo que los hombres». Puede que esa fuera su motivación y también que necesitase cierto apoyo, amistad, igualdad… en un ambiente en aquellos tiempos duro y espeso para una mujer sola, por ejemplo con la alpinista polaca Ewa Panejko-Pankiewicz, con quien hace la primera femenina al G-I, se entendía muy bien tanto en la montaña como en la vida. En los descansos entre expediciones Wanda iba a visitarla o, cuando no podía dormir, la llamaba al amanecer para charlar.

Supongo que en el mundo competitivo de la montaña se debía sentir muy sola y ella le daba importancia a las amistades que nos salvan de los duros insomnios. 

A Wanda la envidiaban hasta por sus sueños

«Antes de conocernos más en profundidad —cuenta Ewa Panejko-Pankiewicz—, los alpinistas que habían ido con ella a la montaña me metían miedo con que Wanda caminaba hacia sus objetivos sobre cadáveres. Me decían: “Ten cuidado con Wanda”, lo que significaba: “Wanda te va a matar” o “Wanda lleva la muerte en los ojos”. Resultó ser una completa estupidez. Confiaba en ella al cien por cien. Creo que aquellas palabras surgían de la envidia. Wanda era excepcionalmente ambiciosa en la montaña, tenía talento para realizarse en el alpinismo y superaba a sus compañeras y compañeros en cada faceta. En el entorno se podía sentir que los escaladores la envidiaban por todo. Siempre repito que a Wanda la envidiaban hasta por sus sueños. Era una visionaria, una persona que conseguía lo que se proponía. Ella sola decidía sus objetivos, sus deseos y toda su vida. Y muchas personas no podían soportar que ella diseñara sus empresas, hiciera lo que quería y encontrara la forma de vivir la vida que soñaba».

La biografía de Wanda Rutkiewicz

La historia de Wanda Rutkiewicz

En los límites de la vida

Con cada montaña…

Le gustaba leer a Sylvia Plath y escuchar a Jean-Michel Jarre, Vladimir Vysotski y Vangelis. La imagino sola en su piso, seguramente sometida a una presión (visible e invisible) tremenda, porque no se doblegaba ante los cánones que la sociedad había escrito para ella. Wanda explicaría veinte años después de su boda con Wojciech Rutkiewicz : «Me casé, en primer lugar, porque estaba enamorada, y en segundo lugar, porque me parecía que casarse y tener hijos era una de mis obligaciones vitales. Pero resultó que aquello solamente era una impresión. No fui capaz de someterme ni de desempeñar ese rol que se presuponía». 

Cuando Wanda vuelve de la montaña suele ir a casa de los Zapendowski. «Decía que le gustaban los ambientes donde olía a pastel en el horno, donde se hacían mermeladas y los niños corrían alrededor».

¿Te crees, que me voy a morir en la cama?

La última época de Wanda en la montaña fue bastante solitaria y controvertida. En 1989 se plantea el proyecto la Caravana de los Sueños, que consiste en ascender los catorce ochomiles. «El proyecto y la idea eran buenos, pero Wanda quería llevarlo a cabo en un periodo de tiempo demasiado corto —comenta Krzystof Wielicki. Un año era una exageración. Se podía hacer pero de otra forma, más despacio, con ayuda de compañeros y sherpas, pero Wanda quería conseguirlo sin su ayuda, en el mejor estilo posible. Yo la observaba por aquel entonces y veía que su salud se deterioraba. Se volvió lenta en la montaña y allí arriba la velocidad es lo más importante. En su entorno todos sabíamos que aquello podía acabar mal».

Soledad. Caminar hacia el desastre. Alguna vez todos podríamos preguntarnos cómo desearíamos morir. Es una pregunta que parece infantil pero que profundamente revela hacia donde nos encaminamos. 

«—Wanda, ¿cómo te imaginas tu vida en el futuro, vas a estar así siempre, hasta el final de tu vida, yendo a la montaña?

—¿Qué te crees, que me voy a morir en la cama?».

Ni ángel ni demonio, ni fuerte ni frágil, ni social ni solitaria, ni elegante ni ruda… Wanda era mucho más que cualquiera de esas etiquetas, como suele pasar con cada persona, diversa, cambiante, como se adivina en este relato plural y lleno de claroscuros o de opiniones directamente enfrentadas sobre su protagonista lo que, desde mi punto de vista, le da mucho valor y credibilidad.

Dicen que no acabó de encontrar su lugar en la vida, en el mundo que le tocó vivir, esa niña en la niebla, que busca, ávida y enérgica, el camino que le lleve hacia el sol. 

Me pregunto por qué a lo largo de la historia las mujeres que han decidido desafiar lo establecido han pagado un precio alto, de dolor, niebla y dualidad: esas altas montañas y esa casa que huele a pastel al horno… me pregunto si desaparecer en el Kangchenjunga no es un final como cualquier otro, o si quizá no fue un final.

«Wanda vive», decía Maria casi veinte años después de la desaparición de su hija en la montaña. No se sabe si llegó hasta sus oídos la noticia sobre Wanda que unos turistas que acababan de volver de un trekking en el Himalaya llevaron hasta Celina Kukuczka (la mujer de Jerzy Kukuczka), contando que habían visto a una figura que les recordó a Wanda Rutkiewicz en un convento del Tíbet. Una mujer arrodillada que, según ellos, tenía la silueta de Wanda, pero no se le veía la cara. No se sabe si estaba callada y en silencio, o si repetía sonriente el mantra: «Con cada montaña comienza una nueva vida».

La biografía de Wanda Rutkiewicz

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En los límites de la vida


 
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