EXPLORANDO

Reflexiones de Ángel López «Cintero»

A sus setenta años, y todavía en activo, Cintero se sincera y nos deja conocer su filosofía sobre las montañas de ayer y cómo ha evolucionado hasta hoy.

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Ángel López en la Librería Desnivel- Foto: Darío RodriguezÁngel López en la Librería Desnivel- Foto: Darío Rodriguez

¿Cómo os iniciásteis en la escalada?
Fue una derivación del excursionismo. Empezamos como casi todos los jóvenes de aquella época, con el frente de juventudes que era el único camino lógico para conseguir los recursos para salir a la montaña. Tuvimos también el privilegio de ser los sucesores de dos grandes de Aragón como eran Serón y Millán, que fueron los que introdujeron la escalada de dificultad en España y nos enseñaron lo poco que sabían.

¿Qué conocimientos técnicos tenían en aquella época?
Pues ellos manejaban algo la doble cuerda a la antigua usanza. Generalmente eran cordadas de tres, más lentas y seguras y un pitonaje bastante ligero.

Empezaste a escalar muy joven…
Sí, en la normal del Puro contaba con 17 años. Esa normal que Rabadá no repetiría pues se quedó tan impresionado que no quiso volver a esa vía. Luego abriría la norte con Navarro.

Rabadá, dentro de vuestro grupo ¿fue un hombre revolucionario?
Sí, ya sobresalía por ser un hombre avanzado en la época, soñador, siempre buscando vías nuevas, con vías directas. Su complemento ideal vendría con Navarro, más tardío que nosotros, que se uniría tras el servicio militar. Era un hombre bajito, muy ágil, se combinaba muy bien con Rabadá que era la fuerza y además Navarro era más sencillo de convencer para empresas realmente arriesgadas.

¿Cuál fue la vía que más os impresionó de las que abrieron en aquella época?
Quizá la cara sur del Torreón del Firé en Riglos. Fue en el año 61; nos costó cuatro días ya que su vía no era muy recta ni directa. No quisieron burilar. Tenía un recorrido sinuoso y con los tacos o cuñas de madera pequeños (invento de Rabadá). Yo lo estuve viendo en la cumbre, con 21 años. Estaba ligeramente retirado pues me acababa de casar (con la hermana de Rabadá) e hicimos un vivac en la cumbre, con bastante poco material también. A la cima llegaron extenuados. Se les veía la cara delgada y las huellas de los días penosos que pasaron.

«Cintero» y Félix Méndez- Foto: Darío Rodriguez

¿No quisieron burilar?
Era quizá una ofensa a la montaña. Los primeros que pusieron sería en la travesía del Naranjo de Bulnes; en el Firé no pusieron ninguno. En la del Naranjo pusieron cinco o seis, porque sino era imposible.

¿Cómo ves el hecho de colocar buriles, sobre todo en las vía clásicas?
Hombre cada escalador, sobre todo los antiguos, tiene su propia filosofía. Actualmente a mí me han dado mucha vida las vías equipadas, pues con esta edad (70 añazos) el cuerpo es más frágil en una caída. Hemos reducido el riesgo. Ahora, para realizar una vía por primera vez aún estoy anclado en el sistema antiguo, utilizar las presas naturales y alguna clavija, cuñas o pitonisa. Yo en mis aperturas no los he empleado nunca.

¿Cómo os marcó la desaparición de Rabadá y Navarro?
Nos marcó muchísimo. Primero fue Bescós, catorce días, después del Puro. Además estábamos con él cuando sucedió, su hermano y yo. Tuvimos que enfrentarnos a un rapel, sabiendo que su cuerpo se encontraba abajo, por la rotura de una clavija. Luego con los años, en el Eiger es cuando murieron Rabadá y Navarro y el grupo se quedó desmembrado. Éramos el grupo de la década prodigiosa, como decías en la revista.

Ángel López y Antonio García Picazo- Foto: Darío RodriguezÁngel López y Antonio García Picazo- Foto: Darío Rodriguez

¿Cuál es tu visión de la escalada? De verla como la viviste en los 50 a como es hoy…
Ahora veo que ha tenido una progresión enorme, sobre todo en material y en la preparación de los escaladores. No estoy muy de acuerdo con el nombre de la escalada deportiva, que la admiro y tengo muy buenos amigos que la practican, pero por el entrenamiento y por los lugares donde a veces se practica creo que tiene más que ver con la gimnasia y el circo. No tiene mucho que ver con la montaña. Se ha perdido la poesía, la filosofía de la montaña, el encanto primitivo cuando no estaba tan masificada. Hay una gran progresión económica también. Ahora hay gente que vive de la montaña, se pasan el día entrenando, realizando expediciones, yendo a macizos. Son expediciones muy desprestigiadas, sobre todo las del Himalaya, por las facilidades de las cuerdas fijas, por la masificación.

¿Qué personajes te han marcado especialmente dentro del mundo de la escalada?
Aparte de lo que leíamos de los antiguos guías de Chamonix, como Rebuffat…de Zaragoza fue gente como Montaner, Rabadá y Bescós, que aunque le conocí poco, creo que fue un pionero y un innovador en las técnicas.

Cuando llegásteis a la cima del Puro, cantásteis el “Cara al Sol” y lo nombrásteis como Pico de Francisco Franco…
Eso fue cosa de Bescós. Pensó que con eso se podría sacar “tajada”; no lo hicimos por nada más. Pero aquello no prosperó y jamás se ha vuelto a nombrar. En el pueblo teníamos un alcalde franquista y en esos tiempos las noticias volaban y te facilitaban las cosas.

Las canciones eran algo que hacían mucha compañía y muy cotidianas en la montaña…
Estaba la clásica de Montañas Nevadas, aunque yo no cantaba mucho porque no tenía voz para ello. Montañeros de Aragón era una copia del ritmo del Barril de la Cerveza, que hablaba de los montañeros, de gente brava. Música alpina. Además los viajes en tren eran eternos.

Hay algún libro que te haya influido especialmente
Quizá los clásicos, como “Estrellas y Borrascas” de Rebuffat, que nos traía cosas muy lejanas, muy hermosas y muy difíciles para nuestra época o algún librillo sencillo como «Viaje a la Sierra de Guara» , que es un encanto de libro. Me alegro que me preguntes, porque de no tener literatura de ningún tipo a ver esta casa con literatura de todo el mundo, tantos libros que no se podrían leer en una vida. Es un gusto ver tantas páginas y tantas revistas con todos estos temas.

 

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