HISTORIAS DE LA HISTORIA

Pierre Allain (1904-2000), de Fontainebleau al Karakórum pasando por el Petit Dru

Este parisino de nombre poco conocido fue uno de los pioneros del bloque en Fontainebleau, realizó la primera ascensión de la cara norte del Petit Dru y participó en la primera extedición francesa a un ochomil. La vida le dio también para varios inventos de material de escalada.

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Pierre Allain en los Alpes
Pierre Allain en los Alpes

Pierre Allain no es de los primeros nombres que vienen a la cabeza cuando se habla de los alpinistas más influyentes de la historia. De hecho, para muchos, quizás es un nombre desconocido u olvidado. No obstante, quizás debería estar ahí. Y es que la vida de este parisino nacido en 1904 fue larga y provechosa: como pionero de la escalada en bloque en Fontainebleau, como alpinista puntero autor de numerosas primeras entre las que destaca la de la cara norte del Petit Dru (una de las seis caras norte clásicas de los Alpes), como himalayista miembro de la primera expedición francesa a un ochomil e incluso como inventor de material de escalada.

Prolífico inventor

Solamente por este último aspecto, Pierre Allain ya merecería un capítulo propio en el libro de la historia de la escalada. Entre 1934 y 1935, llegó a abrir en París una tienda donde vendía los artículos de escalada que inventaba.

Su calzado de escalada PA fue el primer prototipo de pies de gato del que se conoce la existencia. Se lo hizo en 1935, añadiendo suelas de goma a unas alpargatas, aunque su comercialización no llegó hasta 1948.

También de su creatividad de 1935 surgió el concepto de prendas de plumas (duvet), como el saco de dormir, la funda de vivac o el plumón, que fueron desarrollados posteriormente por numerosos fabricantes y se convirtieron en el estándar para noches frías en alta montaña.

Introdujo mejoras en los mosquetones, utilizando una aleación ligera de duraluminio que redujo su peso a la mitad y perfeccionando su diseño y resorte.

También inventó los primeros aparatos descensores (1943), que evitaban el roce de la cuerda con el cuerpo del escalador, aunque su uso no se generalizó hasta un par de décadas después debido a la desconfianza que generaban entre la comunidad.

Tuvo el ingenio incluso de concebir un descensor de gancho con resorte, para recuperar la cuerda después de un rápel y facilitar así la utilización de una cuerda simple al rapelar en lugar de hacerlo con cuerda doble, aunque su delicado uso nunca caló entre los alpinistas.

Pionero del búlder

Pierre Allain fue alpinista, pero por el camino se convirtió en un pionero de la escalada en bloque, que practicó como entrenamiento en Fontainebleau durante las épocas que pasaba en París, lejos de los Alpes. Formó parte de los Bleausards, el histórico grupo de jóvenes escaladores que dinamizó la escalada en el bosque durante las décadas de 1920 y 1930.

Suya es la firma de líneas como Angle Allain, un problema de 5C que resolvió en 1935 en el sector Cuvier Rempart con sus pies de gato PA y que todavía mantiene su vigencia hoy en día. En 1946, realizó la primera repetición de Marie-Rose, el primer 6A conocido, después de la primera ascensión de René Ferlet.

En 1948, Pierre Allain publicó Alpinisme et compétition, donde teorizaba sobre todo lo que aportaba la escalada en Fontainebleau para la preparación de los alpinistas de París. Tanto por el entrenamiento de la “dificultad pura” como por “el juego apasionante en sí mismo”. Y comparaba la excitación por escalar las líneas de cuatro o cinco metros del bosque con las clásicas de las grandes paredes de los Alpes.

Padre del alpinismo moderno

Alguno de sus coetáneos calificó a Pierre Allain como el primer alpinista moderno. Y es que su aplicación de las técnicas de gestualidad obtenidas en Fontainebleau, unidas al uso de la goma en las suelas de su calzado de escalada, le permitieron llevar la dificultad a un nuevo nivel en la roca alpina ya en los años treinta.

El máximo exponente de ello fue la primera ascensión con Raymond Leininger de la cara norte del Petit Dru, considerada en aquel momento de 1935 como lo más difícil escalado en los Alpes y una de las seis caras norte alpinas clásicas. De hecho, el tramo conocido como la fisura Allain (6a) suele evitarse por su dificultad y exposición elevadas.

En 1938, se quedó muy cerca de completar también la primera ascensión de la cara norte de las Grandes Jorasses a través del Espolón Walker, que los italianos de Riccardo Cassin se anotarían días después. Pierre Allain hizo la tercera ascensión en 1946, con Guy Poulet, René Ferlet y Jacques Poincenot.

Sus primeras ascensiones se reparten principalmente en los macizos alpinos de Les Écrins (Pic Sans Nom, La Meije)  y del Mont Blanc (Aiguille du Fou, Dent du Caïman, Dent du Crocodile, Grands Charmoz, Petits Charmoz, Aiguille de Blaitière). La primera de la cara oeste del Blaitière, que realizó con Auguste Fix en 1947 e incluía una fisura desplomada que cotaron de 6 sup –el grado máximo de la época–, volvió a ser considerada como la vía más difícil en roca de los Alpes, según la opinión de Lionel Terray y Louis Lachenal, autores de la primera repetición.

Hasta sus 60 años no se instaló definitivamente en Chamonix y se sabe que, al menos hasta después de cumplir los 80 años, no dejó nunca de escalar.


 

Primera expedición francesa a un ochomil

Sus logros en los Alpes y especialmente la notoriedad obtenida gracias a la primera ascensión de la cara norte del Petit Dru le dieron a Pierre Allain una plaza destacada en la primera expedición francesa a un ochomil. Se organizó bajo la dirección de Henry de Ségogne entre marzo y julio de 1936, con el Gasherbrum I (8.080 m) como objetivo, después de que las autoridades locales les negaran el acceso a Nepal.

Fue una aventura épica de principio a fin, que contó con 700 porteadores para llevar todo el material necesario a lo largo de la travesía del Baltoro. Lograron instalar el campo base (5.000 m) el 26 de mayo, pero se les terminó haciendo tarde. Con Pierre Allain a la cabeza, llegaron a montar un campo 5 a casi 6.900 metros el 21 de junio. Con el monzón encima, tuvieron que retirarse.

Pierre Allain volvía a figurar entre los alpinistas con plaza segura para la expedición al Annapurna de 1950 que a la postre conseguiría la primera cumbre a un ochomil. Sin embargo, unos problemas de salud sufridos en aquella época lo dejaron en casa.


 

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