UNA HISTORIA DE AMOR Y ALPINISMO (II)

Nives Meroi y Romano Benet (II): “No queremos delegar en otros la responsabilidad de nuestra vida”

Tienen estilos diferentes pero el conjunto funciona con precisión. La energía irrefrenable de Romano Benet se compensa bien con el carácter metódico de Nives Meroi. Forman un equipo equilibrado dentro y fuera de la montaña. Destacan por su forma de hacer alpinismo en pareja, pero sobre todo por su visión del alpinismo en estilo alpino, dependiendo siempre de ellos mismos.


Darío Rodríguez | No hay comentarios |

En la primera parte de esta larga conversación que mantuvimos con Nives Meroi y Romano Benet en la Librería Desnivel hablamos de cómo la montaña les dió las herramientas para superar juntos la grave enfermedad de Romano. Una enfermedad (aplasia medular severa) en que fracasaron todos los tratamientos y que sólo superó tras un segundo trasplante de médula.


En esta segunda parte de la entrevista profundizamos en su visión del alpinismo. Nives y Romano no destacan solo por compartir una historia de amor y alpinismo, que les ha llevado a un recórd único y bellísimo: realizar nada menos que trece ochomiles juntos. Otro aspecto muy interesante de Nives y Romano es su visión del alpinismo: siempre en estilo ligero, sin sherpas, dependiendo de ellos mismos. Lo explican en esta entrevista que os recomendamos leer con tranquilidad, una de cuyas ideas esenciales nos transmiten así: «No nos gusta delegar en otros la responsabilidad de nuestra vida, por ejemplo en lo sherpas que ponen las cuerdas fijas o montan las tiendas. Las expediciones se están acostumbrando a fiarse de los otros y ascender por vías ya preparadas«.

Iniciamos esta parte de la conversación hablando sobre lo diferentes que son, en la vida y en el alpinismo:

Cada uno tiene su ritmo y sabe cuando reposar. Tenemos dos estilos de ascensión muy diferentes. Yo voy como un perro cuando lo llevas con una cadena y va tirando, Nives es mucho más metódica y organizada, reposa cada tantos pasos…”, explica Romano Benet sobre su mujer, con la que lleva 35 años haciendo montaña. “Sí, yo soy más metódica y precisa”, puntualiza ella. Dos estilos. Manías y comportamientos diferentes pero, en conjunto, un equipo sólido que se complementa. Hablamos con ellos sobre sus diferencias a la hora de afrontar la montaña y sobre las etapas por las que han pasado. Entre ellas destaca la carrera que Nives disputó hace unos años para convertirse en la primera mujer en ascender todos los ochomiles, que se frenó en el Kanchenjunga cuando Romano sintió los primeros síntomas de una enfermedad grave que les apartó a ambos de las montañas temporalmente.

¿Cambia mucho vuestro estilo?
Nives:
¡Muchísimo! Romano es el genio artista, yo soy la metódica, ¡en todo! Es importante porque nos compenetramos. Yo reviso todo, lo suyo y lo mío, soy la precisa: catalogo, escribo, organizo… Pienso en muchas cosas, hasta en lo que dejamos en casa.

Romano: Yo soy más de coger el piolet, el guante y para arriba. Ella calcula el combustible para los días necesarios, planea… A mí no me gusta hacer cálculos sobre aquello que vamos a hacer.

«Podríamos hacer un estudio sobre las dinámicas de pareja en distintas cotas»

¿Vuestras diferencias causan conflictos?
N:
¡Muchos! Podríamos hacer un estudio sobre las dinámicas de pareja en distintas cotas y con diferente grado de hipoxia. Somos un buen sujeto de estudio. A veces discutimos por las cosas más tontas, como que él es desordenado y yo ordenada.

¿Es un tema de alpinismo masculino y femenino?
N:
No lo sé, Romano me conoce tan bien que sabe que puede fiarse de mí como compañera de cordada antes que como mujer, ¿me equivoco?

R: ¡No! [risas] Hemos escalado con más personas y, en general, los compañeros hombres tienden a subir hacia la cima a toda costa y se ponen más en riesgo. No suelen hablar de su situación ni decir que se encuentran mal. Nives, en cambio, dice abiertamente si tiene problemas o dificultades y eso es muy importante porque muchos incidentes ocurre por comportamientos del primer tipo.

N: Cada paso que haces para arriba debes estar seguro de poderlo hacer para abajo. El objetivo es llegar a la cima pero sobre todo volver abajo sano y salvo.

¿Cómo definiríais vuestro estilo en la montaña?
N:
Tratamos de ir lo más ligeros posible porque cuantas menos cosas tengas, más concentrado estás en la actividad. Además, y muy importante, no nos gusta delegar en otros la responsabilidad de nuestra vida, por ejemplo en lo sherpas que ponen las cuerdas fijas o montan las tiendas. Nos gusta saber que todo lo que hacemos es responsabilidad nuestra.

«Aprendimos a ir a las montañas casi en solitario»

No es la tónica general…
R:
Las expediciones se están acostumbrando a fiarse de los otros y ascender por vías ya preparadas. Hay veces que algunas esperan a que se muevan los sherpas de los otros grupos para tener la vía lista, ese sistema no me gusta. Es mejor que cada uno se mueva por su cuenta. Un rescate en altura es difícil. Aunque todos tratamos de echar una mano si podemos, uno no debe pensar que le vendrán a socorrer en caso de accidente. No es como en los Alpes, que puedes llamar por teléfono. Es un factor psicológico importante.

N: La montaña te obliga a que conozcas los riesgos. Si cada uno se hace responsable de su vida, la montaña también te enseña a ser libre, es decir, libre para escoger cuando es el momento de darte la vuelta.

¿De dónde os viene esta filosofía?
N:
Lo aprendimos en las montañas de casa, vivimos en una zona muy particular. Durante años, las cumbres cerca de Tarvisio [Italia] hicieron de línea divisoria entre dos mundos: de nuestro lado Occidente, al otro el bloque comunista de la ex-Yugoslavia. Las crestas eran la frontera y había policía yugoslava patrullando todo el tiempo. Si te asomabas desde la cima te encontrabas al guardia apuntándote con el Kalashnikov para arrestarte. Por este motivo, nuestras montañas estuvieron muy poco frecuentadas durante años, así que aprendimos a ir a ellas casi en solitario. Teníamos que ser conscientes de ello, si ocurría algo no había nadie cerca.

Durante unos años estuviste metida en la carrera para conseguir ser la primera mujer en ascender todos los ochomiles. Los proyectos de este tipo suelen tener asociada una filosofía más agresiva…
N:
El alpinismo es hijo de su tiempo y, en el nuestro, de cada cosa se hace un espectáculo. Cada uno hace su propia elección.

«Para nosotros el alpinismo siempre ha sido una pasión, no un pasatiempo»

¿Fue una buena elección?
N:
No fue una experiencia positiva, aunque me di cuenta después. Las mujeres nos acercamos al alpinismo en el Himalaya más tarde que los hombres, pero lo hicimos imitando sus reglas. No fue positivo para nosotras, fue un momento en el que podríamos haber encontrado nuestro propio camino si no nos hubiésemos dejado arrastrar por el huracán de atención mediática.

¿Cómo recuerdas la etapa en la que competías con Edurne Pasaban, Miss Oh y Gerlinde Kaltenbrunner por ser la primera mujer en completar los Catorce?
N:
Yo hacía mi parte del espectáculo. En Italia el alpinismo no es un deporte muy seguido, menos el femenino, y en ese momento, gracias al objetivo que estábamos tratando de alcanzar, podía encontrar pequeños patrocinadores que me permitían ir de expedición. Entraba al juego porque era la mejor manera de conseguir algo de dinero para ir a la montaña.

Pasada aquella época, ahora vosotros tratáis de quedar al margen.
N:
Para nosotros el alpinismo siempre ha sido una pasión, pues vivimos de nuestro trabajo al margen de la montaña. Hablo de pasión, no de pasatiempo.

R: Muchos ven el alpinismo como una forma de ganar dinero. Es complicado, aunque hay veces en las que es posible. Eso sí, deben aceptarse ciertas reglas de mercado que nosotros no queremos seguir.

 

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