En el sexto aniversario de su muerte

Maurice Herzog “Hay otros Annapurnas en la vida de los hombres”.

Hoy es el aniversario de la muerte (en 2012 a los 93 años) de Maurice Herzog, quien con Louis Lachenal ascendió en 1950 el primer ochomil cuya cima fue alcanzada por el ser humano. Una cima que les costó severas amputaciones. Relató aquella aventura en “Annapurna primer ochomil”, libro que termina con una frase mítica: “Hay otros Annapurnas en la vida de los hombres”.

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Maurice Herzog tras hacer cima en Annapurna el 3 de junio de 1950
Maurice Herzog tras hacer cima en Annapurna el 3 de junio de 1950

Hoy es el aniversario de la muerte (el 13 diciembre 2012, a los 93 años) de Maurice Herzog, quien con Louis Lachenal ascendió en 1950 el Annapurna, primer ochomil cuya cima fue alcanzada por el ser humano. Aquella ascensión marco el inicio de la conquista de las catorce cimas más altas de la tierra. Una cima por la que Herzog y Lachenal pagaron un precio muy alto por las graves amputaciones que sufrieron.

Una cumbre que Lachenal no quería alcanzar porque, como experimentado guía de montaña que era, sabía el alto precio que iban a pagar por ella. Sin embargo, ante la insistencia de Maurice Herzog por seguir le dijo. “Si tú subes, yo te sigo».

En la cima Herzog se muestra extasiado, Lachenal -consciente de la situación- lo único que desea es descender. Así lo relata Maurice Herzog en “Annapurna primer ochomil”:

“Cuando alcancé la cima tuve la impresión de que entraba en otro mundo y que mi vida iba a cambiar. Fue lo que, más tarde, ocurrió. El paisaje que observaba era magnífico y estaba extasiado; me hubiera quedado más tiempo y fue necesario que Lachenal insistiera mucho en que era hora de bajar”.

El dramatismo de la experiencia que vivieron queda reflejada en el último párrafo del libro:

“En el avión, antes de aterrizar, Lachenal y yo nos haremos hermosos vendajes para «la llegada»…, pero, nada más bajar la escalerilla de hierro, todas las miradas amigas que se dirigirán hacia nosotros llenas de compasión harán caer en un instante nuestra máscara de impasibilidad. No deberían tenemos lástima… Sin embargo, las lágrimas que asoman, las miradas de intensa emoción me vuelven de pronto a la realidad. Extraño consuelo, que me descubre nuestra terrible miseria… Mecido en mi camilla, pienso en esta aventura que está terminando, en esta victoria inesperada. Siempre se habla del ideal como de un fin al que se tiende siempre sin alcanzarlo nunca. El Annapurna, para todos nosotros, es un ideal realizado; en nuestra juventud no nos absorbían los relatos imaginarios ni los sangrientos combates que las guerras modernas ofrecen a la imaginación de los niños. La montaña fue para nosotros un campo de batalla natural en el que, jugando en las fronteras de la vida y de la muerte, buscábamos la libertad que oscuramente anhelábamos y que necesitábamos tanto como el pan. El Annapurna, hacia el que hubiéramos ido todos con las manos vacías, es un tesoro sobre el cual viviremos… Con esta realización, una página se dobla… Una nueva vida empieza. Hay otros Annapurna en la vida de los hombres…”

Durante su estancia en el hospital escribió “Annapurna primer ochomil”, un gran clásico de la literatura de montaña. Un libro que es casi con seguridad el más vendido de montaña: el año 2000 llevaba vendidos más de once millones de ejemplares.


 

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