Era una noticia esperada, pues la salud de Josep Manuel Anglada (Barcelona, 1933) estaba ya muy delicada a sus 93 años, pero no por ello es menos triste. Nos deja un grandísimo legado en forma de vías y actividades que han marcado una época. Era además una persona muy querida y una figura clave dentro del ecosistema de la montaña.
Considerado «padre del alpinismo moderno», Josep Manuel Anglada siempre fue un paso por delante, sobre todo en sus inicios gracias a sus estancias por estudios en el extranjero y al contacto que tuvo con el Club Alpino Alemán, del que formó parte de la sección de jóvenes escaladores.
Desde allí trajo la escalada moderna a las paredes de Cataluña y de toda España, especialmente a zonas como Montserrat, Tarradets, Riglos o Pedraforca, donde muchas grandes vías que hoy llevan su apellido se siguen recorriendo todavía con admiración y respeto.
Hace no mucho que hablamos con él acerca de aquellos tiempos y, con la prodigiosa memoria que ha mantenido hasta el final, nos relataba sus recuerdos:
«Cada final de semana mi actividad era en Montserrat y zonas cercanas, ya que el transporte en tren era fatal. Solo diré que cuando fui con Nubiola y Torras a Riglos en tren estuvimos un día para ir a Zaragoza y otro día con el tren de Candanchú, que cuando se acercaba a Riglos, donde no había estación, ni carretera, ralentizaba ¡y nos permitía saltar a tierra!
En 1956 me pude comprar una moto Ossa de 125 cm cúbicos y esto me dio la libertad de escoger otros objetivos de montaña con un compañero sentado detrás y el material sobre el deposito de carburante. Con esta moto fui incluso a Dolomitas a escalar la norte de la Cima Grande».
Vivió unos tiempos en los que había mucho terreno virgen y supo sacarle todo el partido. Fue un hombre culto y con una educación elevada, siempre amable, atento al detalle y con un pensamiento innovador.
En cada conversación no le faltaban las anécdotas y buenas palabras para sus compañeros de cordada, como Joan Cerdá, su primo Paquito Guillamón (fallecido en 2015), Emili Civis, Jordi Pons, Heinz Pokorski y por supuesto a su mujer Elisabeth Vergés, cuya pérdida en 2019 fue un duro golpe del que nunca se recuperó del todo.
En 1964 hizo la primera nacional a la norte del Eiger junto a Jordi Pons, donde además pudieron recuperar uno de los piolets de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, fallecidos el año anterior en esta pared, y traérselo a sus familiares. También en esa década hizo la Walker de las Jorasses, la Bonatti al Grand Capuccin, el Esperó de la Brenva del Mont Blanc y muchas otras admirables escaladas alpinas.




En sus expediciones está la primera española al Huascarán (Andes de Perú) de 1961 y al año siguiente volvieron y abrieron una vía en el Siula Grande. Participó también en la expedición que logró el primer ochomil nacional, el Annapurna en el año 1974. Y su huella llegó a macizos como el Hindu Kush o al argelino desierto del Hoggar, entre otros muchos lugares de una vida exprimida con ganas.
Pero él recordaba también con cariño su preparación para la primera expedición catalana al Everest en los años 80, en el que llegaron hasta los 8500 metros y tuvieron que darse la vuelta por unos vientos huracanados, y es que Anglada sabía muy bien que todas las cumbres se construyen sobre aprendizajes anteriores.
En su faceta de empresario sobresale la invención de la “Tanka”, que desarrolló junto a Jordi Pons; un ingenioso enganche que patentaron y comercializaron con mucho éxito a nivel internacional.
Hasta que las energías le acompañaron estuvo saliendo a escalar, como nos demostró con su escalada a la Anglada-Guillamon, primera vía de Terradets (1959), que volvió a repetir 55 años después de haberla abierto.
Una vida dedicada a las montañas y a sus seres queridos, siempre fiel a los valores más auténticos asociados al alpinismo, que le valió numerosos reconocimientos. Él mismo plasmó muchos de sus recuerdos con la colaboración de su inseparable Eli en su libro de memorias: «Anglada».
Hoy solo queremos extender nuestro abrazo a su familia y a toda la gran comunidad montañera por la pérdida de este gran alpinista, pero sobre todo entrañable y muy querido amigo.









Nos quedamos con sus logros, su manera de ser y sus vivencias. Una gran persona.
Mis condolencias para la familia y amigos.
Descanse en paz. Que inspirador su biografía.
Dureza forjada en tiempos difíciles. Este hombre ha vivido en una sola vida lo que muchos necesitaríamos varias para vivir.
Un grande entre los grandes.
Lo que ha vivido JM Anglada es difícil de valorar. Esta gente tuvo que luchar de lo lindo para conseguir hacer locuras en un mundo complejo y difícil. Diversión no le ha faltado. Buen viaje.