PIONERO EN ALPINISMO, ESCALADA Y ESQUÍ DE MONTAÑA

Fallece Anselmo Menéndez ‘el Cubano’, referente de la montaña asturiana

Montañero de escaladas pioneras en los años 70 y 80, además de destacado esquiador y, sobre todo, una persona optimista y generosa que deja un recuerdo imborrable en las montañas y en todo el que le conoció. Fallece de un cáncer a los 75 años.

Anselmo Menéndez ‘el Cubano’
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Anselmo Menéndez nació en 1951 en Cuba, de padres emigrantes, que diez años después regresaron a su Asturias natal, y en concreto se asentaron en Avilés, donde Anselmo ha residido desde entonces, forjando un fuerte vínculo con este municipio. Aunque era solo un niño, el sobrenombre de ‘el Cubano’ siempre le acompañó, así como su optimismo vital, según aseguran quienes le conocieron.

Empezó muy joven a sentirse atraído por la montaña y a desarrollar una actividad pionera a principios de los años 70, cuando todavía había tanto por explorar. Su principal terreno de juego era Peña Ubiña y los Picos de Europa, ampliado a toda la Cordillera Cantábrica, de la que fue un gran enamorado.

Anselmo Menéndez ‘el Cubano’ en su juventud.

Su gran compañero de cordada en su juventud fue Claudio Sánchez ‘Tito’, que le recuerda como una persona siempre alegre, afable y alejada del conflicto. «Incluso en los momentos más duros, la salsa cubana estaba con él», cuenta Tito. Juntos realizaron actividades memorables como la primera integral Fontanes-Ubiña en 1974, así como la primera invernal absoluta y en el día a la Norte de Peña Santa de Castilla, en el año 78, o la segunda invernal de la Canal del Pájaro Negro a esta misma Peña (junto a Pablo Lavilla y Constantino Álvarez) en 1975.

También es suya la primera travesía completa de la Cordillera Cantábrica, desde los Ancares hasta Alto Campó, en la que inviertieron unos 12 días. Actividades relevantes en unos años en los que estas montañas apenas eran recorridas, y más teniendo en cuenta el material básico de la época.

Pionero en el esquí de montaña

Igualmente el Cubano encontró otra pasión en el esquí de montaña. De nuevo con Tito realizaron la primera asturiana a la alta ruta Chamonix-Zermatt en el año 78, «¡y menuda gran nevada que había caído aquel invierno en los Alpes!», recuerda Tito.

Participó en numerosas travesías, como las primeras ediciones de la Regil. A todo le ponía un tremendo esfuerzo y voluntad, como en esta anécdota que recuerda el guía asturiano Erik Pérez, otro buen amigo: «Como no tenía tiempo para entrenar con el esquí, se preparaba para la Regil en la playa de Salinas, con unos esquís y fijaciones antiguas, y se hacía los cinco kilómetros de playa ida y vuelta una y otra vez, bajando por las dunas como entrenamiento para la nieve».

Y es que Anselmo dividía su tiempo entre la montaña y el negocio familiar, las tiendas de ropa Confecciones Menéndez, que fundó su padre y de las que luego se hizo cargo, llegando a tener varios comercios en Avilés.

Primero en saltar en parapente desde el Naranjo

Su espíritu inquieto le llevó a interesarse por el parapente cuando este deporte era aún muy incipiente en nuestro país. Su nombre estará para siempre ligado al Urriellu no solo por la cantidad de veces que lo escaló —más de treinta—, sino sobre todo porque fue la primera persona en lanzarse desde su cumbre, en junio de 1989, junto a sus compañeros Manolo Iglesias, José Luis Bernal y Pepe Blanco. La hazaña le llevó a Anselmo un aterrizaje duro en el que se rompió varias vértebras, lo que no le disuadió de seguir practicando los vuelos en parapente desde otras montañas, tanto dentro como fuera de la Cordillera.

De sus expediciones al extranjero destaca su viaje a Patagonia en 1980, junto a Tito Claudio y un jovenísimo Erik Pérez, cuando realizaron el primer intento español a la ruta californiana del Fitz Roy, que habría sido la tercera o cuarta repetición absoluta, pero a la que tuvieron que renunciar por mal tiempo.

Erik, que iba en calidad de pupilo en aquella aventura, la recuerda muy bien: «Era una época en la que no existía ni el Chaltén. Había un puesto con un gaucho, una caseta de parques nacionales, una estancia y poco más. Allí coincidimos con los hermanos argentinos Tarditti, que luego harían escaladas muy relevantes. Escalamos varios largos pero hacía muy mal tiempo y nos bajamos».

Erik también era de Avilés, y conoció a Anselmo cuando tenía solo unos doce años, cambiando el rumbo de su vida: «Fue quien me sacó al monte, a mí y a muchos otros de mi generación y de después. Le llamábamos “el maestro”». Entre los montañeros a los que también influyó en sus incios está Francisco Blanco, que se haría un destacado escalador en los 90, así como Nacho Orviz, otro imprescindible nombre del alpinismo asturiano.

También inspiró a los más jóvenes, como al guía Joaquín Álvarez “Xuacu”, que relata en su blog su escalada a la vía Les Cabres al Segundo Poyón, que Anselmo abrió en 1977 con su compañero José M. García casi por casualidad, cuando fueron a socorrer a una cabra que se había enriscado.

Anselmo se mantuvo todo lo activo que pudo hasta los últimos años, repartiendo su tiempo entre la montaña, el trabajo, los amigos y la familia, especialmente con sus queridas hijas Silvia y Eva y su nieto, su última gran pasión.

Hace años que luchaba contra el cáncer. En una primera fase, cuando aparentemente había superado la enfermedad —con 70 años— de lo primero que hizo cuando le dieron el alta fue irse a recorrer la Cordillera Cantábrica en solitario, con la asistencia de José Luis Álvarez, su amigo de la infancia. Aunque después recayó, no abandonó sus salidas a la montaña hasta que casi no se pudo levantar de la cama.

En 2024 recibió un reconocimiento especial en la Gala del Deporte Avilesino por su trayectoria deportiva, disfrutando del merecido cariño de muchos vecinos y amigos. De sus últimas apariciones públicas fue en la pasada edición de los Premios Urriellu, donde también participaba como jurado y era miembro de la Asociación de Escaladores Históricos del Naranjo.

El impulsor de esta iniciativa, su amigo Bernabé Aguirre, le recuerda así: «Era el gran hermano de todos, un grandísimo escalador, muy buena persona y un referente en Asturias para la escalada deportiva, la alpina y el esquí. Muy querido por aquí, de los que dejan huella a todos los niveles».

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