EXPLORANDO

25 años de su escalada al sur del Annapurna

Los alpinistas Enric Lucas y Nil Bohigas recordaron en el pasado Festival de Caixa Sabadell de Cinema de Muntanya cómo ascendieron hace 25 años la cara sur del Annapurna.

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Enric LucasEnric Lucas

Enric Lucas: Vivimos la ascensión intensamente, tuvimos un sueño sin límites y experimentamos una realidad ilimitada. Hicimos el Annapurna porque no sabíamos que era imposible antes de salir de Barcelona. Con absoluta normalidad, no nos lo planteamos como algo especial.

Nil Bohigas: Fue un sueño esporádico. Era un poco alta, pero nuestro planteamiento fue similar a otras expediciones: éramos un grupo de amigos, cuatro hippies (con sus compañeras) que pudieron disfrutar de los paisajes de un campo base a 4.000 metros. Escogimos la montaña por la espectacularidad y porque llegó antes el permiso del Gobierno de Nepal. Nos fuimos a la pared sin saber por dónde subiríamos.

E: Los porteadores no llegaron hasta el campo base, no quisieron atravesar el glaciar. Tuvimos que cargar el material nosotros; fue una parte más de la aventura.

N: En una pared vertical no puedes montar tienda fácilmente, por eso llevábamos unas de estructura rígida, para las repisas. La hicimos en estilo alpino tradicional, encordados y con tiradas largas o sin cuerda. Si la dificultad era insuperable queríamos asegurar que podríamos bajar, por eso utilizamos cuerdas de 80 metros y 8 mm de diámetro y otra más corta para poder bajar.

E: Teníamos la bajada asegurada desde cualquier lugar. Parecía arriesgado, pero a nosotros nos daba seguridad.

N:Nos fuimos con cuatro duros: dos suyos y dos míos. De Barcelona a Roma en tren para ahorrar y luego hasta Katmandú. El material lo compramos allí, lo suficiente para cuatro meses en el Nepal.

Nil BohigasNil Bohigas

E: De hecho, la cubertería de la expedición era de la compañía de vuelo. El hacerlo hace 25 años hizo que tuviéramos un único enfoque real, concienciados con la pared, un diálogo constante. Sólo estábamos pendientes de la pared, sin móviles, sin Internet, nada. Aparte de alguna discusión con una pareja de hecho de dos años.

N: Prácticamente no hablábamos porque nos conocíamos. Éramos uno solo escalando. De ahí la importancia de los compañeros de cordada.

E: En el Lothse tuve la ilusión de hacer algo similar, y fue una actividad muy buena aunque no llegué a la cima. Pero 2.000 metros de pared en 24 horas de escalada sin parar está muy bien. Llegar a la cima no es lo más importante.

NUEVOS PROYECTOS N: Tengo mucha inquietud por hacer cosas. Descubres que algo más te apasiona, no es que te canse la montaña, lo contrario. Pero también buscas cosas que consigan llenarte tanto. Por ejemplo, una expedición polar por el Ártico o por algún desierto. Consigues el mismo aislamiento, y aunque no sea vertical puede ser muy atractivo.

E: Tengo entre manos un gran proyecto. Aventuras como la de hace 25 años te descubren que la montaña más alta no es el Everest ni la pared más difícil la del Annapurna. La más difícil es uno mismo. Ahora es este mi objetivo principal en la vida y estoy en medio de esta ascensión, donde he sido yo quien ha creado las grietas. Es algo que no me hubiera perdido para nada en esta vida.

 


 
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