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ENTREVISTA
Juan Buyse, pastor de tresmiles

Nació en la llana Bélgica pero es un hombre de las alturas. Como un pastor de ovejas conoce el nombre y lugar de cada una en el rebaño, Juan Buyse mima cada tresmil pirenaico.

Por   Actualizado 12.09.2002 14:23  Enviar a un amigo  Versión para imprimir

Juan Buyse<br>
Archivo Desnivel


Juan Buyse
Archivo Desnivel

Su obra, Los Tresmiles del Pirineo, que comenzó siendo un humilde y soso folleto, se ha convertido en el más riguroso, completo y ambicioso censo de las cumbres de más de 3.000 metros de la fascinante e inevitable cordillera de Los Pirineos. Cualquier persona que entre de improviso en la casa de Juan Buyse lo encontrará junto a su mujer, Anita, sumergido en una montaña de música. Después de haberse jubilado y dado por terminada su función de coordinador en la elaboración de Los Tresmiles del Pirineo se dedica a lo que le gustó hacer toda la vida: poner orden. Su labor dista de ser tediosa. Se ha empeñado en fichar y reseñar todos y cada uno de los cientos de discos coleccionados durante años de amor por la música clásica.

Juan Buyse nació en Flandes en 1913, aunque desde 1950 reside en España. Este belga nacionalizado español eligió la pintoresca localidad tarraconense de Siurana para establecerse con su esposa Anita quien, convertida en su particular colaboradora, dibujó todos los mapas y buena parte de los croquis de todas las versiones y ediciones de la obra que escribió y coordinó, Los Tresmiles del Pirineo. Es muy probable que Buyse pase a la historia del pireneísmo como coordinador del Catálogo de los tresmiles del Pirineo, un grueso volumen de 542 páginas con un marcado carácter enciclopédico que recoge información geológica, botánica, histórica y deportiva de esa cordillera. Pero sobre todo, el catálogo es el censo más exacto y completo de las cimas de más de 2.999 metros de Los Pirineos.

Juan Buyse en su residencia de Siurana<br>Archivo Desnivel


Juan Buyse en su residencia de Siurana
Archivo Desnivel

El proyecto de coordinar una lista de tresmiles se le ocurrió a Buyse de la intersección de dos fenómenos. El primero para colmar un vacío editorial; el segundo, como resultado de una reflexión sobre la especie humana: para Buyse una persona no puede salirse de sí misma y cualquier creación refleja la propia personalidad del creador. Ése era, para él, el principal defecto de las listas de tresmiles que se habían editado hasta entonces. Cada una de ellas reflejaba la impronta de su autor y la consecuencia inmediata era medio siglo de listas individuales de tresmiles, confeccionadas según los criterios de cada autor. Para evitar este caos de altitudes y de nombres, a Buyse se le ocurrió reunir a quienes se sentían atraídos, deportiva o emocionalmente por la cadena pirenaica; claro que cada uno de los elegidos hubo de firmar un documento comprometiéndose a ayudar a Juan Buyse de manera gratuita y a no reclamar más tarde ningún tipo de recompensa. 

Quienes aceptaron estas condiciones tuvieron que someterse también a la curiosa manera de toma de decisiones en el seno del grupo: por mayoría simple. Algunos no aceptaron, otros se esfumaron y algunos fueron expulsados pero el grupo y el libro siguieron adelante, dejando a su paso éxitos y decepciones. Venera por encima de cualquier pireneísta a Robert Ollivier, gracias a cuyas guías miles y miles de excursionistas recorrieron los senderos del Pirineo. Buyse pensó que la mejor forma de recompensar a su amigo Ollivier era la de re-bautizar alguna cumbre con el nombre de su amigo, lo que le valió algunas enemistades. Contra los que protestan contra sus bautizos de cumbres esgrime argumentos sobre lo efímero de la vida: "Hay otros ejemplos de cambios de nombre y yo me acojo a esta circunstancia para hacer mis propuestas de bautizo de cumbres. Pero esto no lo entienden los puristas y piensan que dañamos la historia del Pirineo, pero yo no obligo a nadie a utilizar la toponimia propuesta en el catálogo de los tresmiles".

Imagen de tiempos pasados, recorriendo el Pirineo, su gran afinción


Imagen de tiempos pasados, recorriendo el Pirineo, su gran afinción

Es muy probable que su nombre quede ligado para siempre al del Pirineo gracias a Los Tresmiles del Pirineo, sin embargo, no sabemos nada de su actitud deportiva hacia este macizo y hacia el montañismo en general ¿Le ha interesado alguna vez abrir una vía o realizar alguna proeza deportiva en la montaña?
Mi actitud deportiva y la afición a la montaña me vino por entregas. Nací en Flandes, tierra llana como la palma de la mano con elevaciones esporádicas que no llegan a los 50 metros. En los años treinta, viviendo en Bruselas, me aficioné mucho al camping y a la bicicleta y durante los años treinta atravesé los Alpes de norte a sur y de sur a norte; en total 33 puertos de montaña: como puede verse aquí empieza el coleccionismo… En 1936, un joven suizo en cuya finca acampaba, me llevó desde Kandersteg (1.200 m) al Grosses Hockenhorn (3.400 m). Un bautizo alpinístico para no olvidar nunca. En lo que al Pirineo se refiere, en 1953 desde Barcelona (y provistos de salvoconductos), iniciamos su paulatino "descubrimiento". Pero nunca tuve interés en abrir vías ni en realizar alguna proeza que no fuera vencer los obstáculos y dificultades para alcanzar el objetivo fijado. Sin embargo, si subí cuatro veces al Aneto fue siempre por una vía distinta. No me siento atraído por la competición, considerándome bien servido en materia de esfuerzos con los requeridos para vencer la fatiga y mejorar las marcas propias.

Un catálogo de picos que sobrepasan los 3.000 metros no parece, a primera vista, un libro atractivo. Sin embargo, en ocho años ya se han publicado cinco ediciones ¿Esperaba que el libro alcanzara tanto éxito? ¿A qué se le puede atribuir?
En su pregunta cita primero el catálogo y luego el libro lo que, aunque íntimamente ligados, son dos cosas distintas. Cuando dimos los primeros pasos en 1986 no se pensó en absoluto en un libro. El único objetivo era realizar un censo de los tresmiles que fuera exacto, completo y definitivo. Conseguido el objetivo inicial, resultaba que nuestro trabajo ocupaba 14 páginas, a veces de sólo 7 líneas cada una, y nadie tenía la menor idea de que al final ofreceríamos a la afición un volumen de 542 páginas. El hecho de que el libro lo compongan, además del catálogo, cuatro partes y ocho anexos, es porque llegué a la conclusión de que nunca me perdonaría haber utilizado una serie de colaboradores sólo para ayudar a hacer un censo sin aprovechar sus amplios conocimientos del Pirineo. El éxito del libro se debe a que en contraste con todo lo que se había hecho anteriormente empezamos por fijar unos objetivos y formular unos principios básicos: sustituir trabajos individuales por trabajos colectivos; admitir la existencia de dos clases de tresmiles y formular unos criterios de admisión y de selección para aplicarlos en cada caso. Y, sobre todo, no contentarse nunca con con algo aproximado o medio hecho, sino profundizar en todo para acercarse a la perfección.

¿Cuáles eran las principales razones que le animaron a realizar el catálogo de cumbres?
La principal razón fue dotar a los pireneístas de un censo de tresmiles que fuera generalmente admitido. Existen muchos testimonios de que lo conseguimos y prueba de ellos es que varias publicaciones consideran esta obra como la referencia en cuanto a la cotación y la toponimia de los picos que superan los 3.000 metros en el Pirineo.

   

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