Texto íntegro de la carta enviada a la ministra de Medio Ambiente por RedMontañas en la que se le recuerda la necesidad de tramitar y aprobar la
Carta de las Montañas.
Las montañas son la base de la seguridad y la economía de las tierras del
llano, debido a su influencia sobre el clima y sobre la disponibilidad de agua,
además de ser reserva de patrimonios naturales y culturales, de paisajes de
alta calidad y de una multitud de valores tangibles e intangibles, que se
derivan de su vasta diversidad ecológica y cultural.
Por añadidura, las áreas montañosas en buen estado de conservación
constituyen hoy día para sectores crecientes de la sociedad espacios
vivenciales cada vez más necesarios, pero desafortunadamente también más
escasos y acosados por la especulación y la explotación económica, que en la
mayor parte de los casos generan irreversibilidades no compatibles con los
principios éticos de precaución y legado a las generaciones futuras.
Estos aspectos, que en 1998 llevaron a la Asamblea de las Naciones Unidas a
la declaración del año 2002 como Año Internacional de las Montañas,
continúan agravándose en España debido al retraso en la incorporación de las
numerosas recomendaciones que a este respecto surgieron en el marco
internacional, y que han llevado ya a otros países europeos a activar
sensiblemente sus políticas ambientales en relación con sus respectivas áreas
de montaña.
Amplios sectores sociales, preocupados por la integridad y el destino de
nuestros espacios naturales, resaltan vivamente que las montañas necesitan una
protección institucional efectiva y urgente que garantice la continuidad de las
funciones y servicios que estos territorios y sus habitantes prestan a la
colectividad.
En el mismo sentido, se debe también recordar cómo, el citado año 2002, el
Consejo de Ministros creó el Comité Español para el Año Internacional de las
Montañas, que a su vez dictó la elaboración de la Carta Española de las
Montañas, en la que debían proponerse las líneas estratégicas más adecuadas
para conciliar la conservación de las mismas, el uso sostenible de sus espacios
y la mejora de la calidad de vida de sus pobladores.
El largo retraso en la tramitación y aprobación del borrador de la Carta de
las Montañas, que salió a la luz pública en marzo de 2003, supone,
entretanto, la continuidad de las amenazas para las mismas y la vía libre para
una alarmante lista de proyectos de carácter no sostenible, que siguen
provocando la destrucción de paisajes, ecosistemas, valores y culturas
exclusivos de estos espacios, para beneficio exclusivo de restringidos intereses
económicos y comerciales.