


Sechu López en el Karakorum |
Presentación
Gallego de 44 años, reside en Vigo. Realizó sus primeros cursos de escalada y alpinismo a la edad de 23 años.
Socio de Club Montañeiros Celtas, del que fue presidente (2002-2006), actualmente ocupa el cargo de Director Técnico de la Federación Galega de Montañismo.
Practica diversas actividades de montaña, un poco de todo: escalada en roca, travesías a pie, alpinismo, bici de montaña, descenso de barrancos, espeleología, esquí de montaña y también participa en carreras por montaña, la última, antes de la expedición, la maratón de Zegama (Copa del Mundo). Ha realizado ascensiones en ocho países de Europa, también en Marruecos, y cuenta con tres expediciones a los Andes, destacando las ascensiones al Illimani, Ojos del Salado y Aconcagua. Otra de sus pasiones es la fotografía.
Gusta de realizar actividades alpinísticas en solitario, pero no descarta la buena compañía, aprender de los demás y enseñar lo que sabe. Dinámico, decidido, perseverante e independiente, sus horarios no suelen estar sujetos a reglas clásicas.



Vista de una tienda en el C2 del G2 -al fondo las tiendas del C1-
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Fue muy emocionante estar en lo más alto, el panorama circular era maravilloso y, sí, mereció la pena, pensé en muchas personas y al recordar a Luís lloré.
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¿Tu primera experiencia en el Himalaya?
Ha sido mi primer viaje a Asia y la primera expedición de tanta duración, casi dos meses.
¿Cómo has vivido este año el G2?
Mi objetivo principal era la ruta normal al G1, por ser un ochomil con menos ascensiones registradas y menos masificado que el G2, donde suelen abundar las expediciones comerciales en su ruta normal.
Con el transcurrir de los días fui equipando mis campamentos de altura en el G1, y miembros de nuestro grupo íbamos instalando cuerda fija en algunos tramos de la ruta (trabajo realizado en colaboración con un grupo de búlgaros). Para mi fue una sorpresa que en la montaña de enfrente, el G2, donde mucho antes se fueran montando los C2 y C3, nadie fuese capaz de subirla, salvo el extraordinario Ueli Steck, que llegó a la cumbre el 9 de julio. De todas formas hay que decir que este año el número de expediciones al G2 ha sido de sólo 13, cifra considerablemente inferior a lo habitual en los últimos años. Menos expediciones suponen menos gente trabajando en la montaña, lo que implica más dificultades para mantener la ruta abierta y bien equipada, y a más dificultades, menos posibilidades de llegar a la cumbre. Hay que añadir además, el fuerte y casi constante viento y una meteorología adversa que ha sido muy complicada de predecir, los “partes” de buen tiempo sólo acertaban más o menos a un par de días vista.
Habéis subido solamente dos personas este año a este ochomil considerado “fácil” como es el G2 ¿tan difícil estaba la montaña este año?
Sí, las condiciones del terreno no han sido buenas, la nieve no transformó y las sucesivas nevadas en la ruta normal aumentaron el riesgo de avalanchas, además el viento ha marcado la temporada en todo el Karakórum. Pero la principal diferencia de este año en esta cumbre, es que en el tramo final, ya superados los 8.000 metros, hay una arista que normalmente se recorre andando por encima de ella, y este año -como ha habido mucho viento- había una cornisa muy potente por la cara pakistaní y entonces había que pasar por la vertiente China, la cual es muy expuesta, por lo que tienes que ir muy concentrado.
Aunque la temporada estaba muy avanzada y sabía que la nieve en esta montaña se estaba poniendo cada día peor … al final me dije “ahora o nunca” y arriesgué un poco.
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¿Y cómo te has encontrado esta parte? porque el búlgaro que subió un día antes que tú y se quedó en la arista, al parecer era un alpinista muy fuerte.
Normalmente el G2 se sube con un piolet, pero este año la arista cimera requería dos piolets y pasar sobre la punta de los crampones. La arista estaba muy peligrosa y si tenías un fallo te ibas precipicio abajo, imposible autodetenerse dada la verticalidad. Es un recorrido de 50-100 metros, técnicamente fáciles, pero muy expuestos y sin cuerda, para darle más emoción, si cabe, el viento era de unos 50 Km/h. Yo fui al día siguiente que el búlgaro Boyan Petrov, buen alpinista y buena persona, quien días antes alcanzara la cima del G1 con otros cinco alpinistas y supongo que eso le condicionó, ya había hecho una cumbre y “más vale pájaro en mano que cien volando”. Ya en el CB me felicitó y me dijo que él no se quiso arriesgar a hacer esa peligrosa travesía, yo creo que otro año regresará al G2 para llegar a la cumbre.
¿Y en tu caso sí que decidiste afrontar el riesgo?
Yo también venía del G1, pero no había hecho cumbre aunque me había quedado cerca, subí en solitario y me encontraba muy fuerte, el tiempo era bueno, pero se metió una nube… y todo cambió. Bajé al C3, al C2 y al C1 (el campo 1 es común para G1 y G2), siempre solo y en muy malas condiciones meteorológicas. Entonces, no sin pensármelo antes, decidí intentar el G2. Durante toda la expedición había estado muy activo, dándolo todo en la montaña, derrochando energía y a la vez aprendiendo de todos aquellos que tenían experiencia en estas grandes montañas, también llegó la desaparición de Luis y con ella la tristeza, impotencia y desolación que nos abatió a todos, y no fue fácil reponerse. Bajar del G1 sin la cumbre y con una meteo tan adversa, también fue duro. Después de tantos días de esfuerzo y sufrimiento, cuando llegué a la arista me dije “la cumbre está ahí enfrente”, esa es la cumbre y puedo alcanzarla, confié en mis posibilidades, me concentré, desprendí dosis de adrenalina y llegué. Fue muy emocionante estar en lo más alto, el panorama circular era maravilloso y, sí, mereció la pena, pensé en muchas personas y al recordar a Luis lloré.
Además después de la desaparición de Luís María Barbero…
Sí, eso condiciona un poco el asumir más o menos riesgos. Es habitual forzar un poco los horarios de regreso si uno considera que aún es posible culminar el intento y el riesgo está calculado, pero después de lo de Luís fui más estricto. Yo me retiré del intento de cumbre al G1 a las 14.00 h en punto, la hora que me había impuesto como límite para bajar.
Cuando decidí intentar el G2, pesó el hecho de que era la última oportunidad que tenía de hacer cumbre en un ochomil esta temporada y mucha gente en mi tierra había confiado en mis posibilidades. Además, encontrar el cuerpo de Luís era una motivación extra, y ya que no había sido posible un rescate, al menos reconocer la ruta seguida por él y buscar su cuerpo por donde se le vio por última vez, a unos 7.600 metros. Aunque la temporada estaba muy avanzada y sabía que la nieve en esta montaña se estaba poniendo cada día peor … al final me dije “ahora o nunca” y arriesgué un poco.