


Portada de El placer de la escalada, de Ramón Majó. Imagen: libreriadesnivel.com |
Más de cincuenta años en la montaña avalan la personalidad de
Ramón Majó.
Miembro de expediciones como la Irian Jaya ´89 al Carstenz, que asciende por la
norte junto a Joan Frontera, o de la primera nacional, tercera absoluta, al
Tirich Mir en el 73, dirigida por Josep María Monfort y en la que también
ascienden el Tirich Oeste I y el Dir-Gol-Zom (6.778 m), el alpinista catalán es
uno de esos montañeros cuyas opiniones, estemos o no de acuerdo, siempre merecen
ser escuchadas.
En este caso nos habla de la ética de la montaña, de la escalada y de su
filosofía sí es que la tiene, más allá de las convicciones personales de cada
uno. Algo contracorriente, quizá políticamente incorrecto, Ramón nos deja esta
muestra de su visión de la actividad en la montaña.
A vueltas con la ética escalada
"Una de las cosas más importantes del alpinismo es su faceta
anárquica, que nadie esta por encima marcando las reglas"
Reinhold Messner
"No entiendo que se quieran imponer reglas a los montañeros,
reglas restrictivas que reducen el alpinismo a una actividad codificada. Vamos a
la montaña para ser libres"
Tita Piaz
"Como disciplina filosófica, la ética busca las razones por las cuales uno he
de comportarse de una determinada manera más allá de la simple aceptación de
unas normas sociales vigentes o de la autoridad externa de un legislador, sea
este humano o divino. Los griegos fueron los primeros en intentar
sistematizarla. Aristóteles la ordena a la consecución de un fin mediante la
inteligencia y la razón. Otros filósofos con la idea de una ley natural según la
cual hay que comportarse para llegar a la felicidad que para unos consistía en
el placer y otros en la utilidad.
El cristianismo adjuntó a la idea de la ley natural, la idea de la ley de
Dios revelada. Tomás de Aquino estructuró una ética que quería ser, a la vez,
ética de la felicidad, del bien, de lo que es racional y de la ley
divino-natural. Kant dio un enfoque formalista y autónomo de la ética que la
cambia radicalmente. Negó que la felicidad, el bien o la utilidad pudiesen ser
principios de comportamiento ético y afirmó que el acto moral se fundamenta solo
en lo que el llamó el ”imperativo categórico” que tiene como motivo único el
deber como tal y la satisfacción de su cumplimiento. El existencialismo, al
relativizar todo absoluto y toda esencia, determino una nueva comprensión de la
ética afirmando que la decisión moral depende de cada una de las situaciones
concretas en las que uno se encuentra sin posibilidad de remitirse a una norma
objetiva prefijada.
Siento mucho que esta, digamos introducción, haya tenido que ser obligada y
tan larga – a pesar, como se puede suponer, de haber omitido muchas otras
interpretaciones- pero me ha parecido necesaria para que se viera claro que la
ética es una cosa que no admite una sola lectura. Y habría que tener en cuenta,
además, que aparte los filósofos, también los ideólogos, de turno, la moda y la
presión de los poderosos (en nuestros Dias particularmente los llamados poderes
mediáticos) han intentado influir en todo tiempo y lugar, a la hora de definir
lo que es ético o no.
Si los filósofos y otros pensadores no han podido ponerse de acuerdo, me
parece sencillamente ridículo que ahora, basándose en esta disciplina
filosófica, popes y monaguillos del mundo de la montaña pontifiquen (opinar todo
el mundo puede) sobre lo que esta bien o mal o sobre la moral que debe guardar
todo montañero. Y mas aun, para calificar la forma de escalar de los otros, en
relación, CASI EXCLUSIVAMENTE, con los equipamientos (y su uso) de las vías de
escalada.
De todas maneras, ya que el tema esta ahí y es imposible erradicar esa
palabra de los textos de escalada, veamos si somos capaces de aplicar esa
ciencia filosófica al mundo de la escalada y, por extensión lógica, semántica e
histórica al alpinismo y al montañismo. Creo que solo a partir de todo lo dicho
anteriormente, podremos estar en situación de continuar un debate serio y con un
mínimo de rigor, Y hablando de rigor, no tengo mas remedio que introducir otra
referencia que creo que también puede ser útil para el debate. Quizás deberíamos
empezar por usar una terminología con un poco más de propiedad. Cualquier
aprendiz de filólogo sabe perfectamente que el antónimo de artificial no es
libre, sino natural. Pero sin saber como ni cuando ni quien, se empezó a
denominar libre la escalada natural. Y como contradicción mas grave aun, a
adjudicar a la escalada dicha “libre” una cantidad de normas de todo tipo y de
prohibiciones que la han hecho la menos libre de todas y han obligado o
pretendido obligar a escalar no libremente de acuerdo con las capacidades
personales, sino bajo el yugo de los marcadores de reglas sin que, en muchos
casos, los violadores de esas reglas tuvieran conocimiento de su existencia.