Las dificultades de los clubes de montaña, y la posibilidad de obtener licencias al margen de ellos, temas principales del simposio Peñalara.Galerías 1 y 2
Antonio Garde, Joan Garrigós y Pepe Hurtado momentos antes de inaugurar el simposio. Foto: Ángel P. Corral
Se celebró el pasado fin de semana, 12 y 13 de noviembre, en el Salón Internacional del INEF, en Madrid. El simposio fue promovido por la RSEA Peñalara a través de su presidente, José Luis Hurtado, y ha recibido en su organización, el apoyo de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) y de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM). Los representantes de ambos estamentos estuvieron presentes en el acto de apertura: Antonio Garde, Director General de Deportes de la CAM y Joan Garrigós, presidente de la FEDME, quien asistió a las dos jornadas del simposio.
Dos hechos de especial importancia, entre otros, han llevado a la convocatoria de este simposio: la posibilidad de los deportistas de obtener directamente de las Federaciones la licencia federativa, al margen de los clubes y la incorporación a las Asambleas Federativas de comercios y agencias de viaje, entidades alejadas de la naturaleza y finalidad de los clubes de montaña, por ser entidades con fin de lucro.
El desarrollo del simposio tuvo lugar a lo largo del sábado y del domingo en torno a tres mesas redondas seguidas del correspondiente y necesario debate, con una asistencia de unas sesenta personas. El domingo, la mesa se encargó de resumir y fijar las actuaciones y conclusiones apuntadas durante las ponencias y debates, y que serán objeto de trabajos posteriores con vistas a ser puestas en práctica.
1ª mesa redonda, Rafael Doménech, Luis Masgrau y Carlos Muñoz-Repiso. Foto: Ángel P. Corral
Clubes y federaciones: función y futuro
Esta primera mesa tuvo como moderador a Carlos Muñoz-Repiso, expresidente de Peñalara, y como ponentes a Luis Masgrau, presidente de la Federación Aragonesa de Montañismo, Gumersindo Ibáñez, presidente del Club de Montaña Gasteiz, Francisco Durá, presidente de la Federación Valenciana, y Rafael Doménech, expresidente de Peñalara.
Masgrau, en su ordenada intervención, comenzó diciendo que los clubes son el auténtico motor del montañismo. Destacó como sus funciones esenciales, las siguientes: promoción y divulgación, prevención y seguridad, formación y tecnificación. Destacó la importancia de la protección, tanto de los propios deportistas (seguro de accidente, rescates) como del entorno de los pueblos de montaña y de sus habitantes. Añadió que el senderismo, al contrario que en Francia, debe estar integrado en la Federación de Montaña.
A continuación, Ibáñez, muy directo y castizo en su discurso, dijo que la Federación nace de los clubes, y no al revés. Recordó su importante función de guía y enseñanza para los recién llegados, en unos tiempos en que las actividades de montaña se han colocado al alcance del gran público. Destacó la importancia de la licencia federativa y confirmó su rechazo a que los deportistas puedan obtenerla sin pasar por un club.
Durá, por su parte, apuntó y defendió una manera ‘diferente’ de funcionar por parte de clubes y federación. Afirmó que en la valenciana están representados otros colectivos distintos de montañeros y clubes y se mostró partidario de una ‘liberalización’ en las maneras de contratar la licencia, mencionando opciones como las tiendas deportivas, grandes superficies, por correo o por internet (Joan Quintana reclamó desde el público con vehemencia esta última opción).
Doménech comenzó diciendo que los clubes viven una época más difícil que en el siglo XX y, recogiendo el testigo que dió lugar al simposio, consideró perjudicial para los clubes y para su desarrollo el que los deportistas puedan federarse al margen de los mismos. También consideró ‘malo’ que tiendas y agencias de viajes puedan sentarse en las asambleas federativas, por ser sociedades conducidas por intereses puramente comerciales (fin de lucro), no deportivos, ni culturales, ni de difusión de la montaña. Señaló que casi la tercera parte de los montañeros federados en Madrid lo están al margen de los clubes.
Dos grandes alpinistas,Joan Quintana y Carlos Suárez, se cuentan su vida. Foto: Ángel P. Corral
El debate
Jordi Colomer (exvicepresidente de la FEDME) dijo que el montañismo se encuentra en muy buenas condiciones. Con el objeto de evitar la disgregación en los clubes, su inviabilidad económica y su fracaso en las actividades de formación, propuso establecer un número mínimo de socios para poder formar un club, citando los ejemplos de alemanes y suizos. Esta propuesta ya fue rechazada hace tiempo en el ámbito federativo, sin embargo Colomer la defendió con convicción.
Joan Quintana (presidente del GAME y moderador en la segunda mesa) estuvo incisivo, y muy suelto con el lenguaje, cuando aseguró que las juntas directivas no representan a los escaladores y que no funcionan de manera acorde con los tiempos. Añadió -en calidad de socio de cuatro clubs de montaña españoles- que los clubes “tienen que espabilarse y ponerse las pilas” para captar a nuevos socios jóvenes y ayudarles a hacer lo que les gusta. No obstante, se autodefinió como un romántico que siente gran respeto por clubes como Peñalara, Gasteiz y el CEC. En similar línea se manifestaría Amador Fernández, presidente del club Torrecerredo, al afirmar que toda su vida ha estado, y estará, ligada a su club.
Carlos Soria (veterano alpinista e himalayista) coincidió en que los clubes necesitan imaginación para funcionar de manera acorde a los tiempos actuales y habló de un club ideal que tuviera gimnasio, rocódromo, piscina y bar, que es lo que la gente –joven sobre todo- reclama hoy. Ver Galerías 1 y 2