


Un coche en llamas tras las protestas violentas que se han producido hoy en Lhasha, Tíbet. Foto: AFP |
Hoy, viernes 14 de marzo, todo ha estallado. Pekín ha desplegado a sus
tropas para controlar el levantamiento popular, pacífico y liderado por unos
500 monjes, pero no han sido suficientes para detener a las decenas de personas
que han quemado varias tiendas y han provocado importantes desperfectos en
Lhasa, capital tibetana. La capital vive los peores disturbios de las dos
últimas décadas, después de varios días de protestas de los monjes budistas
que han dejado hasta el momento varios muertos y heridos, así como tiendas y
coches incendiados y un saldo masivo de detenciones. Los actos violentos que
estallaron hoy son el culmen de las protestas protagonizadas por cientos de
monjes budistas, que comenzaron el pasado 10 de marzo para recordar el
aniversario de la rebelión tibetana contra Pekín en 1959, que fue aplastada
por el Ejército chino y acabó con la huida al exilio del Dalai Lama. Los
enfrentamientos entre las tropas chinas y los manifestantes (monjes y civiles)
se han reproducido a lo largo del día de hoy mientras los residentes de Lhasa
están preparando nuevas protestas, según la organización "Campaña
Internacional por el Tíbet".
Tras recibir informaciones de tiroteos, la Embajada de EEUU en Pekín ha
instado a sus ciudadanos a abandonar inmediatamente Lhasa mientras que a los
residentes pequineses les ha dicho que extremen las precauciones este fin de
semana. En medio del silencio del Gobierno chino, la agencia Xinhua se ha
erigido en portavoz oficial de lo que sucede en Lhasa, aunque sus informaciones
no ofrecen detalles de los disturbios.
La emisora estadounidense Radio Free Asia informó de que dos monjes del
monasterio de Drepung, donde comenzaron las protestas junto al de Sera, están
en estado crítico tras intentar cortarse las venas, mientras un centenar en el
de Gande han iniciado una huelga de hambre en protesta por la represión china.
Además, diversos establecimientos y vehículos alrededor del templo de Jokhang,
el monasterio de Ramogia y el mercado de Chomsigkang han sido pasto de las
llamas.
Las tropas del Ejército de Liberación Popular chino ocuparon el Tíbet en
1951 para acabar con el sistema "feudal y esclavista" que, según
Pekín, imperaba en la región. La última "insurrección" en el
Tíbet contra el Gobierno chino tuvo lugar en 1989 y comenzó también un 10 de
marzo en honor de la fallida revuelta de 1959, la cual dejó más de 10.000
muertos y obligó a emigrar a unos 100.000 tibetanos junto al Dalai Lama. La
rebelión de 1989, que dejó varias decenas de muertos, llevó al Gobierno chino
a declarar la ley marcial durante trece meses. Por aquel entonces, el actual
presidente del país, Hu Jintao, era secretario general del Partido Comunista de
China (PCCh) en Tíbet, la máxima autoridad en la región.
No obstante, el Ministerio de Asuntos Exteriores dijo hoy a Efe que no
disponen de más información que la ofrecida por uno de sus portavoces,
quien aseguró que la situación estaba controlada y que las protestas eran una
"argucia estúpida" del Dalai Lama. Por su parte, la Policía de Lhasa
afirmó a Efe que no cuentan con datos sobre lo ocurrido, lo mismo que el
ayuntamiento y el Ministerio de Seguridad Pública.
La habitual censura del Gobierno chino sobre los medios de comunicación
extranjeros se ha reforzado y afecta especialmente a cadenas de televisión como
la CNN, la BBC o TV5, que no pueden ofrecer imágenes. Entre tanto, el Gobierno
tibetano en el exilio en la India ha reclamado la mediación de la
"comunidad internacional" tras los disturbios y ha instado a las
autoridades chinas a tomar una postura "moderada", después del
lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la Policía china.
Las protestas de Lhasa no son las únicas y en el norte de la India más de
cien tibetanos fueron detenidos ayer cuando participaban en una marcha para
protestar contra la ocupación china del Tíbet y contra la celebración en
Pekín de los Juegos Olímpicos de 2008. El Dalai Lama denunció el pasado 10 de
marzo que "la lengua, las costumbres y las tradiciones del Tíbet están
desapareciendo gradualmente" y agregó que los tibetanos "han tenido
que vivir en estado de constante miedo, intimidación y sospecha bajo la
represión china"."La represión continúa aumentando con múltiples,
inimaginables y burdas violaciones de los derechos humanos, la negación de la
libertad religiosa y la politización de los asuntos religiosos", afirmó
el líder espiritual con ocasión de la señalada fecha.
Fuente: EFE, Xinhua, 20 minutos, El País, Diario de Navarra
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