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La frontera de los 45 litros

Mochilas grandes: Cuando no queda más remedio

Aun siendo muy de aquel viejo dicho montañero que dice que “la mejor mochila es la que no se lleva”, y de aquel principio irrefutable que asegura que cuanto más grande sea la mochila más cosas meteremos en ella, sabemos que en ocasiones vamos a tener que echar mano de una mochila grande, de 45 litros o incluso más capacidad. ¿Cuándo ha llegado el momento de prescindir de nuestra pequeña mochila de ataque? ¿Cuál me interesa más? ¿Qué modelos hay actualmente en el mercado?

Desnivel - Lunes, 11 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 09:00h.

Atención: una mochila siempre estará hambrienta; ¡elige bien el tamaño!
Atención: una mochila siempre estará hambrienta; ¡elige bien el tamaño!

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  • Atención: una mochila siempre estará hambrienta; ¡elige bien el tamaño! Atención: una mochila siempre estará hambrienta; ¡elige bien el tamaño!
  • La pared del refugio de Galayos; escalar en alta montaña demanda mochilas grandes. La pared del refugio de Galayos; escalar en alta montaña demanda mochilas grandes.

Por suerte para nuestras cervicales, espaldas, caderas, rodillas, tobillos, pies... la imagen del montañero asociada eternamente a un gran mochilón ha dado paso a una concepción mucho más ligera de la actividad y la tendencia actual es la de minimizar el volumen y reducir el peso hasta límites, a veces incluso, enfermizos. Si nos hemos propuesto una travesía, por ejemplo, pirenaica, la hacemos usando la red de refugios, y si optamos por la autonomía total, reducimos el porte a las necesidades más básicas y espartanas. Ya casi nadie lleva tienda, comida en latas para una semana y Campingaz 'king size'. Muchas actividades para las que hace un par de décadas se necesitaban macutos de 60 litros como mínimo, hoy pueden plantearse con un volumen de unos 35, con una disminución de peso no exactamente proporcional pero sí muy considerable.

¿Más de 45 litros!

Entonces, ¿cuándo necesitaremos una mochila que supere los 45 litros? En general, podemos dar por hecho que si tienes que llevar saco en la mochila eso va a implicar que tu mochila tenga que llegar, al menos, a los 45 litros. El volumen total dependerá de si tenemos que cargar con la comida, la estación del año y la actividad que vayamos a hacer. Si eres escalador y necesitas autonomía para 2 o 3 días, sin duda tienes que contar con un volumen de más de 50 litros para guardar el saco, la ropa, el material y la comida.

Un escalador de actividad de un día, si quiere llevar dentro la cuerda, también necesitará al menos 45 litros, y si hace escalada clásica, probablemente algo más para cargar con la artillería pesada. Y en invierno, evidentemente, el “morral” crece como un maldito, y más si llevamos raquetas o vamos a hacer esquí de montaña (de nuevo, peso y volumen estarán condicionados por las infraestructuras que usemos en la travesía).

La frontera de los 45 litros. Por supuesto, en trekkings de varios días el tamaño y el peso de nuestro inseparable amigo va a crecer en función del apoyo logístico con que contemos.

Colgar por fuera de la mochila todo lo que no quepa dentro del macutín de día e ir dando tumbos como un buhonero borracho tampoco es una buena solución.

La norma de oro

Una mochila grande es algo así como un monstruo hambriento de grandes fauces al que no dejaremos de alimentar hasta verlo bien saciado. Eso, unido al horror vacui (un mal muy generalizado entre todos los que hacen mochilas) provocará que, hasta no ver todos los huecos perfectamente rellenos, no pararemos de meter cosas.

Antes de comprar “el gran macuto” piensa bien para qué lo necesitas y haz un repaso de las ocasiones en que has necesitado un volumen grande y cómo lo solucionaste. Hazte con la mochila más pequeña que puedas, no compres capacidad extra “por si acaso”. Ahorrarás dinero y dolores de espalda.

Lo dicho: para excursiones de un día basta con mochilas de hasta 35 litros. Para excursiones de varios días, opta por 40 y 55 litros. Escaladores deportivos pueden bajar de los 45 litros si llevan la cuerda fuera. Para escalada de aventura, salidas de alpinismo o escalada de varios días, expediciones... hay que contar inevitablemente con un volumen a partir de los 50 litros.

Atención: una mochila siempre estará hambrienta; ¡elige bien el tamaño!

Los puntos clave

Nuestros compañeros de la revista Grandes Espacios, auténticos especialistas en mochilas, nos ayudan a conocer los puntos que hay que revisar y estudiar a la hora de comprar una mochila.

  • La espalda: es la encargada de transferir el peso de la mochila al cinturón lumbar porque son nuestras caderas las que tienen que soportar la mayor parte del peso y no los hombros. Por esta razón, y para que el peso no se desplace hacia el exterior y se aleje del centro de gravedad de nuestro cuerpo, ha de tener la rigidez suficiente.

Existen dos tipos: las fijas y las regulables. Las primeras son más ligeras, económicas y duraderas, mientras las regulables se reservan a mochilas superiores a 40 litros. Esta segunda opción es una buena solución para personas bajas (por debajo de 1,60 m) o muy altas. El sistema de regulación aporta de media 0,5 kg más a la mochila y puede suponer un precio de hasta un 30 por ciento más que un modelo similar de espalda fija. Conclusión, si no necesitas regular la espalda, opta por un modelo fijo.

La transpiración y circulación del aire es un factor también muy importante; infórmate de qué materiales se han usado y de qué medidas ha tomado el fabricante para solucionar este problema.

En general, las personas muy delgadas demandan almohadillados más blandos que no se claven en los huesos (hombros, clavículas, escápulas, vértebras, cadera...).

  • Talla: aunque en el mercado lo que abunda es la talla M, muchas marcas fabrican dos y hasta tres tallas. La medida corresponde más a la longitud del tronco que a la estatura. Esa longitud se mide desde la séptima vértebra (esa que se nota claramente en la base del cuello) hasta los huesos de la cadera. Para saber si la mochila es de nuestra talla hay que probársela y comprobar que el cinturón lumbar descansa sobre la cresta iliaca y las hombreras apoyan perfectamente en los hombros.
  • Hombreras: con la mochila puesta, valora la anchura, la forma y la rigidez de las hombreras. Es importante que no opriman el exterior de las axilas ni mermen la libertad de movimiento. Desecha aquellas que sean rectas. Las hombreras precurvadas se adaptan mejor a los hombros y las axilas, pero, ojo, si son demasiado curvas obligarán a utilizar siempre el tensor central, algo que no todos soportan. Hay modelos para chicas diseñados para minimizar el roce y la presión en la zona lateral del pecho, un diseño del que se pueden beneficiar los hombres con pectorales muy desarrollados.
  • Cinturón lumbar: cumple un papel mucho más importante del que pensamos, y es el de transferir una buena parte del peso (algunos estudios hablan del 80 por ciento) a las caderas y las piernas. La mayoría de las marcas fabrica mochilas especialmente diseñadas para mujeres cuyo cinturón lumbar se adapta a la forma específica de sus caderas, más cónicas y anchas que las de los hombres. Presta atención a su sistema de ajuste, rigidez, anchura...
  • Extras: la abertura inferior mediante cremallera es un extra muy interesante en mochilas grandes, ya que permite un acceso rápido al saco de dormir. Cerciórate de que la calidad de la cremallera es buena. Los bolsillos exteriores cada vez tienen más detractores, ya que se enganchan en ramas y rocas y pueden descompensar el peso. ¿Te hacen falta de verdad?

El arte de hacer la mochila

El objetivo principal es conseguir que el centro de gravedad de la carga se encuentre lo más cerca posible de la espalda y que el peso quede bien repartido y equilibrado simétricamente. “Aplicando los principios básicos de la física y de la biomecánica podemos hacer que los kilos extra pesen menos, aumentar nuestro rendimiento y prevenir lesiones”, escribía el montañero y especialista en biomecánica Jon Iriberri (Desnivel 287).

Tal cómo explica Jon, la columna vertebral es el eje por el que se trasmite la mayoría de las fuerzas a las piernas. “Todo criterio biomecánico ha de partir de la base por la cual se debe colocar la masa extra lo más cerca posible del punto central de gravedad del organismo erguido. Este punto se encuentra en la zona interior de la bolsa abdominal, a la altura del ombligo. Se trata de nuestro centro físico de movimiento, y el que determina el gasto energético de cada movimiento. Siempre que pongamos masa lejos de ese punto estaremos multiplicando proporcionalmente el esfuerzo para transportarla. La única excepción a esta regla es llevar la masa extra en la cabeza, como hacen algunos pueblos africanos, pero este sistema requiere de un control motor de la espalda muy desarrollado poco frecuente en los occidentales”.

Para que nos hagamos una idea, “si alejamos unos 20 cm del centro de gravedad una cantimplora de 1 kg (por ejemplo, en la cintura), su transporte nos requerirá un esfuerzo como el de llevar un objeto de 1,2 kg. Un experimento desarrollado en la universidad de Saint Etienne determinó también que una mochila sujeta exclusivamente sobre los hombros “pesa” casi un 40 por ciento más respecto a una mochila igual pero con cinturón lumbar y que posiciona la carga más cerca del centro de gravedad. Este singular fenómeno nos condiciona incluso la forma de sujetar la mochila sobre el cuerpo: primero la cintura y luego se refuerza el apoyo sobre los hombros.

Concretando, los objetos pesados deberían estar abajo y cercanos a la espalda (líquidos, objetos de metal pesados, “chatarra”…) y al revés los voluminosos pero livianos. La excepción a esta regla es que en determinadas actividades, como por ejemplo el esquí, la masa en la zona alta de la espalda hace más sencillo el viraje. Evidentemente, toda suerte de material que cuelgue por fuera y bolsillos exteriores suponen un error desde el punto de vista ergonómico.

Los consejos de Ramón Portilla

Ramón Portilla, alpinista, himalayista, y actualmente gerente de una tienda de material de montaña, nos da algunos consejos relativos a las mochilas de más de 45 litros.

¿A la hora de elegir un modelo, que determinará elegir un volumen u otro?
La actividad que vamos a hacer. Si tomamos como referencia un volumen de 45 litros: para escalar es grande; para viajar, pequeña; para esquí de montaña de varios días, perfecta; para travesías de varios días también es una buena opción aunque al final llevarás cosas colgando por fuera (cosa que en teoría no se debe hacer nunca).

Las personas muy delgadas, o gruesas, o altas o bajas..., ¿tendrán problemas a la hora de encontrar una mochila que se adapte a su anatomía?
Las buenas marcas tienen tallas y muchas dentro de las diferentes tallas tienen además un buen sistema de regulación. Seguro que, seas como seas,vas a encontrar la tuya.

¿Algún truco para no llenar la mochila de material innecesario?
Siempre que viajaba a Venezuela con grupos de jóvenes les pedía que hicieran la mochila con lo imprescindible y cuando la tenían hecha y no les entraba todo, yo les decía: “Vale, entonces dejad la mitad de las cosas, no las vamos a necesitar”.

En tu tienda trabajas con muy pocos modelos, ¿por qué esos y no otros?
Como no puedo tener todos, intento elegir marcas que tengan una buena relación calidad precio, pero sobre todo vendo las que yo mismo utilizaría.

¿Crees que, en lo que se refiere a material y avances técnicos, ha existido un cambio importante de las mochilas, o básicamente es tamos como siempre?
Yo empecé en los setenta con mochilas de lona y en los primeros viajes a los Alpes cuan do veíamos a los ingleses con las Karrimor nos moríamos de envidia. Hoy en día, aparte de que los materiales son ligeros, resistentes e impermeables, hay al gunas mochilas tan ligeras y bien diseñadas que es casi “como si no llevaras mochila”.

Los consejos de  José Isidro Gordito

¿Qué perfil debería tener alguien que busca una mochila de más de 45 litros?
Las mochilas de gran litraje se han visto desplazadas por los daypacks. Las idas y vueltas rápidas a casa, dormir en furgoneta... ha hecho que el perfil cambie. Las mochilas grandes se dirigen a excursionistas sin vehículo, a quienes hacen recorridos largos sin pasar por un refugio…

¿Qué avances técnicos destacas?
Los materiales se han aligerado y reforzado con hilaturas resistentes. Dorsos regulables con sistemas comandados por tiradores que permiten modificar la longitud de la espalda o repartir la carga de diferentes modos, incluso con la mochila puesta. Ahora se usan espaldas “tensas” con una estructura rígida exterior y una malla ventilada que aleja la espalda de la mochila para evitar que el sudor esté en contacto con el cuerpo.

¿Podrías dar al comprador unas pautas básicas de compra?
Lo más importante es analizar la actividad y elegir en consecuencia. Escoger una marca prestigiosa siempre es una garantía. Hay que saber los materiales que se han empleado y cómo está cosida, comprobar sus cualidades en cuanto a transpirabilidad y estudiar si es realmente cómoda. Y, sobre todo, probarla sobre la espalda.

Fijas suelen ser más ligeras, pero en una mochila superior a los 45 litros hacer que coincida la longitud del dorso con el tamaño de la espalda del usuario (separación entre tirantes y cinturón) no es siempre fácil. Tal vez lo más recomendable sean las regulables, aunque lo habitual es regularla una vez y no volver a modificarla.

¿Algún truco de cómo distribuir la carga?
En función de la actividad podríamos dar varios consejos para distribuir la carga, pero es evidente que acercar lo pesado al centro de gravedad del individuo debe ser la consigna más racional. Yo soy de guardar al fondo lo que no vaya a utilizar hasta el final, pues no llevo mochilas con múltiples accesos con cremallera. Lo ligero arriba (ropa impermeable, térmica o para cambiarme). En la espalda también un poquito de ropa, para evitar que nada se clave. Pero, ojo, la transpiración algunas veces puede causar estragos (y la lluvia aún más). Para que las prendas no se mojen suelo llevarlas en bolsas de autocierre. Atención a la documentación, el dinero en papel, el material electrónico; ¡el agua penetra por todas partes!

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