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VALLE DEL KHUMBU

Trágico accidente vasco en el Pumori

Cinco alpinistas de la expedición 'Sakana-Pumori' desaparecen tras una brutal avalancha. Sería la mayor tragedia del alpinismo vasco.

Lunes, 22 de Octubre de 2001 - Actualizado a las 10:04h.

Pumori (Nepal 7.161 m)<br> Foto: Jerónimo LópezPumori (Nepal 7.161 m)
Foto: Jerónimo López

La noche del pasado miércoles 17 saltaba la alarma, cuando cinco jóvenes alpinistas de la expedición vasca 'Sakana-Pumori', los navarros Aritz Artieda, de 23 años, Javi Arkauz, de 22, César Nieto, de 23, y lo guipuzcoanos Beñat Arrue, de 22 e Iñaki Aiertza, 27, que se encontraban en plena ascensión de la ruta normal (cara SE-arista NE) de este sietemil nepalí, no realizaban la comunicación prevista tras su llegada a la cota 6.600 metros. Habían partido del campo 1 (6.200 m) esa misma mañana.

Según el relato facilitado por Antxon Iturriza, desde ese momento, en el campo base sus compañeros empezaron a temer lo peor, ya que uno de los habituales aludes que barren esta avalanchosa vertiente del Pumori (Nepal, 7.161 m), había arrasado la ladera el mismo miércoles entre los 6.300 y 6.500 metros (aunque se desconoce todavía la hora concreta). Desde entonces siguen sin llegar noticias de los cinco alpinistas, que posiblemente hayan quedado sepultados bajo toneladas de nieve, lo que supondría la mayor tragedia del alpinismo vasco en el Himalaya.

Rastreo desde el aire

Benantzio Irureta (centro) junto a dos de los desaparecidos: Beñat Arrue (dcha) e Iñaki Aiertza. <br> Foto: Revista UtzarriaBenantzio Irureta (centro) junto a dos de los desaparecidos: Beñat Arrue (dcha) e Iñaki Aiertza.
Foto: Revista Utzarria

Temiendo la posibilidad de un accidente colectivo, desde el campo base Xabier Ostolaza, se ponía en contacto con la agencia nepalesa que organizó la expedición, Sea to Summit Trek Company, desde la que se envió un helicóptero hasta a primera hora del jueves. Desde el aire, se confirmaban los restos de una gigantesca avalancha, y entre ellos, dos sacos de dormir.

También ayer por la mañana, el líder de la expedición, el veterano Benantzio Irureta, regresaba al campamento base tras haber acompañado a Xabier Osinalde, uno de los jóvenes integrantes del grupo (ninguno superaba los 27 años), a Pheriche, por problemas de mal de altura. Al llegar a los pies del Pumori descubría que nada se sabía de sus cinco compañeros, posiblemente sepultados por el alud. A media mañana era el encargado de comunicar la trágica noticia, que caía como una losa en la localidad de Azpeitia.


Apurando la temporada posmonzónica

Nubes en el Pumori <br> Foto: Antonio PerezgruesoNubes en el Pumori
Foto: Antonio Perezgrueso

Los diez componentes de este joven grupo que completan Jon Odriozola y Jesús Mari Errazu, habían llegado a Nepal el pasado 27 de septiembre, algo más tarde de lo normal para una expedición postmonzónica. Tras instalar el campamento base en el Valle del Khumbu (el mismo del Everest) y ascender el Island Peak (6.169 m) para completar su rápida aclimatación, habían levantado el único campamento de altura que suele montarse en la ruta normal del Pumori, a 6.200.

El problema de la vertiente sureste es su marcado carácter avalanchoso, especialmente tras el paso del monzón, cuando la montaña está más cargada de nieve. Desde el C1, se realiza una expuesta travesía hasta llegar al collado que da acceso a la arista sureste (6.600 m), desde donde se remonta hasta la cima del Pumori. Generalmente, las expediciones suelen iniciar el ataque a cima desde dicho campamento, para atravesar esta peligrosa sección sólo una vez y durante la noche, con mayores garantías de evitar los aludes.

Aunque la oscuridad de la noche tampoco es sinónimo de seguridad -en 1989 una expedición extremeña perdió a cuatro componentes (Francisco Salgado, Antonio Luis Galea y los hermanos Pablo y José de Miguel) cuando atravesaban la zona de peligro antes de las cuatro de la madrugada- la intención del equipo 'Sakana-Pumori' de instalar un segundo campo en el collado que accede a la arista (6.600), confirmaría una estrategia diferente a la habitual en esta ruta.

Desconfianza

Entre los componentes del grupo, sólo Benantzio Irureta -primera nacional al Yalung Kang o Kangchenjunga oeste (8.505 m) octubre de 1988- conocía la montaña, ya que en 1991 tuvo oportunidad de admirarla durante su intento al Everest. Además, había visitado la misma zona en otras ocasiones participando en diversos trekkings, durante los que también había ascendido el Island Peak.

Aunque Benantzio desconfiara de este sietemil -en el 91 vio como un alud en la misma zona causó la muerte del francés Saidi Brahim y del sherpa Gyalzen- la elección del Pumori se había decidido por la breve marcha de aproximación y por tener el aliciente de superación (la cota de 7.000 metros) para el grupo de jóvenes expedicionarios con anteriores experiencias en Andes y Alpes. De hecho, también se habló del Baruntse, Ama Dablam o Annapurna IV.

Semana negra

Este triste accidente, el más trágico del himalayismo vasco, ha cerrado una semana negra para el alpinismo nacional. Si el pasado fin de semana, el aragonés Pepe Garcés perdía la vida descendiendo del Dhaulagiri (8.167 m), esta vez una avalancha en el Pumori puede haber sepultado los sueños e ilusiones de cinco jóvenes montañeros, abriendo una nueva página dentro de las mayores tragedias de nuestro alpinismo.

En 1987, Toni Sors (vencedor del Everest en 1985 con Cadiach y Vallés), Francisco Porras, Sergi Escalera y Toni Quiñónez desaparecían en el Lhotse Shar, sepultados también por una avalancha. Tres años después, y por la misma causa, el Meru Norte se llevaba por delante a la navarra Miriam García, al guipuzcoano Jesús Buezo y al alpinista aragonés Miguel Ángel Lausín.

Otro triste episodio de esta amarga crónica lo vivió una expedición aragonesa en el K2 en 1995. Entonces, tres de sus componentes -Lorenzo Ortiz, Javier Escartín y Javier Olivar- regresaban de la cima cuando una fuerte tormenta de vientos huracanados envolvió la pirámide somital del Chogori. Junto a ellos, otros tres alpinistas perdieron la vida (la británica Alison Hargreaves, Bruce Grant y Rob Slater), y sólo su renuncia a la cima y un precipitado descenso evitó que Lorenzo Ortas y Pepe Garcés no regresaran del techo del Karakorum. Desgraciadamente, seis años después, Pepe dijo adiós en el Dhaula, la 'montaña Blanca'.

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