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CARTA DE MESSNER

El Everest ¿sólo porque está ahí?

Reinhold Messner refleja su opinión en esta carta sobre la polémica avalancha de expediciones al Everest.

Martes, 18 de Septiembre de 2001 - Actualizado a las 17:24h.



En esta carta, Reinhold Messner, leyenda viva del ochomilismo mundial nos acerca su punto de vista sobre las polémicas expediciones comerciales y la evolución del pensamiento en la historia del alpinismo, haciendo una reflexión sobre los motivos que en general empujan a un escalador a ascender montañas.

Reinhold Messner Foto: Archivo DesnivelReinhold Messner Foto: Archivo Desnivel

"En el Everest es otra vez temporada alta. En mayo de 2001, vinieron escaladores de todo el mundo al pico más alto del mundo. Ayudados por serpas y dirigidos por guías de montaña, con el camino preparado por cientos de porteadores, empezaron, de nuevo en la época de calma de vientos, justo antes del comienzo del monzón, las colas para alcanzar el último logro de prestigio de alcance internacional. Bastante a menudo se encuentran los viajantes de estos grupos apiñados en la arista de la cima en una especie de atasco. Los "Señores Blancos", también denominados Sahibs, quienes no cargan mochila, fueron llevados al techo del mundo como se lleva a otros grupos de turistas a otros lugares de interés. El turismo global finalmente también ha alcanzado la cima del Everest.

Incluso un cojo y un ciego querían llegar esta primavera a la cima. Como si la montaña más alta del mundo, que siempre fue destino de la vehemencia humana, ahora también sirviera como escenario para inválidos. No, a mi no me extraña que este gigante de hielo, que hasta hace 100 años era invencible y que hace 50 años era la meta de los mejores alpinistas, ahora sea utilizado para la realización de uno mismo. En los tiempos de "Gran Hermano" es ideal para las grandes escenificaciones. Después de que le robáramos todos sus secretos, ahora pertenece a todos. Porque en un mundo entramado como el nuestro también la soledad se vuelve algo asequible, y por ello algo banal. Lo único que permanece interesante en aquellas alturas son los 'shows' de aventuras y los records. No sólo cuentan la ascensión más rápida, la mayor permanencia en la cima, sino también cosas como el atasco más grande en la arista cimera; todo aquello que se pueda aumentar cuenta. El escalador más joven con 17 años y el escalador más anciano con 61 años ya estuvieron en la cima; el pilar sur es la vía más difícil, la cara oeste la más peligrosa y la cara norte la más larga.

El turismo de masas no sólo ha alcanzado el pico más alto del mundo, sino que se lo ha apropiado. Y ha revolucionado nuestra idea sobre el Monte Everest. "Everest para cualquiera" es el lema de las agencias de viajes que se han especializado en la venta de atmósferas escasas en oxígeno. También los ministerios de Nepal y de China están en una carrera por ver quien vende más trofeos de la "Cima del Everest".

Como si no fuera suficiente que esta montaña ya sea un record por sí sola, es descubierta por 'treckers' y garantiza la presencia de los medios de comunicación. Como el día de los ricos y famosos. Pero ya desde el principio del descubrimiento del Everest, sólo tiene importancia la atención de un público diáfano en el tema. Si no, ¿por qué la importancia de tantos récords? 'Record de Altura' en 1922, 1924 y 1933. Entonces, en 1933, también un record de campamento a mayor altura con seres humanos durmiendo a la mayor altura jamás vista. ¡Pero allí arriba se espera, no se duerme! Esperar al mañana, a la posibilidad de llegar a la cima o, hoy en día más que nunca, entrar en el libro Guiness de los Records con alguna idea descabellada. Si tiene que ser un record, entonces, el de la cantidad de basura que recoge una expedición de la cantidad que dejan las anteriores tiradas en la montaña. Sólo con las botellas vacías de oxígeno que los más de 1.000 vencedores de la cima dejan a su paso, se podría conseguir una montaña más alta que el Everest si se colocaran una encima de la otra. ¿Una prueba de que el hombre con su tecnología incluso es capaz de superar los pliegues de la corteza terrestre?

Es cierto que el Everest últimamente sólo da noticias negativas: como monte de basura, zona de la muerte para adictos a la adrenalina, lugar de turistas que ya estuvieron en cualquier otro lugar. Desde que se vende en Internet y en catálogos de viaje a través del eslogan 'Everest para cualquiera', la idea del ascenso al Nirvana por un poco de dinero, ha convertido esta montaña en un bien comercial, lo que para los nepalíes es un monte sagrado llamado "Sagarmatha" o para los tibetanos "Qomolungma".
Un destino turístico que aunque tiene su precio no tiene hacia arriba ninguna otra oferta igualable. Lo sensacional en estas ofertas es la montaña en sí y la historia de sus ascensiones, que tiene más que ver con el morir que con el vencer. Por cada 10 personas que alcanzan la cima hay un muerto en la estadística. Everest: un pasatiempo muy caro que puede acabar en muerte. Eso significa que se vende prestigio a cambio de dinero y de muertes humanas. ¿Alguna vez hubo una oferta más cara?

La mayor parte de los turistas de los ochomiles quieren llegar con los viajes organizados a la cima, pagando por algo más que por falta de aliento, cansancio y frío en la zona de la muerte. Aunque llevan escrito en sus mochilas 'conquista de lo inútil' están llenos de sentimientos de heroísmo, vencedores de la cima y ganas de conquista. Aunque sean sherpas los que preparen el camino y guías de montaña los que lleven toda la responsabilidad, se comportan luego como pioneros y llevan con orgullo su insignia de haber coronado la cima. Es que ellos también estuvieron en la cima, al igual que lo hicieron Hillary, Tensing, Bonington...

¿Pero por qué no hay escaladores que se apuntan a la ascensión del Everest? Todos nos imaginamos que la ascensión de una montaña de más de 9.000 metros es más difícil que la ascensión del Cervino. Pero esto no les impide a los domingueros ligeros de chequera a viajar en sus vacaciones a esta montaña. Aunque por ellos mismos ni siquiera se atreverían a subir al Eiger, han reservado billete para el Monte Everest. No, ninguna réplica, por lo menos para los informados. Porque hoy en día hay dos 'senderos' para ascender al Everest: uno desde el sur y uno desde el norte. A cientos suben por las huellas que han hecho temporada tras temporada los grupos de serpas. De las señales de quienes forman los caminos también se aprovechan aquellos que queriendo ahorrarse dinero, se aprovechan de la infraestructura de las expediciones comerciales y van al Everest a montarse su propio cuento. Pero allí donde hay un camino hecho se instala lo banal y desaparece el misterio. ¡No es de extrañar que nos hayamos acostumbrado a lo fácil que es ascender el Everest! ¡Y el poco respeto que infunde la montaña más alta del mundo en gente de tierras llanas! ¡En definitiva sólo el hecho es relevante!

¿Cuánta energía, cuánto dinero y cuánto valor fueron necesarios desde septiembre de 1921 hasta mayo de 1953, para alcanzar la cima del mundo? Una cantidad enorme. Sólo con la primera ascensión se acabó el brillo, la espectacularidad y la grandeza del Everest.

No, hoy en día tampoco es el Everest una grandeza entre las montañas del mundo. Después de que los dos caminos usados habitualmente sean tan sencillos y no tengan zonas de dificultad, y que los demás por su dificultad ya no se utilizan, el Everest ha perdido su encanto. Esto lo saben sobre todo aquellos que escenifican su ascensión para los medios de opinión públicos. Sólo por ello se ha puesto de moda esta forma de escalar parasitaria. Escaladores famosos sólo empiezan cuando ya está montada la cadena de campos avanzados de las expediciones comerciales. ¡No, esta gente de campos no tiene vergüenza! Saben que los turistas son gente mimada que llevan a su cocinero a todas partes. Así que dejan que también se cocine para ellos. Por una pequeña propina, y al abrigo de los campamentos. También sólo se bebe así al pasar. También se encuentran botellas de oxigeno tiradas por todos los lados. Así por si acaso. Y si el oxígeno se convierte en una ayuda fundamental, depende del tiempo que se esté en altura. Pero cuanto mejor esté preparado el camino hacia la cima, más rápido se accede a ella. A grandes alturas las prisas suelen producir cansancio. A no ser que se siga un camino totalmente preparado y se quiera engañar al mal de altura.

Así que como todo, en el Everest depende de la velocidad y que la vía tiene que ser preparada para escaladores nunca independientes, para así hacer posible su ascensión, todos los records alcanzados no son más que puro engaño. Porque aquel que solo es capaz de ser rápido a costa de los demás sigue siendo un parásito. ¿Por ello qué significan todas estas carreras en las dos vías totalmente aseguradas del Monte Everest? ¡Nada más que alpinismo de cifras! Pero no solo se escala cada vez más rápido en unas altitudes donde no hay tiempo que perder, sino que también se esconde cada vez con más rapidez aquello que sale mal.
Por ejemplo en 1996. Había dos indios colgados en la arista cimera. Fuertemente amarrados a una cuerda no lejos del "Segundo escalón". Mientras pasaban dos japoneses camino de la cima, uno de los indios pidió ayuda. Inútil, los japoneses tenían prisa, ya que ellos mismos iban camino de la cima. ¡Tanta irresponsabilidad!

La diferencia entre escaladas al límite y la ascensión asegurada de unos turistas es que las escaladas al límite se organizan para uno mismo, mientras que la ascensión organizada para la civilización se celebra como una escalada al límite. La atención no es para el verdadero escalador, sino para el ama de casa que así de paso ascendió el Everest. El mundo al revés. Es igual que en "Gran Hermano", el espectáculo se vende como la vida real. Que los organizadores de viajes, aun con toda la histeria de seguridad, a veces sacrifiquen algo de seguridad por un mayor beneficio no es extraño. En un tiempo se sacrificaba el confort en el Everest por llevar uno mismo el peso de la expedición. ¡Pero los viajes de aventuras, que ofrecen todo lo que unas buenas vacaciones organizadas tienen, protección del grupo, guía, el mayor confort, son, a pesar de ser solo pseudoaventuras, al final también peligrosas! La descripción de sus hazañas son lo mejor para al final aclarar estas contradicciones.

Los que por ahí hablan de "Suerte de la Cima" y "Cercanía de Dios" en los libros, es más propio de la imaginación que de auténticas emociones vividas. Por supuesto que también cumbres ya escaladas tienen su atractivo, pero una vez en la cima sólo cuenta bajar de ella. Mientras hacer cumbre sea algo provisional, actúa como una droga que no se tiene a mano. Pero en la cima nadie quiere envejecer. La cima del monte Everest pierde para aquellos que ascendieron todo su atractivo.
No, en la cima del Everest, donde cielo y tierra parece que se tocan, no estamos más cerca de la Inmortalidad que un poco más abajo, así como tampoco de la verdad o de la suerte. Arriba del todo no se trata de euforia, ni siquiera de reconocimiento o pensamientos, sino sólo de descender, de sobrevivir.

Ya lo sé, al principio todo comenzó con la necesidad de encontrar una última meta no alcanzada. El polo norte y el polo sur ya se habían alcanzado, así que había que olvidarlos. El Monte Everest se convirtió en los años veinte del siglo pasado en el tercer polo, el polo oeste, por cuya grandeza a partir de entonces no solo se interesaría el alpinismo británico. Como si fuese el Everest el último punto blanco de interés, todo el pequeño mundo del alpinismo se movía a su alrededor. Quién podía imaginar que esta cumbre solo tendría interés mientras su cumbre fuese inalcanzable. El precio por este secreto fueron pasión, entrega, y vidas humanas. ¡Una cosa muy cara esta montaña más alta del mundo!

De 1921 a 1953 se atrevieron una docena de expediciones con este experimento. Unos cientos de escaladores querían llegar hasta la cima del monte Everest. Cada vez un mayor número de ellos lograban ascender más alto. Por fin en 1953 alcanzaron los británicos la meta. Solo la primera ascensión fue importante, nada más. Ni el estilo ni la velocidad de la ascensión. La primera ascensión no tenía nada que ver con números ni extravagancias, quizás si con rivalidad. Los suizos habían llegado muy cerca de la cima unos meses antes. El equipamiento, probado como para un alunizaje, zapatos, trajes, piolets, crampones, máscaras, tan solo tenían un mero interés práctico, y ningún interés deportivo o comercial. A diferencia de los escaladores modernos, en aquella época de la ascensión no se hacía nada espectacular. Los escaladores de todo el mundo se habían identificado con esa meta, y los británicos una vez más se convirtieron en descubridores de lo desconocido. El monte Everest no solo era símbolo de hacerse uno con la causa, sino que era el polo en el que por fin los británicos si fueron los primeros.

Edmund HillaryEdmund Hillary

Cuando Hillary, un criador de abejas de Nueva Zelanda, llegaba a la cima con su serpa el 29 de mayo de 1953, se encontraban sobre los hombros de un enorme y caro proyecto de Gran Bretaña. Ellos se encontraban en lo más alto, a 8.850 metros sobre el nivel del mar, el piolet con la bandera dos metros por encima. Por suerte no se encasquilló la cámara de fotos y gracias a ello hay pruebas irrefutables. Pruebas de que realmente estuvieron arriba; con pueblos a sus pies, religiones y también sus predecesores. Lo que habían hecho para este mundo era más que autoelevación. La meta, que era un ideal, se había alcanzado. Con ello también se había acabado. ¡También se había acabado con la invencible Tierra, fin del desear y morir por una meta inalcanzada!

Los primeros británicos que habían muerto en el Everest, Irvine y Tensing, de repente se convirtieron en algo más interesante que los primeros escaladores que habían llegado a la cima, que ni siquiera eran ingleses. Así se convirtió Mallory en un mito. Aquel George Leigh Mallory, que volvió a aparecer en 1999 como cadáver de mármol. El cuerpo de Mallory no se había conservado congelado y momificado como Ötzi, sino que se había conservado en su propia grasa corporal. Perfecto como una antigua estatua de un dios griego se encontró el cuerpo muerto allí arriba en medio de las rocas. Desde hace 75 años. Y de repente esta aparición a 8.250 metros. Aunque un extraño regreso de un hombre que había concurrido en el salón del Virginia Wolf y de las fantasías homoeróticas de sus congéneres, pero al fin y al cabo, una sensación a nivel mundial. Él, que sólo había querido escalar el Everest porque estaba ahí, había elegido en el momento de lo ineludible el mejor sitio para su inmortalidad por conservación. Pero su existencia ha desplazado a todos los demás muertos del Everest de las primeras páginas de los periódicos. El Monte Everest le pertenece a él, mora su espíritu desde tiempo impensable la cumbre.

Hoy en día se retransmite la muerte ahí arriba vía satélite y después los muertos son rápidamente olvidados. Así como en 1996, cuando los participantes de una expedición comercial estuvieron errantes sin guía en la zona de la muerte y luego desaparecieron. Murieron una docena de ellos. La cumbre, la reserva que habían realizado, la habían alcanzado pero luego no pudieron salvarla hacia el valle. No les ha quedado nada de aquello por lo que habían pagado, ni tampoco reconocimiento, ni inmortalidad. Y es que solo el posible ascenso a la cumbre mitifica y no el turismo general.

Ahora ya saben todos aquellos que han subido a la cima que no se alcanza como héroe o vencedor la cumbre, sino más bien como un paciente de neumología con una respiración galopante y medio aturdido; aún así cada vez son más los que quieren ascender. Sobre todo cada vez más personas sin experiencia son atrapados por su ego para ascender como han hecho sus vecinos, sus compañeros de trabajo o los amigos de excursiones pasadas. Y algunos como un nada, como una enfermedad, llegan unos pocos de ellos a la cumbre y la mayoría también de vuelta al campo base, pero tan perdidos y con lagunas en la memoria, que después lo acaban liando todo.
No, no es la excepción que los escaladores del Everest hagan cosas raras, es la regla. Arriba del todo no solo desaparece nuestra capacidad de decisión, sino incluso el razonamiento. Falta de fuerza, anemia y apatía frenan al hombre en la zona de la muerte. Por ello el Everest es la montaña de la lucha sin tregua.

Muchos escaladores son además hipocondríacos. Pertenecen a aquel grupo de la humanidad que no hacen más que pensar en el estado de su propio cuerpo. Sobre todo en aquellos proyectos que significan un gran desgaste. Piensan en el significado y la necesidad de lo que están haciendo así como en la trascendencia de su hazaña. Ante el descubrimiento de pensar que esas cosas no valen nada, unos inventan records, los otros la suerte de la cima. Lo que interesa a los medios es lo que nunca antes había conseguido nadie, o qué tal se lleva la altura, o si un ciego o un cojo han conseguido subir tan alto como uno mismo. O se hacen carreras, solo para conocer la velocidad de tus compañeros. El peor de todos los síntomas de enfermedad a esa altura, la falta de capacidad de pensamiento, eso se esconde. También la falta de riego sanguíneo cerebral, lo que sufren todos a esa altura. Pero un cerebro abotargado no reconoce que uno mismo está abotargado. A ello se suma el ego y ante una tormenta rápidamente se pierde la vida.

Así por ejemplo en 1933 Frank Smythe se quedó atascado en un montón interminable de nieve polvo. 20 años antes de que Hillary y Tensing llegaran a la cumbre por el otro lado él estuvo horas caminando en el mismo sitio, intentando superar la nieve. Toda esa nieve fina traída por el viento. Solo esta fina nieve fue lo que le detuvo. Intentó abrirse paso con las manos abriendo un surco en la nieve. Las dificultades de escalada se pueden superar, incluso en el Everest, pero la nieve polvo hasta la cintura es un escollo que puede detener cualquier ascensión. A la falta de esperanza en esas situaciones se suma la soledad, que crece con la lentitud del avance. Este estar perdido en lo Alto del mundo te hace pensar que te estás viendo escalar desde fuera. Mientras sigues subiendo, hay alguien más que está escalando a tu lado o detrás de ti, y eres tu mismo. Smythe quiso compartir sus vivencias con este otro escalador. De repente eras actor y espectador a la vez. Luego ante una caída no aparecen susto ni miedo a morir, solo perplejidad. Es como si, lejos de ti, muriera otra persona. No, la escalada en altura aun así no es como una pesadilla, sin mascarilla de oxígeno y arriba del todo el ser humano solo se vuelve esquizofrénico, quizás solo para soportar tanto cansancio y tanto miedo y tanta soledad.
A la realidad de estar tan arriba también pertenece ese vacío en la cabeza. El delirio de altura no existe, solo el mal de altura y sentir euforia no es más que imaginación. También la tan difundida suerte de la cumbre es antinatural. ¡Paradójicamente! Sentimiento de naturaleza como producto de culto.

Reinhold Messner Foto: Archivo DesnivelReinhold Messner Foto: Archivo Desnivel

Sería sensato por nuestra parte dejar que las cimas fueran cimas, como muy tarde después de las tragedias o de las caídas reconocer que no tiene ningún sentido escalar incluso las más altas montañas. Y es que allí arriba no hay nada que buscar, ni tesoros, ni reconocimiento, ni divinidad alguna. Los autóctonos, para nosotros personas incultas, siempre intentan evitar las cimas. Solo las escalan si se les paga por ello. Así apareció el trabajo del porteador y los sherpas se han convertido en una ayuda especial. Son los animadores en el camino a ese nirvana que solo existe en la imaginación de sus clientes. En la cima del Everest hay poco sitio, así que también poco espacio para el juego de estas personas perdidas a quienes los autóctonos ayudan a subir y luego a bajar. Pero después tienen todos lo que querían: los sherpas su dinero y los sahibs el sentimiento, por un instante, de haber estado más cerca del cielo. Aunque el Everest perdió el mito con la primera ascensión de su cumbre sigue siendo el más alto. Después de más de mil personas que alcanzaron la cima allí la nieve también está toda pisada como en todas las demás cumbres, pero allí arriba el cielo está más cerca para los turistas. Así es que es el Everest el destino turístico más preciado de nuestros tiempos. Muchos dan toda su fortuna para poder alcanzarlo. Y eso que a esta cima se le robaron sus secretos hace 48 años.

"El regalo de coronación más bonito", así tituló el Times de Londres la primera ascensión en 1953, y el primer ministro Churchill incluso mandó felicitaciones para este momento memorable. La verdad es que la ascensión del neozelandés Hillary de 34 años y del serpa Tensing de Darjiling de 39 años siempre será un momento estelar en la historia del alpinismo. Hillary y Tensing fueron los primeros, a ellos les pertenece el honor. ¿Pero donde está la necesidad de subir, que un día pertenecía a esta montaña, como la necesidad de los británicos de conquistar el mundo? Desaparecida con la primera ascensión.

Cuando 25 años después me arrastraba hacia la cima del Everest, sobre manos y rodillas, el viento era tan fuerte que Peter Habeler y yo no podíamos mantener el equilibrio por momentos. Siempre intentando apartar la cara del viento, solo podía ver nieve arremolinada a mi alrededor, a veces la negra figura de mi compañero a mi lado y de vez en cuando un trocito de cielo negro-azulado. Nada más. Con el aullido de la tormenta en mis oídos y de mis propios pulmones en mi tórax, seguía subiendo. La expectación que produjo nuestra ascensión sin máscara solo se puede atribuir a que es mundialmente conocida la necesidad de una cierta cantidad de oxígeno para que exista la vida. El reconocimiento no era solo por haber sufrido miedo, frío y falta de respiración, sino también por nuestra osadía de haber actuado en contra de las reglas. Pero cuando me dirigí al Everest dos años más tarde para ascenderlo en solitario ya no le interesó a nadie.

El cansancio, el miedo y la desesperación de la primera ascensión ya la había olvidado. ¿O sólo ignorado? La verdad es que con que facilidad nos mentimos a nosotros mismos los escaladores. Solo hay que imaginarse la vida de ahí arriba: siempre pies fríos, y calcetines mojados en la tienda; siempre sed, y dolores de cabeza, y vómitos; luego esas sopas que despiertan las náuseas; la estrechez de la tienda, miedo a ahogarse, pánico. Pero el autoengaño sigue adelante y sobre todo nosotros los escaladores de grandes alturas nos volvemos muy imaginativos. Siempre inventamos metas nuevas. No solo es la ignorancia y la falta de memoria, a veces es también la imaginación lo que hace que empecemos nuevos proyectos. Así por ejemplo a grandes alturas las botas son un problema. Quien quiera a la mañana siguiente meter los pies en unas botas calientes y no en unas congeladas se mete por la noche con ellas en el saco de dormir. O se los mete debajo de la cabeza. ¿Sino en donde se pueden mantener unas botas calientes? En 1980, en el último vivac, me sentí tan mal por la mañana como la noche anterior. Esta vida en la tienda es miserable. No se puede hablar de recuperarse. Y tampoco se es capaz de dormir allí arriba. Lo mucho que necesité para tan solo salir de la tienda... Mi cara, mis manos mis pies, todo helado. La pared de debajo de mí era muy empinada, y si la nieve no me llevaba era un pisar interminable hasta que encontraba roca con los crampones. El riesgo de avalancha no me daba miedo, solo la distancia. En mi lento avanzar escalaba en contra de lo interminable. Y siempre con la preocupación de no regresar jamás.
Al llegar a la cima no ví nada. Estaba rodeado de niebla. Así que ninguna vista celestial, ni alegría, ni orgullo. Nada. Ni siquiera algún pensamiento. Hice de forma automática lo que me había propuesto hacer: un par de fotos, respirar, un poco de descanso arrodillado y con los ojos cerrados. Y empezar con el descenso.

Increíble con que rapidez nuestro cerebro olvida todas estas incomodidades. El pensamiento colectivo es aún más débil. Pero si todos quieren llegar a la cima del Monte Everest es que esta cima tiene algo de especial. Por ello hay miles que reservan una plaza para ascender al Everest como si fuera un simple viaje al Tíbet. Con buen tiempo la ascensión a la cumbre por uno de los caminos preparados no es más que un trekking en la zona de la muerte.
Aún así sigue siendo peligroso. Pero tendré mucho cuidado de parecer un predicador con su moral e intentar avisar a todos los domingueros de su posible muerte. Yo también me enfrenté a la montaña de forma ignorante, ¿y qué sabía Hillary de aquellas? Además, él tuvo que encontrar su camino y el equipamiento que usó debe parecer ridículo comparado con las prendas actuales de gore-tex y los equipos de titanio. Pero en nuestro intento de hacernos importantes con respecto a la naturaleza fuimos tan tontos como todos los demás que vinieron detrás nuestra. Aquellos que murieron en ello, más de 100 personas, no eran los peores escaladores. Solo tuvieron menos suerte que los "solitarios vencedores".

Última foto tomada de Mallory e IrvineÚltima foto tomada de Mallory e Irvine

Cuando se encontró el cadáver de Mallory, fue como su renacimiento. Aun con la cantidad de tiempo pasado y las diferencias de pensamiento que ahora existen en el mundo de la escalada, se convirtió de la noche a la mañana en el héroe de todos nosotros. También los turistas del Everest, que prefieren quedarse sobre el camino preparado, le siguen en su imaginación a través de un terreno sin explorar hasta el techo del mundo, donde al final quieren estar a su lado.

Pero el mito que representa Mallory tiene mucho más que ver con anhelar y luego fracasar que con la cumbre alcanzada. Quizás también con su desaparecer sin testigos. La ascensión de Mallory estaba guiada por un misterio a descubrir, y debe ser por eso por lo que su espíritu no encuentra la paz. Era su destino sucumbir a este misterio, al final quedar ahí arriba y así demostrarle a la humanidad donde puede acabar sin estos misterios.

Treinta años después de la primera ascensión con las expediciones comerciales comienza el alpinismo moderno. Solo desde que todos quieren subir al Everest este se ha convertido en algo banal. Pero desaparece tan rápido el sentido cuando son demasiados los que lo hacen tan fácil. La infraestructura que también en el 2001 hizo aparecer la montaña como un "lugar que parece peligroso pero no lo es" le ha quitado su último interés. La ascensión a su vez se ha convertido en uno de los trofeos más preciados de la industria del turismo global. La montaña más alta del mundo se ha convertido en un bien comercial. Son altos cargos de marketing, quienes utilizan a los muertos y los mitos para hacer su publicidad y así llenar sus viajes organizados.

Pero bajo las miles de cuerdas, escaleras y bombonas de oxígeno se encuentra escondido el viejo Everest, un mundo horrible. Porque la montaña más alta del mundo es más severa y mortal que nunca. Personas inteligentes harán bien en ignorar la oferta de "Everest para ti". Los aún más listos podrán observar el Everest desde la ventanilla del avión, sin tener que pagar enormes cantidades a poco serios organizadores de viajes, que siempre intentan vender la idea que son mejores unas vacaciones en el Everest que en Mallorca."

Reinhold Messner

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