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ENTREVISTA

Cathy O’Dowd: “La arista Mazeno es un reto de otra época”

La alpinista sudafricana residente en Andorra formó parte de la expedición británica que abrió una nueva ruta al Nanga Parbat a través de la arista Mazeno. En este entrevista, cuenta su vivencia personal en la montaña.

Isaac Fernández - Miércoles, 29 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 08:51h.

Cathy O'Dowd en la zona de las Torres de la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán)
Cathy O'Dowd en la zona de las Torres de la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán) (British Nanga Parbat Expedition 2012)

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  • Cathy O'Dowd en la zona de las Torres de la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán) Cathy O'Dowd en la zona de las Torres de la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán)
  • Cathy O'Dowd en la tienda durante la expedición a la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán) Cathy O'Dowd en la tienda durante la expedición a la arista Mazeno
  • Cathy O'Dowd en la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán) con los Pináculos de fondo Cathy O'Dowd en la arista Mazeno con los Pináculos de fondo
  • Cathy O'Dowd en la zona de los Pináculos de la arista Mazeno del Nanga Parbat (Pakistán) Cathy O'Dowd en la zona de los Pináculos de la arista Mazeno
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Cathy O’Dowd ha sido una de las protagonistas de la temporada estival en los ochomiles de Pakistán, como integrante de la expedición británica que ha conseguido completar uno de los proyectos irresueltos de mayor envergadura en una montaña de 8.000 metros, la impresionante arista Mazeno del Nanga Parbat. A pesar de no haber conseguido hacer cumbre –lo hicieron Sandy Allan y Rick Allen en un ataque de 18 días de duración-, ella recorrió toda la arista y sólo se bajó cuando ya no le quedaban energías para un segundo intento a cumbre y empezaba a escasear la comida y el combustible.

Los tuits y actualizaciones del blog de Cathy O’Dowd fueron difundiendo noticias actualizadas durante toda la expedición. Pero, ¿quién es Cathy O’Dowd? Y, ¿qué papel jugaba en la expedición? Vaya por delante que, habiendo crecido en Johannesburgo, consiguió un puesto en la primera expedición sudafricana al Everest, haciendo cumbre el 25 de mayo de 1996 por la ruta normal de la cara sur. Tres años más tarde, se convertía en la primera mujer en llegar al techo del mundo por las dos vertientes tras alcanzar también la cumbre por la ruta normal de la cara norte.

En el año 2000, fue la cuarta mujer de la historia en la cumbre del Lhotse y en 2003 realizó un audaz intento de escalar una nueva ruta en la impresionante cara este del Everest. Actualmente, tiene fijada su residencia en Andorra, desde donde viaja principalmente al Reino Unido para ejercer su profesión de conferenciante y planifica sus próximas aventuras por medio mundo.

¿Cuándo oíste hablar por primera vez de la arista Mazeno?
El líder de la expedición, Sandy Allan, que es un viejo amigo mío, me mandó un mensaje de Facebook en enero invitándome a unirme a la expedición. Hasta entonces, nunca había oído hablar de la arista Mazeno, pero la posibilidad de intentar explorar una nueva ruta en un pico de 8.000 metros era demasiado buena para decir que no.

¿Cómo te embarcaste en esta aventura?
Había escalado la oeste del Lhotse con Sandy, además de hacer cosas en Europa. Conocía a Rick, aunque no habíamos hecho demasiado juntos. Fui invitada en gran parte para llevar las comunicaciones vía web y con la esperanza (sospecho) de que mi presencia les ayudaría a aumentar el dinero de patrocinio! Para ser honestos, no esperaba realmente que ninguno de nosotros lo consiguiera y no esperaba llegar ni por mucho tan lejos como finalmente lo hice.

¿Qué condiciones os encontrasteis en la montaña durante la ascensión y travesía por la arista?
En general, tuvimos suerte con las condiciones, a pesar de que estuvieron lejos de ser perfectas. Nos nevó un poco durante las primeras semanas de aclimatación y tuvimos unas condiciones muy calurosas en la parte de abajo, haciendo laborioso el abrirse paso. En cuanto nos embarcamos en el ataque por la arista, no tuvimos tormentas y muy poca nieve fresca. No tuvimos ningún día de un viento lo suficientemente fuerte como para que no nos permitiera escalar –aunque los vientos en altura en nuestro primer ataque a cumbre fueron inoportunos.

Había un montón de nieve en la arista, que probablemente redujo la dificultad técnica en las secciones más estrechas. De todos modos, la nieve era constantemente profunda –según el punto, llegaba entre la rodilla y la cadera- y a menudo de una horrible calidad azucarada que convertía en algo extenuante y frustrante el hecho de escalar arriba o abajo pendientes pronunciadas. Una de las razones de que el descenso desde la cumbre de Rick y Sandy llevara tanto tiempo fue debudo a la gran profundidad de la nieve que había en la vertiente Diamir y el constate riesgo de avalanchas. También tuvimos horas de neblina varios días, a menudo durante la tarde, que nos causó problemas a la hora de buscar la ruta, tanto durante la subida como durante la bajada.

Cotamos la escalada con grado alpino ED, mayoritariamente escocés III, pero con pasos de escocés IV. Aunque esa cotación no hace justicia realmente a su increíble longitud en altura. Como dijo Rick: “No existen muchas rutas de 18 días en picos de 8.000 metros con las que compararla! Está en la misma categoría que la travesía soviética del Kangchenjunga de 1989, una categoría de dos”.

¿Qué se siente al recorrer un terreno tan poco frecuentado como la arista Mazeno y ser los primeros en completarla?
Me encantó el aislamiento del reto. En las seis semanas en que estuvimos en nuestro campo base o por encima de él, no vimos otros alpinistas, aparte de dos esquiadores de montaña alemanes que pasaron por allí después de haber hecho algunas cumbres más pequeñas por el glaciar del Rupal.

Teníamos que ser completamente autosuficientes, para continuar o caer en base a nuestras propias decisiones. Fue un gran logro hacer una primera ascensión en un pico de 8.000 metros. Y esta es también una ruta muy especial. Las nuevas rutas en los ochomiles de hoy en día tienden a ser líneas directissimas técnicamente difíciles. Este tipo de retos de larga resistencia están pasados de moda, casi te remontan a una época anterior.

¿Cuándo y por qué decides renunciar a la cumbre?
Me di por vencida hacia las siete de la mañana de nuestro primer intento de cumbre, el 12 de julio. Habíamos estado escalando desde la una de la madrugada con frío y viento, y no habíamos elegido bien la ruta para acercarnos a la cima (un terreno mixto delicado y no la línea más directa).

Por entonces –el undécimo día desde que habíamos dejado el campo base- estaba muy cansada, con un dolor de espalda permanente debido a la carga y una preocupación creciente sobre el hecho de que si utilizaba la pequeña energía que me quedaba yendo a la cumbre no podría hacer todo el camino de regreso. (Recordando que el descenso no era simplemente rehacer nuestras propias huellas con la ayuda de cuerda fija. Teníamos que encontrar una línea de descenso hasta entonces desconocida.)

Ese día, nadie del equipo alcanzó la cumbre, e incluso si hubiéramos tenido la energía, ya no teníamos los recursos (gas y comida) para que todos pudiéramos descansar e intentarlo de nuevo.

Encontraste dificultades también en tu descenso, ¿cuáles y cómo las viviste?
Los tres sherpas y yo decidimos bajar por la ruta Schell, la líinea descendente más directa, teniendo en cuenta dónde estaba nuestro campo de altura. Sabíamos que teníamos que descender por la arista hasta unos 6.000 metros y en algún punto por debajo de esa cota bajar hacia el este. Encontramos un campamento abandonado y una cuerda fija enterrada profundamente. Por debajo de allí, entró la neblina y no encontramos cualquiera que fuera el lugar en el que deberíamos haber girado. La arista bajaba todavía más pendiente y giraba al oeste, hasta que nos vimos obligados a empezar a rapelar por el flanco oeste.

Una docena de rápeles desde tornillos de hielo, eslingas y setas de nieve nos dejó destrepando una pendiente de cuarenta grados con un amplio despliegue de seracs por encima de nosotros. Íbamos escalando en dos cordadas de dos, y los otros consiguieron salir de la pendiente y llegar a la morrena inferior para la caída de la noche. Sin embargo, Rangdu y yo estábamos todavía destrepando a las diez de la noche, cuando él cayó (estábamos escalando en ensamble y él iba por encima de mí) y se rompió el tobillo. Decidimos que era más seguro detenernos durante la noche y tallamos una minúscula repisa para la tienda por debajo de una proa de roca, la única protección que pudimos ver contra una posible avalancha.

Una avalancha enorme cayó a la derecha de nuestro campamento a las cinco y media de la mañana y, una vez hubimos alcanzado la seguridad de la morrena y nos habíamos unido a los otros dos, vimos otro alud bajar a las diez de la mañana. Si cualquiera de los dos hubiera ocurrido la tarde anterior, bien podríamos haber muerto todos.

El resto del día fue un largo y arduo camino bajaqndo por roca suelta y enormes bloques de roca al lado de una enorme cascada. Y todo ello, Rangdu tuvo que hacerlo con un tobillo roto, ya que no había opciones de conseguir un rescate para él.

Además, ¿sentías preocupación por tus compañeros que seguían hacia la cumbre?
Desde luego, estaba preocupada por ellos. Ellos estaban tan cansados como nosotros, les quedaba poca comida y gas y sin los sherpas para ayudarles a abrir huella. Pero yo confié en su juicio, son tipos duros con décadas de experiencia abriendo exigentes nuevas rutas por todo el mundo.

¿Cuándo supiste que tus compañeros habían hecho cumbre y como viviste ese momento?
Esa mañana, habíamos caminado hacia Tareshing y entonces empezamos el trayecto en coche alrededor de la montaña hacia Chilas. Es un largo camino por malas carreteras. Alrededor de la medianoche todavía estábamos conduciendo, embutidos en una vieja furgoneta con todo el material. Nuestro guía local recibió un mensaje en su móvil alrededor de medianoche para avisarle de que los chicos habían alcanzado la cumbre. Encendí el teléfono satélite que llevaba y recibí su mensaje.

Me sentí a la vez muy alegrada -¡una nueva ruta! ¡lo habíamos hecho!- e inmediatamente preocupada. De acuerdo al plan, deberíanhaber alcanzado la cumbre hacia mediodía del 14 y encontrarse medio camino abajo por la cara Diamir al anochecer. En cambio, ¡estaban en la cumbre a las 18:12 del día 15! Eso no parecía indicar que se encontrasen en buena forma para el largo descenso que tenían por delante. La posibilidad de que se metieran en serios problemas durante el camino de bajada parecía muy alta.

Para añadir a la preocupación, había oído esa mañana que Roger Payne, un famoso guía de montaña británico conocido de todos nosotros, había fallecido unos días antes en el Mont Blanc. Era muy hábil, un escalador muy cuidadoso y si él podía morir en la montaña, entonces cualquiera podía.

Ahora, después de las semanas que han pasado, ¿cómo reflexionas sobre todo lo ocurrido?
Fue una experiencia extraordinaria y me siento muy afortunada de haber sido incluida en ella. Siento no haber formado parte del equipo de cumbre, pero también soy muy clara sobre mis razones para descender cuando lo hice. Al volver en plena temporada de trail-running en Catalunya, ¡soy feliz de no tener congelaciones en los pulgares!

Cometimos algunos errores al principio que nos costaron dos días en la arista. Si hubiéramos llegado al campo de altura dos días antes, con toda esa comida, gas y energía de más, quizás hubiéramos hecho cumbre todos… Pero así es la vida (y el alpinismo). Haces tu mejor juicio en aquel momento y después vives con las consecuencias. ¡Esa es la razón por la que todo esto es tan interesante!

¿Qué lugar ocupa esta expedición en tu carrera como alpinista?
Es lo más emocionante y lo más difícil que he hecho nunca como alpinista. Técnicamente, la escalada a lo largo de la arista no es terriblemente difícil, pero la ubicación es extraordinaria y la exposición es extrema.

¿Cuál ha sido el recibimiento en Andorra?
Ha sido muy positivo, muchísimo interés, muchísima emoción. Me siento honrada por el apoyo que he recibido en Andorra, tanto de mis patrocinadores (MoraBanc, Viladomat y Andorra Telecom) como del público en general.

¿A qué te dedicas allí?
A pesar de que llevo viviendo en Andorra desde hace una década, no trabajo en el país. Estoy allí por el esquí de travesía, el trail-running, el fácil acceso a la escalada en roca de Catalunya, ¡y el sol! Trabajo como oradora motivacional, dando presentaciones a grandes empresas tanto en inglés como en español, utilizando mis experiencias en alta montaña para ilustrar ideas acerca de la motivación, el liderazgo y el trabajo en equipo efectivo.

¿Tienes ya en mente otros objetivos alpinísticos para el futuro?
No estoy segura. No me interesa simplemente tachar picos de 8.000 metros por las rutas normales. Me gustaría volver al Himalaya para intentar más rutas nuevas o picos vírgenes pero a menor altitud. Ahora mismo mi próximo objetivo es hacer la primera travesía femenina del Campo de Hielo Patagónico Norte el mes de diciembre.

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