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Una fuerte personalidad que no dejó a nadie indiferente

Hoy, hace 75 años, nació una mujer llamada Wanda... Rutkiewicz

Hoy -hace 75 años. nacía Wanda Rutkiewicz, una gran alpinista dotada de una fuerte personalidad, que fue la primera mujer europea en ascender el Everest y también la primera en escalar el K2 (1986). Fue una mujer cuya historia, forma de ser, carisma, determinación y también -porqué no decirlo- belleza dio lugar a muchas situaciones, anécdotas y buen alpinismo femenino. Su sueño fue completar los Catorce Ochomiles pero desapareció cuando intentaba la cima de su noveno ochomil: el Kangchenjunga.

DESNIVEL - Domingo, 4 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 22:04h.

Wanda Rutkiewicz
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Hoy nacía Wanda Rutkiewicz, una gran alpinista dotada de una fuerte personalidad, que fue la primera mujer europea en ascender el Everest (y el mismo día que su compatriota polaco Karol Wojtyła era ordenado Papa, Juan Pablo II), fue también la primera mujer en escalar el K2 (1986), ese mismo día ascendieron Liliane Barrard, que fallecería en el descenso con su mario Maurice).

Wanda murió en 1992 cuando intentaba su noveno ochomil el Kanchenjunga. Fue una mujer cuya historia, forma de ser, carisma, determinación y también -porqué no decirlo- belleza dio lugar a muchas situaciones y anécdotas y una decisión que tomó tras sus primera expediciones: que sus expediciones fueran femeninas. Su determinación y deseo de hacer un alpinismo en el mejor estilo posible hizo que se negara en su intento invernal al Annapurna -1989- a utilizar sherpas a pesar de Wielicki intentó convencerla de que lo hiciera. Hoy Wanda tendría 75 años.

En su recuerdo publicamos este texto tomado del libro de Bernadette McDonald "Escaladores de la Libertad, la edad de oro del alpinismo polaco", que refleja la compleja personalidad de esta mujer que revolucionó el himalayismo de la época y no dejó indiferente a ninguna de las personas que la conocieron o compartieron expedición con ella. También Reinhold Messner, en su libro "On the top, mujeres en la cima", dedica un capítulo a Wanda, con quien coincidió en alguna expedición.

Tras el Everest, estaba convencida de que una mujer nunca podría asumir un papel igualitario en una expedición mixta

"Pero desde la perspectiva de Wanda, las actuaciones de ellos (y el aislamiento de ella) le animaron más que nunca a montar en el futuro sus propias expediciones formadas exclusivamente por mujeres. Tras el Everest, estaba convencida de que una mujer nunca podría asumir un papel igualitario en una expedición mixta, y estaba cansada de pelear en la montaña por lo que ella consideraba que eran sus derechos.

Su estilo, cuando se veía ante un problema o una desavenencia, era conflictivo. Sobre todo en montaña, ella rehusaba dar su brazo a torcer o plantearse un compromiso. Para Wanda, compromiso era señal de debilidad. Pero estar constantemente luchando y defendiendo su punto de vista era fatigoso, y hasta una persona tan resuelta como ella se aburrió al cabo de cierto tiempo.

Wanda era de todo menos predecible

La consistencia tampoco era el punto fuerte de Wanda. Si bien a menudo era terca, también era perfectamente capaz de usar a su favor sus encantos femeninos. Hay multitud de historias sobre cómo camelaba a expedicionarios para que le ayudaran en tareas particularmente pesadas o difíciles. Durante una expedición al K2, un médico del equipo británico quedó completamente cautivado por su carismática belleza, y acudió cuando la oyó gritar pidiendo ayuda porque había encontrado una garrapata en su espesa cabellera. Cuando ella salió de su tienda profiriendo gritos, ese médico y sus compañeros fueron corriendo hasta ella y peinando con cuidado su cabello enredado, acabaron quitándosela. En otra ocasión, mientras el mejicano Carlos Carsolio tuvo que esperar en Pakistán 17 días por su permiso de ascensión, Wanda se pavoneó con las autoridades de Islamabad vestida con sus mejores ropas de verano, maquillada y con tacones, y regresó triunfante con su permiso en cuestión de horas. Cuando quería, sabía como hacer funcionar al sistema. Pero, obviamente, eso no había funcionado en el Everest.

Su comportamiento errático, que pasaba de un ardiente feminismo a una avezada sensualidad, dio lugar a grandes historias, pero frustraba a quienes se encontraban cerca de ella. Nunca sabían qué podían esperar. Sus compañeros de equipo y sus colegas no sabían si se verían ante la firmeza de alguien convencida de que todos deben ser iguales o ante la delicadeza de una romántica. Wanda era de todo menos predecible.

A pesar del regusto amargo que dejó, su victoria en el Everest fue significativa y ella lo sabía. El 16 de octubre de 1978 se había convertido en la tercera mujer en subir a esa montaña, la primera europea y la primera persona de nacionalidad polaca. Mientras se estaba desarrollando la ascensión, a la Asociación Alpina Polaca iban llegando notas de prensa. «Wanda en el collado sur… Wanda está en la cumbre sur… Wanda en el escalón Hillary… Wanda está ascendiendo… ¡Wanda está en la cumbre!» Y mientras esas noticias continuaban llegando desde la montaña, los polacos también esperaban noticias de otro tipo. Las miradas de todo el mundo estaban en Roma, pues los cardenales del Vaticano estaban eligiendo al nuevo papa. Y en la breve lista de candidatos figuraba un polaco.

Alek Lwow clasificó el alpinismo polaco en tres niveles: 1. alpinismo masculino. 2. alpinismo femenino. 3. Wanda Rutkiewicz.

Wanda regresó a casa desde el Everest preocupada sobre cómo reaccionarían los escaladores polacos ante su éxito. Incluso llegó a preguntarle a Hanna Wiktorowska, la secretaria de la asociación alpina, qué comentaban los chicos o si estaban enfadados. Desde luego, sí que había algo de molestia por el hecho de que hubiera sido una mujer polaca (no un hombre), la primera persona de esa nacionalidad en subir al Everest, pero la mayoría no dijo una palabra acerca de ello. Algunos escaladores polacos que habían albergado aspiraciones sobre el Everest perdieron interés en esa cumbre ahora que lo había hollado alguien de su país. A algunos hasta se les ocurrió un chascarrillo: «Primero sube Wanda; luego el resto de la banda».

Más o menos por esa época, Alek Lwow resumió el estatus de fama de Wanda clasificando el alpinismo polaco en tres niveles: 1. alpinismo masculino. 2. alpinismo femenino. 3. Wanda Rutkiewicz. «Ella tiene su propia categoría» decía Alek riendo. A pesar de todo, a muchos les irritaba que Wanda acaparara toda la atención mientras que sus ascensiones ese mismo año a las cumbres central y sur del Kangchenjunga (dos ochomiles que hasta la fecha permanecían vírgenes) hubieran pasado relativamente desapercibidas.

Por un lado, sus frustraciones tenían fundamento, pues desde el punto de vista alpinístico, sus ascensiones en el Kangchenjunga eran más difíciles e importantes que la subida de Wanda al Everest, ya que eran auténticas «primeras». Al mismo tiempo, insistían en afrontar el alpinismo de una manera más purista: escalar para ellos mismos, no por la fama. Al menos, eso es lo que decían. Wanda era evidentemente alguien que, además de escaladora, se promocionaba a sí misma. Sabía cuál era el lugar de Polonia en la historia del himalayismo igual que cualquier otra persona. El Everest se lo habían puesto en bandeja. Ella lo había aprovechado. La primera.

Ella tenía la fuerza y la determinación no de cinco ni de diez, sino de 25 mujeres.

A Hanna Wiktorowska no le daban ninguna pena quienes se quejaban:

—Siempre dije que ella tenía la fuerza y la determinación no de cinco ni de diez, sino de 25 mujeres. Sencillamente, dejaba fuera de combate a todos.
Para mayor gloria aún, el día que Wanda hizo cumbre coincidió con el día en el que el cardenal polaco Karol Wojtyla fue elegido papa y se convirtió en Juan Pablo II. Ese hecho por sí solo suscitó una publicidad con la que un escalador profesional sólo podía soñar, como el regalo que le hiciera con el Everest Edmund Hillary a la joven reina Isabel II, cuya coronación coincidió con el anuncio de su llegada a la cumbre.


La historia de un grupo de extraordinarios alpinistas polacos

Escaladores de la libertad

La edad de oro del himalayismo polaco

por Bernadette McDonald

Escaladores de la libertad cuenta la historia de un grupo de extraordinarios alpinistas polacos –Jerzy Kukuczka, Voytek Kurtyka, Wanda Rutkiewicz, Krzysztof Wielicki, Andrzej Zawada, Artur Hajzer…– que emergieron bajo el manto de opresión que siguió a la Segunda Guerra Mundial para convertirse en la vanguardia de la escalada en el Himalaya.

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