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TESTIGO DE LA TRAGEDIA DEL EVEREST EN 1996

Araceli Segarra: “La tragedia Everest 1996 fue una suma de malas decisiones y mala suerte”

La primera mujer española en subir al Everest lo hizo en mayo de 1996, en la misma temporada que se produjo la gran tragedia que ahora se ha convertido en una historia para la gran pantalla. En esta entrevista nos cuenta cómo vivió esos momentos y su opinión sobre la película.

Héctor Fernández y Darío Rodríguez/DESNIVEL - Martes, 29 de Septiembre de 2015 - Actualizado a las 19:00h.

Ed Viesturs, Veikka, Robert Schauer, David Breashears y Araceli Segarra descendiendo a Beck Weathers por la pared del Lhotse.
Ed Viesturs, Veikka, Robert Schauer, David Breashears y Araceli Segarra descendiendo a Beck Weathers por la pared del Lhotse. (©Araceli Segarra)

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  • Ed Viesturs, Veikka, Robert Schauer, David Breashears y Araceli Segarra descendiendo a Beck Weathers por la pared del Lhotse. Ed Viesturs, Veikka, Robert Schauer, David Breashears y Araceli Segarra descendiendo a Beck Weathers por la pared del Lhotse.
  • Araceli Segarra cruzando una de las escaleras del “Ice Fall” para instalar cuerda fija en el Everest. Araceli Segarra cruzando una de las escaleras del “Ice Fall” para instalar cuerda fija en el Everest.
  • Araceli Segarra, Irán. Araceli Segarra.
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  • Araceli Segarra escalando en Los Pirineos del parque de Aigües Tortes  durante la travesía de la Carros de Rock. 2010 Araceli Segarra escalando en Los Pirineos del parque de Aigües Tortes durante la travesía de la Carros de Rock. 2010
  • Araceli Segarra escalando la Goulotte Boivin Dome de Neige des Ecrins. 2013 Araceli Segarra escalando la Goulotte Boivin Dome de Neige des Ecrins. 2013
  • Entrando a Beck Weathers en el helicóptero que aterrizó a medio camino entre campo I y II del Everest. Entrando a Beck Weathers en el helicóptero que aterrizó a medio camino entre campo I y II del Everest.
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En la sección de Aventura del programa de radio Al Primer Toque, Héctor Fernández y Darío Rodríguez entrevistaron a Araceli Segarra, la primera mujer española en alcanzar la cima del Everest. Esto fue en 1996, el mismo año y en la misma temporada que tuvo lugar la gran tragedia que relata el libro 'Mal de Altura' y que ahora podemos revivir en cine tras el estreno de la película "Everest".

Ella presenció los sucesos, estaba con la expedición Imax y coincidió en el campo base y en la montaña con las expediciones comerciales Adventure Consultants, de Rob Hall, y Mountain Madness, de Scott Fisher. Pocas veces ocurre que una persona tenga la oportunidad de ver en cine los acontecimientos que vivió en directo. Por eso nos interesaba conocer la opinión de Araceli sobre la película y, también, sus vivencias y sensaciones durante aquellos días. (Puedes escuchar la entrevista aquí).

"Fui al cine a ver la película con prejuicios"

Lo que te ha ocurrido a ti no es habitual: haber vivido de cerca los hechos que se relatan en una película.
Sí, la verdad que esto pasa pocas veces, es muy difícil ser testigo directo de un acontecimiento histórico y luego revivirlo en la gran pantalla.

En mayo de 1996 estabas en el Everest con la expedición Imax, ¿qué sentiste cuando viste la película?
La tengo que volver a ver porque aún no tengo una idea muy formada. No iba con la mente en blanco, iba con prejuicios porque estuve ahí; también por las críticas que había leído y porque he visto el resultado de otras grandes producciones de cine de montaña. Salvo Tocando el Vacío no he visto ninguna historia buena o aceptable. Al principio pensé: “no está tan mal”, hay imágenes espectaculares, muy bien hechas y muy reales, que ahora mismo con una grúa o un helicóptero no se podría realizar. Luego peca porque no es 100% verídica, aunque es muy difícil que el espectador pueda saberlo.

Por eso acudimos a ti. ¿Cómo fue la historia? ¿Qué pasó? ¿Cómo lo viviste?
Nosotros fuimos para rodar un documental en formato Imax, con cámaras gigantes, éramos una expedición internacional. Había 10 expediciones más en el campo base, para la época era bastante, pero comparado con la actualidad era poco. Dos de esas expediciones eran comerciales e importantes. Hasta la fecha había habido muy pocas de este estilo. Tenían marcadas las fechas de cumbre, así que tuvimos una reunión y acordamos que el equipo Imax iría delante porque no queríamos filmar a una multitud de gente.

“Aquello no estaba en condiciones y nos bajamos”

En el C3 pasamos una noche de perros y decidimos que aquello no estaba en condiciones y nos bajamos. En el descenso nos cruzamos con las expediciones que subían y les dijimos: “nosotros no lo vemos”, pero ellos decidieron seguir. Pasaron la noche en el C3, hubo un accidente y tuvimos que subir a rescatar un taiwanés [que falleció] y retirar su cuerpo de la ruta. Las expediciones siguieron al C4 y luego llegó el día de cumbre. Eran tres, las dos comerciales y la del taiwanés, que en el fondo también era comercial porque iba una persona con guía, no un alpinista puro y duro.

Se juntaron las malas decisiones y la mala suerte. Aclaro esto porque las malas decisiones no siempre implican desastre. Además, las circunstancias eran complicadas, algunas personas estaban enfermas, otras no sabían demasiado de montaña, aunque había gente que sí.

“Una tormenta sorprendió a gente bajando demasiado tarde de la cumbre”

De repente llegó una tormenta que sorprendió a gente bajando demasiado tarde de la cumbre. Una serie de personas desaparecieron, otras murieron, a otras se las dio por muertas, como a Beck Weathers, pero no se habían muerto. Fue un desastre, había mala comunicación y mala organización. Nosotros estábamos en el C2 viendo y escuchando lo que pasaba. Cuando vimos que se necesitaba más gente de apoyo ofrecimos oxígeno, comida, tiendas y todo lo que teníamos en el C4 para nuestro hipotético ataque a cumbre.

“Sacamos a varias personas de ahí y nos fuimos a descansar”

Subimos, intentamos hacer el rescate, alguien convenció a un piloto nepalí para que fuera hasta ahí y nosotros llegamos justo para meter en el helicóptero a Beck Weathers y al taiwanés que quedaba con vida y que no sale en la película. Sacamos a varias personas y nos fuimos a descansar. Diez días después hicimos cumbre.

Marcaste el sitio donde aterrizó el helicóptero...
Fue David Breashears, pero lo hizo con la idea que le di. Ellos estaban buscando algo (pañuelos o trapos) y yo les dije que usáramos un zumo de naranja rojo que teníamos y le tiré la botella. Él estaba más cerca de donde podría posarse el helicóptero que estaba llegando. Recuerdo que era un campo a medio camino entre el C1 y el C2, un glaciar lleno de grietas. El helicóptero tenía que aterrizar en un sitio sólido y seguro.

Después de todo esto volvéis a la cima. Psicológicamente debió ser difícil, ¿cómo fue pasar por los sitios de la tragedia?
Nos retiramos al CB a descansar no solo físicamente. Yo llevaba ya cuatro ascensos a 7.200m, donde estaba el C3. La carga del rescate nos cansó psicológicamente. Recuerdo estar en el C2 mientras Ed Viesturs hablaba con Rob Hall intentando convencerlo para que se levantara y saliera de ahí. Primero se enfadaba y le gritaba, luego le daba ánimos, le decía cosas bonitas, se volvía a cabrear para que reaccionara... Rob no se movía, y cuando se apagó su walkie-talkie supimos que no le volveríamos a ver.

“La parte psicológica es la más difícil de recuperar”

La parte psicológica es la más difícil de recuperar. Al final cada uno decidió lo que quería hacer. Buscas tus razones para motivarte otra vez. Las de cada uno son muy diferentes y la fuerza para volver la acabas sacando de esas razones. Una de las que compartimos todos era no dejar la sensación del Everest como un lugar de terror y muerte. Se puede escalar bien, se puede disfrutar, puedes tener bonitas razones. A veces la estela negativa acaba dejando un mal sabor de boca y queríamos enseñar lo contrario. Creo que las fuerzas las sacamos de ahí.

”Te replanteas por qué haces las cosas”

Durante el ascenso, en la cima sur, encontramos el cuerpo de Rob Hall, éramos los primeros que lo veíamos. Durante el descenso también vimos a Scott Fischer y a la japonesa Yasuko Namba. Da pena, mucha pena y te replanteas por qué haces las cosas. Luego, gracias al compañerismo, ves que lo estás haciendo bien y que formas parte de un equipo de gente que lo da todo, que decide no filmar todo aquello porque antes hay que ayudar. Eso te da la certeza de que estás con las personas correctas.

Hemos hablado con muchos alpinistas, y al final siempre surge la misma pregunta: ¿la montaña te insensibiliza? ¿Hay que insensibilizarse a esa altura para poder sobrevivir tanto física como mentalmente?
Yo no me insensibilizo, todo lo contrario, subía pensando en ellos y con mucha pena. Cuando bajé me puse a llorar. Lo que sí te insensibiliza es cuando tienes que actuar rápidamente ante una emergencia, te planteas lo que puede ser un rescate, una tragedia. No sabes cómo actuar, ni si podrás hacer algo. Al final reaccionas, de alguna manera tu mente está preparada para actuar de manera efectiva, rápida y precisa en esos momentos. Cuando ha pasado, no haberme vuelto insensible creo que es una gran victoria. En el momento que esto me resulte frío creo que habré dejado de ser la persona que siempre he sido, y no quiero.

“Anatoli Bukreev era una bestia, era tan fuerte sin oxígeno como lo podíamos ser nosotros con oxigeno.”

En esta tragedia, ¿hasta qué punto influye la competición entre los jefes de las expediciones comerciales?
El tema de la competición entre las dos agencias lo desconocía, nunca tuve esa sensación mientras estaba ahí. Hasta un punto, el que haya dos expediciones comerciales es bueno porque cada uno hace una parte del trabajo y no queda toda la responsabilidad sobre una de ellas. Siempre es así, hasta cierto punto cuanta más gente haya, mejor. Así los trabajos, la carga y el gasto se distribuyen. Esa es la parte sobre la que necesito recabar información porque yo no lo sabía ni lo sentí.

¿Y el papel de Anatoli, el alpinista ruso que sube sin oxígeno?
Anatoli Bukreev era una bestia, era tan fuerte sin oxígeno como lo podíamos ser nosotros con oxigeno. Hay un libro escrito por su mujer que creo que no se ha traducido al español y en el que, por lo visto, ella es capaz de expresar mejor y ser más concisa con los conceptos. Transmite mejor la realidad sobre cómo era él y sus capacidades. Él fue el único que subió hasta donde estaba Scott, fue el único que salió dos veces de la tienda para rescatar a Sandy Pittman y a su grupo. Iba sin oxígeno, pero hizo mejor trabajo que algunos de los que lo llevaban. Yo no me atrevo a juzgarlo y no lo haré nunca.

El libro de Jon Krakauer sobre la tragedia:

Mal de altura

 

por Jon Krakauer

Mal de altura se ha convertido en una lectura obligada para todo amante de la literatura de montaña, de aventura o de viajes. Un best seller internacional tanto por la calidad de la historia como por el acierto con el que su autor, Jon Krakauer, nos narra lo sucedido.

Qué más se puede decir de una tragedia que conmocionó el mundo de la montaña incluso transcendiéndolo… quizá sólo que merece la pena empaparse de la intensidad de las palabras y el estilo gráfico del autor que consiguen atrapar al lector y nos llevan en este viaje literario hasta el corazón mismo de lo inevitable.


El tiempo se detiene mientras Krakauer perfila y relata conmovedoramente lo sucedido.

La respuesta de Anatoli:

Everest 1996

por Anatoli Bukreev ; G.W. DeWalt

Cuarta edición de una obra que nos cuenta la verdad sobre la mayor tragedia en la historia del Everest. ¿Está hoy realmente al alcance de cualquiera la gloria de la ascensión a la cima más alta del mundo? ¿Cuáles son los riesgos del comercio de la aventura que se ofrece a llevarnos a la legendaria cumbre por sesenta mil dólares?

El día 10 de mayo de 1996 dos expediciones comerciales lideradas por guías expertos atacan la cumbre más alta del mundo. Pero una tormenta cegadora junto con una inexplicable confluencia de fallos de organización se alían en una conspiración mortal.

Veintitrés hombres y mujeres, golpeados por ráfagas de nieve y vientos huracanados, perdidos en la oscuridad y sin oxígeno, se resignan a morir. En medio de este infierno, Anatoli Bukreev, guía jefe y uno de los mejores alpinistas del mundo, se niega a abandonar la esperanza. Solo, escalando a ciegas en las fauces de la tormenta, consigue salvar vidas humanas abandonadas a una muerte segura.

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