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PIOLET DE ORO 2018 POR SU CARRERA

Andrej Stremfelj: “Un alpinista no puede completar muchas escaladas comprometidas en su vida”

El pilar sur del Kanchenjunga fue su proyecto más reconocido, pero el estilo alpino a gran altitud ha sido una de las constantes en la vida del esloveno Andrej Stremfelj, que este año recibirá el Piolet de Oro por el conjunto de su carrera. Recuperamos esta entrevista que le hicimos en 2005.

José L. Mendieta y José M. Velázquez-Gaztelu/ DESNIVEL - Jueves, 14 de Junio de 2018 - Actualizado a las 17:45h.

Andrej Stremfelj en la última noche del descenso desde la cumbre del Kanchenjunga Sur, 1991. Imagen recogida en el libro 'Guerreros Alpinos' (Ed. Desnivel).
Andrej Stremfelj en la última noche del descenso desde la cumbre del Kanchenjunga Sur, 1991. Imagen recogida en el libro 'Guerreros Alpinos' (Ed. Desnivel). (@ Col. Andrej Stremfelj)

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  • Andrej Stremfelj en la última noche del descenso desde la cumbre del Kanchenjunga Sur, 1991. Imagen recogida en el libro 'Guerreros Alpinos' (Ed. Desnivel). Andrej Stremfelj en la última noche del descenso desde la cumbre del Kanchenjunga Sur, 1991. Imagen recogida en el libro 'Guerreros Alpinos' (Ed. Desnivel).
  • Andrej Stremfelj en la cima sur del Kanchenjunga. 1991. Andrej Stremfelj en la cima sur del Kanchenjunga. 1991.
  • El alpinista esloveno Andrej Stremfelj. Piolets d´Or 2012. El alpinista esloveno Andrej Stremfelj. Piolets d´Or 2012.
  • Los eslovenos Andrej Stremfelj (izda) y  Marko Prezelj recibieron el primer Piolet de Oro por su ascensión en 1991, en estilo alpino, de la arista sur del Kangchenjunga (cima sur, 8.476 m.). Piolets d´Or 2012. Los eslovenos Andrej Stremfelj (izda) y Marko Prezelj recibieron el primer Piolet de Oro por su ascensión en 1991, en estilo alpino, de la arista sur del Kangchenjunga (cima sur, 8.476 m.). Piolets d´Or 2012.
  • Los eslovenos Andrej Stremfelj (izda) y  Marko Prezelj recibieron el primer Piolet de Oro por su ascensión en 1991, en estilo alpino, de la arista sur del Kangchenjunga (cima sur, 8.476 m.). Piolets d´Or 2012. Los eslovenos Andrej Stremfelj (izda) y Marko Prezelj recibieron el primer Piolet de Oro por su ascensión en 1991, en estilo alpino, de la arista sur del Kangchenjunga (cima sur, 8.476 m.). Piolets d´Or 2012.
  • Foto: Andrej Stremfelj... Foto: Andrej Stremfelj
  • Andrej Stremfelj en la arista oeste del Everest. Andrej Stremfelj en la arista oeste del Everest.
  • Andrej Stremfelj junto a su mujer e el Everest en 1991. Fue el primer matrimonio en conseguirlo. Andrej Stremfelj junto a su mujer e el Everest en 1991. Fue el primer matrimonio en conseguirlo.
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Si en los colegios existiera una asignatura llamada “Himalayismo, compromiso y estilo”, probablemente la primera ascensión a estudiar sería la de la arista sur del Kangchenjunga sur. Andrej Stremfelj y Marko Prezelj, los autores de aquella tesis, obtuvieron la nota cum laude en forma de Piolet de Oro en 1992.

Veintiséis años después, Andrej Stremfelj va a sumar otro Piolet de Oro dentro de unos meses, esta vez el que reconoce los méritos de toda una carrera. Lo recogerá el próximo mes de septiembre y se convertirá en la décima persona que obtiene este galardón, una lista reducida en la que también figuran Walter Bonatti, Reinhold Messner, Kurt Diemberger o Voytek Kurtyka.

Nacido en 1956 en Eslovenia, comenzó a escalar en 1972. Su primera expedición fue al Cáucaso, y dos años después, con 20, hizo la primera a la arista sudoeste del Gasherbrum I (8.068 m), con Nejc Zaplotnik. Otros dos años después, de nuevo con Zaplotnik, escaló el Everest por la arista oeste: ¡primera integral!

En 1981 estuvo en una de las expediciones eslovenas a la sur del Lhotse (8.501 m) y en 1982 comenzó a guiar. Tras el Pico Comunismo y la primera a la este del Dhaulagiri, en 1986 se hizo con el Broad Peak (8.047 m) y el Gasherbrum 2 (8.068 m) con solo una semana de diferencia entre ambos. En 1989, con Pavle Kozjek, abrió en estilo alpino otra primera a la sur del Shisha Pangma (8.027 m).

En la primavera de 1991, con Marko Prezelj, puso la guinda a su carrera de alpinista con la elegante arista sur del Kangchenjunga (8.476 m) y, al año siguiente, la misma cordada, con el mismo estilo, logró otra joya largo tiempo acariciada: Menlungtse (7.181 m). Entonces su estrella le marcó el camino de la Patagonia: apertura en el Paine.

En 1995, él y su mujer subieron en estilo alpino al Cho Oyu (8.201 m) y allí se enamoró del Gyachung Kang (7.952 m). Necesitó tres años para organizar un grupo de cinco; otra primera absoluta.

La entrevista que sigue se hizo en el año 2005 aprovechando su viaje a España para visitar a su hija Katarina, que estaba en nuestro país con una beca Erasmus. Se publicó en el número 222 de la revista Desnivel en una versión más extensa.

"Para escalar a gran altitud es importante acumular experiencia en grandes expediciones"

¿Cómo fueron tus comienzos?
Empecé a escalar en 1972, con 17 años, Nejc Zaplotnik fue algo así como mi profesor. En ese tiempo, ambos nos convertimos en buenos escaladores.

¿Y fuiste con él a tu primera expedición?
Sí, en 1977 –yo tenía 20–, al Gasherbrum I; Nejc Zaplotnik estaba invitado y él me invitó a mí. Yo ni había escalado el Mont Blanc, solo el Elbrus, en 1975. Al principio tuve graves problemas con la altura, pero llegamos a la cumbre 16 días después de haber llegado al campamento base. Completamos el último tramo en estilo alpino, desde el campamento III hasta la cima y con un único vivac pese a que apenas habíamos aclimatado. Aquel viaje fue un visado para el Everest.

Y luego fuiste al Lhotse.
Escalar el Everest me abrió las puertas del himalayismo. Dos años más tarde, en la sur del Lhotse, era unos de los escaladores con más experiencia en esa vertiente. Creo que esta fue una de las últimas grandes expediciones yugoslavas. Todo cambió y, en vez de la federación, los propios escaladores empezaron a elegir los objetivos.Como consecuencia, hoy en día las expediciones eslovenas son más pequeñas.

En esa época, ¿qué tipo de vías escalabais? ¿cómo eran las expediciones?
Escalábamos mucho en invierno. Por lo general, empezábamos en nuestras montañas y de allí dábamos el salto al Himalaya. Después, los más jóvenes, especialmente los de la generación posterior a la mía (Janez Jeglic, Silvo Karo, Slavko Sveticic o Francek Knez) empezaron a escalar nuevas vías duras en los Alpes y Patagonia, pero no tuvieron tanto éxito en el Himalaya. Eran muy buenos hasta los 6.500 m más o menos.

A partir de 1988 se organizaban cada vez menos grandes expediciones con grandes equipos. En el pasado, nuestra federación apoyó demasiado a las grandes expediciones para que Eslovenia escalara los Catorce. Esto creó tensiones, digamos que unos querían escalar los Catorce y otros intentar rutas nuevas en otras montañas. Esto no fue bueno para nuestro alpinismo: los que querían abrir nuevas vías organizaron expediciones por su cuenta y cada vez había menos gente interesada en vías difíciles a ochomiles.

Sin embargo, yo creo que para escalar a gran altitud es importante acumular experiencia en grandes expediciones adoptando un estilo más pesado; si surge algún problema, basta con pasar el mosquetón por la cuerda fija. Mientras que en estilo alpino enfermar significa morir. Los escaladores de mi generación teníamos experiencia en ochomiles, en estilo clásico. Sin esa experiencia, enfrentarse a estas montañas es o imposible o muy peligroso.

"En el sistema capitalista hace falta que exista el mejor escalador"

Desde entonces, el llamado “alpinismo del Este” fue uno de los más activos. Unas veces fueron los polacos, otras los eslovenos, otras los rusos... ¿A qué se debe: al sistema político comunista, a un determinado tipo de sociedad...?
Cuando Eslovenia pertenecía a la Yugoslavia socialista era más fácil conseguir dinero. Con el capitalismo, los patrocinadores prefieren patrocinar a una sola persona, una estrella que de alguna manera les pueda devolver el dinero que han invertido en ella. Un buen ejemplo es Tomaz Humar, el mejor escalador del mundo, o uno de los mejores –es difícil decidir esto–. Así es como funciona el sistema capitalista, hace falta que exista el “mejor escalador”.

En un sistema socialista lo importante es el grupo, el equipo, y por eso, en Yugoslavia, resultaba difícil determinar quién era el mejor escalador. Hoy en día, es prácticamente imposible reunir a varios alpinistas muy buenos para formar un grupo..., bueno, sí es posible, pero no para que escalen juntos el pilar norte del Everest, por ejemplo. Hay muy buenos escaladores que no quieren escalar conmigo, que prefieren ir con un escalador joven no muy conocido que no les haga sombra. La política de los patrocinadores, la capitalista, les empuja a actuar de esta manera.

Antes, las ayudas del Estado eran importantes, y la federación se encargaba de encontrar los fondos, y ahora hay que dedicar más tiempo a buscar financiación y se pierde tiempo para escalar o entrenar. Estoy seguro de que ahora hay menos buenos escaladores que en los ochenta.

¿Qué diferencia, a tu juicio, el mejor alpinismo de los países del Este?
Fueron las diferentes realidades políticas, económicas y sociales de cada uno de estos países las que otorgaron los rasgos de identidad a su alpinismo. Los rusos son un caso especial: durante años estuvieron recluidos en su país y escalaron vías muy difíciles en el Pamir. Puede que fuera el país con mayor número de buenos escaladores; con el sistema soviético tenían la misma consideración que los atletas. Organizaban competiciones de alpinismo, en grupo. Por eso son capaces de formar grupos muy grandes con buenos escaladores para afrontar un objetivo común. No importa quién llega a la cumbre, sí que la expedición tenga éxito. Recuerdo una expedición a la sur del Lhotse integrada por las estrellas de Europa occidental, con Messner y otros alpinistas; no funcionó porque se pelearon.

La escalada polaca también tiene algo de particular. Allí, conseguir dinero era muy difícil, los escaladores iban al Himalaya en coche, luchaban por todo, usaban material viejo y sin embargo eran realmente fuertes. Ocurre algo parecido con los niños: un crío que ha tenido todo lo que ha querido no se desenvolverá tan bien en la vida como otro que ha tenido que luchar por todo, incluso por su propia subsistencia en el día a día.

¿Crees que el sistema occidental puede producir buenos escaladores?
Sí, sí. Pero es mucho más difícil, para los jóvenes de entre 14 y 18 años llegar a la cumbre supone demasiado esfuerzo y prefieren ir en coche a una escuela de escalada. En Eslovenia, en los últimos años, la escalada deportiva ha ido en aumento y el alpinismo en descenso. Muchos de los jóvenes consideran que el alpinismo es muy difícil y peligroso. La sociedad está obsesionada con la seguridad, la gente le tiene miedo a la vida. En alpinismo no hay nada seguro, hay que escalar, no puedes estar todo el rato pensando en lo peligroso que puede resultar. El problema es que en alpinismo hay que estar dispuesto a arriesgar.

"Prefería escalar cimas menos altas con buenas vías"

¿Es bueno entonces pasar miedo en una escalada?
Sí, claro, no tener miedo en una vía difícil no es algo muy positivo. El miedo, si no resulta exagerado —en ese caso será preferible darse la vuelta—, es estimulante. Un ejemplo, cuando escalé el Kangchenjunga: si ahora echo la vista atrás, me da miedo pensar en lo que hubiera podido pasar. Pero entonces estaba seguro de que lo conseguiría, no pensaba en lo que podía pasar si llegaba el mal tiempo. Siempre prefiero esperar a estar en la vía y decidir allí. Esto requiere cierta preparación mental, si no la tienes, es imposible conseguirlo.

¿Por qué ningún alpinista esloveno tiene los Catorce?
El primero que pensó en los Catorce fue Nejc Zaplotnik, pero murió muy pronto. En 1986, Viki [Groselj] y yo estuvimos juntos en el Karakórum, donde escalamos el Broad Peak y el Gasherbrum II. Por aquellas fechas, ambos habíamos escalado cuatro ochomiles, y entonces surgió la idea de coronar los Catorce. Después de lo que había hecho Messner, que acababa de completar la lista, y Kukuczka —nuevas rutas, vías difíciles, invernales...—, escalar los Catorce en un periodo de tiempo muy largo no me interesaba.

Para mí sería mucho más interesante hacerlo en..., no sé, digamos en dos o tres años. Prefería escalar cimas menos altas con buenas vías, buenas paredes. Escalar el Gyachung Kang es como hacer un ochomil, la diferencia es de apenas cuarenta o cincuenta metros. Sin embargo, si mi intención es escalar los catorce ochomiles, el Gyanchung Kang no cuenta. En Eslovenia, el proyecto de los Catorce tenía el apoyo de la federación y esto creó divisiones entre escaladores. Ahora nadie parece interesado.

¿Cómo financias tus expediciones cada dos años?
Me cuesta mucho reunir el dinero necesario, ¡casi más que la escalada en sí! Nunca he querido hacer mucho ruido en torno a mis expediciones y por ello nunca he tenido grandes patrocinadores; he recibido material de algunas marcas, pero casi nunca dinero. Para conseguirlo uno debe estar dispuesto a hacer concesiones: la línea que separa lo que tú quieres hacer de lo que los patrocinadores quieren que hagas es muy delgada.

Es muy difícil caminar por esa línea porque escalar cosas que no quieres puede resultar muy peligroso. Muchos alpinistas se alejan de los grandes proyectos cuando tienen el sentimiento de haber alcanzado el límite, de no poder superar lo que ya han hecho. Tras el Kanchenjunga comprendí que un escalador no podría completar muchas escaladas como aquella en su vida. Se puede hacer una, dos, quizás tres ascensiones como esa, más sería demasiado peligroso. El problema es que si al cabo de dos o tres años no haces ninguna escalada difícil, dejas de ser interesante para los patrocinadores.

"En el alpinismo, fallar significa sufrir una caída"

¿Crees que con un entrenamiento como el de los atletas se podrían hacer barbaridades en altura?
Si no estás preparado mentalmente para escalar la sur del Lhotse, aunque hayas entrenado como Indurain, no lo conseguirás. Por ejemplo, la esquiadora de fondo Manuela di Centa subió al Everest por la vía normal y dijo que era lo más duro que había hecho en su vida, y yo siempre pensé que conseguir una medalla de oro en un maratón de los Juegos Olímpicos era lo más difícil. No estoy seguro de que el hecho de mejorar físicamente cada año sea suficiente para sentirse preparado psicológicamente para afrontar escaladas más difíciles.

[…] Mira los atletas: los récords del mundo los consiguen durante las competiciones, cuando la motivación es máxima, no durante los entrenamientos. Podríamos decir que una vía difícil en el Himalaya, como por ejemplo la sur del Lhotse, equivaldría a batir un récord mundial; pero en alpinismo, averiguar qué día es el apropiado para batir ese récord puede resultar muy peligroso: fallar significa sufrir una caída, mientras que en otros deportes, solo supone no ganar o no ser capaz de batir el récord.

Para ti, ¿el estilo es muy importante en el Himalaya?
Me sentí un poco confundido este año [2005] con las ascensiones rusas al Everest y al Jannu. Cada generación piensa que existe un límite imposible de traspasar, pero la generación siguiente, o la siguiente a la siguiente, lo consigue. Creo que ahora es imposible escalar estas dos rutas en estilo alpino, quizá lo sea dentro de unos años. Pasó algo parecido en los sesenta con las directísimas: se usaban muchos seguros fijos, mientras que ahora son escaladas en libre. Sin embargo, no estoy seguro de que esto fuera negativo, ya que entonces no era posible pasar en libre. Por ello, no creo que escalar hoy en día el pilar norte del Everest con oxígeno sea negativo porque quizá dentro de diez años se haga sin él, quizás incluso en estilo alpino. Ese es el camino que se debería seguir. A veces, para superar esos límites, tan sólo hace falta un pequeño cambio de mentalidad.

Este año se ha subido al Cho Oyu y al Gasherbrum II con oxígeno. Los austriacos no lo usaron en 1954. ¿Qué opinas de esto?
Es exclusivamente una cuestión de dinero. En el Dhaulagiri, le dije a mi cliente que debía escalar hasta el último campo (7.400 m) sin oxígeno, que si no, no subiría. No estoy de acuerdo con que se use oxígeno artificial a partir de 6.000 metros. Pero creo que para los clientes, usarlo en los últimos tramos puede ser una buena solución. Si estos tienen mucho dinero, lo mejor será que contraten un guía para escalar primero un seismil, luego un sietemil, para ver qué tal se desenvuelve en altitud, y luego, si quieren, probar un ochomil. Guiar por encima de 8.000 metros sin oxígeno es muy peligroso. En el Dhaulagiri, mi cliente me dijo que tenía serios problemas con la altitud, pero que tenía muchas ganas de subir a la cumbre; me preguntó si podía usar oxígeno a partir del campo II; le dije que no. Para mí, aparte de muy arriesgado, hubiera sido inmoral guiar a alguien así hasta la cumbre.

"Es muy difícil encontrar nuevas líneas en ochomiles para escalar en estilo alpino"

¿Te gusta el trabajo de guía?
Es una parte de mi vida de alpinista. Has de conocer bien el cliente antes de escalar algo difícil con él, y el camino que te lleva a conocer bien a la otra persona es muy interesante.

¿Se ha perdido el espíritu de exploración y de aventura, o es que se han agotado las posibilidades? ¿Crees que el terreno de juego que queda para los himalayistas es demasiado peligroso?
La mayoría de las rutas lógicas y seguras ya han sido abiertas, es muy difícil encontrar nuevas líneas en ochomiles para escalar en estilo alpino. Puede que las generaciones futuras lleven esos límites más lejos, no lo sé. Otra de las razones para no escalar en ochomiles es que cuesta mucho dinero, así que se buscan cimas menos altas, más baratas, donde se pueden abrir vías muy difíciles. En Eslovenia, la nueva generación intenta demostrar que es posible escalar vías de dificultad en estas montañas. Creo que tienen miedo a encontrarse esas dificultades en altura.

Historia del alpinismo esloveno:

Guerreros Alpinios

Guerreros alpinos

por Bernadette McDonald

Guerreros alpinos nos descubre una fascinante era del alpinismo esloveno, contemplada a través de la lente de Nejc Zaplotnik, uno de los más grandes escaladores y escritores eslovenos, cuyo libro Pot –El camino–, continúa siendo un clásico esloveno, no solo para alpinistas, sino para cualquier ciudadano.
Primada con el galardón BANFF.

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