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UN LUJO AL ALCANCE DE TODOS

Vivaquear en las cumbres

¡En pocos lugares he dormido solo y tan bien acompañado como en las cumbres! Qué paradoja. Estoy convencido de que las cumbres de las montañas en general, y las de nuestro Pirineo en particular, constituyen los mejores alojamientos de turismo rural que existen, pese a que no salen en ninguna guía. ¡Mejor!, más tranquilidad.

Alberto Hernández - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 11:00h.

La roca rojiza de la cumbre del Forca-Clarabides parece arder con las primeras luces del día.
La roca rojiza de la cumbre del Forca-Clarabides parece arder con las primeras luces del día. (Alberto Hernández)

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  • La roca rojiza de la cumbre del Forca-Clarabides parece arder con las primeras luces del día. La roca rojiza de la cumbre del Forca-Clarabides parece arder con las primeras luces del día.
  • Habitación con vistas al valle de Cregüeña. La “cama” está en la cima del pico Estos o Tuca Dalliu. Habitación con vistas al valle de Cregüeña. La “cama” está en la cima del pico Estos o Tuca Dalliu.
  • El frío de los tresmil metros no invita a salir del saco al amanecer en la cima del Perdiguero. El frío de los tresmil metros no invita a salir del saco al amanecer en la cima del Perdiguero.
  • Llega la hora de recoger el vivac en la cima del Vallibierna. Llega la hora de recoger el vivac en la cima del Vallibierna.
  • Cresteando con las primeras luces de la mañana. Cresteando con las primeras luces de la mañana.
  • Vivaquear en las cumbres es el mejor alojamiento. Vivaquear en las cumbres es el mejor alojamiento.
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Hace ya unos cuantos años que me planteé que podría ser interesante pasar noche en altura para disfrutar con mayor intensidad de vistas panorámicas con las mejores luces del día.

Esta idea que me rondaba la cabeza se hizo realidad de forma improvisada hace veinticinco años, cuando terminamos la escalada de la cara norte del Pingue Longue, en el macizo de Vignemale. Realmente fue una decisión impuesta por la situación. Llegamos a la cumbre casi a las once de la noche, y cuando digo que fue improvisada quiero decir sin saco, aunque ahora se llamaría vivac de fortuna, las consecuencias fueron las mismas. Al no llevar nada de material de vivac, no pegamos ojo en toda la noche. Era finales de septiembre y todavía recuerdo el viento que nos desgarró la manta de supervivencia con la que nos envolvimos.

Una experiencia mejorable

Esta experiencia resultó dura, pero las primeras luces de la mañana nos devolvieron la vida. El amanecer que disfrutamos me hizo olvidar rápidamente la nochecita que acabábamos de pasar. Ya bajando por el glaciar, empecé a plantearme que “mejorando” la logística, la experiencia podría repetirla con mayor grado de satisfacción. Había que añadir al material de escalada un mini saco por si acaso.

Con los años, se ha ido consolidando dentro de mis actividades de montaña lo de los vivacs en cumbre, sólo que cuando lo hago, es de forma premeditada y organizada, separándolo de la escalada.

Ya había tenido realmente algún precedente cuando cada vez que comprábamos un saco, nos íbamos a pasar la noche a nuestro querido Moncayo, por supuesto en invierno, ya que con el tiempo hemos ido confirmando que es el lugar cercano a casa más frío que conocemos, seguro que estaréis de acuerdo.

En estos vivacs, el único objetivo que pretendíamos era probar el material para futuras actividades. Éramos muy jóvenes y ni siquiera llevábamos cámara de fotos. También hacíamos muchos vivacs de aproximación a pie de vía o en zonas próximas a las paredes que íbamos a escalar al día siguiente, pero dichos vivacs tampoco constituían por si solo el objetivo de la actividad.

Pero... ¿por qué ir a dormir a una cumbre?

Una excusa podría ser porque es de las pocas actividades en montaña que, en mi opinión, todavía conserva ese romanticismo Russelliano, ya que fue él quien mandó excavar todas las cuevas de la zona del Vignemale, una incluso bajo la misma cumbre de la Pique Longue, hace ya unos ciento cincuenta años con la intención de permanecer en la cumbre durante varios días.

Fue el primero que empezó a dormir cerca de sus cumbres. Otro motivo es que, sabiendo elegir el lugar y el momento, disfrutaremos de las mejores luces del día, ya que el atardecer y el amanecer suelen ser espectaculares, y con el mismo esfuerzo nos llevaremos las dos sesiones fotográficas.

Un aspecto a tener también en cuenta en los tiempos actuales, es que casi siempre estarás solo en la montaña o con los amigos que elijas. Pocas veces he coincidido con otros montañeros durmiendo en una cumbre, aunque es cierto que esta “fórmula” se está popularizando.

Lo habitual es dormir en collados o ibones cercanos. Poca gente lo hace en la misma cumbre. Otra ventaja importante es que, si deseas hacer alguno de los largos cresteríos pirenaicos, ganas horas de luz al empezarlos a primera hora de la mañana y sin madrugar, estando frescos físicamente.

Finalmente, subir a dormir a una cumbre no exige madrugar para llegar a ella ya que no hay que guardar horas para el descenso, y además, se puede iniciar el descenso cuando se ve llegar a los primeros de la mañana: siempre se quedan sorprendidos, y llegas al coche a la hora de comer.

Es evidente que también se pueden alegar motivos para no dormir en las cumbres, como el peso extra que supone, pero el principal inconveniente son las complicaciones que nos puede acarrear un cambio en el tiempo. Mejor no averiguar cuánta luz da un rayo en la noche. En alguna ocasión ya me ha tocado “salir por patas en plena noche”. Menos mal que los actuales frontales son maravillosos ...

Una experiencia positiva... o no

Como veis, cada uno puede buscar sus propios motivos para dormir, o no, en una cumbre, pero si decidimos probar, habrá que tener en cuenta una serie de premisas si queremos que la experiencia sea positiva y queramos repetir.

Los principales requisitos, como en cualquier actividad en montaña, es elegir la actividad adecuada a nuestro estado físico y técnico. Es mejor probar y aprender en montañas accesibles y con fácil escapatoria, y sobre todo, tener una previsión meteorológica favorable con una garantía de buen tiempo de al menos 24 horas. Yo suelo consultar las webs www.aemt.es, www.meteofrance.com, lameteoqueviene.blogspot.com.es o cualquiera de las actuales aplicaciones existentes.

Finalmente, en algunas ocasiones, es también necesaria un poco de sangre fría para decidir si nos quedamos o no en la cumbre cuando veamos aparecer alguna nube “sospechosa” por el horizonte. Si aguantamos en la cumbre, precisamente esas nubes intimidatorias son las se teñirán de rojo regalándonos las mejores fotos. En otras ocasiones puede que no tengamos aviso previo, la oscuridad de la noche será su aliada para sobresaltarnos “a las tantas” con una inesperada tormenta. Todavía recuerdo un gris amanecer bajo la lluvia escapando del Pic Long en el macizo de Néouvielle.

Sobre los horarios, al no ser necesario el descenso, se puede iniciar el ascenso algo más tarde de lo habitual. A mi me permite salir de casa a media mañana, viajar, subir a la cumbre y llegar una hora antes del atardecer para ir preparando el vivac, el trípode, etcétera.

En cuanto al material, a todo lo habitual de montaña como un buen calzado, ropa de abrigo, cena y desayuno, hay que añadir un saco con una temperatura de confort adecuada a la altitud y al momento del año. Los actuales partes meteorológicos son muy precisos con las cotas de las distintas isotermas. En cualquier caso, mejor que sobre que no que falte. A modo de referencia, raramente baja de 0ºC la mínima a tres mil metros durante el verano en el Pirineo. En invierno en cambio, puede llegar a ser imprescindible un buen saco de expedición para las noches más severas. Pero elegir ya esos días exige un “alto grado de romanticismo”. Los 10ºC bajo cero a tresmil metros es muy habitual en invierno e incluso más, viento aparte.

Y además...

El mejor amigo de un buen saco es su colchoneta aislante, además de sus propiedades térmicas, nos dará algo de confort sobre las habituales piedras o bloques de las cimas, enemigos declarados de los aislantes hinchables. Los hay muy buenos y ligeros, aunque el precio no suele ser “ligero”. Evidentemente hace falta una linterna frontal, con una actual de leds es suficiente para poder andar de noche si fuera necesario. Cuantos más lúmenes, más fácil será nuestro posible abandono en plena noche.

Si os gusta la fotografía, ya sabéis que las mejores luces del día son las últimas y las primeras

Finalmente, sobre el uso de la tienda de campaña, yo personalmente la descarto. Hay modelos ligeros que bajan del kilogramo de peso, pero me gusta ver las estrellas, por lo que si el tiempo no me convence, simplemente no subo o me retiro cuando estoy todavía a tiempo. De hecho, camino de la cumbre me fijo ya en posibles emplazamientos cubiertos donde guarecerme si cambia el tiempo, como bloques de roca, cuevas o bordas, aunque éstas suelen quedar lejos de las cumbres. En muchas de las cumbres que elijo para pasar la noche, no se podría montar una tienda por estar formadas por bloques que lo impiden.

Si os gusta la fotografía, ya sabéis que las mejores luces del día son las últimas y las primeras, con la atmósfera limpia. Soy muy exigente con el peso que llevo en la mochila, no llevo nada que no pueda ser realmente imprescindible; mis amigos lo pueden confirmar, pero si hay un punto en el que no escatimo es en el equipo fotográfico. Para un vivac siempre la cámara réflex y el trípode, aunque existen en la actualidad muchas cámaras compactas con grandes prestaciones. El móvil sólo alcanza para mandar la foto a los amigos para dar sana envidia...

Seguramente muchos ya os habréis preguntado ¿y el agua? Tenemos dos opciones, la primera es subir toda la que podamos necesitar –cada uno sabrá cuanta–. Yo suelo apurar y relleno las botellas lo más alto posible. La segunda es fundir la nieve que podamos encontrar en el entorno de la cima, pero tened en cuenta que al final del verano puede haber desaparecido por completo la nieve en el Pirineo. Además, esto obliga a portear el infiernillo, aunque esto ya no es un problema pues los hay de menos de cien gramos, gas y cuenco aparte. La cena puede ser el clásico bocata o cocinada. Cuanto mayor sea el número de noches que hagamos, más nos compensará llevar el infiernillo. Yo para una sola noche no lo suelo llevar, salvo en invierno.

Cumbres recomendables

Recomendaros finalmente algunas cumbres en las que iniciarse en esto de realizar vivacs, por ejemplo, el Moncayo, el Tozal de Guara la Peña Oroel, el Chipeta Alto, Pacino, Pelopín, Peña Cancías, Tobacor, el Sestrales, Suelza, Punta Llerga, el Salvaguardia o el Turbón.

Sobre los tresmiles, todos los principales son excelentes miradores, unos más cómodos que otros, y tengo como recuerdo de incómodos el Pic Long, la Aguja Badet, el Aragüels, la Maladeta Oriental, Tuca de Aigualluts, o el mismo Anayet. Son muy recomendables el Balaitus, el Cerbillona, Marboré y Monte Perdido, el Bachimala, Posets, Perdiguero, el Mulleres o el propio Aneto.

La afición a los vivacs me lleva incluso a que durante las vacaciones familiares me suelo llevar un saco –y con permiso– abandono una noche el hotel para dormir por ejemplo en el Mulhacén o en el Teide, única cima en la que he dormido con “calefacción”. De hecho, el calor del suelo me quemó la funda de vivac.

Para finalizar, recomendamos a todos este tipo de actividad. Si la planificáis bien, seguro que repetís. Llevo ya muchos vivacs y cada día estoy más convencido de que es la actividad en montaña, junto con la escalada de rutas clásicas y el esquí de montaña, la que más me llena.

Ya tengo hechas algunas combinaciones de escalada con vivac o esquiada con vivac. El peso extra siempre me compensa. Mi mente ya trabaja en encadenamientos durante varios días de vivacs en diferentes macizos, a modo de travesía en autosuficiencia.

¡Buenas noches!
Alberto Hernández

Dormir en hoteles de 1.000 estrellas

30 vivacs Pirineo

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por Jon Pérez Feito

Te proponemos magníficas noches vivaqueando en el Pirineo, en hoteles de 1.000 estrellas.

Dormir al raso en la cima de una montaña es una experiencia mágica, una actividad única que en apenas unas horas permite disfrutar de una puesta de sol grandiosa, de un amanecer no menos espectacular y, entre ambos, de un cielo estrellado como solo es posible apreciar en el aire fino y claro de la alta montaña. Además es, con toda seguridad, una de las pocas actividades para las que todavía quedan cimas vírgenes en los Pirineos.

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